Jesús Usero

Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

Me quedo sin palabras para describir el cierre de la trilogía… Porque a estas alturas de película (perdón) esperar de la franquicia Cincuenta Sombras algo distinto es ingenuo y ridículo. Las dos películas anteriores crearon un estilo muy definido, cercano a los libros, y en esta tercera no van a cambiar las cosas por mucho que uno entre en la sala soñando con ello. No va a suceder. Y menos cuando esta última película fue rodada a la vez junto con la segunda, de la mano del mismo director, James Foley. A partir de aquí, hay dos opciones… O nos tomamos todo a broma (algo en lo que hasta la película parece incidir) o ponemos los ojos en blanco cada dos minutos más o menos…

Y se puede argumentar que la saga ha llegado a un punto de autoparodia consciente, que no aparecía en los libros (sí, los he leído) y que de cuando en cuando consigue una carcajada cómplice con el público (esa arquitecta forzadísima de Arielle Kebbel. Pero son más los momentos en los que el público se ríe cuando no debe, por incomodidad o incredulidad. O porque hay instantes que son simplemente ridículos hasta el exceso (los últimos 20 minutos). Uno podría argumentar que hay que tener en cuenta al público al que se dirige la película, pero cuando ese público te comenta a la salida de la película que es peor que la anterior y que no les ha gustado nada… Algo falla en la fórmula.

Muy alejada de las mejores películas de Clint Eastwood. Una versión de los hechos reales acontecidos en el tren a París en el que hace unos años unos héroes anónimos por aquel entonces, impidieron una masacre terrorista a bordo del mismo, salvando las vidas de quienes viajaban allí. Una historia contada a partir de la experiencia de tres amigos que se interpretan a sí mismos en la película, y en la que el veterano director ha querido contar qué nos convierte en héroes en una situación tan desesperada como la que allí se vivió, pero sin conseguir hacer que la película llegue a funcionar en ningún momento. Tiene detalles de lo que podría haber sido, aunque no son tantos como para hacer una buena película.

La historia está contada a modo de flashback que nos lleva a la infancia de los tres protagonistas, Anthony, Alek y Spencer, desde que nace su amistad siendo niños, hasta el camino que les lleva a ese tren, justo ese día. La película hace especial hincapié en la historia de Spencer, dejando bastante huérfanas las de Anthony y Alek, y olvidando por completo la del cuarto individuo que ayudó aquél día a impedir la tragedia y que también se interpreta a sí mismo en la película. Una historia de aparente sencillez sobre estos tres hombres que nos permite conocer un poco más quienes fueron, pero que carece de gancho real. La clave de todo es un guión plano y sin ningún tipo de fuerza.

Magnífica película de superhéroes… Una de las mejores de Marvel. Y si a Thor le di cuatro estrellas, qué menos puedo hacer que darle cinco a la que ha entrado entre las mejores de la compañía y que supone un cambio de rumbo de lo visto en los últimos tiempos en la compañía, donde 2017 ha sido un completo baile de comedias, unas más acertadas que otras, alejándose por un tiempo del tono más serio y profundo que vimos en Doctor Strange, por ejemplo. Black Panther lleva ese mismo camino y lo eleva un poco más, haciendo una película más dramática, más compacta, más adulta en fondo y forma, y con una de las interpretaciones más sólidas que recordamos en uno de los superhéroes de la familia, la de Chadwick Boseman. La película apunta a convertirse en uno de los mayores éxitos de Marvel en la taquilla norteamericana, y seguramente el fin de semana de su estreno rompa varios récords de taquilla del mes de febrero, debido a la expectación que ha levantado el proyecto y a que supone la primera película de superhéroes protagonizada exclusivamente por un personaje africano y con un reparto que es afroamericano al 90%. Y todo eso funciona…

Parte de la culpa del buen resultado de Black Panther la tiene su director, Ryan Coogler. Llevo tiempo diciendo en esta web o en nuestros vídeos, que pese a los buenos resultados en taquilla y crítica, Marvel estaba cometiendo un error, que era ceder sus películas a directores de comedia. De hecho no pocos me criticaron cuando dije que Marvel había perdido épica desde que Joss Whedon se marchó de la compañía… Y lo mantengo. Creo que Scott Derrickson en Doctor Strange era una presencia magnífica, pero nombres como Peyton Reed, James Gunn o Taika Waititi quizá no sean los más indicados para hacer cine épico. Es una opinión personal que, aunque no me terminen de gustar, no le resta méritos a películas como Thor Ragnarok, que sigue siendo buena o muy buena incluso, aunque a mí personalmente no termine de gustarme. Por eso la llegada de Coogler para mí fue bienvenida, porque esperaba de él un tono más serio, más adulto, y porque el director había demostrado con Creed que sabía imprimirle el tono épico necesario a sus historias, ofreciendo una de las películas de la saga Rocky más memorables y mejor narradas, la verdad.

