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Crítica de la película Soy el número cuatro

Los extraterrestres vuelven a invadirnos, pero esta semana con un registro que les acerca más a Crepúsculo que a lo que vimos en Invasión a la Tierra. Soy el número cuatro es ciencia ficción que pinta bien al principio, o por lo menos resulta  casi entretenida, pero luego se enreda en el típico ceremonial de replicación de los relatos para adolescentes con personajes inadaptados y patina dándole más cancha a los enredos sentimentales y estudiantiles del prota de turno que a la leña fantástica, equivocadamente aplazada para la última media hora de metraje. Eso hace que resulte menos distraída y eficaz de lo que podría haber sido organizándose mejor para contar una historia que por otra parte está clonada casi paso por paso de las aventuras de Supermán…

Aquí el alienígena con superpoderes no viene del planeta Krypton, pero debe venir de un planeta vecino, porque se parece mucho a Kal-El, alias Supermán (o a lo mejor no es el de Tierra 1, sino el de Tierra 2, Kal-L, si me permiten el desvarío friki). No he leído las novelas en las que se basa esta nueva franquicia cinematográfica de Soy el número cuatro, pero mientras veía la película no podía evitar que me sonara en la cabeza el tema musical de la serie Smallville, “saaave meeee…”, etcétera.

Cierto es que este tipo de sagas literarias cocinadas para el consumo de la juventud, nacidas en muchos casos a la sombra del éxito de Harry Potter, manejan ya en su versión de negro sobre blanco una muy limitada gama de ideas originales, o por decirlo de forma menos fina: saquean a diestro y siniestro cualquier tipo de personaje, situación o referencia que les salga al paso y cuadre con el boceto de su línea argumental. Dicha línea argumental tampoco suele ser precisamente una tragedia de Shakespeare o un paseo por el existencialismo de Sartre, y con seguridad no lo necesita para conseguirse un nicho y un público. Pero lo cierto es que cuando pasan al cine esa rapacidad para tomar prestados elementos de todas las mitologías conocidas, ya sean éstas clásicas como la griega o más modernas como los cómics y las series de televisión, se manifiesta de manera aún más radical si cabe. Y en Soy el número cuatro se les ha ido un poco la mano en lo de ser una especie de eco de las aventuras de Supermán, cruzadas con algo del rollito “soy el hijo de Zeus” de Percy Jackson, su puntito mesiánico del Nuevo Testamento, que siempre es muy resultón, y el enredo sentimentaloide y algo babillas cuando no inaguantablemente moñas de “chico nuevo en el insti” con pinta de malote marginado que hace furor entre las ávidas coleccionistas de peripecias románticas que implican a vampiros, licántropos, ángeles caídos y cualquier otro bicho sobrenatural. Si me permiten el exabrupto, en una historia para tíos estos personajes serían bestezuelas a exterminar a la mayor brevedad y con la más sangrienta contundencia posible, pero en las fábulas que toman como objetivo a las féminas y levantan todo un castillo argumental en torno a la temida pérdida de la virginidad acaban siendo algo así como peluches cedidos en adopción que se convierten en altamente improbables e increíbles guías de la protagonista camino de la primera cópula.

Hay mucho tajo en el análisis de todas estas historias para los antropólogos que se atrevan a tirarse a la piscina y lidiar con el análisis científico de las mismas, porque explican mucho más sobre lo que realmente está ocurriendo en los bajos de nuestra sociedad que los titulares de prensa, pero en este caso no me pagan por internarme en tan procelosas aguas y dejo el pantano de las fantasías erótico-festivas para adolescentes de nuestros días a un lado al efecto de centrarme en la versión cinematográfica de Soy el número cuatro propiamente dicha.

Y una vez centrado, tengo que confesar que con todos sus tópicos, el principio en plan Predator mosqueado cazando primos me atrajo, que luego me desfondé al ver al típico prota surfista haciendo el chulángano con su moto acuática, que recuperé algo de esperanza al aparecer Timothy Olyphant, protagonista de las series Deadwood y Justified, en plan clon de Obi-Wan Kenobi, y que casi me animé cuando entreví al personaje de la rubia con superpoderes y moto… pero luego me metieron de cabeza en el instituto y durante más tiempo de metraje del que quiero recordar me atraparon en una soporífera repetición de la travesía habitual en plan “Rebelde sin causa y sin pausa”, pero sin James Dean ni Natalie Wood. Esa exhibición de hormonas revueltas me apartó más de lo debido de la parte fantástica del relato, que llega al final y me hizo preguntar: ¿esto no lo podían haber metido antes y haber tirado por ahí? Percy Jackson y el ladrón del rayo gestionó mejor sus contenidos, manteniendo en todo momento la peripecia en una clave fantástica que tampoco era nada del otro mundo, pero por lo menos me resultó más entretenida que ésta.

