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Johnny English Returns ★★

Crítica de la película Johnny English Returns

Siempre hemos oído hablar de las virtudes del humor británico. De la inteligencia, la acidez, el humor satírico y la brillantez del humor inglés, como una de las grandes fuentes cómicas de nuestros tiempos, de la que, es cierto y no cabe duda, han surgido nombres como los Monty Python, Ricky Gervais, Matt Lucas o, para qué negarlo, también Rowan Atkinson. Gente capaz de hacer reír en medio mundo y que, habitualmente, comenzaron en la televisión para hacer reír con alguna sátira bastante acertada y luego, con mayor o menor fortuna, dieron el salto al cine.

Aunque el paradigma de este modelo siempre sean los míticos y geniales Monty Python, a día de hoy el modelo de más éxito y quizá el más brillante, ha sido el de Ricky Gervais, con un sentido del humor ácido e inteligente, que ha sabido hacer un análisis brillante de la vida y la sociedad no sólo británica, sino del mundo occidental con series como The Office o Extras. Atkinson no le anda a la zaga en éxito y repercusión mediática, aunque su sentido del humor, al menos por el que es más conocido en todo el mundo, se aleja bastante del de Gervais para ser algo más zafio, más vulgar y, quizá por ello, más popular. Y eso que aunque el papel por el que le conocemos en todo el mundo y por el que siempre será recordado sea el de Mr. Bean, sus comienzos y el papel que más veces ha interpretado sea el del protagonista de La Víbora Negra, una sátira brillante y corrosiva bastante alejada del humor de Mr.Bean.

Y sí, es cierto también, que en sus orígenes Bean era un personaje bastante salvaje y poco comedido, un tipo ruin y rastrero, tacaño y egoísta, que, pese a todo, se ganaba nuestras simpatías por su falta de vergüenza. Luego el cine se encargó de poner las cosas en su sitio con dos adaptaciones poco inspiradas y carentes de la mala uva de la serie de televisión. Algo parecido ocurrió con la primera Johnny English, donde el sentido del humor de Atkinson parecía haber evolucionado, dejando de lado toda la parte satírica de sus años de juventud, para dejarlo todo en el humor físico y el absurdo, aunque no terminaban de cuajar.

No me entiendan mal, es un humor tan válido como cualquier otro siempre que haga reír. Pero es irónico que los ingleses siempre presuman de su humor inteligente, para que todo se reduzca a un par de caídas, situaciones incómodas y la cara de un tipo que, con sólo fruncir el ceño, ya consigue que esbocemos una sonrisa. Un “clown”, un payaso, con todo el respeto del mundo. Pero esto no es La Víbora Negra. Ni por asomo. Lo que nos venden como una sátira sobre el cine de espías es, en realidad, una comedia física y absurda que bien podría haber protagonizado un Kevin James al uso si se hubiese rodado en USA.

Y si alguien se pregunta si una secuela de Johnny English (¿alguien la recuerda?) era necesaria, sólo hay que pensar que apenas costó 30 millones y recaudó 129 en todo el mundo. Sólo en España rozó los 6 millones de euros. Lo que me sorprende no es la secuela, es que hayan tardado ocho años en sacarla. Tampoco es que precisamente hayan estado trabajando en el guión… O no lo parece. Repito, puede estar ambientada en el mundo de los espías y hacer parodia de algunas cosas como los créditos iniciales o la chulería típica de Bond. Es una máscara. Su humor reside en las situaciones ridículas en las que se mete el protagonista, su peculiar torpeza, su estupidez camuflada de supuesta arrogancia, y su humor físico, lleno de caídas, golpes y similares.

Lo que sí se puede decir de Johnny English Returns es que es bastante más divertida que su primera entrega, que apenas contenía un par de sonrisas en todo su metraje, quizá demasiado absurdo, quizá demasiado infantil. Aquí el humor funciona de maravilla en escenas como la persecución en China (verdaderamente hilarante), el campo de golf, la pelea final en el teleférico… son escenas cargadas de ese humor que hacen reír. Y lo consiguen sin despeinarse.

El problema son los huecos entre esas escenas, en los que la película parece empeñada en tomarse en serio a sí misma como si realmente hiciese falta. No funcionan, no aportan nada, realmente no hay parodia del cine tipo James Bond o la saga de Jason Bourne, y además dejan claro que si hubiesen hecho un episodio de una serie de media hora, les hubiese quedado algo redondo. Se nota alargado hasta la saciedad, como lo de la asesina de la limpieza, que llega un momento en el que pierde su gracia inicial.

Y además desaprovecha su reparto, dejando como meras comparsas presencias tan interesantes como las de Gillian Anderson, Rosamund Pike o Richard Schiff, que debió rodar lo suyo en un día o algo así, pese a que en los créditos aparece de forma prominente. Es una pena porque podía haber sacado jugo de unos actores entregados a un proyecto en el que saben que lo único que importa es pasárselo en grande para que el espectador también se lo pase en grande.

En definitiva, Johnny English Returns supone el regreso de Rowan Atkinson al cine tras varios años de casi desaparición de las pantallas, con una comedia hecha a su medida pero lejos de sus mejores momentos. Sencilla, aseada y divertida por momentos, pero completamente olvidable. Sabe mal que esos momentos realmente hilarantes no sean más habituales durante el metraje, que no encuentre nunca un tono más inteligente o que desaproveche algunos rostros populares. Pero tampoco es para rasgarse las vestiduras. Es lo que es y da lo que promete. Tampoco creo que los fans del actor o el personaje vayan pidiendo otra cosa.

Jesús Usero

 

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Modificado por última vez en Domingo, 18 Noviembre 2018 20:52
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