Aprovechando el estreno de ANNA  el 30 de agosto podréis ganar uno de las 5 mochilas que disponemos

Bajo la sorprendente belleza de Anna Poliatova se esconde un secreto que desatará su fuerza y habilidad indelebles para convertirse en uno de los más temibles asesinos gubernamentales del mundo. ANNA presenta a Sasha Luss en el papel principal, con un reparto lleno de estrellas que incluye a la ganadora del Premio de la Academia Helen Mirren, Cillian Murphy y Luke Evans

#AnnaLapelicula

Tenemos 5 packs de la película entre los que realicen una de estas acciones de Facebook y Twitter

Se valorará la originalidad en las respuestas

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CONDICIONES El concurso estará vigente hasta el 31 de agosto de 2019 inclusive.

Válido solo para mayores de 14 años residentes en España

CONCURSO FINALIZADO

Los ganadores del Concurso ANNA son:

David Garcia Almeida
Sara RM
Diana Peña Delgado
@ventura_Ivan6
@nueenpag

Debéis enviarnos un email con dirección completa, teléfono a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La fecha límite para recibir el email con los datos de los ganadores es el 30 de septiembre de 2019

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Crítica de la película Lucy de Luc Besson con Scarlett Johannson

El cine de Luc Besson siempre ha sido algo o muy pedante, dependiendo del momento en que le pille su filmografía. Esa pedantería es una de sus características desde Kamikaze 1999: el último combate, y salió a flote sobre todo, nunca mejor dicho, en El gran azul.Al mismo tiempo es uno de los directores y productores europeos que tienen más clara la necesidad de vender espectáculo y darle al público lo que quiere. Ambas cosas se alían y al mismo tiempo colisionan, para bien y para mal, en Lucy.

Por un lado la película juega la misma baza de protagonismo femenino y “chica guerrera” tipo Nikita que a Besson se le ha dado siempre bien en la taquilla, y como demuestra la recaudación de Lucy en Estados Unidos ha vuelto a funcionarle en esta ocasión. Pero al mismo tiempo la película es presa de la contradicción y la indecisión. Besson ficha a Scarlett Johansson, consagrada como estrella del cine de acción con su papel como la Viuda Negra en Iron Man 2, Los Vengadores y Capitán América, el soldado de invierno, pero al mismo tiempo reniega de ese referente de las películas Marvel en las que interviene la actriz, y en su intento de apartarse de dicho antecedente que utiliza como gancho comercial, con un trailer que casi parece un anticipo de un largometraje de la Viuda Negra, deja a sus secuencias de acción desprovistas de los ingredientes visuales mínimos para crear tensión, sustituyendo la acción física por una especie de variante de los poderes de los mutantes de los X-Men. Buen ejemplo de ello es la secuencia de enfrentamiento de la protagonista con los matones coreanos en el hospital, donde para no repetir la trepidante secuencia de Johansson en Iron Man 2, castra ese momento y lo deja sin acción física, a pesar de que el trailer de la película vende precisamente ese otro tono de “chica guerrera” y ya situación pide a gritos un intercambio de tortas como panes al estilo de las que reparte Liam Neeson en una de las películas producidas por Besson, Venganza. Si Besson no quería ser presa de Scarlett Johansson como fenómeno mediático lo tenía fácil: elegir a otra actriz menos mediática para el papel. Claro que entonces es muy probable que hubiera perdido el gancho comercial de su protagonista y el trabajo que hace Johansson para insuflarle vida a un personaje que sobre el papel es poco más que una silueta bidimensional tipo recortable y al que ella anima hasta convertirlo en algo más interesante.

