Rubén Arenal

Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

Especial películas para ver el día de los enamorados

He querido aprovechar esta fecha tan señalada, motivo de celebración para muchas parejas (ya sean amorosas o de amistad) que aunque es cierto que las relaciones hay que atenderlas, cuidarlas y mantenerlas a diario, el día de San Valentín es una ocasión especial para desconectar del mundo y hacer algo diferente con esa persona que es tan importante en tu vida.

Por ello, quiero proponeros una serie de películas que seguramente no salgan en los rankings de películas de amor más recomendadas ya que muchas veces se suele relacionar el género romántico con películas dulcificadas con amores de cuento de hada. Por nuestra parte, todo el respeto a esas películas pero nuestra selección ha querido ahondar en películas que cuya trama vaya más allá de una simple historia de amor.

Sin más preámbulos, empezamos con mi selección y esperamos que os gusten y las disfrutéis tanto como yo.

Crítica de la película Armas de mujer (1988)

Melanie Griffith en su mejor papel

Seguramente que muchos de los lectores no conocerán esta película pues no suele salir nunca en ningún ranking pero no por ello es menos disfrutable y meritoria de reconocimiento. Estrenada en 1988 y dirigida por Mike Nichols (¿Quién teme a Virginia Woolf?, El graduado, La guerra de Charlie Wilson…), la película estuvo nominada a seis Oscars, aunque sólo consiguió llevarse el de mejor canción (Lets the river run, de Carly Simon).

Sin embargo, la película no sólo tuvo el respaldo de la academia de Cine con esas nominaciones, sino que también recibió muy buenas críticas y fue un taquillazo en toda regla recaudando 103 millones de dólares de los 28,6 millones de presupuesto.

La película empieza con una secuencia sensacional en la que sobre volamos la Estatua de la Libertad y nos acercamos a un ferry lleno de trabajadores que viajan cada mañana a la ciudad de Nueva York para desempeñar sus trabajos de “curritos” y entre ellos se encuentra Tess McGil (Melanie Griffith), quien se convertirá en la joven secretaria de una mujer de negocios llamada Katherine Parker (Sigourney Waver).

Tess se desvive día a día por su trabajo con la esperanza de encontrar una oportunidad para crecer y prosperar en la vida. Es entonces cuando le presenta a su jefa una idea que ella considera brillante pero Katherine desprecia la misma porque no cree que tenga futuro.

Cuando Katherine decide irse de vacaciones a esquiar, dejará a Tess al cargo de su casa y sus asuntos importantes pero la mala suerte hará que Tess descubra que la idea que había presentado no era tan mala ya que su jefa estaba elaborando un proyecto atribuyéndose la autoría de la idea de Tess.

Crítica de la película Depredador (1987)

Cuando el cazador se convierte en presa, y la presa en cazador

Cuando en 1987 se estrenó la película Depredador, dirigida por John McTiernan (Jungla de Cristal, La caza del Octubre Rojo, El último gran héroe…), fue un éxito en taquilla consiguiendo recaudar 98 millones de dólares de los 18 que costó su presupuesto. Sin embargo, la crítica se cebó con la película, tachándola de “aburrida, espeluznante e insignificante”. Es cierto que la trama no era demasiado novedosa pero sí que estaba muy bien contada, con un ritmo trepidante, con unas escenas y diálogos que eran pura acción de los 80 y que, a pesar del poco talento interpretativo de sus protagonistas, en esta cacería entre humanos y alienígenas funcionaban sensacionalmente bien.

La historia se ideo gracias a una coña que había en Hollywood tras estrenarse Rocky IV en 1985 de que “ya no quedaban adversarios en este mundo a la altura del púgil más famoso de Philadelphia”, insinuando que en la próxima película tendría que vérselas con un alienígena. De esta manera, Jim y John Thomas hicieron el guión de Hunter, una aventura de ciencia ficción de serie B en la que toda la acción se centraba en el protagonista (Arnold Schwarzenegger) y en el alíen.

