Crítica de la película La noche de Halloween 2018

David Gordon Green resucita de manera brillante el slasher y trae un soplo de aire fresco al género.

Terror de calidad. Buen cine. Buena resolución visual de la propuesta. Excelente rendimiento de las características del slasher aplicadas sin complejo en una película cuya factura y lenguaje podrían estar aplicadas a cualquier género o historia con tal eficacia que hacen muy interesante seguirle la pista a este director en el futuro.

Crítica de la película Hell Fest

Entretenido juego de terror con fórmula de parque de atracciones.

Hell Fest es el tipo de película que cuando eres adolescente vas a ver con los amigos y amigas para pasar el rato. Y ya. En una muy moderada adaptación del slasher encuentra recursos para resultar más distraída de lo previsible teniendo en cuenta que aplica la fórmula de este tipo de peripecias de terror con matanza de adolescentes paso por paso y no caben en eso muchas sorpresas.

Crítica de la película Ánimas

Curiosa propuesta de terror milennial con varios puntos de interés.

Limitada en medios pero valiente en algunos aspectos, más floja en otros, Ánimas me parece interesante sobre todo porque es un pulso entre el uso de los tópicos del género de terror y al mismo tiempo intenta escapar de los mismos por otros caminos que buscan darle más fuerza a la propuesta.

Explora por un lado la vía de la psicología. Cierto es que en lo referido a su propuesta psicológica me quedo antes con su capacidad para querer jugar visualmente con ese asunto que por el contenido narrativo de todo ese aspecto, demasiado previsible. En ese terreno de la psicología Ángela Molina presta una solidez necesaria pero no del todo aprovechada. Creo que ese personaje, independiente del papel o peso que tenga en la novela de la que parte la película, merecía en el cine, y contando con esa actriz que siempre te lo da todo ante la cámara, ser más importante en el desarrollo general de la trama. A veces el cine y su lenguaje pide desarrollar más los personajes que en otros medios no requieren o pueden proponer tanto juego. De ahí que la adaptación novela a cine nunca sea fácil. En otros aspectos, como el empeño de juego con recursos visuales como la puerta en el suelo, creo que la película puede caer en el tópico, o incluso mostrarse ingenua, pero aplaudo la decisión de atreverse a jugar con la ilustración que hace Ánimas de lo psicológico desde lo visual, algo que nunca es fácil y que se le resistió incluso a Hitchcock en Recuerda incluso contando con Salvador Dalí para solventar todo el asunto onírico. Me parece no obstante que en ese proceso un mayor protagonismo del personaje de Ángela Molina habría sido muy beneficioso. No me canso de decir que los actores son el mejor recurso, la mejor herramienta y el mejor efecto especial con que puede contar el cine.

Crítica de la película La Monja

Nueva e interesante entrega del universo Expediente Warren. Una entrega que a falta de un guión realmente novedoso o sorprendente, se apoya en dos factores igualmente válidos (y eso no quiere decir que el guión sea malo, es simplemente correcto), la dirección de Corin Hardy, responsable de la más que interesante The Hallow, y poner al frente del reparto a dos actores de verdad, algo que era clave por ejemplo en el hecho de que funcionasen tan bien otras películas de terror de Warner, sean del universo Expediente Warren o no, como son Nunca Apagues la Luz, Annabelle: Creation, y las dos entregas centrales de la franquicia. Aquí son Taissa Farmiga y Demián Bichir los responsables de echarse a hombros la historia cuando la coherencia narrativa sale por la ventana.

Una monja aparece ahorcada en un convento en Rumanía a inicios de los 50, lo que hace que la Iglesia Católica envíe a un sacerdote (Bichir) y su joven aprendiz, una monja, (Taissa Farmiga) a investigar lo sucedido, lo que les enfrentará cara a cara con una fuerza demoníaca con aspecto de monja, a la que todos ya conocemos como Valak. Vaya por delante que es una película de terror completamente disfrutable en solitario, pero si ustedes han visto el resto de películas de este universo, se encontrarán con muchas referencias desde el prólogo de la historia hasta las imágenes finales. Es similar a Annabelle: Creation, cuando hablaban de una monja aterrorizando un convento en Rumanía. Y aunque esta película sucede antes de lo visto en Creation, hay que recordar que el prólogo de aquella sucede antes que lo visto en esta película…