Ni Olyphant-Kenobi salvó la cuestión.

Y, bueno, el enredo con el friki de los ovnis ya ni les cuento cómo contribuye a que lo que está ocurriendo en la pantalla resulte menos verosímil todavía.

Flojillo, muy flojillo este número cuatro que me recordó aquella otra de Jumper, pero me hizo menos gracia, porque aquella por lo menos no me mezclaba las ovejas churras con las ovejas merinas y me metía de clavo y por la puerta de atrás el rollete romántico de instituto sin venir a cuento.

Lo dicho: “¡Saaaave meeee!”

Miguel Juan Payán

Crítica de la película Destino oculto con Matt Damon

Empiezo aclarando, para que luego el personal más despistado no se despiste y prepare los tomatazos de rigor para un servidor: sí, vale, ésta película se basa en un relato de Phillip K. Dick, y sí, a mí me ha gustado bastante, pero no esperen ver ni Blade Runner, ni Desafío total, ni Minority Report, que esto va de otro palo. Saca a la luz de una manera original y hasta cierto punto novedosa en su hibridación de géneros, lo mejor de las reflexiones paranoicas y de teoría de conspiración de este autor genial y esencial en la literatura estadounidense… moviéndose en los términos y el territorio de las historias románticas.

Sigo aclarando la fórmula, porque puede despistar en su comienzo. Empieza como lo que parece ir a convertirse en una historia centrada en la política, estilo El candidato, aquella de Michael Ritchie protagonizada por Robert Redford.

Luego da un giro y parece que estuviera uno viendo la comedia romántica de rigor, más entretenida, más creíble y mejor escrita que la media de las comedias románticas de rigor que nos caen encima en la cartelera en estos días, construida sobre la química de sus dos actores protagonistas, en una escena en un baño que, aunque el romanticismo de fórmula cinematográfica “made in Hollywood” te de cien patadas, consigue ganarte y hacer que te intereses por cómo van a acabar esos dos pardillos que se ponen a ligar en un retrete, o excusado, si son ustedes de la parte alta y finolis de la ciudad. Es entonces cuando advertí una estructura de cine más clásico de Hollywood, estilo Frank Capra, que no es mi director favorito precisamente pero nunca he sido tan imbécil como para negar que era un maestro en esto de tejer historias de “American Way of Life” y “hombre hecho a sí mismo”, de ésas que tanto les gustan a los estadounidenses y se venden tan bien fuera idealizando esta realidad perra que nos rodea para que nos parezca un cuento de Disney en el que además no han matado a la madre de Bamby.

Viene a continuación un giro inquietante que por unos momentos me hizo temer que me la habían colado doblada otra vez con un pestiño tipo ¿Conoces a Joe Black? (pues no, no le conocía, pero no me iría a tomar dos cañas con él aunque le tocara pagar después de tragarme esa abominación de más de dos horas sólo tolerable a ratos por los ojos de Claire Forlani y con Brad Pitt más empanado que nunca y Anthony Hopkins urgentemente necesitado de convertirse en Hannibal Lecter y regalarse un ración de sesos). ¡Falsa alarma! Afortunadamente Destino oculto no es algo parecido a ¿Conoces a Joe Black?

A partir de ese inquietante momento, la cosa se enfoca finalmente y se orienta más hacia el relato fantástico que hacia la ciencia ficción. Y una vez orientada, funciona muy bien, porque mantiene un curioso equilibrio entre el relato romántico con fundamento y la fábula sobre la teoría de la conspiración que tanto obsesionaba a Dick. Algún listo vendrá diciendo ahora que han copiado el argumento de Matrix, así, con un par, y estará olvidando que lo que ocurre es que los Wachowski saquearon a modo, con cierto talento para el pastiche y la mezcla en la primera entrega (de las otras dos, mejor no hablar) la narrativa de Phillip K. Dick. Siendo Destino oculto la adaptación de una de las obras de este autor, lógico es que se detecten puntos en común entre ambas.

Pero la oferta de Destino oculto va por otro camino.  En mi opinión su aportación  principal reside en su habilidad para trabajar la mezcla de géneros sin traicionar el interés inicial que suscita en el espectador. La historia sigue teniendo el vínculo romántico de los dos pardillos del retrete como epicentro,  y seguimos interesados  por lo que les pueda ocurrir. Pero cuando parece que va a estancarse en eso, da un giro que hace crecer no sólo la trama, sino los propios personajes. Y eso caminando por el filo de la navaja, al borde de un abismo que en cualquier momento podría haber sumergido toda la historia en las pantanosas aguas de bodrios infumables y “moñoños” (calificativo favorito de mi colega y sin embargo amigo Usero), como Xanadú o Tal para cual, esas dos atrocidades que machacaron la carrera cinematográfica de Olivia Newton-John, una de mis musas del paso de la infancia a la adolescencia, dicho sea de paso… Estaba totalmente encoñado con ella cuando me empecé a quitar de encima los granos, no me importa reconocerlo. Vayan al Youtube, escriban The Rumor Olivia Newton John y ya me dirán si la chica no estaba para tirarse por un barranco, o lo que toque, y con una voz para escucharla, aunque ciertamente las letras de las canciones fueran muy moñas.

