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Crítica de la película Sordo

Interesante pero a ratos fallida adaptación del cómic de Rayco Pulido y David Muñoz.

Una historia sobre la Guerra Civil española, sí, un género quizá demasiado trillado en nuestra filmografía, pero que aquí pretende ofrecer al espectador algo distinto a través de un tono cercano al western, más cargado de acción y donde la carga política sea menor. Los malos son muy malos desde el principio y los buenos, muy buenos. O eso parece. Que los hechos sucedan en la Guerra Civil parece casi una excusa para dejar fluir una historia que, por desgracia y pese a todas sus buenas intenciones, es muy irregular, pasando de momentos brillantes a otros que dejarán indiferente a la audiencia o, peor aún, le harán preguntarse si ha merecido pagar el precio de la entrada.

Sordo sigue la historia, en plena Operación Reconquista, de un maqui que, tras una operación de sabotaje que no sale como estaba planeada, pierde el oído y debe intentar sobrevivir sin ese sentido en mitad del bosque, rodeado de tropas nacionales que intentan apresarle o acabar con su vida, sin saber muchas veces no sólo quién es amigo o enemigo, sino si merece la pena seguir adelante cuando todo está en tu contra. Por ejemplo la naturaleza. Una lucha que tiene muchos elementos de western crepuscular, uno de sus varios aciertos, y que nos plantea un mundo de personajes duros, fuertes por obligación, enfrentados al paisaje que les rodea, y en el caso del protagonista, aislados del mismo debido a la sordera que les incapacita.

Crítica de la película En Mil Pedazos

Un interesante viaje al infierno de un adicto.

De la mano del matrimonio compuesto por Sam y Aaron Taylor-Johnson, nos encontramos ante una película creada por y para ellos dos, que son no sólo directora y actor protagonista de la película, sino que además son los guionistas de la película, adaptando el libro de james Frey, quien contó en papel su propia historia. El resultado es una competente película dramática con un fantástico reparto, irregular y con algún altibajo, pero con interesantes reflexiones sobre la adicción y sobre los adictos. Aunque en el fondo, y ese es su gran pecado, no nos cuente nada nuevo, ni aporte nada que no hayamos visto con anterioridad… De hecho, casi todo lo que aporta lo teníamos ya en Días sin Huella. Y desde la película de Billy Wilder han pasado casi 75 años.

En Mil Pedazos toma, como decíamos, la historia real de James Frey, quien en la película está interpretado por Aaron Taylor-Johnson, por supuesto, y que en un momento determinado, tocando fondo en su vida, acaba en un centro de rehabilitación, un lugar donde nadie le obliga a estar, pero lo que le espera fuera es peor, por lo que se mantiene pese a todo, en un lugar donde deberá hacer frente a la adicción a las drogas y a su alcoholismo, y sobre todo a sus demonios. No estará solo porque una peculiar comunidad de personajes le acompañarán en el viaje, desde su hermano a su terapeuta, pasando por los otros habitantes del centro. Y quizá incluso, descubra de nuevo el amor.

Crítica de la película Untouchable

Ursula Macfarlane realiza un brillante documental en clave de película de terror, sobre las supuestas agresiones sexuales del productor Harvey Weinstein.

La mirada y las palabras cargadas de aparente sinceridad de la actriz Erika Rosenbaum abren la puerta al sórdido mundo creado por Harvey Weinstein, donde –según cuenta el documental- la violación a las aspirantes a estrellas del cine y a sus ayudantes más atractivas era la norma para él. A modo de thriller, la cineasta británica Ursula Macfarlane diseña una atmósfera que atrapa por la monstruosidad que despliega, y en la que la figura del depredador es retratada por las numerosas víctimas a las que violentó sexualmente.