Es decir, que James Wan y Warner Bros, están creando su propio universo de “superhéroes” pero con cine de terror, y eso da una coherencia narrativa a todas las historias que vemos, un patrón visual cortado a raíz de lo visto en las dos primeras entregas de Expediente Warren, que poco a poco cogen fuerza y establecen una coherencia visual, unas líneas de unión. Narrativamente cada película puede ser de su director y su guionista, pero tomando la perspectiva general, el diseño, las historias, la forma de contar la película, los demonios… todo tiene una clara coherencia narrativa (la presencia de las hermanas Farmiga, por supuesto). Aunque la película, como sucedía con la primera entrega de Annabelle, fuese un desastre. Que no es el caso.

Porque cuando la historia no sabe muy bien qué contar, o se enreda en un sinsentido (¿Por qué se separan para investigar SIEMPRE?), los actores, que son muy, muy buenos, sacan la trama hacia adelante. Y eso es algo que no todo el mundo puede decir, ni todo el cine de terror, tiene. A eso se añade que la película, llena de sustos, es cierto, sabe dónde colocarlos, y sabe ser ingeniosa con los mismos (aunque uno de los mejores, evidente homenaje a El Exorcista III, se lo cargue en los tráilers), y sabe proporcionar al público lo que busca con este tipo de cine. Una montaña rusa de emociones, de sustos bien trazados, de personajes que nos interesan (gracias a su reparto) y de quedarnos con la sensación de haber pasado un muy buen mal rato. Aunque olvidemos la película media hora después de haberla visto…

Jesús Usero

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Crítica de la película El Pacto

Belén Rueda se echa a las espaldas esta intriga con pinceladas de terror.

No es nada nuevo. Belén Rueda puede hacer que historias más o menos convencionales y tópicas salgan adelante simplemente estando ahí, ante la cámara, defendiendo su personaje y lo que se cuenta como una loba defendiendo a sus cachorros. Es lo que ocurre en este caso, donde además encuentra buen respaldo con el trabajo de Dario Grandinetti y la breve pero contundente aparición de Antonio Durán “Morris”, al que habría estado bien ver en más metraje de la historia, sobre todo porque su personaje se interesante pero entra demasiado tarde en el asunto, restando más peso a la trama de intriga.

Todo gira no obstante en torno a la presencia y el personaje de Belén Rueda, y eso en cierto modo presta cierto tono de endeblez a la trama en su conjunto. Solo otro personaje en la trama, el de Grandinetti, llega para ejercer como contrapeso y como resultado de este equilibrio la trama y la película ganan puntos. Queda desdibujado el personaje de la hija, interpretada por Mireia Oriol, que en una clave más ambiciosa para la historia habría tenido sin duda más desarrollo.

En cualquier caso, es elección del director y co-guionista cómo va a conducir su historia y su película, y hay que decir que El pacto funciona correctamente como producto de intriga, y si tiene alguna pega en todo caso responde a la ambigüedad sobre su verdadera naturaleza que pueda transmitirse al espectador a través del tráiler. Es un relato interesante, curioso a su manera, eficaz en su desarrollo, pero no es una película de terror como quizá puedan esperar algunos espectadores a tenor del tráiler que se ha difundido sobre la película. Tiene pinceladas de terror, pero su manera de desenvolverse en la mayor parte de su metraje la sitúa sobre todo en el territorio de la intriga. Quiero decir que la película en sí misma no engaña en ningún momento en ese sentido. Tiene muy claro lo que es y se desarrolla coherentemente por el camino que ha elegido. Pero la promoción puede jugarle una mala pasada llevando al espectador a buscar en ella otro registro narrativo que no posee.

