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Objetivo la Casa Blanca ★★★

Miguel Juan Payán 03 May 2013

Crítica de la película Objetivo la Casa Blanca

Objetivo: la Casa Blanca: pirada de pinza ochentera entretenida y disparatada. Leónidas en la Jungla de Cristal.

Gerard Butler produce y protagoniza esta especie de reciclaje intensivo de la fórmula de Jungla de Cristal con algunos toques de Air Force One dispuesto a mantener el estatus de héroe de acción que consiguió resistiendo en las Termópilas de 300 como Leónidas. El entretenimiento está garantizado, dado que las batallas contra todo pronóstico siempre han sido un argumento infalible para meterle mano a la simplificación del acto heroico en el cine y que el director, Antoine Fuqua, siempre ha sido un tipo competente rodando cine de acción. A los que ven el cine como una prolongación de la filosofía no les hace mucha gracia, pero a quienes pensamos en el cine como el brazo armado de nuestro entretenimiento más irreflexivo y procaz su Asesinos de reemplazo nos parece una pirada de pinza muy conseguida en lo referido a coser la pantalla de tiros y poner la cámara al servicio de lo trepidante; su Día de entrenamiento es una impecable muestra de cine de intriga policial; su Rey Arturo no era Gladiator pero tenía suficiente despliegue épico para mantenernos pegados a la butaca, especialmente teniendo en cuenta que el buen cine de acción épica y espectáculo se murió cuando Sam Peckimpah reventó a tiros el cuartel del General Mapache en el final de Grupo salvaje. Desde ese momentos supremo de muerte en tres tiempos y “si se mueven mátalos”, como diría Pike Bishop (William Holden) en esa obra maestra del maestro del western crepuscular, no nos estamos comiendo más que acción orca y descerebrada con algunos momentos brillantes como los tiroteos del cine asiático patrocinados por la empresa de demolición de John Woo y sus imitadores, los momentos destroyer de Bruce Willis en la saga Jungla de cristal, el anacoreta forzoso de Old Boy dándole gusto al martillo al salir del ascensor, algún que otro mosqueo de Stallone ejerciendo de Rambo, la segunda visita a la comisaría de Schwarzenegger en Terminator, el destrozo del garito de vampiros perpetrado por los hermanos Gecko en Abierto hasta el amanecer, Neo y Trinity haciendo diseño de interiores a tiros en Matrix, la danza de la espada de Uma Thurman en Kill Bill 1, que habría hecho palidecer al mismísimo Syrio Forel, maestro de esgrima de Juego de tronos, y los disparates de videojuego de Jason Statham en la saga de Transporter y la primera entrega de la cachondísima y muy gamberra Crank, que tampoco es precisamente un tratado de filosofía ni lo pretende, aunque como ejercicio de nihilismo hiperactivo y onanista tiene su chispa.

Frente a esos ejemplos, Objetivo: la Casa Blanca le roba la cartera y el guión a Jungla de cristal y tiene sus mejores momentos en un ataque a la Casa Blanca perpetrado por terroristas de Corea del Norte (hay que cambiar de villano de vez en cuando, porque al parecer el terrorismo árabe está ya muy visto en la pantalla grande y como motivación patriótica va perdiendo gas frente a los últimos desvaríos de la geopolítica, lo cual que además argumentalmente la fábula de la película está de rabiosa actualidad). Ignoro, porque todavía no la he visto, lo que habrá hecho Roland Emmerich en su ataque a la Casa Blanca para Asalto al poder (White House Down), que por otra parte tiene muchos puntos en común argumentalmente hablando con Objetivo: la Casa Blanca, pero garantizo que la ensalada de tiros montada por Fuqua en ésta última es notable como espectáculo de caos y destrucción, y en todo lo referido a acción el invento está bien servido.

Lo raro es que a la hora de tomar prestada la fórmula de Jungla de cristal no se hayan percatado del verdadero secreto de su éxito, que no es otro que el sentido del humor y la autoparodia del acto heroico ejemplificados por el personaje de John McClane. Al héroe de esta nueva maniobra de rearme moral estadounidense por la vía del cine de acción le falta el puntito gamberrete que tan bien definía al personaje de Bruce Willis y lo ha mantenido como referente constante en el cine de acción desde finales de los ochenta hasta ahora. Y lo raro es que Butler ha demostrado ser perfectamente capaz de montar en el caballo galopante de la comedia si se lo propone y puede llegar a ser tan gamberro como sea preciso. Con un puntito de la mala leche que se gastaba en el arranque de La cruda realidad podría haber compuesto un nuevo héroe de acción perfecto para esta peripecia que sin embargo se inclina hacia la mitificación de las instituciones estadounidenses por el más transitado camino de comparación de la presidencia con el consulado de la antigua Roma republicana, y ya de paso ajusta cuentas con un pasado ya no tan reciente trazando una línea de puntos visual entre el obelisco atacado y las Torres Gemelas derribadas en el cada vez más remoto 11 de septiembre de 2001, por aquello de mantener en la memoria de los espectadores el reclamo patriótico de la tradición del Día de la Infamia iniciada con el ataque japonés a Pearl Harbor en la mañana del 7 de diciembre de 1941.

La otra pega que hay que ponerle a la película es que no saca el máximo partido a sus secundarios, Morgan Freeman, Radha Mitchell, Angela Bassett, Robert Forster… algo que hizo mucho mejor, por ejemplo con el personaje de Glenn Close, Air Force One.

No obstante es un buen entretenimiento de acción para pasar el rato, con cierto espíritu ochentero.

Recomendación de películas afines: todas las de la saga Jungla de cristal, Air Force One, y en claves de temática, Invasión USA y Domingo negro.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Martes, 02 Octubre 2018 07:56
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