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La Cosa ***

Miguel Juan Payán 17 Oct 2011

Más atinada de lo que me esperaba, esta precuela de La Cosa, celebrada película de John Carpenter que sigue siendo una de las obras maestras del cine de terror de los ochenta, no puede superar a su predecesora, pero ha encontrado su propio camino para desarrollarse como una mirada no exenta de nostalgia hacia el cine “gore” y los relámpagos de tortuosa imaginación terrorífica acogidos a la sombra de H.P. Lovecraft que la convierten en una pieza digna dentro de la mitología de la temible criatura enterrada en los hielos.

Cierto es que habría sido preferible que hubieran dejado a Carpenter continuar su obra, aportándole el dinero necesario para filmar esa esperada secuela de La Cosa, “su” Cosa, con submarinos soviéticos incluidos y que incluso llegó a contar con una versión en cómic de la que hablaré en algún otro momento. Pero defiendo como entretenimiento de terror curioso esta nueva  visita a los orígenes de aquella película de Carpenter nacida a principios de los años ochenta con el estigma o mandato de tener que prolongar o meter la cuchara para rebañar el éxito de Alien, de Ridley Scott, con la que inevitable e injustamente fue comparada. ¿El motivo de esta defensa? Lo asumo: en un elevado tanto por ciento, nostalgia por el cine de los ochenta (y a juzgar por el éxito que ha tenido entre nuestros lectores Super 8, no debo ser el único).  Insisto: esta nueva Cosa no es la de Carpenter, pero funciona bien como eco o espejo de aquella, sin aportar nada realmente nuevo más que un relato conciso de los acontecimientos que preceden a los narrados a partir del momento en que aparece el perro perdido por el helicóptero en la película de los ochenta. Ojo: he dicho como espejo, y sin aportar nada realmente nuevo. Lo que ocurre es que, para mi gusto, está más ceñida a los aspectos positivos de la manera en que se planteaba el terror hace dos décadas que a lo que se hace en la actualidad con los géneros, y por ahí, lo reconozco nuevamente, me pilla en positivo a consecuencia de cierta nostalgia. Confieso que el terror, tal como se fabrica hoy en día en la factoría de Hollywood, no acaba de impresionarme, y ésta, sin ponerme la piel de gallina, me recuerda a ratos, y sobre todo por el tiempo que se toma en planificar la intriga y el estallido final de criaturas imposibles, como digo relámpagos a la sombra de los monstruos lovecraftianos. Esas formas terroríficas me llaman la atención como ejemplares fuera del tiempo, ceñidos a los planteamientos visuales del original a la hora de fabricar su monstruo, y agradezco el guiño.

Ahora bien, en lo negativo, hay que apuntarle a esta Cosa varios asuntos. El primero es que no consigue replicar las claves de intensidad paranoica que lucieron las dos películas anteriores sobre el mismo asunto, el clásico en blanco y negro de los años cincuenta y el dirigido por Carpenter a principios de los ochenta. En algunos momentos casi parece ir a conseguirlo, y es por ahí por donde encuentra su propio camino para desarrollarse y encontrar un hueco propio, por ejemplo en la escena de “interrogatorio” mirando empastes… pero realmente no llega a dedicarle ni el tiempo ni el empeño necesario en el guión para que, como sucedía en los dos precedentes, la paranoia y el miedo de los propios seres humanos atrapados en esa situación y sospechando de sus prójimos se convierta en el verdadero monstruo de la película.

El segundo punto negativo que le reprocho estuvo a punto de convertirse en uno positivo… pero en mi opinión no lo logró. Sin conseguir recrear esa atmósfera de miedo, que además en un momento social, político y económico podría haber sido un excelente espejo de las señas de identidad de nuestra realidad cotidiana, a la película le quedaba entrar en la dinámica de algunas secuelas entretenidas, y especialmente parecía ir a tomar en su tramo final el camino de Depredador 2… Pero incluso en esa fase final le faltó el valor para convertir la expedición a las entrañas del problema, por decirlo así y para no destripar nada, en una pesadilla visual capaz de envolvernos. Si hubiera funcionado en ese tercer acto con algo más de metraje y mucha más intensidad, podríamos haber tenido un buen espectáculo. Pero parecen faltarle ganas para conseguir construir esa fase final de pesadilla total, o al menos tirar por lo espectacular y añadir un ladrillo más a la mitología y el universo fantástico de La Cosa.

Tal como está me parece una película entretenida, eficaz en buena parte de su metraje, que encuentra un hueco, menor pero hueco al fin, en el edificio fantástico de la criatura a la que mucho mejor partido sacó John Carpenter en los ochenta, en una versión que sigue siendo superior a ésta que ahora se nos propone. Ahora bien, lanzo una pregunta al lector, visto que a La Cosa de John Carpenter también la compararon, en desventaja en el momento de su estreno, con la versión de los años cincuenta, considerada mítica, y teniendo en cuenta que posteriormente la hemos considerado, por sus méritos, como título de culto: ¿es justo comparar esta secuela con la película de Carpenter? Cierto es que no la supera, pero hagan el ejercicio de apartarla de la sombra de la misma, de intentar olvidarse de la versión Carpenter durante el metraje y quizá así se expliquen por qué me ha convencido más de lo que me esperaba. Contemplada de ese modo, La Cosa de 2011 me parece un digno espectáculo de terror. De ahí las tres estrellas que le he puesto. Me lo pasé bien véndola, aunque al final le habría exigido algo más.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 31 Octubre 2011 15:19
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