De hecho, una de las cosas que me ha gustado de El pacto es precisamente esa capacidad para arriesgarse y tirar por el camino menos fácil a la hora de plantear su trama. Podría haber tirado por el espectáculo fantástico dominado por el terror y con pinceladas de intriga, pero invierte su carga genérica para buscar por un camino de intriga con pincelada de terror que la lleva por ejemplo a potenciar más el peso de la interpretación de sus actores y asentar su propuesta sobre el eficaz dúo Rueda-Grandinetti. Me parece una opción interesante, aunque ya he comentado que habría sido interesante desarrollar más algunas subtramas con personajes como el de la hija y el de Antonio Durán. En lo referido al argumento propiamente dicho, opta por la simplificación de la anécdota y por un perfil de rapidez y brevedad que lleva a los personajes a tener poco desarrollo más allá de lo imprescindible para que sirvan como herramientas de la trama. Por eso pienso que es tan destacable el trabajo de Belén Rueda y Darío Grandinetti, así como el de Antonio Durán: porque estamos ante uno de esos casos donde es el actor el que presta casi toda la “carne” al personaje, cuyo desarrollo esquemático en una trama bastante esquemática y que va al lío del asunto sin desviaciones ni subtramas puede producir la sensación de excesiva sencillez buscando la máxima eficacia. Quizá por eso El pacto me produce la sensación de tener prisa por contarnos su propuesta y no querer complicarse la vida, y pienso que desperdicia algunos elementos interesantes que incluye en su conjunto pero desdibujados como en un segundo plano.

No me parece mal del todo. Una industria que se precie tiene que producir este tipo de historias de género sencillas y eficaces, y en eso me ha recordado todo el tiempo el tipo de relatos con más intriga que terror que consumíamos en las revistas de cómics de terror tipo Creepy y Dossier Negro, relatos breves y contundentes a los que no cabe pedirles más que precisamente esa eficacia como vehículo de entretenimiento bien defendido por sus protagonistas y correctamente resuelto en lo visual.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Megalodón

Simpática por momentos, pero sin aprovechar el tremendo potencial que tiene.

Es decir, que estamos hablando de una película que propone el enfrentamiento entre un Megalodón, un tiburón gigante, y Jason Statham, lo que con las suficientes dosis de sorna y un director que supiese qué hacer con el proyecto podía haber dado una de las películas más divertidas y especiales del verano. Una especie de Sharknado pero con presupuesto. Quizá algo más seria, pero sin tomarse nunca en serio a sí misma del todo. Y sobre todo entretenida. Salvajemente entretenida. Eso esperábamos y eso es lo que no consigue la película durante la mayor parte de su metraje, en un efecto similar al que sufrió recientemente Operación Rampage, y que hace que toda la cinta esté a medio gas.

Crítica de la película No dormirás

Gustavo Hernández consigue crear una película en la que la atmósfera y el espacio se convierten en las principales armas para generar terror y misterio.

Los psiquiátricos abandonados suelen dar un juego especial en el género del horror de naturaleza psicológica y gótica. Quizá, esa sea la razón principal por la que el cineasta uruguayo Gustavo Hernández ha decidido otorgar un protagonismo determinante a una de estas siniestras instituciones, para construir el fantasmagórico y efectivo decorado de No dormirás.

A modo de pesadilla constante, el guion del filme sigue los pasos de una actriz llamada Bianca (excelente Eva De Dominici, en la piel de un personaje que siempre está al límite de la locura). La chica intenta despegar en su carrera, aunque tener que cuidar a su padre –aquejado de una enfermedad mental- le resta la debida concentración para mantener el nivel de ambición de sus colegas. Una noche, mientras Bianca representa una obra en un papel secundario, la joven es citada para el casting del nuevo proyecto de Alma Böhm (Belén Rueda): una reputada creadora, famosa por sus trabajos de extrema exigencia. La protagonista piensa que no va a ser seleccionada, pero al final recibe la llamada del encargado de Alma, y le comunica que la directora está interesada en su incorporación al elenco interpretativo.

Sumidos en un absoluto secretismo, los miembros de la producción son trasladados a un antiguo manicomio, donde se les pone al corriente de que la historia va sobre una interna, que fue acusada de intentar dar muerte a su bebé. Alma exige a Bianca y a su amiga Cecilia (también elegida para competir por el papel principal) que no duerman en ningún momento, para llegar a un nivel en que los mecanismos actorales queden supeditados a la identificación total con el papel. Poco a poco, las horas de insomnio y la oscuridad reinante en el inmueble hacen mella en la salud mental de la protagonista, hasta el punto de ver extraños seres que amenazan su integridad física.

