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MOON: El director en la Tierra, el guionista...en la Luna

02 Mar 2010
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Hay cineasta en Duncan Jones. Ésa es la principal conclusión que yo al menos extraje tras ver su ópera prima, Moon, una pequeña película de ciencia ficción estrenada en nuestro país el 7 de octubre del pasado año que recogió más alabanzas que críticas, a pesar de presentar indudables motivos para que existiesen las segundas.

Pero Jones, el novato director, alguien a quien la inspiración artística ha de venirle en los cromosomas como hijo de David Bowie que es, es capaz de poner en duda una máxima del cine que yo he mantenido no pocas veces en este blog. Y es que de un deficiente guión, hace una decente película. Y es capaz de hacerlo porque rueda bien, porque sabe imprimir ritmo y porque sabe dirigir, en este caso, a los pocos actores que se ponen delante de la cámara, encabezados por un estupendo Sam Rockwell.

Pero todas las palmaditas en la espalda que le demos al director, han de ir acompañadas de importantes tirones de orejas. Duncan Jones es también responsable del guión, junto a otro debutante, Nathan Parker. Y los pabellones auditivos del vástago del camaleón del rock han de quedar rojos y doloridos, porque los errores del libreto son tan clamorosos como decisivos a la hora de poner en duda toda la historia.

Moon es una ópera prima que, sin embargo, hace aguas en donde estas primerizas obras no suelen hacerlo. No es que cualquier película que suponga el debut de un director presente un guión sólido, pero sorprenden esas lagunas en el guion, en contraposición a la capacidad de Duncan Jones para rodar bien, para poner la cámara en el lugar más adecuado en cada momento, y para lograr que su actor protagonista logre transmitir las evidentes sensaciones que el responsable de la obra pretende. No parece ésta la película de un debutante, sino la de un buen cineasta que ha rodado un mal guión. Por eso creo que hay un potencial buen director detrás de Moon.

alg_rockwell

Tenemos, más allá de esos importantes errores en la historia, una interesante película, siendo ésta la principal sensación que uno se lleva tras verla. Una obra de ciencia ficción pequeña, asequible, minimalista, con un único personaje protagonista, ese astronauta encarnado por un Sam Rockwell que ya había apuntado talento como secundario en un puñado importante de películas, desde Frost/Nixon hasta El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford, pasando por dos infravaloradas obras del tándem Clooney-Soderbergh: Confesiones de Una Mente Peligrosa (debut de Clooney como director), y Bienvenidos a Collinwood (con Clooney como actor y Soderbergh como productor). En todas ellas Rockwell hacía buenos trabajos, siempre a la sombra de otros compañeros de reparto, o del propio director, en el caso de la película dirigida por George Clooney, pero sacando partido de sus dotes como intérprete.

Dotes, que, esta vez sí, se ponen de manifiesto en este papel de astronauta, ese Sam Bell que pasa sus días en la base lunar, contando las horas que le quedan para que sea sustituído y pueda volver con su mujer y su hija. Moon habla, ante todo, de la soledad, del desarraigo vital y personal que se acentúa en un trabajo como el de un tipo que vive en la rutina más absoluta, en la Luna, coordinando la maquinaria que permite extraer helio de la superficie lunar, para que sea aprovechado como la nueva fuente de energía en la Tierra.  Rockwell está soberbio, en especial cuando la trama deriva hacia ese terreno tan delicado del que hablaré en el párrafo siguiente, no sin avisar que a partir de ahora vienen los inevitables SPOILERS, necesarios para hablar de Moon con la precisión que se merece.

 

COMIENZO DE LOS SPOILERS

 

Y es que resulta complicado analizar la película sin referirse a esos clones que la empresa que se encarga de la extracción del helio ha instalado en la base. El astronauta Sam Bell tiene un gran número de sustitutos, clones que esperan el momento de pasar a la acción si el sujeto principal, como ocurre en la historia, sufre un accidente. Sam Bell se empotra contra un extractor de helio cuando está trabajando en la superficie de la Luna, y es reemplazado por otro Sam Bell, un clon que, y aquí reside una importante novedad, es capaz de recordar y de sentir como lo hacía el original.