La documentalista consigue establecer un ritmo narrativo sorprendente, que dibuja una clara línea de exposición, nudo y desenlace para tratar con rigor los espeluznantes hechos que toca. Para ello, Macfarlane toma la inteligente resolución de alejarse del eco mediático del juicio contra Weinstein, y procura ir paso a paso por su senda delictiva, desde sus inicios como productor musical en la ciudad de Búfalo.  Allí, la directora localiza el testimonio de una mujer, a la que convenció para viajar a Nueva York con fines profesionales. Una vez allí, en la habitación de hotel que ambos compartían, el entonces joven Harvey Weinstein abusó de su compañera, sin atender a la negativa de ella.

Este acto sirve para poner en antecedentes al espectador sobre la bestialidad de las agresiones sexuales que el cofundador de Miramax prolongó durante más de treinta años, y cuyas consecuencias fueron tapadas por bufetes de abogados y pagos millonarios a las víctimas. Una manera de silenciar las violaciones, que la documentalista enlaza directamente con el concepto de poder. Los testimonios de los protagonistas directos (tanto las mujeres de las que supuestamente abusó, como las personas que trabajaban a su lado) señalan al distribuidor americano de Cinema Paradiso como un tipo déspota y dictatorial, pese a su olfato para localizar buenos guiones y a su artificiosa cordialidad. Un individuo que se definía a sí mismo como el sheriff de la Meca del Cine.

Crítica de Playmobil: La película

Lino DiSalvo homenajea a los muñecos con los que han jugado millones de niños de cinco generaciones distintas.

Si las figuras de Lego y la sintética Barbie tienen sus propias obras cinematográficas, ¿por qué los entrañables “clicks” no iban a merecer la misma distinción? Lino DiSalvo se hizo la misma pregunta, cuando encontró por casualidad a sus compañeros infantiles de horas interminables, guardados en una caja, olvidada en su antigua casa. Y de ahí surgió el esqueleto de esta película, que no es más que un figurado playground escolar, con múltiples universos encuadrados en una historia más o menos compacta (no confundir con verosímil).

La trama de Playmobil comienza en el mundo de los humanos. Allí, Marla (Anya Taylor-Joy) y su hermano Charlie (Gabriel Bateman) sueñan con dotar a sus respectivas vidas de la misma magia que imprimen a sus muñecos de Playmobil. Sin embargo, todo cambia cuando los padres de los chicos perecen en un accidente de coche. Entonces, Marla se convierte en una persona excesivamente protectora para con Charlie, quien echa de menos a su divertida sister de antaño. Una noche, el crío se escapa de casa, y se refugia en unos grandes almacenes, donde se está preparando una enorme exposición de Playmobil. Marla se asusta, y sigue a su brother hasta ese lugar. Una vez dentro, ambos discuten; y, casi como un hechizo, los dos son transportados al cosmos de plástico de los clicks. Transformados en un par de quecos (él, como vikingo, y ella, como una dama con malas pulgas), Marla tendrá que emprender una intensa búsqueda para dar con el paradero de Charlie, y regresar juntos  a su existencia humana.

Crítica de la película Quien a hierro mata

Paco Plaza factura una perfecta, enérgica y valiente muestra de cine negro.

Un reparto en estado de gracia capaz de vendernos todo lo que haga falta en cada uno de sus planos, un guión que sabe cómo cruzar los caminos paralelos de los personajes en un todo con un ritmo perfecto y tres líneas de acción casi en paralelo -el padre anciano, el enfermero vengador, los hijos traficantes metidos en una operación que les viene muy grande-, dosificando el drama cotidiano del  paciente en el asilo con dos líneas de tensión creciente del enfermero y los hijos en su laberinto criminal, una utilización del sonido notable en su densidad expresiva, capaz de materializar para el espectador todas y cada una de las corrientes psicológicas subterráneas que van destruyendo a los personajes, una puesta en escena sencilla pero eficaz y en algunos momentos plenamente consciente de la doble identidad genérica de su relato como drama e historia criminal, con algunos planos que resumen perfectamente esa dualidad de vida y muerte que preside toda la trama. Todo ello se da cita para poner en la cartelera la que en mi opinión va a ser una de las mejores películas del año, previsible receptora de nominaciones a premios Goya muy merecidas para sus artífices.

