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Crítica de la película Operación U.N.C.L.E. de Guy Ritchie con Henry Cavill

Homenaje al género de espionaje y aventuras de la primera era dorada de la televisión.

Guy Ritchie le saca partido a la nostalgia en esta adaptación de la serie que en España conocimos como El hombre de C.I.P.O.L., cuyo tono sesentero escapista es quizá la máxima seña de identidad de este largometraje en el que el director de películas como Lock & Stock, Snatch: cerdos y diamantes, RocknRolla y los dos largometrajes de Sherlock Holmes protagonizados por Robert Downey Jr. y Jude Law se queda por debajo de las posibilidades que le ofrecía el material que tenía entre manos, o al menos por debajo de lo conseguido en todos esos títulos citados. Tampoco es que podamos decir que Operación UNCLE es un título “menor” dentro de la irregular filmografía de Ritchie, pero lo que sí está claro es que en todos esos títulos estaba mejor respaldado por su reparto. O dicho de otro modo: que parte del gancho de su cine está en un tanto por ciento muy elevado en los actores con los que cuenta para contar sus historias. Por ejemplo en esta película las contribuciones  breves, escasas incluso, de los mal aprovechados Jared Harris y Hugh Grant, le proporcionan un gancho a sus secuencias que está por encima del rendimiento del trío protagonista. Y, ojo, no es que Henry Cavill, Armie Hammer o Alicia Vikander sean actores flojos o estén mal en el largometraje. Mi impresión es que Ritchie no les saca todo el partido que podría sacarles, porque, equivocadamente guiado por el tono, el ritmo y la forma de concebir los personajes en la serie original, aplica una fórmula similar y no llega a profundizar en ninguna de sus criaturas, ni en las situaciones, ni en los conflictos. Todo tiene un tono muy de serie sesentera floja y superficial, con personajes que son poco más que bocetos o recortables; a pesar de que tenemos un montón de información sobre ellos, esa información se desperdicia porque no da lugar a personajes sólidos, sino a estereotipos. Era un defecto muy propio de las series sesenteras que curiosamente, en su afán por mantener ese tono de inocencia e ingenuidad superficial, ha ejercido ya como lastre en otras adaptaciones al cine. Ejemplo ilustrativo de ello son Los vengadores, dirigida en 1998 por Jeremiah Chechik y Wild Wild West, que puso en pantalla en 1999 Barry Sonnenfeld. Operación UNCLE es notablemente superior a las dos, es mucho mejor, ojo, pero no obstante cojea de ese mismo homenaje que se convierte en pleitesía frente a la serie original, así que le sobra ingenuidad y le falta la insolencia que constituye la mejor característica del cine de Guy Ritchie. Para ganar en el terreno de la insolencia necesitaba a actores capaces de aportar másgarra a sus personajes, o lo que es lo mismo: una capacidad para completar lo que le falta al guión y al tono general de la película. Piensen por ejemplo en lo que hizo Brad Pitt con su personaje de gitano incomprensible en Snatch, o en ese dúo cómico salvaje de Gerard Butler y Tom Hardy en RocknRolla, o en Jason Statham y Jason Flemyng en Lock and Stock, o en Robert Downey Jr. y Jude Law en las dos películas de Sherlock Holmes firmadas por Guy Ritchie. Para que quede más claro: Alicia Vikander es una buena actriz, pero todavía no es capaz de hacer lo que es capaz de hacer Rachel McAdams. A modo de prueba, imaginen a McAdams en el papel de Vikander en esta película y es posible que entiendan mejor lo que quiero decir. No veo la química que debería haber entre Cavill y Hammer y que está en otros dúos y grupos masculinos del cine de Ritchie.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Mad Max: Furia en la carretera

Mad Max furia en la carretera recupera y supera todo lo bueno de Mad Max el guerrero de la carretera. La mejor entrega de la franquicia.

Dos horas de persecuciones imparables y plenas de imaginación. Hemos tenido que esperar unos cuantos años, pero la espera ha merecido la pena: finalmente tenemos en la cartelera una digna heredera de la mejor película de la saga del loco Max, y descartando fatuos y oportunistas arrebatos de nostalgia ochentera que ademas cada vez me parecen más fruto del postureo generacional friqui, lo cierto es que teniendo las más mínimas dosis de sentido común no creo que nadie pueda discutirle a e este trepidante, espectacular y muy oportuno ejercicio de puesta al día de la franquicia cualidades que mejoran la película que toma como referencia principal, la segunda de la trilogía original, aunque en algunos momentos hace guiños a la primera, con ese antagonista de la misma tuneado para la ocasión, e incluso a la tercera, ese fallido ejercicio de lo que pudo ser y no fue, o de lo que solo era realmente Mad Max en su primera parte. Ya el hecho de que Miller haya ido directamente a buscar referente estético y argumetal en la segunda de Mad Max es toda una declaración de principios y hasta una disculpa por lo que hizo en la tercera. Rectificar es de sabios. Pero es que además, con te comentado al principio, creo que mejora algunos aspectos de aquella película. La segunda de Mad Max siempre me ha parecido casi perfecta en su astuto ejercicio de renovación de las claves del western y cruce de las mismas con la ciencia ficción de tono apocalíptico, pero era muy parca en su anécdota argumental. Lo positivo de eso es que te quedaban ganas de ver más. Y ese "más" está ahora en Mad Max furia en la carretera. De hecho ese "más" tiene nombre propio: Charlize Theron. Como digo siempre, cualquier cosa es mejor con mujeres. Y cuanto más completas y resolutivas por sí mismas sean dichas mujeres, mucho más divertido todo. Theron ya por sí misma demuestra aquí, otra vez, que se basta ella solitario para sostener lo que haga falta en una pantalla grande que ademas George Miller agiganta con su peculiar estilo de entender y filmar el cine de acción. Más claro: a mí Theron ya me vale ella solita como variante femenina de Max Rockatansky. Además mis ojos disfrutan más, no voy a negarlo. Por otra parte su personaje introduce en la trama nuevas claves que ampliando el arco de posibilidades dramáticas. Para que quede todavía más claro, George Miller ha hecho aquí lo que quiso hacer y no supo o no pudo hacer Sam Raimi con Sharon Stone y el espagueti western en Rápida y mortal (1995). La diferencia es que Miller trata a Theron y su personaje con más respeto y le da más sentido y contenido que el que le proporcionó Raimi a Stone, que a pesar de las apariencias en esa película era sólo una cáscara decorativa en una trama eminentemente masculina que se repartieron Gene Hackman, Russell Crowe y Leonardo Di Caprio.