Al llegar el guión a manos del famoso productor Joe Silver (Commando, Arma Letal, Jungla de Cristal, El último boy Scout…), este pensó que la historia tenía el potencial suficiente para filmarla como una superproducción con Arnold Schwarzenegger de protagonista, con el que ya había trabajado en Commando (1985, Martin L. Lester). Sin embargo, que toda la historia girase entorno al austríaco preocupaba a Silver, por lo que decidió reescribir el guión para que un grupo de seis hombres fueran los encargados de enfrentarse a la temible amenaza. En palabras del propio McTiernan, necesitaban a un buen actor con muy buen físico, que fuera el contrapunto de Arnold, y es por eso que decidieron contar con Carl Weathers como coprotagonista, quien había saltado a la fama gracias a su personaje de Apollo Creed en la saga de Rocky. Por supuesto, todos ellos liderados por Arnold, quien acabaría teniendo una lucha épica a solas con el temible alienígena.

Crítica de la película Conan, el bárbaro

El secreto del acero te será desvelado

En el año 1932, el escritor estadounidense Robert Ervin Howard creó al personaje de Conan el Bárbaro en una serie de relatos que se publicaron en la revista Pulp Weird Tales. Tras el suicidio del escritor en 1936, la obra de Conan cayó prácticamente en el olvido hasta que en la década de 1970 fue recuperada en los cómics gracias a las editoriales Dark Horse y Marvel, siendo Roy Thomas (Marvel) el guionista que mejor supo explotar las cualidades de cimerio más famoso de la historia.

De esta manera en 1975, Thomas y el productor Edward Summer escribieron un borrador que pretendía llevar al cine la historia de Conan pero este nunca vio la luz. A pesar de este traspiés, el avión ya estaba en pista para despegar…

Y es así como llegamos a 1982 cuando por fin se estrenó esta fantástica película del género de espada y brujería, con un guión de Oliver Stone y John Milius que, por suerte, no se pareció en nada a la idea original de Stone, quien quería hacer un Conan futurista enfrentándose nada menos que a zombies radiactivos…

Dirigida por uno de los guionistas, John Milius, la película nos ofrece una historia épica llena de escenas violentas con mutilaciones, desnudos, con alguna serpiente gigante y, sobre todo, con el gran enigma del acero, que es el monólogo con el que empieza la película en una escena entre Conan y su (William Smith) tras ver como este forja la que posteriormente sería la espada de Conan:

Crítica de la película Robocop

Bienvenido a Hollywood, Sr. Verhoeven

En 1987 Paul Verhoeven estrenó Robocop, su primera película rodada en Estados Unidos (la octava en su filmografía) y fue un proyecto que pasó por varias manos siendo rechazado por diversos directores, incluido Verhoeven, quien tras leer el título del guión lo dejó tirado pensando que era una película insulsa, copia del Terminator de James Cameron estrenado en 1984. Cuando su mujer ojeó el guión, pensó que Verhoeven podría hacer suyo el proyecto aportando sátira con la que criticar la corrupción política, la manipulación mediática, el capitalismo, la resurrección… convenciendo al director para aceptar este proyecto.

Como ya he comentado en otra ocasión, Verhoeven ya había demostrado su capacidad para entrar en proyectos que habían sido gestados por otras personas y conseguir imprimir su sello de identidad en cada uno de ellos. Ese sello no era otro que otorgar a todos estos proyectos un alma de serie B por el atrevimiento de sus propuestas pero sin restar calidad a la misma, mostrando de manera explícita escenas de acción, de sexo, de violencia, de gore, violaciones… que cualquier otro director no se habría atrevido a rodar.

En un futuro indeterminado, la seguridad pública está gestionada por la empresa POC (Productos de Omni Consumo) haciendo que la policía esté privatizada en un momento en el que los policías están siendo brutalmente asesinados por una banda de criminales liderada por Clarence Boddicker (Kurtwiid Smith). Ante esta situación el Vicepresidente de la POC, Dick Jones (Ronny Cox), propone utilizar su programa de Robots Policía encabezado por el RP-209, un prototipo robot con el que sustituir a los agentes de policía. Jones decide hacer una demostración al consejo ejecutivo de la compañía que termina con uno de los ejecutivos acribillado a balazos a manos del RP-209 que sufre un fallo de funcionamiento. Es entonces cuando el decepcionado director de la compañía, al que llaman “El viejo” (Dan O´Herlihy), decide dar una oportunidad al proyecto de otro ejecutivo, Bob Morton (Miguel Ferrer), quien apuesta por los cyborg y asegura al viejo que su programa Robocop puede estar operativo en 90 días, “tan pronto como algún imbécil se ofrezca voluntario”.