Destino oculto se aparta de ese insondable abismo de moñez en el que se precipitaron Xanadú y Tal para cual y vuela más alto en su peripecia romántica precisamente cuando incorpora a la misma la trama de conspiración paranoide de clave fantástica. Conste que un servidor el romanticismo lo aguanta sólo si está muy bien hecho, si lo cantan Olivia Newton-John, Carly Simon (en mi opinión el tema Nobody Does it Better en La espía que me amó es el mejor de toda la saga de 007), Basia con su basianova, o Phil Collins, pero éste sólo si es cantando el tema Against All Odds (Take a look at me now) en los títulos de crédito de la película Contra todo riesgo y está allí Rachel Ward. A pesar de eso Destino oculto me parece una buena opción para ver cine romántico con fundamento, sin moñadas, y creíble… Y con creíble quiero decir que, como en ese tema de Phil Collins, comprendamos que, como el protagonista, estamos dispuestos a hacer todo lo que sea preciso saltándonos los planes del temible Equipo de Ajuste de Phillip K. Dick (o incluso pillando una hipoteca asesina, doy fé de ello después de 20 años de matrimonio) simplemente para que ella se vuelva a mirarnos cuando damos con la Mujer, así, con mayúscula, como decía Sherlock Holmes hablando de Irene Adler, la única fémina que le puso el mundo del revés y las hormonas a bailar la conga.

¡A ver si al final resulta que Frank Capra llevaba razón…!

¡Vaya! Ahora para quitarme toda esta tiña romántica que se me ha quedado pegada tendré que ver otra vez Grupo salvaje como penitencia… y de paso impedir por todos los medios que mi mujer lea esta crítica para que no me suba los impuestos conyugales.

Miguel Juan Payán

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Aquí tenéis los jugosos contenidos de este mes de Septiembre 2010.

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EN PORTADA:
Reportaje: Resident Evil Ultratumba 3D

Trabajando con las mismas cámaras de filmación en 3D que se utilizaron en Avatar, Paul W. S. Anderson regresa a la silla del realizador para dar un salto cualitativo hacia una nueva fase de la saga de Resident Evil con esta película en la que ha contado con un presupuesto oficial de 60 millones de dólares y se ha acercado más que nunca a la última edición del videojuego.

Entrevista: Milla Jovovich
Ha sido modelo, niña actriz, diseñadora de moda, cantante… pero los fans la adoran especialmente por sus papeles de acción en Resident Evil o El quinto elemento. Milla Jovovich nos habla de cómo ha sido lo de ponerse las botas de Alice por cuarta vez para Resident Evil: Ultratumba y lo de volver a tener a Paul W. S. Anderson, ahora su marido, dirigiéndola en la franquicia

Entrevista: Ali Larter
Con Clear Rivers en Destino final, Niki Sanders en las cuatro temporadas de Héroes y Claire Redfield en las dos últimas de Resident Evil parece que Ali Larter se ha hecho un sitio muy claro entre las heroínas de la ciencia ficción. Hablamos con la actriz en ComicCon sobre la cuarta de la saga de Resident Evil y sobre su reciente embarazo, que la va a mantener alejada de las cámaras durante una temporada.

Reportaje: El aprendiz de brujo
Nicolas Cage incursiona en el territorio de Harry Potter con esta película en la que interpreta a un poderoso brujo que bien podría ser también heredero del Gandalf de El señor de los anillos, si bien sus aventuras tienen lugar en nuestros días, con los desfiladeros de acero y cristal de una gran ciudad como paisaje para sus aventuras. Aunque en realidad todo empezó con el largometraje de dibujos animados Fantasía…

Entrevista: Nicolas Cage
Empezó su carrera siendo el sobrino de Francis Ford Coppola. Pero Nicolas Cage pronto se haría un nombre gracias a su facilidad para protagonizar películas cargadas de acción, como Con Air o Cara a cara (Face/Off) y al mucho prestigio y reconocimiento que le supuso el Oscar por Leaving Las Vegas. Este verano el actor nos traerá su encarnación de un mago en El aprendiz de brujo, producida por el omnipresente Jerry Bruckheimer. El filme es una reversión del mítico segmento de Fantasía en el que Mickey Mouse hace sus pinitos con la brujería

OTROS ESTRENOS DEL MES
El Americano, Come , reza, ama, The Runaways, La cena de los idiotas...

AVANCES
Capitán América, Thor...

