Crítica Amenaza en el aire película dirigida por Mel Gibson con Mark Wahlberg, Michelle Dockery, Topher Grace, Monib Abhat
El regreso de Mel Gibson a la dirección es eficaz y entretenido
Argumentalmente no hay nada nuevo en la película que supone el retorno de Mel Gibson a la dirección nueve años después de su última incursión tras las cámaras con Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge), estrenada en 2016.
Y Gibson, que es hombre forjado en el medio audiovisual a ambos lados de la cámara, lo sabe.
Y, como lo sabe, sabe que la manera de mantener una trama como esta, que por mucho que intente añadir alguna nota de personalidad está inevitablemente atrapada en los mecanismos de la fórmula de intriga en cuarto cerrado -avión en este caso-, es volcar todo el peso en los actores.
Porque esta película, aunque sea de género y sea básica en su argumento, es una película de actores. Y no de muchos actores: solo tres.
Lejos de la épica con sello autoral
Todo el trabajo de planificación visual de Gibson es una lección de profesional y eficacia que me temo no va a ser apreciada como debería por la mayoría del público y buena parte de la crítica, especialmente si están esperando alguna de las excéntricas propuestas que nos han sorprendido en las anteriores películas dirigidas por el actor y director.
Más claro todavía: esto no es, y nunca pretendió ser, Braveheart (1995), La pasión de Cristo (2004), Apocalypto (2006) o Hasta el último hombre (2016).
Lejos de todas estas épicas películas donde brilla el Gibson entregado a una autoría desde el exceso y la espectacularidad muy bien desarrollada, Amenaza en el aire es, en su ejercicio de abordaje de la planificación desde los actores, más cercana a la primera película que dirigió el protagonista de Mad Max, El hombre sin rostro (1993), salvando las distancias.
De la épica “autoral” a la artesanía
Pero Amenaza en el aire tiene en contra el condicionante, de cara a recibir críticas tibias, de que en este trabajo se impone temáticamente una casi obligatoria modestia desde repetición de arquetipos y situaciones trilladas porque Amenaza en el aire es simple y llanamente un producto de entretenimiento.
Por tanto, en mi opinión, lo más justo es juzgar la película como tal y desde las limitaciones que tiene ya de partida, y que el espectador y aún más el crítico ya deberían conocer y aplicar a la hora de valorar con coherencia el trabajo de Gibson como director y la película en su conjunto.
Aquí Gibson se convierte de creador de épica con instinto autoral a fabricante de un producto de encargo que desarrolla eficazmente con la personalidad de un director artesano.
Y quien esto escribe, sabiendo todo eso, opina que ésta es una buena película de entretenimiento, un producto sólido de evasión, con un buen ritmo narrativo sostenido además por una planificación bien orquestada que atiende sobre todo a pisar el pedal de la intriga acelerando. Venir ahora a decir aquí que las situaciones y personajes son previsibles o que esta historia nos la han contado ya muchas veces es caer en la obviedad. Así que fijémonos en otros asuntos.
Por ejemplo, en la manera en que Gibson dirige a sus actores y sus actores construyen con muy buen trabajo sus personajes en el dificilísimo territorio de la construcción de arquetipos atrapados en un lugar común, y consiguen darles una personalidad por encima de las limitaciones que se les imponen. Trabajan así en perfecta coordinación con Gibson para manejar el reto de ponerse por encima de la naturaleza de tópico que los anima inicialmente, y a la que tanto el guión como la planificación de Gibson no dejan de prestar unas pinceladas de autoparodia consciente de todas esas limitaciones (cuchillo, voces en la radio, piloto asistente…).
Trinidad autoparódica y autodestructiva
Mel Gibson sabe el terreno que pisa porque se ha pasado la última década y pico protagonizando o coprotagonizando películas menores de este mismo género a título alimenticio, con desigual fortuna pero en todas ellas mostrando una binaria profesionalidad que le ha llevado por un lado a tomarse en serio profesionalmente esos trabajos dándoles lo único que podía darles dadas las limitaciones de guion, presupuesto o falta de originalidad de los mismos, que no era otra cosa que una imagen paródica de sí mismo con la que bromea, exagera y juega a sobreactuar con su estatus como estrella de acción ochentera.
Y en Amenaza en el aire sabe cómo sacar el máximo partido a los talentos de Michelle Dockery, Mark Wahlberg y Topher Grace para que este trío desarrolle una curiosa química que refleja muy bien el carácter autodestructivo de la trinidad que forman sus personajes aplicando esa misma habilidad binaria para comprometerse profesionalmente con seriedad con el trabajo desarrollándolos como parodias caricaturescas de los arquetipos.
El espectador no tiene que saber nada de todo eso: basta con que lo disfrute como disfruta cualquier otro producto audiovisual de acción, evasión y suspensión de la incredulidad bien hecho. Pero no debería infravalorar altaneramente y con precipitación por abrazarse a la obviedad de la reiteración genérica la eficacia de un Mel Gibson director que todavía puede darnos muchas alegrías y aquí nos entrega un buen pasatiempo de acción e intriga.
Miguel Juan Payán
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