Una vez asumida la presencia del clon, el espectador, que asistía con interes al desarrollo de la película, comienza a hacerse preguntas. Cuesta creer que una compañía a priori tan poderosa como la que monta todo el sistema de extracción prefiera ese sistema de clones que el que suponíamos real, o sea, la sustitución del astronauta por otro compañero pasado un determinado tiempo. Pero parece que el en el futuro la ingeniería genética no es tan cara como presuponíamos. Pero este inconveniente de guion no es tan grave como los que vendrán después. Uno acepta la presencia del clon, que, de hecho , proporciona alguno de los mejores momentos de la cinta, en especial cada vez que discute cara a cara con su yo original. Cabe destacar que una vez aparecido el clon, Sam Rockwell es el encargado de interpretarle, mientras que el papel del primigenio Sam, magullado por el accidente, pasa a ser responsabilidad de Robin Chalk, un actor de sorprendente parecido a Rockwell, que con el maquillaje resulta totalmente imposible de distinguir, lo que otorga una credibilidad pasmosa a las escenas que hacen juntos.

Poco a poco sabemos más sobre las intenciones de la corporación, y el clon, sorprendentemente dotado de un proceder de lo más lógico e inteligente, urde un plan para volver a casa, devolviendo al Sam original al lugar en donde se accidentó, una vez comprobada y reconocida su incapacidad para curarse. Y aquí se estropea del todo, con ese desenlace en el que el clon de Sam Bell se dirige a la Tierra a bordo de una cápsula de helio, algo realmente difícil de asumir… Al final, como en tantas y tantas peliculas, la gran empresa es el villano, la corporación,que sólo ansía maximizar sus beneficios a costa incluso de la integridad fisica y emocional de sus empleados. Como Umbrella, como Dharma, como Ingen, como tantas y tantas otras empresas malas de ficción…

FIN DEL SPOILER

Y no debo de olvidarme de Kevin Spacey, que se encarga de poner voz a GERTY, el ordenador que controla el sistema de extracción y que se pone del lado de su humano compañero Sam, cuando las cosas se complican, en otro patinazo del guión que resulta difícil de creer. GERTY es la respuesta del nuevo cine a HAL 9000, la computadora de 2001, el clásico de Kubrick del que Moon toma bastantes cosas, aunque para nada sean obras comparables.

gerty 2

 

Estamos, por tanto, ante una pelicula interesante, que se aprovecha de una consecuencia inmediata de su torpe guión. Moon es ciencia ficción accesible, entendible, que se aparta de la metafisica, la filosofia y la fisica cuántica para ofrecer una trama digerible para el espectador, alejándose de lo farragoso de propuestas como el Solaris de Tarkovsky o incluso del Apollo13 de Ron Howard, producto mucho más comercial que terminaba provocando un profundo hartazgo por la abundancia de diálogos con términos técnicos sobre astronomía y astro-fisica. Moon, por el contrario, va directa a la sensibilidad del espectador, tocando temas inherentes a la condición del astronauta (esa soledad, esa condición de sacrificado representante de la raza en el espacio infinito…) de una manera ágil y directa, de fácil comprensión, aunque con gigantescos cráteres en su trama.

Moon es cine recomendable,  a pesar de sus enormes fallos. Es una pelicula minimalista, que se deja ver, que hasta logra en algun momento compensar los lamentables errores. Es algo asi como un 2001 de bolsillo, una atraciva propuesta de ciencia ficción que con otro guión se hubiese convertido en una de las mejores peliculas del pasado año. Seguiremos atentos a la carrera de Duncan Jones, pero ojalá que se dedique sólo a dirigir, porque, como director, a mi me ha demostrado que no parece precisamente un absolute beginner…

ktmoonci

 

 

 

 

Modificado por última vez en Miércoles, 03 Marzo 2010 12:25
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