Crítica de la película El día de la bestia

El Apocalipsis a manos de Álex de la Iglesia

En el año 1995 se estrenó la segunda película de Álex de la Iglesia, El día de la Bestia, una película que funcionó estupendamente en taquilla y que consiguió nada menos que 6 premios Goya de los 14 a los que aspiraba: director, actor revelación, dirección artística, maquillaje y peluquería, sonido y efectos especiales.

El director nos ofrece con esta película un estupendo entretenimiento pero detrás de esa fachada hay mucho más como veremos posteriormente, después de hacer un breve resumen a su sinopsis.

El sacerdote Ángel Berriatúa (Álex Angulo) cree que ha conseguido descifrar el mensaje secreto del Apocalipsis según San Juan Evangelista, confesándoselo a su compañero del santuario que muere el un misterioso accidente. Según Ángel, el Anticristo nacerá el 25 de Diciembre de 1995 en Madrid, por lo que decide acudir a la capital para tratar por todos los medios de evitar el nacimiento del hijo de Satanás.

Desde que llega a Madrid, Ángel (el padre Berriatúa) decide hacer el mal para vender su alma al diablo creyendo que de esta manera el mal le desvelará el lugar donde nacerá el Anticristo pero rápidamente se dará cuenta de que no funciona. Es entonces cuando conoce a José María (Santiago Segura), un dependiente de una tienda de discos y amante de la música satánica que se unirá a el padre Berriatúa en esta satánica misión en la que buscan convocar al demonio para averiguar dónde tendrá lugar el Apocalipsis.

Crítica de la película El Jovencito Frankenstein de Mel Brooks

La mejor comedia de Mel Brooks

En el año 1974 Gene Wilder, que venía de encadenar dos fracasos en taquilla pero que había salido bien parado de la película de Woody AllenTodo lo que quiso saber sobre el sexo”, decidió sacar adelante un boceto de guión que había escrito parodiando la historia de Frankenstein. Cuando decide enseñar el guión a su agente, este le dice que tiene dos actores que encajan perfectamente en los papeles de Igor (Marty Feldman) y el monstruo de Frankenstein (Peter Boyle), a los cuales representaba también este agente.

Y de esta manera hacen llegar el proyecto a Mel Brooks quien rápidamente decide dirigir esta película que se estrenó ese mismo año, en 1974

La película empieza con una conferencia del doctor Frederick Frankenstein (Gene Wilder) ante un grupo de alumnos de medicina en la que se hace referencia a los estudios de su abuelo, quien buscaba reanimar tejidos muertos. Rápidamente, el dr. Frankenstein intenta distanciarse del legado de su abuelo gracias a la pronunciación de su apellido, que sería Frónkostin, y alegando que sus estudios eran “delirios  de una mente enferma”, pero es incapaz de contener su rabia sobre este tema y termina clavándose un escalpelo en la pierna sentenciando: “Señores, la clase ha terminado”.

Crítica de la película Tesis de Alejandro Amenabar

Bienvenido al cine, Sr. Amenábar!!!

Hoy en día es fácil hablar del enorme talento que tiene el director español Alejandro Amenábar, pero cuando en 1996 estrenó con tan sólo 23 años su primer largometraje, TESIS, era un perfecto desconocido y nadie esperaba el tremendo éxito que iba a cosechar con esta película, logrando nada menos que siete premios Goya en el año 1997: mejor película, mejor director novel, mejor actor revelación, mejor guión original, mejor dirección de producción, mejor montaje y mejor sonido.

Considerado hoy como uno de los cinco mejores directores de la historia del cine español, en este primer largometraje contó con la inestimable ayuda como productor del gran José Luis Cuerda (Amanece que no es poco, La lengua de las mariposas o Los girasoles ciegos), quien tras ver los cuatro cortometrajes que había dirigido Amenábar, le instó a presentarle algún proyecto con el que ambos pudieran colaborar.