Y así llegamos al otro punto fuerte de Mad Max furia en la carretera: Tom Hardy. Si había alguien capaz de estar a la altura de Mel Gibson en las originales era él. Este tipo es una máquina. Intenten ver la película en versión original porque la voz de este actor es única. Si hace un tiempo me hubieran preguntado quien podría heredar el personaje de Max Rockatansky de manera competente habría dicho que Russell Crowe, pero hoy sin duda es mejor Hardy, que con todos mis respetos para el de Gladiator me parece un actor mas completo, capaz de ir más a fondo con el personaje incluso en un vehículo de acción trepidante como el que nos ocupa. Creo que Hardy aporta a Max más matices y una personalidad diferente de la que propusiera Gibson. Hardy no se limita a tunear a Max para a actualizarlo y darle algún toquecillo personal. Hace mucho más. Hace que el personaje crezca, y sin faltar al respeto o renegar de su precedente, algo que no es nada fácil, especialmente teniendo en cuenta que dicha precedente es un icono de la cultura popular. Afirman los rumores que Hardy quiere interpretar al Castigador de la Marvel, y después deber Mad Max furia en la carretera no se me ocurre mejor actor para darle a ese personaje todo lo que merece en la pantalla grande, todo lo que hasta ahora no han conseguido darle ni Dolph Lundgren, ni Thomas Jane, ni Ray Stevenson.

El tercer punto a favor de MadMax furia en la carretera es su capacidad para hacer la evolución desde la personalidad más cercana a la serie b de las dos primeras películas de la trilogía original hasta el producto de era blockbuster que ahora se presenta en la cartelera. Esa evolución quedó fatalmente truncada en Mad Max III porque Miller hizo una serie de concesiones de cara a la galería que desvirtuaban el espíritu de las dos primeras películas, pero en Mad Max furia en la carretera ha sabido gestionar mucho mejor esa evolución hacia lo comercial sin perder por el camino todo lo que perdió en Mad Max III, y además nos propone algo distinto, más sólido y coherente.

Quiero ver más entregas de esta franquicia, y con eso creo que ya está dicho todo. El tope son cinco estrellas pero por diversión y entretenimiento sólido y coherente merece seis.

Miguel Juan Payan

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Crítica de la película Fast and Furious 7

Más espectacular que las anteriores, pero también más floja de ritmo y repetitiva.

La última entrega de la saga de Fast and Furious parece empeñada en superarse a sí misma y a sus antecesoras en un reto que la lleva a apuntarse algunos tantos a favor y algunos  tantos en contra.

A favor tiene una sucesión de secuencias de acción que consiguen darle una nueva dimensión al término “espectacular” en la saga. No hay opción alguna para aburrirse viendo la película porque es un encadenado de secuencias de acción empeñadas en redefinir el término de “más difícil todavía”. El propio guión de la película bromea sobre ello con esa secuencia en la que O´Conner (Paul Walker) le dice a su hijo que los coches no vuelan . Es un anticipo de los alardes visuales y la suspensión de la credibilidad que nos espera en el resto del relato.

A favor tiene igualmente las peleas cuerpo a cuerpo, que son mejores que las de la película anterior. Fast and Furious 7 saca más partido a la contribución en las secuencias de puñetazo y patada del protagonista de Ong Bak, Tony Jaa, y de la aportación de Ronda Rousey, que en mi opinión está mejor explotada en pantalla que la que hiciera en la película anterior Gina Carano. Eso lo han cuidado más. Y nadie podrá ponerle pegas al plato fuerte de esta entrega, que navega a medio camino entre una de Misión imposible y otra de James Bond, con toque al estilo de Los Mercenarios.  Tal y como era totalmente previsible, la acción es el mejor elemento de esta séptima entrega, capaz de ganarse al público incondicional de la saga, desde la primera pelea de Statham con uno de los integrantes de la misma hasta la última.