Paco Plaza ha facturado con este largometraje su mejor trabajo, y a través del mismo entra en una etapa de madurez en su cine que, crucemos los dedos, se me antoja muy prometedora de buenos ratos y buen cine para el futuro si sigue por este mismo camino.

Crítica de la película Objetivo: Washington D.C.

Mejor que la primera, con una trama más interesante y Butler en su salsa.

No era muy difícil dada la inclinación de la saga a entregarse a la pirotecnia gratuita, pero lo cierto es que esta tercera entrega me parece más sólida en su propuesta de equivalente más crepuscular del personaje de Mike Banning que interpreta Gerard Butler. Además le viene bien el refuerzo de Nick Nolte en un momento clave de la trama en la que la que podría haber caído en un frenazo en seco. Le da otro aire en el momento justo, y permite además darle cierta pátina de solidez a esa reentrada del personaje de Nolte en la vida del protagonista. No sorprende lo que hace, se ve venir de lejos, como muchos otros movimientos o propuestas narrativas de la película, desde su principio, pero al menos nos mantiene interesados en la historia.

El caso de la incorporación de Nolte me permite comentar que con un guión que no sorprende y transita por los lugares comunes propios de este tipo de producto, siguiendo la pista alternativamente a la serie televisiva 24 y combinando luego una primera parte del relato tras la pista de El fugitivo y la segunda nuevamente en la fórmula de Jungla de cristal que saqueó a placer en la primera entrega de la saga, sale adelante con un ritmo aceptable y resulta funcional como entretenimiento en la liga en la que juega merced a que los personajes principales están defendidos por actores sólidos.

Crítica de la película Chicos buenos

La comedia más salvaje e irreverente del verano

Quizás no la más original en su planteamiento ni en la historia que nos cuenta, pero sin duda una comedia tan gamberra que sorprenderá por su humor, porque es habitual ver este tipo de humor en las comedias de Seth Rogen, productor de la película junto a su socio Evan Goldberg, pero no lo es tanto cuando uno se enfrenta a un grupo de niños de apenas 12 años, quienes tienen que lidiar con el paso a la supuesta madurez (siguen siendo niños) pero sobre todo con el significado real de la amistad, de la lealtad y de lo que supone realmente llegar a instituto cuando eres apenas un niño. Algo que nos han contado un millón de veces, por supuesto, pero nunca de esta forma.

La historia nos habla de tres amigos desde la infancia, Max (Jacob Tremblay), Lucas (Keith L. Williams) y Thor (Brady Noon), que se enfrentan a un gran dilema cuando se acerca su primera fiesta de “besos”, una fiesta a la que en realidad sólo Max está invitado, pero ha conseguido que dejen ir a sus amigos del alma… Pero conseguir ir a esa fiesta y no hacer el ridículo será una misión mucho más complicada de lo que ellos esperaban… La película maneja todos los tópicos del género sin despeinarse y sin sonrojarse lo más mínimo, porque sabe que la clave está en el humor. Un humor que esconde tras su inocente apariencia y trama, algunas de las mayores salvajadas que hemos visto en un cine en mucho tiempo.

Crítica de la película Historias de Miedo para contar en la Oscuridad

Cine de terror para iniciarse en el género…

No es una película para quienes ya conocen los mecanismos del cine de terror más profundo y general. Si usted viene de Midsommar o Hereditary, no es su película, claro. Y tampoco para quienes disfrutan del terror más mainstream que llena salas como el universo Expediente Warren de James Wan y compañía… Historias de miedo para contar en la Oscuridad es un honesto relato de terror al calor de una hoguera para que las familias con una cierta edad acudan a celebrar el género. Para que los más jóvenes (no, no los niños, no nos confundamos con Pesadillas) disfruten del terror con cierta elegancia y seguridad, y sus mayores les cedan el testigo. Para que se interesen por el género y aprendan a descubrirlo.