En su empecinada negación de la falta de originalidad de su propuesta, en ese sobresfuerzo por negar su propia naturaleza, la película es presa de una especie de gatillazo, es un coitus interruptus desde el punto de vista de la acción. Lo paradójico es que por mucho que pretenda ser otra cosa, Lucy es una explotación de las historias de superhéroes.  Aunque tenga aspiraciones de reflexión filosófica más elevadas y busque en el baúl de la ciencia ficción una pretenciosa exposición final, tampoco puede presumir mucho de originalidad por ese camino dado que está aplicando claves presentes ya en 2001 de Stanley Kubrick, e incluso más recientemente en una producción más modesta e interesante, The Machine, con la que además comparte un mismo planteamiento visual de cartel originial con rostro de la protagonista en blanco. The Machine es más madura en sus planteamientos, menos fiestera visualmente hablando, y no cae en las contradicciones en las que cae Lucy. Porque no pretende ser lo que no es. Besson se pone pretencioso tirando de filosofía facilona del Reader´s Digest, digna de figurar en el envase de un paquete de patatas fritas. Quiere hablar de la naturaleza humana al mismo tiempo que deja sus personajes reducidos a meros recortables, tópicos bidimensionales, amputando de la trama toda clase de conflicto que podría haber contribuido a darles mayor relieve. Un ejemplo de ello: la no-relación entre el policía y la protagonista, que se queda en mero brochazo apresurado, más que en fina pincelada para que complete el paisaje el espectador.  En sus prisas por facturar la empanada mental filosófica con espíritu de postal turística comprada en el quiosco que nos enchufa en el tramo final de su película, Besson acaba por pasar por algo o solucionar expeditivamente asuntos que habrían contribuido a hacer más interesante la trama y sus personajes. Ejemplo de ello es la forma totalmente tópica en al que intenta darle algo de carne al personaje protagonista poniéndola a hablar con su madre, mero artificio que sólo se sostiene porque Johansson antes y además de ser un sex-symbol y una estrella del cine de acción, ya era, y es, una gran actriz, y aguanta ese juego de primer plano y monólogo moñas como una campeona. Pero al mismo tiempo eso evidencia la flojera de un guión que no queda redimido ni siquiera por los planos que Besson toma prestados del cine del coreano Park Chan-wook (como el que cierra el periplo narrativo del personaje del gánster coreano, otro tópico de recortable bidimensional).

Otro ejemplo de contradicción: Besson se pone reflexivo y sesudo en su parte final, pero no puede evitar entregarse nuevamente a los fuegos de artificio invitando a los dinosaurios a pasearse por el paseo de la protagonista, o jugar con una banalización simplona de la identidad sexual femenina de Dios.

Lo que sí me ha gustado de la película, que no aburre pero tampoco convence, es el buen uso que hace del montaje fluido para hacer avanzar su trama en los primeros treinta o cuarenta minutos de proyección, que para mí son los mejores de la propuesta. Eso sí, ésta se desfonda, en mi opinión, cuando Besson se mete en un huerto, un callejón de difícil salida, aumentando la apuesta de su argumento con la escena de transformación en el avión camino de París. A partir de ahí, creo que Lucy pierde fuelle y empieza a perderse en su laberinto de contradicciones, del que no puede sacarla ni siquiera el aseado trabajo de Morgan Freeman o el fenómeno de la cultura popular en que se ha convertido Scarlett Johansson.

Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payan

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Crítica de la película Arthur y la guerra de los mundos

Aunque muchos traten de exponer su cine como una muestra de la filmografía gala, siempre he visto a Luc Besson más como un director de cine con una sensibilidad más cercana a las películas americanas, tanto en su contenido como por las claves narrativas que atesora. Sin duda con gotas francesas, claro, pero mayoritariamente decantado por el cine como espectáculo, el cine de palomitas yankee que llena las salas de cine. Hasta en su deseo de contratar estrellas internacionales o de rodar muchas de sus películas en inglés, se nota ese apego por el cine americano.

Es más, si analizamos sus guiones y producciones, como la saga Transporter o Venganza entre muchas otras (es un tipo muy muy prolífico, la verdad), nos seguimos encontrando esas claves. Quizá su mayor diferencia con el cine de acción yankee actual es que no tiene tantos remilgos a la hora de plantear la violencia en pantalla, mientras que los americanos cada vez hacen sus productos más y más light (¿he oído La Jungla 4.0 por ahí?). Y es cierto que a veces el cine de Besson, como director, guionista o productor, tiene que ser censurado en su llegada a USA.

Hasta películas de aventuras como Adele no pueden ser exhibidas en países anglosajones sin pasar por la censura, pese al tono familiar de la película, debido al topless en la bañera de la protagonista. Es más, Besson da lo mejor de sí, a nivel creativo y a nivel de taquilla, cuando se intenta acercar a los productos americanos que más admira. Cuando se sale de ello y trata de hacer cosas más europeas y/o francesas, el público parece menos interesado y la crítica le cose a palos, como en el caso de la mencionada Adele y el Misterio de la Momia o en películas como Juana de Arco.