Sin pensárselo dos veces, Amenábar presentó a Cuerda el guión de Tesis que había escrito junto a su compañero de la facultad, Mateo Gil, tras leer el libro “La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas” de Román Gubern en el que uno de los capítulo hablaba de las snuff movies. Es entonces cuando Cuerda decide embarcarse como productor en este proyecto “Porque me gustó la historia y pensé que era muy peculiar para lo que había leído de gente joven. Era una película para analizar los mecanismos propios de la narración cinematográfica y la moral con la que se aborda una historia, un aspecto que me interesa muchísimo y que a la gente joven suele no importarle”.

De esta manera se inicia una colaboración entre ambos directores que se materializaría en dos películas más: Abre los ojos (1997) y Los otros (2001).

Crítica de la película El Milagro de P. Tinto de Javier Fesser

La mejor comedia absurda desde Amanece que no es poco

En el año 1998 Javier Fesser debutó en el cine como director de largometraje y no podía haberlo hecho de mejor manera, con una comedia que consiguió alzarse con un Goya a los mejores efectos especiales, un premio que a mi entender, se quedó bastante corto para reconocer todo el buen trabajo realizado en esta película.

Siendo P. Tinto (Luis Ciges) un niño descubre el que será el propósito de su vida: tener una familia numerosa, la Familia P. Tinto. Es entonces cuando, siendo chiquillo, conoce a Olivia (Silvia Casanova), y queda prendado de su mirada (que luego sabremos que es ciega).

Aún siendo todavía niños, descubren a dos adultos hablando de cómo se hacen los hijos que no es otra cosa que el famoso método “Tralarí, Tralarí” o, lo que es lo mismo, meter los pulgares por dentro de los tirantes y estirarlos hacia fuera repetidas veces. Infalible!

Con el paso de los años, P. Tinto y Olivia se casan y forman un hogar en un valle por el que cada veinticinco años pasa el ferrocarril conocido como Expreso Pendular del Norte, sintiéndose por fin preparados para tener hijos pero el azaroso destino no les concede ese deseo.

Desesperados de darle al “Tralarí, Tralarí” sin éxito, este matrimonio termina recurriendo a un método muy socorrido: rezar a San Nicolás para que les dé su tan ansiado hijo. La petición parece ser atendida cuando aparecen dos marcianos, José Ramón (Javier Aller) y El Teniente (Emilio Gavira), quienes sufren una avería en su Ovni modelo “Desplazable Aerodinámico Topolino Coupé XT3” (que más adelante será conocido como La moto vespa) en frente de la casa de los P. Tinto.

Crítica de la película Braveheart

El héroe que buscaba venganza y encontró la libertad

Cuando en 1995 Mel Gibson (Mad Max, Arma Letal, El Patriota…) estrenaba la que sería su segunda película como director, nadie esperaba el tremendo éxito que esta alcanzaría, alzándose nada menos que con cinco Oscars a mejor película, mejor director, mejor fotografía, mejor edición de sonido y mejor maquillaje.

El inicio de la historia nos sitúa en el año 1280 cuando el rey Eduardo I (Patric McGoohan) invade y conquista Escocia. Cuando un joven William Wallace (James Robinson) descubre que su padre y hermano han sido asesinados a manos de traidores del rey, decide vengar sus muertes. Es entonces cuando su tío Argyle (Brian Cox) le explica que para usar una espada primero tiene que aprender a usar su cerebro, por lo que lo acoge y lo lleva por toda Europa para educarlo.

Mediante una elipsis vemos al Wallace (Mel Gibson) adulto volviendo a Escocia con su pueblo, cayendo rápidamente enamorado de su amiga de infancia, Murron (Catherine McCormack). La pareja decide casarse en secreto debido a que el rey Eduardo ha otorgado tierras y privilegios a sus nobles entre los que se encuentra el derecho de pernada. Cuando uno de los soldados ingleses descubre a la pareja, trata de violar a Murron pero Wallace consigue impedirlo, atacando a varios soldados. Al tratar de huir, Murron es capturada y degollada como castigo. En venganza, Wallace regresa a la aldea y mata a toda la guarnición inglesa con ayuda de sus vecinos. Hartos de los excesos de los ingleses, inician una rebelión encabezada por Wallace contra los invasores ingleses.

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