Guillermo del Toro demuestra nuevamente su maestría visual en este cuento de hadas peculiar. Si algo se puede decir sin tener casi ninguna duda de La Forma del Agua, es que es una película de su director. Esto que puede parecer a primera vista una perogrullada, no lo es en absoluto. A lo que me refiero es a que tiene el sello de autor inconfundible de del Toro y además es una película que ya desde sus primeros compases, con esa escena bajo el agua como parte de un sueño, uno identifica como suya, como algo que viene de la mente del director mexicano, y que sólo de allí podría salir. Pese a que indudablemente es una película que requiere de un presupuesto y unos medios relativamente holgados, es una cinta de autor, que tiene un rastro inconfundible que se origina en el director y guionista, y que podemos seguir hasta películas como El Laberinto del Fauno, El Espinazo del Diablo o incluso las dos entregas de Hellboy. Más de uno ha bromeado incluso de que se puede tratar de una precuela de las dos aventuras de cómic dirigidas por del Toro, y algo de razón tienen en ciertos conceptos visuales y argumentales.

Tiene algo de cuento gótico, tenebroso y perverso, pero sigue siendo en el fondo un cuento de hadas de los de antes, que casi recuerda a la Cenicienta en la historia de esa mujer humilde, que trabaja limpiando un lugar de investigación, y que no tiene voz. Con una vida solitaria en la que sueña, aunque apoyada por la gente que la rodea. Y es en su trabajo donde descubre la presencia de un ser que muchos consideran menos que un humano, un monstruo con un enorme parecido con Abe Sapien, que es estudiado por científicos y militares pensando en los avances que pueden conseguir a través de él, algo que también interesa a los rusos. Entre ella y la criatura surgirá una relación de comprensión y empatía, de entendimiento que va más allá de las palabras que ninguno de ellos puede pronunciar, de lo que no pueden expresar más que con sus gestos, sus actos. Una historia de amor, quizá, pero sobre todo una historia de superación, de varios personajes enfrentados a un mundo, el de la Guerra Fría, que no les acoge como debiera, ya sea por sus condición de mujer, por su sexualidad o por el color de su piel. Un grupo de inadaptados que se refleja perfectamente en el mundo actual.

Crítica de la película El Corredor del Laberinto: La Cura Mortal

Gran final para la saga. Aventuras y acción con aire de otra época. Pero antes de que alguno se lance al cuello y sólo mire las estrellas, diremos lo que decimos siempre. Las estrellas son orientativas, son una forma de guía para que el espectador entienda a lo que se enfrenta, que depende de muchos factores y que seguramente no es justa, muchas veces es arbitraria. Por ejemplo no es lo mismo valorar una película como La Cura Mortal, que una de las nominadas a los Oscars, ni se las juzga siquiera por el mismo baremo. Tienen aspiraciones distintas, audiencias distintas, limitaciones distintas. Las cuatro estrellas son una orientación, no deberíamos tener que justificarlo cada vez, pero lo hago con gusto. Son custro estrellas para lo que ofrece un género, el de las adaptaciones de literatura para jóvenes adultos (Young Adults que lo llaman en USA, por ejemplo) que llevan un tiempo de capa caída, tras el cierre de la saga Los Juegos del Hambre y la caída en desgracia de la saga Divergente. Y con ellas y otras como ellas, es con las que hay que compararlas. El resultado es más que satisfactorio, la verdad.

