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Amanecer, parte 1 **

Miguel Juan Payán 17 Nov 2011

Más entretenida que sus predecesoras, Amanecer primera parte llega a las dos horas repleta de anzuelos para los fans de Crepúsculos. Boda, cópula y parto, todo en una, en la primera parte de las dos que cierran la saga seguida por millones de adolescentes en todo el mundo, son la fórmula para meterse en el bolsillo a los incondicionales de las peripecias de Edward y Bella, esa especie de reinvención de Romeo y Julieta llevada hasta el extremo de la explotación de la fórmula del culebrón.

Un ritmo frenético, apresurado, en mi opinión demasiado apresurado, porque desperdicia e incluso niega momentos de intriga esenciales para la construcción del relato, por ejemplo en el encuentro de la vampira mosqueada con los licántropos en la boda, en la aceleración de todo lo que rodea a la preparación y celebración de la ceremonia y en las prisas por explicar la esperada luna de miel de los dos protagonistas, es la primera característica que se hace notar en este penúltimo capítulo de la franquicia. Ni siquiera los momentos románticos, que se supone son la salsa del asunto para sus fans, están debidamente explotados, con el reposo adecuado. Van como con prisas en los plano contra plano y no se paran ni a sacarle el máximo jugo a los besos, no digamos ya a la cópula nupcial, de la que al mostrarnos sus resultados no me quedó muy claro si querían realmente ser tan hilarantes a modo de guiño de doble sentido sexual para el público o simplemente les salió así de comedia involuntariamente, esto es, por casualidad. La frase que le dice Bella a Edward, en plan “eres el mejor”, me suena a chufla, de ahí las dudas con la cama destrozada como equivalente a “sexo desenfrenado”. Pero luego pienso que si ella no parece acordarse mucho de lo que ha pasado (algo que sin duda es más improbable que la existencia de hombres lobos o vampiros), lo mismo es todo una forma de hablar del sexo sin hablar del sexo.

Junto a estas pegas, los habituales diálogos tomados al asalto por el tópico y la música omnipresente hasta resultar molesta, algo que se ha venido repitiendo en toda la saga. Y, hablando de repetirse, los mosqueos del licántropo, tercera pieza del triángulo sentimental, que empiezan a ser reiterativos. ¿Realmente no se está estirando en exceso el recurso dramático del aceptado y el repudiado por la protagonista, hasta forzar una inverosimilitud excesiva que supera incluso la de los elementos propiamente fantásticos de la trama? ¿Cuántas veces se puede repetir el mosqueo del personaje de Taylor Lautner y su transformación en lobo para triscar por los montes?

En la parte positiva, que dura casi dos horas y no se me ha hecho tan larga como algunas de las anteriores entregas. Que tiene el temilla del asedio de los lobos a la casa de los vampiros y el parto como anzuelo de intriga suficiente para mantenerme entretenido. Además he comprobado otras cosas: que me creo más a Taylor Lautner dentro de la saga crepúsculo que fuera. Que sigo sin creerme que a Robert Pattinson no le dejen escapar de esa especie de languidez excesiva que caracteriza a su personaje y perjudica en mi opinión al actor, porque no le deja lucirse o soltarse tanto como su colega el licántropo, y que tengo cada vez más claro que toda la saga es un producto de diseño en cada uno de sus planos. Lo explican así algunos de los elementos de su decorado: el ajedrez… blanco y rojo… no blanco y negro, supongo porque pensaron que sería demasiado convencional; o esa mesa del quirófano ¡en la que cada cajón tiene un colorín distinto!

Ya digo, me parece entretenida, pero no me convence ni su manera de desarrollarse visualmente, ni la dirección, ni algunos de sus diálogos particularmente “cantosos”, ni el empeño en llenarnos las orejas de música un tanto repetitiva y bastante obvia. Pero reconozco que maneja bien todas las claves del culebrón para adolescentes y saca el máximo partido a la advertencia melodramática más simplona sobre los peligros de crecer, emparejarse, embarazarse, etcétera, en esta ocasión además con un claro mensaje antiabortista.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 28 Noviembre 2011 10:29
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