Ambientada en 1968 (un detalle que la película recalca pero del que nunca termina de sacar partido) la historia sigue a un grupo de amigos que la noche de Halloween visitan una casa embrujada, donde una leyenda de finales de siglo habla de una joven que contaba historias de terror… Historias que siguen llegando ahora y que condenan a sus protagonistas… Así el relato integra inteligente y elegantemente esos relatos más cortos, esas pequeñas historias de terror que recuerdan a los cuentos al calor de la lumbre o a esas historias que nos llegaban de series como El Club de la Medianoche. Y en ese sentido, en esa línea cumple la película a la perfección gracias a la dirección de André Øvredal, su puesta en escena, y el trabajo de producción de Guillermo del Toro, guionista de la película también.

Crítica de la película Un Verano en Ibiza

Blanda comedia francesa donde sólo se salva el reparto.

Porque la comedia francesa, de la que siempre oímos que es referente en Europa (aunque luego eso hay que demostrarlo en la pantalla y últimamente eso no sucede tan a menudo como debería), no es infalible, y mientras que propuestas como El Gran Baño cumplen y convencen, Un Verano en Ibiza queda lejos de aquello. Es un zafio y ramplón relato lejos de los mejores trabajos de su protagonista, Christian Clavier. Es más, lejos de los más divertidos, aunque no sean los mejores, como Dios Mío, ¿pero qué te hemos hecho? que estrena en breve secuela y que esperemos sea mejor que esta historia de viajes familiares que no funcionaría ni en una teleserie, la verdad.

Una familia poco convencional, con un hombre maduro, podólogo, enamorado de una mujer con dos hijos, que no le adoran precisamente. Ante la obsesión del hijo por encontrar a su amor perdido, que está en Ibiza, la familia entera decide viajar hasta la isla, lo que supone un intento del nuevo cabeza de familia por conquistar a los rebeldes hijos y por no perder a su atractiva esposa, que además se reencuentra con un novio de juventud. A partir de esa entrada, que además tiene un arranque lento y sin gracia, la película se convierte en un devenir de gags muchos de ellos sin mucho éxito, pero sin ningún interés por parte del guión por hilvanar una historia mínimamente coherente, con algún sentido para el espectador.

Crítica de la película Mascotas 2

Divertida pero intranscendente secuela de la película de Illumination.

Eso sí, se esperaba todavía menos de lo que fue un éxito inesperado, con casi 900 millones recaudados en todo el mundo, y una de las muestras de que, más allá de Los Minions y Gru, Illumination le tenía bien cogido el pulso a la taquilla y a los intereses del público, algo que se refrendó con Canta o El Grinch, aunque no tanto con esta secuela que ha pinchado relativamente en la taquilla. Mejor dicho, ha hecho menos dinero del esperado, pero ya está generando beneficios, debido a una de las claves del estudio, producir películas por un coste muy inferior al de sus competidores. Si una película de Disney o Pixar cuesta entre 150 y 200 millones, o una de Dreamworks, que ya no es competencia, 125 millones de dólares, Illumination produce por entre 60 y 80 millones… Así es difícil perder.

Mascotas 2 tiene en realidad tres películas en su interior y tres historias con tres protagonistas. Esto hace más dinámica la historia en su tramo central, con los personajes de Max, Gidget y Pompón como protagonistas de esas historias, con distintos tonos y distinto trasfondo. Desde la ansiedad que sufre Max desde que hay un niño en la casa y siente que debe protegerlo a toda costa, a Gidget siempre enamorada de él e intentando recuperar el tesoro más preciado de su compañero, que dejó a su cargo. Y por supuesto Pompón, ese conejo histérico que aquí tiene complejo de superhéroe e intenta rescatar, con ayuda de una nueva amiga, a un cachorro de tigre ni más ni menos.

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