La Cura Mortal supone el cierre de una saga que nunca gozó ni de los presupuestos ni de la atención mediática de las dos mencionadas anteriormente. Tampoco obtuvo los mismos resultados en taquilla, pero sí un sólido respaldo de la misma que propició la segunda y ahora la tercera y final entrega. Una película que ha tardado en llegar debido a los problemas de su protagonista, Dylan O'Brien, quien sufrió un gravísimo accidente al inicio del rodaje de esta película, que le tuvo hospitalizado bastante tiempo, lo que obligó a retrasar el estreno. Pero la película ha llegado finalmente para cerrar la trilogía, adaptando los libros de James Dashner. Adaptando sería una forma de explicarlo… Pero en realidad lo que hacen el director Wes Ball y el guionista T.S. Nowlin, es tomar las ideas centrales de la novela y contarlas de una forma completamente distinta. A algunos fans les molesta, a mí me gusta esa idea. Y mucho. Porque sirve para sorprenderme y no encontrarme exactamente con lo mismo que ya he leído. Es algo que ha ido creciendo en la segunda entrega y en la última película. Mantiene detalles clave, pero es capaz de crear algo nuevo y distinto. Se agradece.

Crítica de la película Jumanji: Bienvenidos a la Jungla

Sólido y divertido entretenimiento para toda la familia.

Mucho humor, eso es lo que aporta esta “secuela” a la fórmula creada hace tantos años, sabiendo de paso que no va a ser capaz de repetir ese aire mítico y de culto que tiene la película protagonizada por Robin Williams, con la que ahora muchos se rasgan las vestiduras por la afrenta que supone esta secuela. No es el caso, pero visto lo sucedido recientemente con otras películas, si su amor por la original es desmedido, ahórrense el viaje al cine, porque esta película es otra cosa, es otro modo de contar la historia y busca más ser una comedia de aventuras que otra cosa. Por cierto, una buena comedia de aventuras.

La trama no es nada del otro jueves, cierto, con cuatro adolescentes arquetipos que descubren el juego de Jumanji en consola y se ven trasladados al mundo de Jumanji, donde se convierten en sus avatares. Para poder salir de allí tendrán que salvar Jumanji de la amenaza que lo está destrozando. A partir de ese momento nos esperan homenajes a la original, referencias continuas al mundo de los videojuegos, acción y aventuras con un ritmo que no cesa, pero sobre todo con mucha comedia, donde el rey sin duda es Jack Black, dando vida a una adolescente obsesionada con la imagen que tienen de ella los demás, y que se encuentra de repente en el cuerpo de un hombre gordo de mediana edad.

Crítica de la película Liga de la Justicia

Convincente película de superhéroes de DC.

Dos horas justas de proyección, que pueden parecer pocas si tenemos en cuenta que lo habitual en el género es irse hasta las dos horas y media últimamente, sobre todo cuando se trata de grupos de personajes en acción. En esta ocasión DC ha optado por reducir la duración de la película, que inicialmente se rumoreaba que duraría casi tres horas, para potenciar las secuencias de acción y el tono épico de la historia. Sí, tiene más humor que Batman v Superman o El Hombre de Acero, pero está perfectamente integrado en la historia y tiene un sentido. Y si no me parece que esté a la altura de algunas de las anteriores, como explicaré en estas líneas, no tiene que ver con el estilo o con el hecho de que me hubiese aburrido, que no es el caso ni mucho menos. Tiene que ver con el desarrollo dramático de los personajes, con sus ideas de fondo, más que de forma. Porque al final Liga de la Justicia es un entretenimiento de lujo, y no busca más que eso. Un episodio dentro de una gran saga, el primero de varios esperemos.

No ha sido un parto sencillo el de esta película. Tras el fiasco de crítica de Batman v Superman (que nunca me cansaré de defender una y otra vez contra viento y marea), y pese a la enorme acogida de Wonder Woman, con la nueva película se era cauto, y más con Zack Snyder detrás de las cámaras. Muchos temían otra fría acogida como la de su anterior película. La tragedia acompañó a la película cuando a inicios de año la hija de Zack Snyder falleció, haciendo que el director y su esposa dejasen la postproducción de la película, que pasó a manos de Joss Whedon, quien dirigió escenas nuevas durante cuatro semanas en verano, con diversos problemas añadidos. La película tiene un coste final de 300 millones que evidentemente esperan recuperar en las salas de cine. Pero la sensación que tenían muchos es que se encontrarían ante una película híbrido entre los dos estilos, entre el tono épico de Snyder y el tono también divertido y ágil de Whedon, que, para quienes lo hayan olvidado, es un director que controla la épica de las historias de forma brillante como demostró no sólo en Los Vengadores, sino en sus series de televisión.

Crítica de la película Thor Ragnarok

La mejor de las tres películas de Thor hasta la fecha.