Gustavo Hernández acierta en la manera en que retrata los desangelados pasillos y habitaciones del psiquiátrico, manteniendo la intensidad en los giros de cámara y en la evolución del papel de Eva De Dominici. Los planos retratan con imaginación el tortuoso camino que emprende la joven, hasta perder cualquier signo de raciocinio. Estos elementos son los que poseen más fuerza en la historia, la cual se ve algo frenada en su precipitación hacia el anunciado abismo mental, con una trama tangencial que genera una cierta desconexión con el potente ejercicio audiovisual que se percibía al principio del filme.

Conforme se suceden las aclaraciones de lo que esconde el oscuro propósito de Alma y de su equipo, No dormirás se vuelve un tanto farragosa en su desarrollo. No obstante, Hernández se muestra hábil, al no permitir que los rocambolescos y artificiales giros del argumento perjudiquen totalmente a la atmósfera medioambiental desplegada a través de los fotogramas.

Un acierto de escenificación, más que de contundencia del guion, al que contribuyen sobremanera las esforzadas y convincentes caracterizaciones de las destacables Eva De Dominici y Natalia de Molina. Ellas logran que el interés no decaiga, incluso en los momentos menos brillantes del metraje. Labor en la que también pone su granito de arena Belén Rueda, pese a que su parte no posee tantos asideros dramáticos como las de De Dominici y De Molina.

Jesús Martín

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Este mismo mes, en la revista que acaba de salir al mercado, encontraréis todas las claves narrativas de The Terror, una de las mejores series que vamos a poder ver este año, basada en la novela de Dan Simmons. Tobias Menzies, al que muchos recuerdan por Outlander, es uno de sus protagonistas y estuvo en Madrid para presentar de la mano de AMC, la serie a la audiencia. Una serie de la que nos habló a fondo, y que podréis disfrutar desde el 3 de Abril en la cadena.

Crítica de la película Regresión de Alejandro Amenábar

Alejandro Amenábar exhibe su capacidad para crear tensión escénica con esta oscura película, la cual queda mejor situada en el universo del thriller psicológico que en el cosmos perturbador del terror clásico.

Nada más comenzar los títulos de crédito y la inquietante banda sonora, Regresión eleva su atmósfera de suspense con elementos susceptibles de generar el malestar y el interés en el espectador. Pese al rótulo casi siempre desilusionante de “historia basada en hechos reales”, la cinta del responsable de Los otros provoca rápidamente las ganas de introducirse en la pesadilla anunciada, que se atisba a través de la incesante lluvia y de los paisajes desolados que conforman las primeras vistas. Mediante la técnica de la cámara en movimiento, un personaje con accesos religiosos entra dentro de una comisaría, donde le espera un policía mayor y un agente más joven. Juntos estampan al individuo una confesión manuscrita de su hija, que le acusa de abusos deshonestos.

Estos son los acordes utilizados por Amenábar para prologar un largometraje destinado a activar los mecanismos de los miedos ancestrales, subidos al carro de una investigación policial en la que hay implicaciones de satanismo y prácticas sobrenaturales. Para ello, el cineasta español apoya su discurso en lo aprendido de maestros como Roman Polanski; pero algo falla en la materialización.

Según las declaraciones del autor de Mar adentro, el modelo inspirador para Regresión fue La semilla del diablo; aunque los caminos que transitan ambos filmes son diametralmente diferentes en intenciones y resultados. El guión elaborado por el cineasta madrileño centra su atención en los personajes principales: interpretados de manera más que notable por el eficaz Ethan Hawke y la expresiva Emma Watson. Mientras que el libreto de la cinta de Polanski estaba más enfocado a diseñar un entramado colectivo demoniaco, con brujos identificados con nombres y apellidos. Esta disyuntiva no solo separa a las dos películas, sino que también marca uno de los mayores problemas en la producción de Amenábar. El director de Tesis parece olvidar que para la lubricación adecuada de la tensión terrorífica es necesario que la galería de secundarios esté bien perfilada, y esto no sucede en su largometraje.