SERIES TV.

Entrevista: David Duchovny
No le pasa desapercibido a David Duchovny que los tabloides han intentado establecer paralelismos entre su carrera y su vida personal. Hace dos años, Duchovny aparecía en los titulares de todo el mundo cuando anunciaba que entraba en rehabilitación por su adicción al sexo y que se había separado de su esposa, la actriz Téa Leoni. Mientras, su papel como el sexualmente voraz, enloquecedoramente impulsivo y confuso sin remedio, novelista Hank Moddy en la controvertida serie Californication, le ha visto ganar el Globo de Oro y recuperar parte del brillo perdido de sus días como protagonista en Expediente X.

Reportaje: Joss Whedon
Desde que entró en el mundo de la televisión, Joss Whedon parecía destinado a revolucionar un medio que cada día daba más importancia a la figura del guionista. Junto a nombres como los de Aaron Sorkin, David Simon o JJ Abrams (quizá al que más se parece), Whedon ha sido el creador de algunas de las series más importantes de los últimos quince años y nos ha regalado personajes que se han convertido en iconos de la cultura popular, esa que tanto ha influido en su carrera. El que haya sido elegido como director de Los Vengadores para Marvel, parece situarle al fin en el sitio donde siempre debió estar.

FICHAS ACTORES TV:
Zach Braff, Jason Priestley, Anna Torv y Cameron Richardson

FICHA SERIES DE TV: Gossip Girl

COLECCIONABLE HISTORIA DEL CINE
Capítulo LXIX
Directores de fotografía
La luz es la energía indispensable para el cine. Explotada, esculpida, modelada como arcilla visual por los directores de fotografía, la luz es la maestra de los contornos, cuya presencia o ausencia marca a los personajes tanto como sus variopintas costumbres y comportamientos en cada escena. El tono, el clima estético e incluso la psicología de los personajes quedan marcados inevitablemente por el uso de la luz.

SECCIONES FIJAS

16 FICHAS CRÍTICAS
Airbender: El último guerrero, , Centurión, Franklyn, Intrusos en Manasés, Karate Kid, Madres e hijas, Mis tardes con Margueritte, Noche y día, Origen, Pesadilla en Elm Street: El origen, , Repo Men, Splice, The girlfriend experience, The Killers, Toy Story 3, Zombis Nazis

4 FICHAS CLÁSICAS
Adán y Eva (1956), Akelarre (1984), Brubaker (1980), Homecoming (1948)

4 FICHAS SERIE B
Agente especial (1955), Baby Face Nelson (1957), Rodan, Los hijos del volcán (1956), The Bonnie Parker Story (1958)

FICHA CLÁSICO: Lee Marvin

PELÍCULA MÍTICA: El submarino (1981)

OTRAS SECCIONES
Noticias, Correo del lector, Mundo fantástico, Novedades Novedades DVD

2 POSTERS GIGANTES
Resident Evil: Ultratumba y Los Mercenarios



www.ciao.es

Crítica de la película Origen (Inception) de Christopher Nolan

Origen (por motivos del propio argumento me cuesta no llamarla por su nombre real, Inception), es sin duda la joya de la cartelera del verano. Una lección de cine total y envolvente que reinventa los códigos del relato de intriga y supera cualquier otra película de acción que hayamos visto este año. Origen es original, inteligente y sorprendente, y demuestra que Christopher Nolan es un cineasta imprescindible en estos tiempos en los cuales tantos de sus colegas se limitan a prodigarse en la repetición, la falta de originalidad y el exceso visual sin contenido.

Nolan no. Nolan sabe lo que hace. Es un maestro, como demostró con El caballero oscuro, y ésta película es una nueva prueba de ello. Habrá algunos desnortados y desnutridos de ideas propias que dejándose guiar cual rebaño de borregos por sus “guías espirituales” de la caverna “progre” e intelectualoide caigan en la misma trampa en la que ya cayeron a la hora de juzgar El caballero oscuro, y no viendo más allá de sus narices, se despisten y obvien todo el gran cine que lleva dentro esta maravilla de película  simplemente porque es una producción norteamericana.

Crítica de la película Kick Ass: Listo para machacar

En uno de esos movimientos de cartelera de última hora que a veces hacen las compañías y que casi nadie entiende, muchos de vosotros habréis notado que la película Kick-Ass que tenía previsto estrenarse el próximo 4 de Junio, ya se encuentra en la cartelera de toda España, en las llamadas sesiones golfas, en la mayor parte de cadenas de cine del país. Imagino que los motivos tendrán que ver con darle algo de cancha a la película antes de su estreno, previsto justo antes del Mundial, una mala época para un género como éste. Así que durante este fin de semana y el próximo, todos aquellos que quieran o puedan acercarse a su cine a ver esta gamberrada sin mucha vergüenza y con todo el descaro del mundo, pueden hacerlo.

