Los Cañones de Navarone ★★★★

Crítica de la película Los Cañones de Navarone

Una de las mejores películas de la 2ª Guerra Mundial

Hoy hablamos en el blog de una película bélica sobre la 2ª Guerra Mundial (2ªGM) muy querida por miles de cinéfil@s que recuerdan con cariño este film que ya sólo por su reparto merece la pena verla si aún no la habéis visto, ¿creéis que exagero? Valoradlo vosotros mismos:  Gregory Peck, Anthony Quinn, David Niven, Anthony Quayle, un jovencísimo e irreverente Richard Harris y, por supuesto, la poco conocida por aquel entonces Irene Papas, quien gracias a esta película fue descubierta por el público americano.

Estrenada en 1961 y dirigida por J. Lee Thompson, esta película sirvió de antesala para que sólo un año después, en 1962, tres de sus protagonistas tocasen el cielo con dos películas que se convirtieron en obras maestras:

  • Gregory Peck por Matar a un Ruiseñor, de Robert Mulligan.
  • Anthony Quinn y Anthony Quayle por Lawrence de Arabia, de David Lean.

La película nos sitúa en plena 2ª Guerra Mundial, en un momento en el que los alemanes dominaban el Mediterráneo, defendiéndolo con uñas y dientes desde la isla griega de Navarone donde los alemanes están “más agarrados que una garrapata” (como diría el bueno de Jesse Ventura en Depredador, 1987) gracias a dos enormes cañones que impiden que por mar cualquier barco aliado navegue por el mar Egeo, con lo que los alemanes pretendían forzar a los turcos a aliarse con Alemania en la 2ª GM.

Con más de 2000 soldados británicos abandonados en la isla de Keros, su rescate es imposible con esos dos cañones protegiendo las aguas griegas, por lo que al Mayor Roy Franklin (Anthony Quayle) se le ocurre una misión imposible para hacer saltar por los aires los cañones ¿Qué cómo lo harán? Muy fácil, llegando en un barcucho hasta uno de los acantilados de la isla, subirán por uno de los acantilados (una pared vertical de 400 metros de altura) en plena noche, cruzaran a pie toda la isla, entrarán en el bunker donde están los cañones, pondrán explosivos, saldrán “por patas” y todo el complejo saltará por los aires, ¿qué podría salir mal?

Y por supuesto, una misión imposible como esta necesita ser llevada a cabo por un variopinto equipo encabezado por Keith Mallory (Gregory Peck), un capitán reconocido como gran alpinista (viendo su apellido, no era de extrañar…, ¿verdad, George Mallory?), el “amigo” de Mallory el Coronel Andrea Stavrou (Anthony Quinn), el experto en explosivos y amigo de Franklin, Miller (David Niven) y Spyros Pappadimos (James Darren) y “Carnicero” Brown (Stanley Baker), un hombre que veremos que tiene más de “Brown” que de “Carnicero”.

Conformado ya el equipo, al que se une por supuesto Franklin, empieza la misión mientras nos van presentando a sus personajes, los lazos que les unen y cómo esas relaciones forjadas a fuego por culpa de la guerra serán decisivas en el desarrollo de la misión, siendo capaces de dejar a un lado sus enemistades para cumplir el objetivo o prevaleciendo la fraternidad que hay entre algunos personajes en momentos difíciles, en situaciones en que tanto la misión como la vida de estos valientes están en juego. Ese es precisamente para mí el principal valor de esta película, sus personajes (principales) que son muy ricos y hacen que el espectador rápidamente se encariñe con ellos, tanto del eterno hombre correcto que era Gregory Peck, del alivio cómico que era David Niven pero un alivio cómico bien construido y no un payaso como muchas veces construyen en el cine a este tipo de personajes que tiene que ayudar a liberar tensiones dentro del film pero tiene que tener profundidad y ser un cascarrabias como es el personaje de Miller, la mala bestia que es Anthony Quinn pero repito, bien construido, sin ser un bruto, tiene un pasado que lo convierte en quien es. Y por supuesto, el hombre de honor que es Anthony Quayle, un hombre que como dice Mallorysigue empeñado en demostrar a todos que es mejor que los demás”.