Sin embargo es significativo que Jason Statham sea el personaje más interesante de esta séptima película, en su papel como villano incuestionable, amenaza temible que es algo repetitiva en sus recursos (me refiero a que sus enfrentamientos con la familia Toretto acaban siempre con un algo repetitivo ¡¡¡ Kabooom !!!, la explosión como  medio expresivo algo reiterativo en esta entrega). Creo que el personaje de Statham merecía más tiempo de metraje y más imaginación en sus duelos con la banda Toretto. No obstante lo cual, Statham es, a mi parecer, lo mejor de esta séptima película, que ayuda a arrancar con ese principio al estilo de Transporter, macarruzo y perdonavidas, que encaja a la perfección en el “Mundo Toretto” y presta un buen juego en este momento clave de la serie en el que ésta debe empezar a buscar nuevos recursos para mantener el aliento ante el lógico agotamiento de sus claves primordiales.

Pero como digo resulta significativo que Statham sea el elemento más interesante de esta nueva entrega. Afirmando eso quiero decir que se percibe un lógico pero no por ello menos llamativo agotamiento de los personajes y situaciones habituales de la saga Fast and Furious, cuyos responsables afirman no obstante que están pensando en hacer de esta película el arranque de una nueva trilogía. Ese  agotamiento se hace notar especialmente en el intento por dotar al guión de diálogos. Si en lo referido a la acción la película cumple sin problemas, en lo referido a los diálogos y las subtramas, Fast and Furious hace aguas por varios orificios en su línea de flotación. Para empezar su guión es flojo, la incorporación del personaje de Kurt Russell no está a la altura del mismo tipo de fórmula de asociación de estrellas que aplica por ejemplo la saga de Los Mercenarios. Por otra parte la subtrama de pérdida de memoria y enlace sentimental conToretto del personaje de Lety suena muy falsa, es muy “love story made in polígoneros”, y no se la cree nadie. Está metida con calzador y mal resuelta con unos flashbacks que no encajan in en tono ni en nada con el tono y el ritmo del resto de la película. Ocurre lo mismo con esas escenas hogareñas de O´Conner y su “churri”. Absolutamente intratables. La saga de Fast and Furious siempre ha hecho aguas por esa parte de “yo no tengo amigos, tengo familia”, que pregona el personaje de Toretto interpretado por Vin Diesel y que no se cree nadie que no esté hasta arriba de psicotrópicos. De hecho, sospecho que ese tipo de consigna sólo es digerible junto con un camión de pastillas de éxtasis asociado a esa música de la banda sonora que no deja de recordarme la banda sonora de los programas más cutres de “reality show” de la cadena televisiva Tele 5. El rollete “familiar” que se traen estos prójimos nunca ha colado, y aquí ver a O´Conner peleándose con un monovolumen o aguantar esa escena de boda metida con calzador en un flashback digno de culebrón televisivo es particularmente hiriente. Testimonia esa falsa premisa de “tipos duros pero familiares” que es el peor lastre de la saga. Lástima que no le hayan echado más narices al asunto y resulte que estos tipos son realmente gente fuera de la ley, y no forajidos domesticados que trabajan para el gobierno y quieren formar familias, o lo que es lo mismo, “malotes” de postal adictos al postureo. Hay mucho postureo visual en toda la película, y aunque nos resulta entretenido y por tanto lo acepto con gusto para pasar el rato, no deja de resultar crispante esa ambigüedad en algunos momentos. Para que quede más claro recomiendo repaso al artículo de antecedentes e influencias de la saga de Fast and Furious que he publicado en la edición en papel de la revista Acción, que puede revelar mejor a qué me refiero cuando aludo a esa contradicción y esa ambigüedad en la saga que nos ocupa. En teoría nos vende un relato de forajidos pero nos los domestican cada vez más (esas escenitas playeras finales, esos rayitos de sol con niño correteando entre la arena con sus papás, esa boda digna de “chonilandia”…).

Total, que la película es espectacular y entretenida, pero empieza a fallar de ritmo después del encuentro con Statham comiendo y sacándole la anilla a una granada, que la acumulación de secuencias de acción se hace algo agotadora,  y que si alguien quiere tener todavía más claro a qué me refiero puede mirarse la manera de tratar un guión plagado de acción, personajes y más acción en Los Vengadores o Capitán América: el soldado de invierno para comprobar que sólo con acumular secuencias de acción espectaculares no se mantiene un buen ritmo o un buen pulso de la acción en una película… de acción.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El séptimo hijo

Divertida propuesta de cine fantástico al estilo Percy Jackson. Evasion y aventura para toda la familia.

