Críticos, estrellas, harakiris y campos de minas

Miguel Juan Payán 21 Sep 2012
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Ayer estuve viendo Cosmópolis, la última película de David Cronenberg, y al salir del cine tenía dos palabras rondándome por la cabeza: harakiri y campo de minas.

El año 2012 ha sido un campo de minas para los críticos. Quizá era eso lo que anunciaba el calendario Maya cuando se refería al fin del mundo… El reto para los analistas del cine en esta temporada ha derivado de la complejidad y las trampas presentes en las últimas películas de algunos de los directores más importantes de nuestros días. Trampas que han puesto a prueba la capacidad del crítico más forjado para saber ver lo que hay detrás de lo más obvio y afinar el criterio y la perspicacia que se supone son sus armas para dedicarse a pensar, analizar y escribir sobre el cine viajando en el análisis de la película más allá de lo que puede opinar el aficionado medio. Además algunos directores han decidido hacerse el harakiri de distintas formas. Pongo algunos de los ejemplos más significativos para que quede más claro.

Ridley Scott nos ha regalado en Prometheus una de sus mejores películas, pero también una de las más difíciles de entender por el público en general, principalmente porque en su caso se ha practicado el harakiri con un guión que tiene lagunas. No obstante, esas lagunas no restan un ápice de talento a esta obra maestra que ha sido víctima de una acogida dividida por parte de la crítica y objeto de no pocos debates e incluso disputas airadas entre quienes nos dedicamos a escribir crítica de cine. Hay que recordar aquí lo que le ocurriera a un célebre crítico de cine norteamericano que hubo de rectificar su primera impresión sobre Blade Runner. Personalmente pienso que Prometheus es una obra maestra. Pero muchos compañeros a los que respeto no piensan lo mismo.

El fenómeno se repitió con El caballero oscuro, la leyenda renace, de Christopher Nolan. Llegó precedida por las buenas sensaciones que nos transmitió una obra maestra como es El caballero oscuro y la confianza y el deseo de que Nolan pudiera superarla. Pero para muchos críticos, entre los que me cuento, no ha sido así. A pesar de lo mucho que me gusta el cine de este director, y del notable logro que ésta última entrega de la trilogía de Batman, creo que tenía importantes puntos negativos en su planteamiento y desarrollo, con serios problemas de ritmo y con una resolución altamente discutible de algunos conflictos y personajes. En este caso, Nolan se ha hecho el harakiri metiendo en una sola película contenido suficiente para dos películas, ha mordido más de lo que se puede masticar en la duración de 162 minutos que el máximo admitido por los distribuidores. Brillante en algunos momentos, se me desmoronó en otros. Pero, nuevamente, muchos compañeros a los que respeto no piensan lo mismo.

Siguiendo con la lista llegamos a Salvajes, de Oliver Stone, que como ya comenté se ha practicado el harakiri entregándose a un ejercicio de farsa en el que satiriza las claves y estructuras del cine de acción más comercial de una forma no tan clara como la que empleara en Asesinos natos o tan astuta como la que aplicó a U-Turn, giro al infierno. Ello puede hacer que buena parte del público y la crítica se despiste o ignore el juego que nos propone el director.

Y pronto llegará Cosmópolis, donde David Cronenberg se hace un doble harakiri y siembra nuevas trampas para los críticos. Ya pueden leer en esta misma página la crítica.

De manera que en este campo de minas que está siendo el cine de los grandes maestros este año, conviene que el lector tenga presentes tres recomendaciones.

La primera es que las estrellas que acompañan al título sólo son esos: estrellas. No son una herramienta matemática calibrada para alcanzar la perfección. Tampoco son un resumen de lo que piensa el crítico sobre la película que comenta. Si es caso, sólo valen como pista o aperitivo.

La segunda es que lo mejor para conocer realmente lo que pensamos todos los críticos sobre la película que estamos criticando es leer el comentario escrito hasta el final.

La tercera recomendación es no olvidar que los críticos no son clones de una sola persona, sino personas distintas que pueden opinar y pensar de manera diferente sobre una misma película… e incluso a veces se da la circunstancia de que tanto los que opinan a favor como los que opinan en contra llevan razón, cada cual según sus argumentos. Así que no hay nada malo en que dos críticos opinen de forma diferente. Eso no pone en cuestión la profesionalidad de ninguno de los dos. Simplemente demuestra que piensan por sí mismos. Tampoco es preciso que el lector coincida con el crítico, o viceversa.

Lo único esencial es que el crítico sea sincero. Que se moje. Que diga lo que realmente piensa y opina. Para eso nos pagan. Para decir la verdad de lo que pensamos, que no necesariamente tiene que ser la verdad absoluta sobre lo humano y lo divino ni tiene que coincidir con lo que piensen el director, los productores, las distribuidoras o el espectador.

Emitimos opiniones. Nos pagan por opinar. Opinar, eso sí, con el fundamento necesario según nuestra formación, experiencia, instinto…

Pero ningún crítico que siga teniendo uso de razón pretenderá nunca ser un profeta.

Si lo pretenden, huyan. Los profetas son fatales para la salud mental y física de sus prójimos.

Son como los políticos, pero convencidos de que Dios tiene el número de su teléfono móvil y no tiene nada mejor que hacer que dedicarse a hacerles un llama-cuelga para predecir el fin de los tiempos.

Un último consejo: lean lo que lean, no dejen nunca de pensar por sí mismos y llegar a sus propias conclusiones.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Miércoles, 03 Octubre 2012 11:19
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