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Amor y Letras ***

Jesús Usero 12 Mar 2013

Josh Radnor presenta su segunda y divertida película como director. Una mezcla de drama y comedia, nostalgia y juventud que basa su fuerza en los actores y unos diálogos inteligentes, aunque peca de algunos defectos que la hacen no terminar de encajar. Algo parecido a la honestidad del personaje central, a su forma directa y, a veces, dañina de ver la vida. Al final resulta que no lo es tanto. Y que a quien más termina engañando es a sí mismo. En la entrevista reciente que nos concedió y que podéis leer en esta misma página web, Radnor comentaba que no es muy fan de los géneros, que no le gustan las etiquetas. Y ahí podría residir su mayor problema, en la indecisión de la película por ser nostálgica, seria, cómica o reflexiva. Pero se disfruta igualmente.

Jesse es un tipo entrado en la treintena que es llamado por un antiguo profesor, su favorito, que se retira de la universidad y que quiere que diga unas palabras en su fiesta de despedida. El regreso a la universidad, la nostalgia y el romanticismo con el que mira la mejor época de su vida, le hacen entablar una curiosa relación con una joven que podría ser el amor de su vida. Todo ello narrado con elegancia, sin babas, con ternura cuando conviene y, ante todo, con esa sensación (que muchos compartimos) de que nuestros mejores años quizá quedaron atrás. Esa nostalgia infinita que te hace pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sobre todo cuando vuelves a él.

Se maneja con soltura en esa historia, con humor y con unos actores sensacionales, desde el propio Radnor a Richard Jenkins (ojo a la escena en la que intenta echarse atrás en su decisión), pasando por Allison Janney o un desconocido Zac Efron. Pero, sobre todo, merced a una sensacional Elizabeth Olsen de la que es imposible no enamorarse como el protagonista. La bronca en el bar sobre Crepúsculo (y odiar demasiado las cosas, en lugar de centrarse en las que amamos) o la noche que pretenden pasar juntos… una delicia de actriz. Y de personajes bien construidos. Con un cinismo que encaja en la historia y en lo que nos cuenta, como esa charla con Janney sobre lo que es el personaje de Radnor en realidad. Todo ello encandila y nos pone en la mejor de las situaciones.

Pero, y siempre suele haber un pero, como al personaje central, se le va la mano con la pretenciosidad y la pedantería. Pretende saber demasiado de todo y sobre todo. Pretende enseñarnos una lección vital, cuando eso nunca se pretende, se consigue o no se consigue, pero no se hace por la fuerza. Esos bandazos de temática son los que lastran una película que funciona a las mil maravillas sin ellos, que debía haber aprovechado mejor la relación entre Olsen y Radnor, o al personaje de Efron. Pero quiere abarcar demasiado. Quiere ser más. Y eso tan pretencioso la hace ser menos. Sólo un poco. Una buena película, en fin, sobre la nostalgia de lo que fuimos y cómo volver, o no, a aquel tiempo.

Jesús Usero.

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Modificado por última vez en Miércoles, 20 Marzo 2013 20:47
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