Mejor que Hansel y Gretel, cazadores de brujas, y en una línea de aventuras con monstruos al estilo de las aventuras de Percy Jackson, el ladrón del rayo y demás, El séptimo hijo tiene todo el aire de esas aventuras de Simbad el Marino que cocinaba Ray Harryhausen con sus monstruos legendarios para adornar las navidades de los jóvenes aficionados al cine hace tres o cuatro décadas. Mezclando elementos del género de terror con los de las historias de espada y brujería, a ratos resulta incluso cercana a los paisajes de las aventuras de Conan el Bárbaro o Solomon Kane. Tiene además a su favor la contribución en los papeles de maestro del héroe y principal antagonista a dos pesos pesados de la interpretación que animan con su trabajo un argumento que peca de previsible y algo monótono en sus distintas fases del relato, pero bien interpretado y adornado con las criaturas creadas por JohnDykstra, resulta mucho más trepidante y divertido de lo que muchos nos esperábamos. Jeff Bridges en el papel del cazador de brujas que entrena al héroe hace una competente mezcla del Rooster Cogburn que interpretó a las órdenes de los hermanos Coen en Valor de ley y el clásico personaje tipo Obi Wan Kenobi de Star Wars o Gandalf de El señor de los anillos y El hobbit, y le añade un sentido del humor que acompaña la narración desde el primer momento haciéndola más digerible y amena. Dicho sea de paso, el esquema argumental de todo el asunto presenta, sobre todo en su principio, un parentesco mucho más que casual con la fórmula de Star Wars (la escena de la pelea en la taberna es un buen ejemplo de ello, si bien no el único). La parte del villano, villana en este caso, está muy bien servida por Julianne Moore, que para mi gusto supera en su encarnación de la pérfida reina bruja los intentos similares desplegados en fecha reciente por Charlize Theron en Blancanieves y la leyenda del cazador y Angelina Jolie en Maléfica, películas de las que también recibe algunas influencias esta que nos ocupa. Todas las comparaciones son odiosas y estamos hablando de tres de las mejores actrices de nuestros tiempos, pero lo cierto es que el trabajo de construcción del personaje que hace Julianne Moore supera, al menos en mi opinión, al que hicieron en su momento las otras dos, y por supuesto está mucho mejor que el que hiciera otra de mis féminas favoritas pero no obstante menos atinada, Famke Janssen en Hansel y Gretel

Otra ventaja es que la inevitable subtrama romántica no lastra el desarrollo de la trama aventurera central, y además los protagonistas de la misma me resultan mucho menos empalagosos que los de otros intentos similares extraídos de las novelas juveniles que se estilan en nuestros días como fuente de inspiración para el cine. Esperaba más leña por ese lado, pero me ha sorprendido ver la sobriedad y rapidez con el que solventan ese asunto para mantener en primer término siempre el código de aventuras, dejando el romance propiamente dicho en un segundo término.

Conclusión: una muy recomendable película de entretenimiento, evasión y aventuras para toda la familia, con cierto puntito siniestro que quizá inquiete a los más pequeños de la casa pero no a cualquier chaval adicto a los videojuegos o amiguete de las películas con monstruo.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Exodus: Dioses y reyes

Más sólida y madura que Gladiator aunque también más fría.

Espectacular y muy bien dirigida, esta versión de la trama de Moisés que ya conocemos se enfrenta al reto de encontrar su propia personalidad más allá de todos los estereotipos e imágenes asumidas por un público que además tiene en la cabeza su propia versión de la historia que Ridley Scott pretende contarnos. Entran ademas en juego todo tipo de idealizaciones y prejuicios a favor o en contra de la vertiente mítica o religiosa incorporada al relato. Añadan a todo eso que si usted cree en Dios, o en cualquier equivalente de entidad creadora supranatural seguramente tendrá su propia imagen del mismo, lo cual complica mucho más todo el asunto porque obviamente Scott no puede tirar a estas alturas de la versión pirotécnica que aplicara a este mismo tema Cecil B. de Mille en Los diez mandamientos. No es viable y no puede funcionar, por mucho que todos sigamos recordando aquella versión del tema que vimos siendo niños o muy jóvenes y recordemos al impresionante Charlton Heston abriendo las aguas con su bastón. Esta es otra época, otro público mucho más escéptico y encima adicto a los documentales de recreación histórica de Nacional Geographic. Scott sale de todo este lío connota alta, pero para ello ya tenido que rebajar el tono épico que caracterizada Gladiator y buscar su camino hacia una mayor verosimilitud de la propuesta trabajando sobre actores y equilibrando muy bien los fragmentos épicos de batalla, plagas y prodigios varios con lo que realmente le interesa, que es el reto de creer o no creer, el sacrificio doble del héroe que alejado de su familia adoptiva egipcia, de su esposa y de su hijo, y convertido en líder de un pueblo al que en realidad no conoce para obedecer a un Dios al que no acaba de entender y con el que suele discutir amargamente. Creo que Christian Bale defiende muy bien ese papel incluso en los momentos más delicados por todo lo que he enumerado al principio, otro tanto se puede decir de su antagonista, un Ramses que a ratos se da cierto aire a Russell Crowe y al que Scott humaniza eficazmente a través de sus miedos con una escena que demuestra su notable talento como director, el faraón que intenta combatir la oscuridad encendiendo antorchas en un desesperado intento de proteger a su hijo. Scott maneja bien la elipsis, impone lo visual sobre lo verbal, y a cierta en muchas cosas, por ejemplo imponiendo un protagonismo del paisaje que me ya recordado Lawrence de Arabia, de David Lean. Pero falla en otras. No llega a desarrollar lo suficiente ningún personaje salvo Moisés y Ramses. Desperdicia a Sigourney Weaver. Y en su persecución de la credibilidad renuncia en exceso a lo épico, algo que ya le ocurrió en El reino de los cielos. Esta película es no obstante mejor que aquélla y mejor que Robin Hood. Y una vez más Scott reina en lo visual.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Drácula, la leyenda jamás contada

Mezcla de géneros entre la espada y brujería y el terror con toque superheróico.