La saga de Arthur y los Minimoys es el perfecto ejemplo de lo que decimos. Película rodada en inglés que intenta emular el cine de aventuras para toda la familia americano, en este caso mezclando animación y personajes reales, de un modo, irónicamente, bastante superior a las mezclas que hemos visto en las películas que llegan desde el otro lado del Atlántico, ya sea Hop, El Oso Yogui o Alvin y las Ardillas. Sobre todo porque Besson tiene claro que desea que toda la familia se lo pase bien y disfrute del viaje, no sólo los niños.

Y lo consigue. De hecho, tras tres películas nos encontramos con el hecho de que ésta es la mejor de la franquicia, la más animada y entretenida, donde con los personajes ya presentados y admirados por sus seguidores (que los tiene), se dedica a montar una escena de aventuras tras otra, con un ritmo trepidante, bastante sentido del humor y ganas de emocionar a las familias que acuden a ver la película de la mejor forma posible. Ante todo con continuos homenajes a películas que van desde La Guerra de las Galaxias (la más reconocible de todas) a Indiana Jones, pasando por Los Goonies o Cariño he Encogido a los Niños.

El caso es mezclar la coctelera y meter al espectador en una montaña rusa de continuas aventuras, un no parar de cosas sucediendo en pantalla que no dejan tiempo a uno para que se aburra en el poco más de hora y media de duración de la película. De hecho permite que nos olvidemos de la segunda entrega, que era con diferencia la más aburrida de las tres y no llevaba a ninguna parte. Con la ausencia del factor sorpresa que pudo suponer la primera película de Arthur y los Minimoys. No hay mucho con lo que sorprender argumentalmente en esta entrega, así que la película trata de cerrar todas las tramas por el camino de la acción y lo visualmente interesante o atractivo.

Y lo consigue. Al menos en el mundo de la animación. Quizá el mayor lastre sea el del mundo de los humanos, más decantado hacia el humor absurdo (y poco gracioso), durante gran parte del metraje, y no es hasta el último tramo con el asalto al pueblo por parte del ejército de Maltazard cuando realmente el mundo real toma un cierto interés y las cosas se animan. Algún chiste funciona, como el de la hormiga, pero ver a los guerreros zulúes triscando por la casa o a Maltazard disfrazado o incluso a los padres de Arthur haciendo cosas raras para evitar que los bomberos acaben con una colmena… pues eso, que son las partes más flojas.

El resto, aventuras hasta decir basta. La escena del tren es brillante, lo mismo que la batalla final a lomos de extraños animales. La persecución de burbujas bajo el agua, la llegada a la colmena… son momentos de entretenimiento puro que funcionan a las mil maravillas y que nos llevan a emocionarse con el universo de los Minimoys. Alguna escena, de hecho, se hace corta, aunque parece más por culpa del presupuesto que por falta de ganas. Y poco importa que la animación sea más tosca que las mejores películas americanas del género. La diversión está garantizada. Hasta la guerra de sexos entre la princesa Selenia y Arthur parece funcionar mejor que en otras películas y termina como se supone en estos casos.

Es más, sólo el chiste de Darth Vader y George Lucas, ya merecen la pena el precio de la entrada. Ojo a ese joven periodista clavado a Lucas entrevistando a Vader (recordemos que la película se ambienta en los 50 o 60). Impagable. Si uno tiene que llevar a la familia a ver una película este fin de semana, la verdad es que pocas opciones serán tan entretenidas para todos como esta, aunque no sea una película perfecta ni tampoco quiera serlo. Es lo que es y no engaña. Sin duda la más entretenida de la saga y posiblemente la más divertida. Quizá no la mejor, pero se disfruta mejor que las otras. Y eso es mucho.

Jesús Usero

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Luc Besson vuelve a facturar esa especie de subgénero raro que se ha inventado y que son las películas de género estilo Hollywood pero cocinadas a la francesa. Es lo que viene haciendo tanto en su faceta como productor como cuando decide situarse detrás de las cámaras. Aquí ejerce como guionista y productor y deja que se ocupe de la dirección uno de sus acólitos más capaces, Pierre Morel (realizador de Distrito 13, Venganza y próximamente la nueva versión de Dune anunciada para 2012). Y el resultado es entretenido.