Como digo, los personajes son lo mejor de la cinta con mucha diferencia pues la película vista hoy en día, hay muchas escenas que cantan la Traviata en cuanto a efectos especiales, repleta de decorados pero no lo crítico, lo entiendo pues es una consecuencia del momento en el que se graba la película, en 1961, en el que los medios técnicos eran los que eran pero hay que ser honesto y reconocer que esos decorados y los matte painting se notan demasiado y han envejecido mal pero si eres un cinéfilo de verdad, serás capaz de dejar a un lado este punto y “perdonarlo” entendiendo que es una consecuencia de la época. Escenas como la escalada de Mallory, la escena previa del barco siendo zarandeado en medio de la tormenta o la de los cañones vistos desde el bunker son ejemplo de eso que digo, de lo mal que ha envejecido esta película a nivel visual. Sin embargo, la cinta tiene escenas de acción muy bien filmadas como es la escena del hundimiento del barco, una escena en la que les lanzaban agua con mangueras de bomberos, 10 toneladas de agua y aunque fuera una maqueta a tamaño real, la fuerza del agua lanzó a Gregory Peck y a David Niven debajo del barco, quedando atrapados bajo el agua con los mecanismos que hacían que el barco se meciera simulando el golpe de las olas y estuvieron a punto de morir ahogados.

La película está llena de anécdotas como la que cuentan que Anthony Quinn era un jugador empedernido de ajedrez y era todo un maestro, ganando a todo el mundo en el rodaje. Había incluso partidas que jugaban entre escena y escena, aprovechando los descansos para continuar la partida hasta que llegó al set el hijo de 14 años de David Niven, quien era una máquina al ajedrez y venció a Quinn, lo que le valió varias bromas del equipo que no tuvo más remedio de encajar. Hasta sus últimos días el actor mexicano fue un excelente jugador de ajedrez y un aventurero en eso del amor, teniendo nada menos que cuatro esposas y trece hijos. A juzgar por su amplia descendencia, poco jugaba al ajedrez me parece a mi…

Una de las cosas que me siguen maravillando de este film es la actuación de Gregory Peck, con esa mirada todopoderosa que conseguía desarmarte, un caballero sin espada capaz de hacer que sintamos que tenemos ante nosotros a un ser superior, que es la integridad hecha persona, algo que llegó a su nivel superlativo un año después con su icónico personaje de Atticus Finch en Matar a un Ruiseñor, papel que con el consiguió ser elegido como el mayor héroe del cine estadounidense de todos los tiempos.

La película habla de relaciones, como la de Mallory con Andrea, el personaje interpretado por Quinn, que sabes que son dos viejos amigos que en un momento dado, por algo que ocurrió hace un año, hubo una ruptura en su relación llegando a asegurar Mallory que su amigo “un día lo matará, cuando acabe esta guerra”, algo que Mallory sabe que su antiguo amigo va a cumplir porque “un cretense no amenaza en vano”. En dos momentos concretos esta amenaza tiene la posibilidad de resolverse, la primera cuando Andrea salva a Mallory de caer por el acantilado y otra cuando Miller salva a su amigo de morir ahogado, quedando por fin enterrado el hacha de guerra, estando ya en paz.

Igual de importante es la relación entre Miller y Franklin, los mejores amigos entre sí y cómo esa relación de amistad hará que Miller en un momento concreto se rompa delante de sus compañeros y de su superior, Mallory, asegurando que prefiere perder la guerra o que esos 2000 soldados británicos mueran antes que traicionar a su amigo, de abandonarlo a la suerte de los nazis. Es lo que decía antes con respecto al alivio cómico, que tiene que ser un cascarrabias, que lanzas las indirectas muy directas y con muy mala leche, como se suele decir “con bolea…” pero que en un momento dado pueda echarse a sus espaldas el peso dramático, rompiéndose ante el espectador y es lo que David Niven consigue en este film, ser simpático, gamberro pero también decir cuatro verdades que todos pensamos en algún momento.

Sin duda, esta película es digna merecedora de su reputación y de todo el cariño que millones de cinéfilos procesan por ella y que, lejos de ser una obra maestra, es una increíble película que a pesar de que los años no la han hecho ningún favor a nivel visual, sí que es cierto que a nivel dramático, a nivel de construcción de personajes… da mil vueltas a cientos de películas bélicas que confunden este género con un simple espectáculo de tiros y explosiones sin que ninguno de sus protagonistas nos importe si viven o mueren, a veces incluso se agradecen que mueran en la pantalla. Los cañones de Navarone es un gran ejemplo de buen cine bélico, una escuela de cine a pesar de sus 58 añazos. No te la pierdas!

                                                             Rubén Arenal

 

 

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Domingo, 19 Mayo 2019 10:26
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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