Es un puzle de referentes visuales y narrativos diversos. Hilvanada con hilos visuales que van desde la réplica de los planos paisajísticos de El señor de los anillos o El hobbit de Peter Jackson hasta los planos de ejércitos en marcha y enfrentamientos que toman como referencia de 300 de Zack Snyder, aunque le salen más cercanos a su secuela, 300: el origen de un imperio, de Noam Munro, esta nueva versión del personaje creado por Bram Stoker incluye también algún que otro guiño en plan “cameo” visual de los planos del prólogo de Drácula de Francis Coppola, que es la última gran visión del personaje creada para el cine, una gran película, aunque personalmente no me convenza como adaptación por su tono plañidero y forzadamente romántico que convierte la novela original en una variante de Romeo y Julieta, en lugar de la historia de corrupción faústica y ocaso de la aristocracia frente a la burguesía que era originalmente. Coppola puso amor desgarrado y fatal, condenado al final trágico,  donde había sexo desbordado y entrega a las pasiones como rebelión contra la norma y la esclerotizada sociedad victoriana… Pero ese es asunto que ya trataré en otra ocasión. Volviendo a Drácula, la leyenda jamás contada, a todo lo anterior añade un complicado y laborioso proceso de producción y lo que sospecho es su objetivo añadido a última hora, consistente en ser la primera pieza en el intento de Universal por crear su propia franquicia de personajes al estilo de la galería de los superhéroes de la Marvel o la DC con los monstruos del terror gótico que ya le permitieron al estudio hacerse dueño y señor del cine fantástico en los años treinta y parte de los cuarenta. Drácula, Frankenstein, la Momia, el Hombre Lobo estarían llamados a convertirse, si la jugada sale adelante, en una especie de alternativa terrorífica al superhéroe, simplemente cambiando superpoderes o por los atributos especiales derivados de su naturaleza sobrenatural o terrorífica (léase el Drácula que aquí se convierte en una bandada de murciélagos…). El intento no es nuevo, ya lo propuso en su momento en el cómic Alan Moore con algunos personajes icónicos del relato de terror gótico y la novela clásica de aventuras en La liga de los hombres extraordinarios, que tuvo una floja, si bien que entretenida, adaptación al cine. La aportación final de Charles Dance a Drácula, la leyenda jamás contada, va por un camino que parece querer imitar las apariciones de Samuel L. Jackson como Nick Furia en las películas de la Marvel que acabaron por dar lugar a Los Vengadores, pero sólo el tiempo podrá confirmar o no esta sospecha mía sobre cuál es el “juego” que ha empezado con esta película.

El problema es que con todos esos referentes, influencias visuales, obligaciones y objetivos, Drácula, la leyenda jamás contada, se pierde un poco a la hora de centrar su verdadera identidad. Tiene momentos entretenidos propios del relato de espada y brujería tipo Conan el bárbaro de Robert E. Howard, como el encuentro con la criatura en las cueva, y posiblemente si hubiera seguido por ahí a por todas, aceptando su identidad como relato de héroes bárbaros, habría funcionado mucho mejor, jugando con ese grupo de guerreros que acompaña al antihéroe Vlad el Empalador. Sus primeros compases van por ese camino. Pero luego afloja con una historia de amor endeble que fracasa en emular el desgarro intenso de la versión de Drácula dirigida por Coppola, y la brújula del relato empieza a dar vueltas como loca sin llegar a centrar del todo sus objetivos… Resultado, es entretenida pero no explota al máximo sus mejores armas. Un par de ejemplos: se habla mucho de Vlad como el Empalador, pero se nos hurta ese papel de guerrero salvaje y brutal que sí estaba, en brillante forma de sombras chinescas, en la película de Coppola. Tampoco está bien aprovechado el Vlad Tepes histórico tan aprovechado como debiera con su corolario de momentos sangrientos que le convirtieron en un guerrero temido por los turcos que protegió las fronteras de occidente de la invasión otomana. Y por otra parte no está el Drácula de la novela de Stoker plenamente aprovechado, ni siquiera para el objetivo de emulación superheróica que mencionaba anteriormente, de tal modo que parecen reservarse el potencial del personaje para entregas posteriores, en lugar de poner toda la carne en el asador desde el principio.

Resumiendo: me gusta la parte de espada y brujería y enfrentamiento con los turcos. Pero el resto me parece flojo.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Lucy de Luc Besson con Scarlett Johannson

El cine de Luc Besson siempre ha sido algo o muy pedante, dependiendo del momento en que le pille su filmografía. Esa pedantería es una de sus características desde Kamikaze 1999: el último combate, y salió a flote sobre todo, nunca mejor dicho, en El gran azul.Al mismo tiempo es uno de los directores y productores europeos que tienen más clara la necesidad de vender espectáculo y darle al público lo que quiere. Ambas cosas se alían y al mismo tiempo colisionan, para bien y para mal, en Lucy.

