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Acto de valor ***

Miguel Juan Payán 10 Jun 2012

Acto de valor, una entretenida película de propaganda militar y reclutamiento que lleva el cine bélico al terreno del videojuego.

Veamos: la propaganda del asunto afirma que Acto de valor es una película con acciones reales, personajes reales, militares reales, armas reales… Vamos, algo así como un real/falso documental que recrea distintas acciones de los cuerpos especiales de la Marina de los Estados Unidos, los SEAL, que ya han tenido otras dos películas dedicadas en exclusiva a sus hazañas, aquellas de ficción declarada, sin pudor. Me refiero a dos curiosos títulos del cine de acción de los ochenta que, como éste, tenían un claro talante de cine de reclutamiento, algo tan habitual en el cine bélico estadounidense, auténtica maquinaria propagandística puesta al servicio del objetivo de llenar los cuarteles de voluntarios, aquellos que, según se dice al final de esta producción “han sido llamados”…

Ninguna de esas dos películas eran especialmente destacables en el seno de la ficción audiovisual militarista, sino simples recursos de explotación del cine de acción típico de los años ochenta: malos guiones, víctimas de la acumulación de tópicos, situaciones repetitivas, absoluto desapego de la realidad… Vamos dos criaturitas perfectas de la Era Reagan, eso sí, algo tardías, se filmaron en 1989 y 1990 y se estrenaron en 1990 y 1991.

La primera se tituló Navy Seals: comando especial, con Lewis Teague como director y Charlie Sheen y Michael Biehn como protagonistas. A Sheen le llegaría luego la oportunidad de reírse de todo eso en Hot Shots, estrenada en 1991, sacándose la espinita de este panfleto militarista tipo Top Gun.

La segunda fue Halcones del mar, dirigida por el rumano Shimon Dotan y protagonizada por Rob Lowe, y era otra de instrucciones y rivalidad entre machotes que queda superada por los azares y necesidades del combate.

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Frente a cualquiera de estas dos películas de reclutamiento sobre los SEALS, Acto de valor resulta más interesante, entretenida, creíble, y si le damos tiempo y aguantamos esa voz en off algo pedante que preside toda la narración en los primeros diez o quince minutos de la proyección, nos lleva hasta una película de acción bastante competente, incluso curiosa, que se desvela como entretenimiento trepidante una vez liberada de su lastre propagandístico de las virtudes de la vida y el servicio militar en su prólogo y en su epílogo.

El resto de su metraje, toda la parte central, en la que no hay discursos sino sólo acción filmada de forma que nos integra como espectadores perfectamente en el relato es un producto bastante digno de película bélica. Incluso me atrevería a decir que es una de las muestras más logradas de integración del lenguaje cinematográfico con el lenguaje de los videojuegos que he visto en una pantalla grande. Más que el documental, o el falso documental, diría que los directores se han inspirado en la manera de narrar e integrar al jugador en la acción que practican los videojuegos de clave militarista. Muchos de los aficionados a los mismos reconocerán, como me pasó a mí durante la proyección, cierto tipo de planos que nos sitúan en primera línea, casi como actores de la operación militar que se está desarrollando en la pantalla, mirando desde el visor de las cámaras que llevamos en nuestros hipotéticos cascos de combate.

Hipotéticos: ahí está la clave del asunto.

Me explico. Como película de acción y evasión, le doy un diez en sus escenas de tiroteos, persecuciones y demás.

Como estructura dramática le doy un cuatro, porque los protagonistas serán militares, miembro en activo de los SEALS, pero, créanme, para ponerse delante de una cámara hay que ser actor. Que vale, que ya entiendo que pueden ustedes decirme que es más natural la interpretación de estos señores, que el neorrealismo italiano sacó petróleo de no poner actores sino gente delante de las cámaras, que la espontaneidad sale ganando, etcétera… pero frente a todo ello yo les aseguro que en el momento que nos ponen una cámara por delante automáticamente todos, absolutamente todos, nos convertimos en actores. Y para ese viaje no hacen falta alforjas, como decía mi abuela. Esto es: si al final resulta que los individuos reales van a acabar convirtiéndose en actores, mejor utilizar actores, por una cuestión de mejora de lo dramático.

Miren, el problema que tiene esta película es que no es ni carne ni pescado. Quiere ser realista y veraz, pero con todo el panfleto de reclutamiento y devoción militarista que nos mete al principio y al final despierta cierto escepticismo y deja de ser verosímil.

Quiere utilizar militares reales, pero luego les pone a actuar delante de la cámara.

Quiere ser un documental, pero no es un documental, sino que ficcionaliza una serie de operaciones reales.

Quiere ser innovadora, pero nada de eso es especialmente innovador. No lo es por la vía del falso documental y tampoco por la vía de las películas de propaganda bélica con trasfondo de reclutamiento.