Digo que es una gamberrada sin vergüenza y con descaro, pero lo hago con todo el cariño del mundo, porque es lo mejor de la película. Su falta de pretensiones, su mala uva, su descarada explotación del género de superhéroes y de la violencia más alocada y canalla que uno pueda echarse a la cara. Desde su inicio hasta los últimos momentos la película no duda de hacer de la sangre, los golpes o las palizas, los asesinatos o la justicia por cuenta propia y ajena, su canto de sirena para encandilar al público. Y lo hace con frescura y naturalidad, como si ver a una niña de diez años soltando salvajadas y destripando o desmembrando seres humanos fuese lo más natural del mundo.

Porque esto es un tebeo y aquí nada es real, nada debe tomarse en serio. Todo es tan superlativo que deja sobre todo una sonrisa o carcajada en el espectador, no es creíble, no es una violencia real. a película sabe hacer reír porque sabe reírse de sí misma. El protagonista es un lerdo de padre y muy señor mío, al que de tanto leer tebeos de superhéroes se le cruzan los cables y decide meterse en un oficio para el que no tiene no sólo preparación, sino las mínimas luces que le hagan sobrevivir. Os podéis imaginar con esos mimbres cómo sale su primer enfrentamiento con unos criminales.

Kick-Ass es un antihéroe, que, como él mismo dice, “mi mayor superpoder es soportar palizas como nadie”. Friki, medio bobo y recibiendo más palos que una estera. En ese contrapunto que suele existir entre villano y héroe, está bien que quien se opone a él sea de su misma calaña, mientras que Hit Girl y Big Daddy son dos profesionales en el arte de acabar con los villanos por la vía rápida, sin juicios y sin preguntar a nadie. Obviamente es en esa dualidad entre la incompetencia del priemro y la efectividad de esa niña que habla como un camionero y asesina como una profesional, donde reside la gracia del invento. Kick Ass es muy friki, con o sin ropa. Los otros no lo son. Kick-Ass-movie-image

Es ahí donde Kick-Ass hace cómplice al espectador, que con poco que sea seguidor del mundo del cómic seguro que se ríe aún más, por su sano giro en los tópicos habituales de estas producciones hacia un camino más salvaje. Y bastante entretenido. Matthew Vaughn deja entrever las claves de lo que será su X-Men: First Class y lo que podía haber sido X-Men 3 de haber caído en sus manos. Al menos, una aventura sin complejos ni complicaciones, con un humor bastante negro (el chiste inicial sobre la muerte de la madre del protagonista o cómo les atracan continuamente a él y sus amigos, son demenciales) pero poca enjundia, poca chicha.

 

Porque desprovista de artificios y de su sentido del humor, la película no cuenta nada del otro mundo, ni contiene una doble lectura, un mensaje, una razón de ser. Es una sucesión de momentos más o menos divertidos, que además requieren a veces de ciertos conocimientos sobre el cómic en general y Kick-Ass en particular, que la pueden hacer inaccesible al público general. La historia tarda mucho en arrancar y se acaba plagando de tópicos y situaciones reiterativas (¿cuántas veces necesita alguien ser salvado en el último suspiro?) sin nada original en sus vértebras. A veces incluso peca de pastel y ñoña, y deja claro un mensaje de “estos chicos son así porque no tienen sexo”, tan simple como poco elaborado. Porque si de algo carece la película es de un mínimo de erotismo.

Como suele ser habitual en USA, toda la fuerza la lleva la violencia, no el sexo. Así, historias tan interesantes como el pasado de Big Daddy y su relación con la policía, la relación padre hijo entre Niebla Roja y el gángster Frank D'Amico o la de Kick Ass y su padre (perfectamente desarrolladas en el tebeo) quedan cojas y abandonadas, sosas. Siendo lo más interesante, argumentalmente de la película. Por no hablar de un pequeño bache narrativo a la mitad de la cinta, que llega a desesperar... kick-ass-movie
Con todo y con eso el reparto está sembrado (sobre todo Mintz-Plasse, Strong y Moretz, una niña que roba todas las escenas sin despeinarse). Y aunque a veces uno desearía que se viesen mejor las coreografías de los tiroteos o peleas, las escenas de acción están bien dosificadas. Y reírte te ríes sin problemas cada par de minutos. Tiene suficiente mala leche como para encandilar con su humor al más pintado. Pero no acaba de rematar la faena. No termina de asimilar toda la carga del tebeo, sólo rasca la superficie.

Ser subversivo no es decir muchos tacos y mostrar mucha sangre. Es contar una historia con dureza y sin reparos, como nunca ante se había contado. En Kick Ass la clave está en las relaciones, que parecen interesar poco al director y guionista de la cinta. Prefiere quedarse con la violencia y los chistes. Una pena, porque esta historia daba mucho más de sí. Quizá en la secuela sepan aprovechar algo mejor ese potencial latente de este peculiar superhéroe. Mientras, tampoco está nada mal para echar un rato, mejor aún en compañía.