Por un lado la película juega la misma baza de protagonismo femenino y “chica guerrera” tipo Nikita que a Besson se le ha dado siempre bien en la taquilla, y como demuestra la recaudación de Lucy en Estados Unidos ha vuelto a funcionarle en esta ocasión. Pero al mismo tiempo la película es presa de la contradicción y la indecisión. Besson ficha a Scarlett Johansson, consagrada como estrella del cine de acción con su papel como la Viuda Negra en Iron Man 2, Los Vengadores y Capitán América, el soldado de invierno, pero al mismo tiempo reniega de ese referente de las películas Marvel en las que interviene la actriz, y en su intento de apartarse de dicho antecedente que utiliza como gancho comercial, con un trailer que casi parece un anticipo de un largometraje de la Viuda Negra, deja a sus secuencias de acción desprovistas de los ingredientes visuales mínimos para crear tensión, sustituyendo la acción física por una especie de variante de los poderes de los mutantes de los X-Men. Buen ejemplo de ello es la secuencia de enfrentamiento de la protagonista con los matones coreanos en el hospital, donde para no repetir la trepidante secuencia de Johansson en Iron Man 2, castra ese momento y lo deja sin acción física, a pesar de que el trailer de la película vende precisamente ese otro tono de “chica guerrera” y ya situación pide a gritos un intercambio de tortas como panes al estilo de las que reparte Liam Neeson en una de las películas producidas por Besson, Venganza. Si Besson no quería ser presa de Scarlett Johansson como fenómeno mediático lo tenía fácil: elegir a otra actriz menos mediática para el papel. Claro que entonces es muy probable que hubiera perdido el gancho comercial de su protagonista y el trabajo que hace Johansson para insuflarle vida a un personaje que sobre el papel es poco más que una silueta bidimensional tipo recortable y al que ella anima hasta convertirlo en algo más interesante.

En su empecinada negación de la falta de originalidad de su propuesta, en ese sobresfuerzo por negar su propia naturaleza, la película es presa de una especie de gatillazo, es un coitus interruptus desde el punto de vista de la acción. Lo paradójico es que por mucho que pretenda ser otra cosa, Lucy es una explotación de las historias de superhéroes.  Aunque tenga aspiraciones de reflexión filosófica más elevadas y busque en el baúl de la ciencia ficción una pretenciosa exposición final, tampoco puede presumir mucho de originalidad por ese camino dado que está aplicando claves presentes ya en 2001 de Stanley Kubrick, e incluso más recientemente en una producción más modesta e interesante, The Machine, con la que además comparte un mismo planteamiento visual de cartel originial con rostro de la protagonista en blanco. The Machine es más madura en sus planteamientos, menos fiestera visualmente hablando, y no cae en las contradicciones en las que cae Lucy. Porque no pretende ser lo que no es. Besson se pone pretencioso tirando de filosofía facilona del Reader´s Digest, digna de figurar en el envase de un paquete de patatas fritas. Quiere hablar de la naturaleza humana al mismo tiempo que deja sus personajes reducidos a meros recortables, tópicos bidimensionales, amputando de la trama toda clase de conflicto que podría haber contribuido a darles mayor relieve. Un ejemplo de ello: la no-relación entre el policía y la protagonista, que se queda en mero brochazo apresurado, más que en fina pincelada para que complete el paisaje el espectador.  En sus prisas por facturar la empanada mental filosófica con espíritu de postal turística comprada en el quiosco que nos enchufa en el tramo final de su película, Besson acaba por pasar por algo o solucionar expeditivamente asuntos que habrían contribuido a hacer más interesante la trama y sus personajes. Ejemplo de ello es la forma totalmente tópica en al que intenta darle algo de carne al personaje protagonista poniéndola a hablar con su madre, mero artificio que sólo se sostiene porque Johansson antes y además de ser un sex-symbol y una estrella del cine de acción, ya era, y es, una gran actriz, y aguanta ese juego de primer plano y monólogo moñas como una campeona. Pero al mismo tiempo eso evidencia la flojera de un guión que no queda redimido ni siquiera por los planos que Besson toma prestados del cine del coreano Park Chan-wook (como el que cierra el periplo narrativo del personaje del gánster coreano, otro tópico de recortable bidimensional).

Otro ejemplo de contradicción: Besson se pone reflexivo y sesudo en su parte final, pero no puede evitar entregarse nuevamente a los fuegos de artificio invitando a los dinosaurios a pasearse por el paseo de la protagonista, o jugar con una banalización simplona de la identidad sexual femenina de Dios.

Lo que sí me ha gustado de la película, que no aburre pero tampoco convence, es el buen uso que hace del montaje fluido para hacer avanzar su trama en los primeros treinta o cuarenta minutos de proyección, que para mí son los mejores de la propuesta. Eso sí, ésta se desfonda, en mi opinión, cuando Besson se mete en un huerto, un callejón de difícil salida, aumentando la apuesta de su argumento con la escena de transformación en el avión camino de París. A partir de ahí, creo que Lucy pierde fuelle y empieza a perderse en su laberinto de contradicciones, del que no puede sacarla ni siquiera el aseado trabajo de Morgan Freeman o el fenómeno de la cultura popular en que se ha convertido Scarlett Johansson.

Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payan

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Crítica de la película Los Mercenarios III

Digna sucesora llena de acción y humor, aunque algo inferior a las anteriores. Al menos para quien esto escribe. Luego podremos discrepar todos y debatir sobre gustos, intereses, preferencias o posturas al respecto de una película que, antes de su estreno, ya ha generado suficiente polémica como para que por un lado llene los cines y por otro los vacíe. Polémica que ha ido desde la aparición de la película online en calidad DVD en la red 20 días antes del estreno a la supuesta (pero muy supuesta) mofa que hace de la Legión el personaje de Antonio Banderas en un momento determinado de la película. No, no hay mofa, se lo garantizo a todos los lectores. Lo que hay es unas ganas enormes de entretener y de hacer un personaje con aire de comedia, pero cargado de drama. Más adelante lo explicamos con detalle.

Por otro lado también se ha hablado mucho de la ausencia de sangre en la película debido a la rebaja que querían los productores, de la temida R (que incluye sangre y vísceras a gogo, desnudos y tacos en inglés y a las que sólo pueden acceder mayores de 17 años o menores acompañados), al PG13 de esta película, que permite al público adolescente llenar las salas pero que reduce el nivel de sangre en la película a casi nada. Algo que tampoco está mal ni afecta a la trama, ni perjudica a las escenas de acción. Además, se supone que cuando se estrene como es debido en el mercado de vídeo tendremos la versión más explícita. Pero, qué quieren que les diga, no es algo imprescindible. La acción llena la pantalla, hay tiros, muertos y explosiones como para llenar diez películas normales y sigue siendo tan trepidante como las anteriores. En algunas cosas incluso más.

Tampoco entiendo las críticas negativas que está recibiendo la película en Estados Unidos y por parte de algunos fans que la basan en la ausencia de sangre y en lo poco original del guión y el desarrollo de la trama. ¿En serio? ¿A estas alturas? De nuevo, alguno entra despistado a la sala y se cree que va a ver Shakespeare o algo por el estilo. Son Los Mercenarios, es cine de evasión pura que homenajea al cine de acción de los ochenta, aunque la sensación que uno tiene al ver la película es que en esta ocasión es más deudora de los 90 que de la década anterior. Mayor presupuesto, menos explícita, más espectacular, más concebida para el gran público que sólo para los amantes de la acción. Que al final es de lo que se trata. De que un género como éste siga teniendo su nicho en la taquilla y entre el público, que cada vez tiene menos posibilidades de ver este tipo de cine en la gran pantalla. Acción pura y dura, sin aventuras, sin cómics, sin más que tiroteos, explosiones, artes marciales, vehículos y similares. Todo junto en la misma película. Merece la pena pagar la entrada y merece la pena ver la película en una sala de cine.

La trama trae a Barney Ross y sus chicos un villano del pasado, desconocido para nosotros, y antiguo miembro del grupo, supuestamente muerto. Barney siente que sus amigos pueden morir si quieren vengarse del sujeto, así que decide formar un grupo de jóvenes Mercenarios para atrapar al sujeto en una misión suicida en la que las cosas no salen como se esperaba. El director australiano casi debutante (es su segunda película) Patrick Hughes, sabe cómo presentar la película con dos escenas de acción sensacionales que, además, introducen a tres personajes y actores queridos por todos como son Wesley Snipes, brutal incorporación, esperemos que sigan sacándole partido, Mel Gibson, villano de la función y el rey en lo suyo, y Harrison Ford, tomando el papel de Bruce Willis en las anteriores como intermediario de la CIA, con mucho humor y socarronería.

Jesús Usero

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Crítica de la película 3 días para matar

Entretenida recuperación de Kevin Costner como protagonista, pero con lastre sentimentaloide.

El cine producido y/o dirigido por Luc Besson peca siempre de un exceso de formulismo comercial y tópicos de explotación que vuelven a repetirse en esta ocasión en la que además ejerce como co-guionista. La acción está bien. La intriga de partida tiene interés. La estrategia de rodear al protagonista de personajes y situaciones que se salen de los tópicos (en este caso los ocupas de su piso, la bicicleta color púrpura, el antagonista y al mismo tiempo confidente de sus problemas como padre Mitat), es acertada y funciona, presta solidez a la propuesta. Y sin duda Kevin Costner tiene la misma solvencia para manejar, resolver y darle entidad a personajes tópicos y más bien bidimensionales que Liam Neeson. De manera que esa es la parte positiva.

Lo malo es que, como ocurre siempre en el cine de Besson, la película parece servir a dos amos a la vez. Y junto a la trama de intriga, bien llevada con esos elementos que he mencionado, nos encontramos un paquete sentimentaloide de propaganda familiar que es habitual en las propuestas de este productor, guionista y director. Y servir a dos amos es la mejor manera de cargarse el invento. En la parte más moñas y simplona, de mensaje tradicionalista tontorrón, vemos al asesino de la CIA interpretado por Costner enseñando a montar en bicicleta a su hija, que por otra parte es ya demasiado zángana para dedicarse a tal menester. Además le vemos enseñándola a bailar para. Y finalmente el moribundo agente acaba por estar más vivo cuando se está muriendo y hasta le tira los tejos a su mujer, dicho sea de paso una espectacular Connie Nielsen. Rematando la faena nos tropezamos una imagen de pasteleo turístico con el protagonista destacado en la noche parisina con la torre Eiffel iluminándose al fondo del plano que casi me hace salir disparado camino del retrete para vomitar.