Y en su faceta panfletaria es demasiado burda, como un sudario de esparto.

Pero hay algo que me resulta más inquietante de esta película, y es esa imagen de los Estados Unidos como policía del mundo que nos ofrece. Es un tema interesante, ojo, pero me temo que es involuntario por parte de los gestores de esta producción que a veces parece pagada con dinero de la CIA y me recordó las maniobras que hizo J. Edgar Hoover para promocionar y mejorar la imagen pública del FBI a través del cine y la televisión. Espero que por decir esto no me manden un escuadrón de SEALS de la armada a la puerta de casa para llevarme a Guantánamo u otro establecimiento similar. No me veo yo ejerciendo como mártir de ninguna causa ni gurú de los secretos oficiales en plan Payanleaks…

Pero el caso es que durante toda la película se repite una imagen que me parece inquietante. Un mapa de distintos lugares del mundo en el que los SEAL realizan sus misiones, entrando a saco que atraco, en plan comando, sin que asome por parte alguna intervención de las autoridades de cada país afectado por esta especie de persecución internacional a escala global que lleva a este brazo armado de la CIA de un lado a otro del planeta, de Latinoamérica a África, de África a Europa, de Europa a Méjico… Entrando y saliendo de cada lugar con alarde de un despliegue armamentístico y de alta tecnología que incluye submarinos y destructores, helicópteros y lanchas de asalto… Hay numerosas escenas en las que queda muy claro que las tropas del imperio americano pueden llamar a la puerta de nuestra casa cuando les dé la gana. Según lo que nos transmite la película, donde no se habla de cooperación con autoridades o ejército de cada lugar más que brevemente y en el caso de las fuerzas especiales mejicanas que acompañan a los SEAL en su misión en Méjico, si el sitio donde vives está en el mapa ese que sale una y otra vez en la pantalla, puedes darte por jodido. Se plantan en tu portal y te meten la metralleta por salva sea la parte invocando la guerra contra el terror o cualquier otra cosa que toque esa semana. Y ni siquiera tienen que pedir permiso al gobierno del lugar en el que vives.

Ojo, no estoy diciendo que esto no sea posible. Muy al contrario. Simplemente me parece alarmante esta vulneración sistemática de la soberanía de otros países. Además, si nos vamos a poner chulos y puestos en la tesitura de que los militares me vayan a hacer la puñeta, prefiero que sean los de mi propio país, si no es molestia.

Así que, ya ven, la película ha causado en mí un efecto boomerang derivado del panfleto de reclutamiento que me han querido enchufar. Como no soy norteamericano, sino español, después de verla estoy dispuesto a exigir que si la CIA tiene que detener a algún terrorista internacional en suelo de mi país, pase por la imprescindible petición de colaboración de las autoridades españolas, y que en todo caso sean las fuerzas de seguridad del estado y los militares del ejército español, que los tenemos muy capaces por tierra, mar y aire, quienes se ocupen de llevar a cabo esa operación. Naturalmente admitiendo la presencia, a título de cortesía, de los SEAL norteamericanos, que para ser defensores de principios supuestamente democráticos en Acto de valor se muestran en mi opinión excesivamente ligerillos de piernas a la hora de entrar armados hasta los dientes en países ajenos.

Traduciendo: como lector de las novelas militaristas igualmente panfletarias y eminentemente intervencionistas de Tom Clancy, he echado de menos en la película un necesario entramado de intriga y suspense vinculado a la necesidad de exponer en el relato las mínimas garantías de respeto por la soberanía de otros países, y me ha dado la sensación de que estos señores pueden pasearse como Perico por su casa sin pedir permiso a nadie, en plan Astartes de las novelas de Warhammer 40.0000 en los tiempos del Dios Emperador de Terra…

Y eso no cuela. Resta verosimilitud dramática al asunto y además priva al relato de una interesante subtrama de tipo político que está presente en otras producciones dedicadas a explicar este tipo de operaciones globales a gran escala.

Claro que lo mismo estos piensan que es absurdo enredarse con la política internacional cuando uno puede armarse hasta los dientes y entrar en cualquier sitio en plan John Wayne en El Álamo.

En cuanto a lo militarista propiamente dicho, insisto, es un relato de acción entretenido, pero no me ha convencido tanto como otras muestras del mismo palo, tipo Los chicos de la compañía C, La colina de la hamburguesa o las series de televisión Hermanos de sangre y Generation Kill, que sin tener tanto empeño en presentarse en plan “reales como la vida misma” resultaban más creíbles y verosímiles por ser menos obvias y torponas en su faceta de reclutamiento.

Para esto prefiero claramente la ficción más descarada, tipo Delta Force, con Chuck Norris y Lee Marvin.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 25 Junio 2012 16:05
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