El papel que encarna Ethan Hawke (el obsesivo detective Bruce Kenner) ata cabos sin casi sospechosos a los que acusar, con las pesadillas nocturnas y las conversaciones con Angela (excelente Emma Watson en su caracterización, aunque sea improbable que una chica criada en la América profunda tenga el aspecto de la hechicera de Harry Potter) como únicas guías activas.

Semejantes coordenadas ayudan a Alejandro Amenábar a mantener el tipo de la narración, cuando esta corre al ritmo del terror mefistofélico. Pero pierde enteros al variar su discurso hacia conclusiones menos inquietantes y más comprensibles. En este terreno, el director de Ágora no logra girar de manera convincente hacia los parámetros de las mentes desquiciadas, en la línea a como lo hizo Martin Scorsese en Shutter Island. Motivo por el que su thriller psicológico acaba superado por la escenografía fantasmagórica, y por los efectos concitados a lo largo de la primera parte del filme.

No obstante, Regresión funciona por su envolvente atmósfera y su versatilidad para alimentar la curiosidad de los espectadores.

Jesús Martín

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Crítica de la película Ouija.

Terror con y para adolescentes amigos del susto fácil y las leyendas urbanas presas del tópico.

Michael Bay sigue produciendo miedo fácil para adolescentes con pocas ganas de machacarse las neuronas pensando más de la cuenta. Ahora le ha tocado el turno a otro juego de la Hasbro Games, Ouija, que como se pueden suponer sigue fielmente todas las normas del género paso por paso y con pocas sorpresas. Pilla de aquí y de allá todos los lugares comunes que le salen al paso: el golpe en la puerta, la gente arrastrada por el sueldo (dos veces, se repiten), los sustos facilones con golpes de sonido, el espíritu avanzando hacia la cámara como una casera furiosa a la que le debemos el alquiler de medio año, el ático “con pasado” en el que se descubre la clave del enigma que ha desatado la maldición, (el terror oriental ha dejado su huella… piensen en El grito), las fotos rarunas que dan mal rollo, la bajada al sótano oscuro en el que falla la linterna, el trapicheo con el mundo de los espíritus con la infancia de por medio (El grito 2)… Seguro que me salto alguno, pero ustedes pueden terminar de rellenar la quiniela de tópicos. Poco original, la película ha sido un éxito en la taquilla americana precisamente por su extrema sencillez lindante con la simpleza. De vez en cuando empieza a desarrollar cierto aire de imitación del cine de terror de James Wan, moviendo la cámara como testimonio de “la presencia del mal”… pero ni en eso tiene continuidad. Interrumpe esa herramienta abruptamente y acaba en un plano contra plano totalmente anodino y previsible. Tampoco es que tenga muertes especialmente llamativas para que los aficionados al terror puedan ampliar su colección de momentos escabrosos, porque no tiran por el gore, sino por el “truco o trato”. Eso sí, aviso que en esta película pasarse el hilo dental es deporte de riesgo, así que si me obligan a elegir me quedo con la muerte por  hilo dental y chichón, que la encuentro muy socorrida. En el final no se han quebrado mucho las neuronas pensando: incluso en los efectos copian la fórmula visual para exorcizar demonios de la serie Sobrenatural

En su conjunto me ha recordado esas películas de terror para adolescentes que se producían en los años ochenta y noventa en las que la militancia en los pagos de la serie B no las eximía de tener un guión más bien pobre (aquí por ejemplo todos se echan mucho de menos, un personaje, muy dolido por la desaparición de una amiga, de repente parece pasar olímpicamente de lo que le ocurra a su pareja sentimental en la parte final de la película, vamos que se queda tan fresca y sigue a lo suyo, dale que te pego al tema de pelearse con los espíritus…).

Tengo que decir no obstante que he sentido saltar unas cuantas veces a algún que otro compañero crítico que estaba conmigo viendo el pase, así que le auguro un éxito en la cartelera alimentado por el mismo tipo de público que llenó las salas para ver Annabelle, por poner un ejemplo reciente.

Miguel Juan Payán

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