Esa parte, la peor de la película, convive y es un lastre para la intriga. Hay un momento concreto en la que  3 días para matar pierde todas las posibilidades de desarrollarse como una variante de Venganza, otra producción de Besson bastante mejor. Es el momento en el que el protagonista rescata a su hija de una violación en grupo, muy tópica, con un plano de salida de esa situación que parece sacado de la parte más vomitiva de El guardaespaldas, con la moza en brazos y todo. A partir de ese momento el pastelón familiar devora la intriga y lastra la acción. De hecho la película parece perder el contacto con otro de sus personajes interesantes, la maquiavélica y curvilínea Vivi interpretada por Amber Heard, personaje desaprovechado para dejarle sitio a los paseos de Costner con su niña y su bicicleta, que no nos importan absolutamente nada.

El problema es que por servir a dos amos, algo que también se observaba en la otra producción de Besson estrenada en los últimos meses, Malavita, la película acaba peleándose consigo misma, buscando una alianza imposible entre la acción y las babas. La idea de partida es prometedora, pero se frustra con un tramo final de la narración en la que la acción se convierte en un recurso manido para darle vida a una intriga que ha muerto estancada en lo sentimentaloide. Una pena, porque Costner defiende muy bien su papel y consigue hacer sobrevivir el interés y el entretenimiento incluso en el tramo final del relato, hasta el último plano de la película, un pastelón que sin su presencia habría sido intragable. A pesar de que en la resolución de las secuencias de acción abusen tanto de la imagen de Costner sufriendo los efectos alucinatorios de su enfermedad.

Podría haber sido una película mucho mejor jugando una baza más seria en el tratamiento de la familia perdida y la enfermedad. No era preciso llegar a las claves mucho más interesantes y dramáticas de, por ejemplo, El amigo americano, de Wim Wenders, pero al menos le hace falta más solidez y sobriedad en sus excesos sentimentales, las lecciones de bicicleta y demás, simplones y moñas.

Lo mejor es Costner recuperando un papel protagonista en clave de acción y demostrando que merece más oportunidades de estar encabezando el reparto en lugar de ser sólo un secundario estrella como en la última peripecia de Jack Ryan.

De hecho, después de ver la película, creo que alguien debería empezar a plantearse en serio hacer algo para poner a Liam Neeson y Costner frente a frente. Podrían saltar chispas.

Miguel Juan Payán

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Jesús Usero

Crítica de la película Oldboy

Flojo remake norteamericano de la excelente película de Park Chan-wook. Innecesario.

No tengo nada en contra del remake por sí mismo, siempre y cuando la nueva versión consiga desarrollar su propia personalidad, caso por ejemplo de Infiltrados, la versión que rodó Scorsese de la película china Infernal Affairs, o de Los siete magníficos, la versión Sturges del clásico de Kurosawa Los siete samuráis. Eso por poner dos ejemplos que creo todo buen aficionado al cine conoce. Pero este no es el caso que nos ocupa. Spike Lee siempre me ha parecido un director muy interesante, sobre todo en la primera fase de su carrera, que a partir de su biografía de Malcolm X se decantó hacia planteamientos más comerciales. Incluso en este territorio diferente del cine más personal y reivindicativo de sus primeros trabajos, Aulas turbulentas, Nola Darling, Cuanto más mejor, Haz lo que debas, Fiebre salvaje…), consiguió resultados muy interesantes y rodó una buena película de intriga, Plan oculto, y otros dignos, como La última noche. Por eso me ha sorprendido, en negativo, su trabajo de dirección en Oldboy. Primero me lleva a preguntarme para qué o por qué ha decidido meterse en el huerto de rodar un remake tan plano, con tan poca personalidad, visual, narrativa y actoral. Me ha hecho pensar que en manos de otro director, como por ejemplo David Fincher, que ya anduvo en un el mismo vecindario argumental al de esta historia con su película The Game, quizá habría alcanzado mayor interés este remake que junto a su planteamiento visual tremendamente plano desperdicia el talento de sus actores. Está claro que Josh Brolin está como actor por encima de algunos encargos que le caen encima, por ejemplo este. En el momento de la revelación del secreto que es el último y terrible chasco de la película, su interpretación sin embargo no convence nada. Otro tanto ocurre con su compañera de reparto, Elizabeth Olsen, mucho mejor actriz que lo que le deja mostrar Lee en este largometraje. Samuel L. Jackson está caricaturizado e inaguantable, lo mismo que Sharlto Copley, y en cuanto a Michael Imperioli, está más equilibrado, pero poco más. Respecto a las secuencias de acción, que eran el plato fuerte visual de la versión original, pasan aquí sin pena ni gloria. Recuerden las secuencias originales de la pelea con el martillo. Y la etapa de encierro se hace realmente difícil de seguir sin que los párpados te traicionen y se empeñen en cerrarse a poco que te descuides. En conclusión: una muy floja y totalmente innecesaria versión del original de Park Chan-wook, que además no saca todo el partido que podría a su reparto y visualmente se sitúa muy lejos de su precedente asiático.

Insisto: creo que Spike Lee tiene más cine dentro y mucho más cine que ofrecernos que el que nos propone en este trabajo, el más flojo y decepcionante de su carrera, tan anodino que explica por qué me pongo a temblar cuando escucho que Will Smith quiere hacer un remake de Grupo salvaje.

Me temo lo peor.

Miguel Juan Payán  

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