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Crítica de la película Iron Man 2

Lo diré rápido y fácil, como los GEO de REC 2: Iron Man 2 me gusta más que Iron Man 1, y aquélla ya me pareció bastante buena.

La primera entrega de Iron Man era bastante mejor que casi todas las adaptaciones de los superhéroes Marvel que se habían hecho hasta ese momento, con la excepción de las dos primeras entregas de X-Men, y sin la excepción del Spiderman de Raimi, que en su primera entrega no me acabó de gustar, quizá por exceso de moñez babosa y falta de cera limonera de la buena, y en las dos siguientes mejoró algo (vamos que había más leña y más supervillanos y menos besuqueo tontarras para adolescentes), pero sin llegar a impresionarme tanto como a otros.

La segunda me parece aún más divertida si cabe.

Cierto es que, como dice mi colega Jesús Usero, contiene algunas incongruencias de guión (caso del agente de SHIELD que dejan como niñera de Tony Stark y ni se entera de que el pájaro ha volado después de soltarle un discursito amenazador algo soplagaitas, la verdad) y otras que afectan a su función como pieza de la operación de desembarco de los superhéroes Marvel en el cine, como el hecho de que finalmente la relación o vinculación de Stark con la organización que dirige Nick Furia no sea tal y como la proponían en el desenlace de la versión más reciente de Hulk, donde el general Ross encarnado por William Hurt le comenta a Stark su participación en la Iniciativa Vengadores), pero esa falta de coherencia con el puzzle de traslado del Universo Marvel a la pantalla grande no me molesta, porque siempre he pensado que a veces cargamos a las películas con un lastre que no les corresponde, que pertenece a cuestiones ajenas de algún modo a la propia película. De manera que la falta de continuidad que puede observarse en este Universo Marvel cinematográfico actualmente en construcción se me antojan leves para la propia coherencia de Iron Man 2.

Dicho esto, y advirtiendo que, como al amigo Usero a mí también me habría gustado que le dieran más tiempo y participación en el relato a la Viuda Negra (Scarlett Johasson), que no en vano protagoniza la escena de acción mejor coreografiada y visualmente expresada de toda la película (cuestión de alegrarse las córneas, dicho sea de paso), no tengo nada realmente serio que reprocharle a esta película. Obviamente no es lo que fue El caballero oscuro para Batman Begins, ni yo lo esperaba porque obviamente el personaje del Hombre de Hierro, por mucha saga de El demonio en la botella que esgrimamos sus seguidores, entre los cuales me cuento, para demostrar la madurez de sus planteamientos argumentales, no es el Hombre Murciélago: Tony Stark puede protagonizar una caída al infierno, pero Batman directamente vive en su propio infierno.  No obstante, Iron Man 2 cumple de sobra con lo prometido, que no es otra cosa que un buen rato de entretenimiento, secuencias de acción y espectáculo garantizado por una historia que al menos funciona y no ofende la inteligencia del espectador, y en la que, si bien el enfrentamiento con los drones y el ataque contra la convención Stark es visualmente confuso, encontramos varios momentos de combate con el villano de turno, servido con eficacia y su muy peculiar estilo por Mickey Rourke (que compone su personaje sobre todo con la voz), que rescatan para el cine el verdadero espíritu cañero de los combates de Iron Man en las viñetas, con los rayos repulsores a tope.

Además creo que han organizado bastante bien la incorporación al relato de Máquina de Guerra, y me parece que Jon Favreau ha captado muy bien la esencia de lo que debe ser una película de superhéroes, tomando prestado el espíritu del tebeo de superhéroes para el cine. Si a ello le añadimos otros detalles, como la química que han conseguido desarrollar Robert Downey Jr. y Gwyneth Paltrow, o la capacidad del primero para dar al cine una de las imágenes más humorísticas, chulescas y al mismo tiempo humanas del superhéroe tradicional, no cabe sino limitarse a disfrutar de este nuevo encuentro con la versión cinematográfica de el Hombre de Hierro.

Eso sí, he echado en falta más cameos, por lo menos de Bruce Banner, aunque el chiste con el escudo del Capitán América está muy bien. Ni al pobre Stan Lee, que sale sólo en plan relámpago, le han dejado lucirse.

Por cierto: ¡Película de la Viuda Negra para ya mismo, por favor!

Lo de Scarlett Johansson me recordó, salvando las distancias, lo de Michelle Pfeiffer como Catwoman en Batman vuelve.

Como dice el amigo Usero: no me importaría que esta mujer me diera una paliza.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Avatar

“A veces la vida depende de una decisión descabellada”.