Tras un arranque que por su ritmo pausado y por el hecho de tomarse su tiempo para presentar a uno de los protagonistas parecía ir a tirar por la vía del cine de espionaje con reminiscencias del que se facturaba en Hollywood en la interesante década de los setenta, Morel no tarda en poner las cartas sobre la mesa y entregarse al desarrollo de una serie de secuencias de acción inevitablemente vinculadas a la aparición del personaje de Travolta. Éste llega al asunto caracterizado con las pintas de una especie de Vin Diesel algo más talludito, más hortera y con los modos y maneras de Vincent Vega, el papel con el que Tarantino le sacó del olvido en Pulp Fiction. De hecho y por si alguien no lo pilla así por las buenas, incluso se permiten un chiste con la hamburguesa Royale con queso que la primera vez hace gracia pero la segunda, ya en el desenlace, no tanto (un consejo: por bueno que os parezca, nunca repitáis un chiste, es como hacer desandar camino a los personajes).

El  chiste de la Royale con queso  es bastante clarificador sobre cómo se construye la película, que no es otra cosa que un entretenido ejercicio de imitación del cine de acción estadounidense cocinado en las calles de la capital francesa por unos admiradores del cine de Tarantino y de las buddy movies. Inicialmente salen bien parados del intento pero en su empeño por tocar demasiados palos a la vez acaban bastante despistados y finalmente se entregan a una sucesión de secuencias de acción encadenadas sin demasiado orden ni concierto donde los personajes desaparecen para convertirse en marionetas.

Le ocurre tanto al personaje de Rhys Davies como al del propio Travolta, que no obstante es el que sujeta la historia, porque de no ser por sus salidas de tono y su chulería, el resto sería bastante monótono y previsible. Digamos que Travolta con su topicazo de personaje y con una caracterización que compite en lo más hortera que le hemos visto con el rastafari extraterrestre de Campo de batalla: la Tierra, es no obstante lo más entretenido de la película, mayormente porque se la pasa disparando contra alguien, soltando exabruptos y repartiendo cera limonera a todo el que se le pone por delante en una especie de sátira-homenaje (más homenaje que sátira, me temo) al héroe de acción estilo yanqui años 80 y 90, empeñado en salvar el mundo en plan Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger… aunque para ser sincero creo que el estilo Steven Seagal le pilla más cerca que el de las criaturitas de Tarantino.

Vamos que la supuesta sorpresa sobre la verdadera identidad y función en la trama de algunos personajes no es en modo alguno tal sorpresa y al menos yo me la veía venir desde la primera escenita romántica (por cierto, bastante aburrida de puro tópica).

En las escenas de acción la cosa se anima y vuelven a aplicar la fórmula de Venganza, pero como dice mi colega, y sin embargo amigo, Jesús Usero, en ésa otra lo gracioso era ver al gran Liam Neeson ejerciendo de quebrantahuesos al estilo Steven “Stopa” Seagal, y en ésta otra es menos gracioso ver a Travolta ejerciendo como Vin Diesel pero igualmente nos conformamos porque al menos hasta que intentan resolver la trama y acaban empantanados en un huerto de intriga que claramente les supera, la cosa tenía su gracia.

Pero vamos que ver saltar a Travolta por los tejados de Frenético y pasearse a tortas por París como Jet Li en El beso del dragón, tiene cierta gracia, así que, como decían en el anuncio aquél de un célebre juego de mesa: “Aceptamos barco como animal de compañía”.

Eso sí, la persecución por carretera con el lanzacohetes en ristre les ha salido más tipo película chunga de acción de Eddie Murphy en sus peores tiempos, estilo El negociador (supongo que porque no tenían tanta pasta como para marcarse un clon de Morfeo  repartiendo leña en la segunda entrega de Matrix), y más que realista resulta algo pobreta de medios para lo que se supone que quiere conseguir. La falta de medios no cuela como intento de realismo, porque además a esas alturas y en una historieta tan pasada de vueltas, el realismo no pintaría absolutamente nada.

Y por supuesto la exhibición de pistolas en la última escena suena a duelo infantil para medirse la minga en los retretes del jardín de infancia.

Lo dicho: moderadamente entretenida, pero con un tramo final francamente torpe. Sus ambiciones de clonación de Tarantino se quedan en una de “Stopa” Seagal con más dinero de lo habitual y Travolta parodiando a Vin Diesel.

Miguel Juan Payán

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