Esta frase marca el arranque del viaje del héroe que es Avatar pero se le podría aplicar también al propio director de la película, James Cameron, y no sólo en esta ocasión sino en general en toda su filmografía. Las decisiones descabelladas y el riesgo han acompañado la carrera de este cineasta al que ahora más que nunca se puede calificar como visionario.

Es fácil suponer que Avatar va a estar entre las películas más vistas de este año, que será la campeona de taquilla de la temporada navideña y que seguiremos hablando de ella durante años por el alcance que tiene su propuesta visual y los cambios que va a imponer en la manera de entender no sólo la aplicación al cine del 3D, sino la forma de contar historias en pantalla grande. Con ella el cine recupera plenamente su capacidad para proporcionar al espectador algo que es imposible ver con las mismas cualidades en otro soporte que no sea la pantalla más grande que uno pueda conseguir en el cine más moderno y gigantesco que uno pueda encontrar.

Avatar es una de esas películas que puede verse en DVD o en pantallas más pequeñas, incluso en 2D (de hecho va a distribuirse también así en muchos cines españoles), pero para verla en toda su fastuosa brillantez visual y con despliegue total de sus logros hay que verla en pantalla grande y en 3D.

Pandorum

16 Nov 2009



Crítica de la película Pandorum

El cine americano siempre se ha caracterizado por bautizar géneros, o, mejor dicho, sub-géneros, que nacen a partir del éxito monumental de una película adscrita a reglas más o menos convencionales. Ocurrió con Alien, la estupenda película de Ridley Scott que originó multitud de cintas de argumento semejante. Un nuevo sub-género nació con Alien: ese que, englobado en los géneros más amplios del terror o la ciencia-ficción, se basa en las peripecias de un grupete de intrépidos hombres y/o mujeres que se adentran en una misteriosa nave (o barco o casa o...) en donde algo ha sucedido. Y bajo esa premisa, tenemos el miedo, la acción, los aliens, o lo que proceda...

Y, no vamos a negarlo, en ocasiones el resultado es muy bueno. No es el caso de Pandorum, y así aprovecho ya para advertir que es una película realmente floja, pero a uno le vienen a la mente cosas tan estimables como Deep Rising, aquella peli de Stephen Sommers que rezumaba serie B por los cuatro costados y en la que el objeto de investigación era un tétrico barco, u Horizonte Final, de la que bebe indudablemente Pandorum, con esa nave (supuestamente) abandonada en la que han ocurrido mil y una incidencias, y con la que comparte nombre propio: Paul W. S. Anderson, director de aquélla y productor de ésta.

El problema de Pandorum es lo farragoso de su propuesta. Se pretende dosificar la información ofrecida al espectador, no ya sobre los inquietantes sucesos acaecidos en la nave, sino sobre la propia naturaleza de la misma, su misión, su tripulación e incluso su ubicación. Y, lógicamente, es necesario también ir dando pistas sobre qué narices ha ocurrido en ella, y por qué los protagonistas se encuentran en ese estado de indefensión y amnesia.. Y cuando todo eso se explica mal y la información se da de forma torpe, la peli no puede ser buena.

Ni siquiera se aprovechan esos seres malignos de aspecto tan desagradable, de los que poco o nada sabemos, salvo que chillan y corren de forma desatada y que se mueven como pez en el agua en esos planos brevísimos en los que el director Christian Alvart mueve la cámara compulsivamente, siguiendo la nefasta escuela que en su día abrió el inefable Michael Bay, y que provoca que el espectador no se entere absolutamente de nada.

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Horizonte Final no era una maravilla, pero a partir de una premisa mil veces vista y contada, tenía varias virtudes que, desgraciadamente, no encontramos en Pandorum. En primer lugar su guión, muy semejante a éste desde el punto de vista argumental, pero mucho más directo y comprensible para un espectador medio que no entra en una sala de cine a ver un Solaris versión cutre. Y después estaba Sam Neill, auténtico motor de una nave que a partir de la evolución de su personaje surcaba el hiperespacio ofreciendo escenas inquietantes y terroríficas. En Pandorum ese papel trata de asumirlo un Dennis Quaid desastroso, desganado y perdido, que sin embargo ofrece más solvencia que ese actor de limitadísimo talento llamado Ben Foster, a quien pudimos ver interpretando a Angel en X-Men 3.

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Falla el guión, fallan los actores...así que muy buen cineasta hay que ser para salvar la nave, nunca mejor dicho. Y no es el caso del tal Christian Alvart. Anderson, quizás aburrido de rodar siempre películas iguales y encuadradas en este sub-género (Horizonte Final, Resident Evil...¿qué diablos ha ocurrido aquí?) cede el testigo y se limita a ejercer como productor. Chico listo, porque ni siquiera él, que tampoco es precisamente Orson Welles, hubiese sido capaz de hacer de Pandorum una buena película...

 



Crítica de la película Celda 211

Recuerdo a Daniel Monzón a principios de los 90, cuando ejercía de crítico cinematográfico en el programa de cine de Televisión Española que ya por aquel entonces se llamaba, si no recuerdo mal, Días de Cine, junto al entrañable y desaparecido José Luís Guarner. Los dos analizaban una película de estreno, cada uno con un estilo ciertamente particular. Guarner, con la sabiduría y el lenguaje propios de quien llevaba toda una vida dedicada a la crítica cinematográfica, mirando con cierto desdén los estrenos más comerciales; Monzón, con el ímpetu de quien ha mamado cine de otra generación, con otra mirada más ingenua pero también más apasionada. En el año 2000 el crítico Monzón se convirtió en director, y ahora, en 2009 nos regala una película, la cuarta suya como cineasta, fundamental, imprescindible para nuestro cine, y que le convierte en uno de los nombres más importantes de nuestra pequeña industria cinematográfica.

Celda 211 es la película que quienes amamos el cine llevábamos tiempo deseando que se produjese en el cine de aquí. Y no por dar la razón a quienes desprecian a nuestro cine acusándole de repetitivo y de producir sólo comedias soeces o dramas guerra-civilistas, sino más bien por albergar la esperanza de que sea la primera de muchas, la que abra el fuego hacia un cine de género propio, más alla de Alex de la Iglesia o de los primeros trabajos de Amenábar. Que en Espña se produzca un drama carcelario como éste es un acontecimiento fundamental, más aún si se hace con la solvencia y rotundidad con la que Daniel Monzón la ha rodado o con la maestría de Luís Tosar protagonizándola, por nombrar sólo a las dos figuras más importantes de esta película, en la que todos, desde el director hasta el más secundario de los intérpretes, realizan un trabajo soberbio.

Pero todos recordaremos, siempre, A Mala Madre, esa bestia a la que ha dado forma un inmenso Luís Tosar. El actor gallego no ha hecho otra cosa que recibir agradecido el enorme regalo que Monzón le ha hecho con este papel. Pero ojo, que lejos de dar por hecho que simplemente Tosar ha puesto rostro y cuerpo a un personaje bien escrito y definido, hay que destacar cómo lo ha trabajado, modulando su voz y haciendo un uso superlativo de ese regalo que sin duda supone el poder encarnar a un villano que permanecerá para siempre en nuestra memoria cinéfila. Cada mirada, cada movimiento, cada puñalada, cada sonrisa de Tosar como Mala Madre nos invitan a pensar que estamos ante uno de los mejores actores de nuestro cine, alguien que ya llevaba tiempo demostrando su capacidad y que con este personaje alcanza la cima absoluta de nuestro minúsculo star system.

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Y a partir de semejanre creación, todo es un poco más fácil. En Celda 211 disfrutamos de todos los tópicos del género carcelario, adaptados a la idiosincrasia de nuestra realidad. Tenemos al líder absoluto rrpresentado en Mala Madre; al segundón que se cela por los galones que va adquiriendo Juán Oliver, más conocido como Calzones (estupendo Alberto Ammann); al clan sudamericano liderado por Apache, a quien pone rostro un gran Carlos Bardem; al grupo etarra, clave en el desarrollo de la trama; a los funcionarios cabrones (nueva lección de Antonio Resines) y al drama de quien nada puede hacer cuando la persona a la que ama se ve envuelta en todo lo que ocurre en la prisión. Todo ello aderezado con una intriga perfecta, lógica y bien construída, basada en un cine de topos e infiltrados inusual en nuestro cine.

Todo ocurre rápido, todo fluye a velocidad de crucero, la misma con la que Daniel Monzón, con su cuarta película, ha logrado madurar como cineasta y, sobre todo, como guionista. Se perdió a un crítico estupendo, pero el cine español salió ganando sin duda, ya que cuenta entre sus directores con alguien que sabe qué necesita nuestra industria y qué quiere ver el público de aquí. Y a ese público le regala una cinta extraordinaria, que además, y como no podía ser de otra manera, está recibiendo críticas halagadoras.

 

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Luís Tosar acaparará elogios, todos ellos más que merecidos, pero que nadie se olvide de Daniel Monzón. Yo aprovecho para recomendar su segunda película, aquella locura disparatada titulada El Robo Más Grande Jamás Contado, una comedia de suspense divertidísima con unos impagables Antonio Resines y Javier Manquiña, que pasó desapercibida en su momento y que conviene rescatar ahora, aprovechando el enorme éxito que seguro tendrá esta Celda 211. A ver si todo el mundo las ve, una en su casita, la otra en el cine, para que, ya puestos, más de uno cambie su concepción respecto al cine español. Y mientras tanto que Monzón vaya haciendo sitio en su casa a los Goya que se va a llevar...

 

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