No está exenta de algún que otro problemilla y con el final de esta trilogía nos queda la sensación de que no han sabido cogerle la medida real al personaje en algunos aspectos, o en muchos. Por mucho que algunos acabasen decepcionados, la versión del personaje que ofrece la primera película de Kenneth Brannagh, es la más cercana a lo que Thor es en los cómics, en su vertiente de viaje al mundo humano, a la Tierra y los problemas que allí encuentra, incluyendo su relación romántica con el personaje de Natalie Portman. Solemne, con toques de ópera y de drama de Shakespeare, a la que, por motivos de presupuesto al ser la primera entrega, le faltaba algo de acción al más puro estilo Thor… No era perfecta pero era un magnífico comienzo para el personaje. Con la segunda parte, servidor tiene sentimientos encontrados. Me lo pasé bien con ella, reflejaba muy bien el universo de Asgard y los elfos oscuros, todo el tema de la magia y tenía grandes batallas. Pero la película era fría, sin alma, y el exceso de humor la hacía perder el norte en momentos cumbre.

En cierta medida eso le sucede a Thor Ragnarok. De hecho tiene aún más chistes que las dos anteriores juntas, con una manía preocupante por convertirse en una comedia, mucho más cercana a Guardianes de la Galaxia en tono y argumento que a una historia de Thor. En cierta medida es como si los responsables de Marvel no creyesen en el potencial del personaje a nivel cinematográfico y tuviesen que aderezarlo con elementos propios de otros personajes. Y Thor necesita un aire de solemnidad en determinados momentos, un punto de seriedad narrativa que aporte épica en determinados momentos. Épica que, por ejemplo, sí supo tener Doctor Extraño, pero que se encuentra ausente en muchas películas de Marvel recientemente. Esa sensación de que todo está perdido y los héroes no tienen más que una solución, seguir luchando. Si esos momentos siempre se salpican con humor, pierden mucho fuelle. Pierden peso. Y por mucho que me encante Taika Waititi, director de la película, ni todo el humor funciona, ni el personaje y su universo lo necesita a todas horas. Es un tono habitual ya en muchas producciones Marvel, aunque parece que Black Panther con Ryan Coogler al mando podría devolvernos algo de lo visto en otras películas (sí, yo también pienso en Winter Soldier o Avengers).

Crítica de la película Kingsman: El Círculo de Oro

Potente secuela, divertida y llena de acción, que sin embargo no logra sorprender. Es una opción deliberada del equipo creativo de la película, Matthew Vaughn y su coguionista habitual, Jane Goldman, una opción sin duda inteligente. Dar a la audiencia aquello que en la primera parte funcionaba, aquello que más les gustó y que les hizo llenar las salas de cine la primera vez. A mayor escala, con más reparto, con más vistosidad y efectos visuales. Crecer en esa dirección. Pero dejando de lado algo que hizo la primera película distinta al resto. Era sorprendente. Nadie se la esperaba, nadie la imaginaba así, nadie creía que una escena como la de la Iglesia era posible. No era lo típico, ni siquiera en el tema de la sátira. Kingsman tomaba lo que ofrecía el cine de espías, especialmente la saga de James Bond, y lo retorcía para adaptarlo a un público moderno, dotándolo de un brillante sentido del humor gamberro, unos personajes pasados de vueltas y esperpénticos que se mofaban de los arquetipos del cine de espías, bastante sangre y un tono distinto también en lo visual, que empleaba para las escenas de acción el plano secuencia como no habíamos visto antes.

La película, como todos sabemos, funcionó en la taquilla y ha ido ganando seguidores con el paso del tiempo, hace apenas tres años que se estrenó, lo que nos ha llevado a una secuela, donde las apuestas suben, por supuesto. Se espera que repita al menos el éxito de su predecesora, o que lo supere si puede, y que además consiga contentar a los fans de aquella, los que la vieron en cine y los que no. Para ello repite el equipo creativo, Vaughn y Goldman, y gran parte del reparto, pero además cuenta con un presupuesto más holgado que permite viajar por medio mundo (en la ficción, obviamente) y mayores escenas de acción, por no mencionar de un reparto más amplio y con más rostros conocidos, sobre todo teniendo en cuenta que vamos a conocer a la contrapartida americana de los Kingsman, los Statesman, que en lugar de una sastrería tiene como tapadera una destilería de burbon en Kentucky. Y con todo eso además de repetir Colin Firth, Mark Strong, Sophie Cookson y, por supuesto, Taron Egerton, el protagonista, se suman los nombres de Julianne Moore, la villana, Channing Tatum, Pedro Pascal, Jeff Bridges, Michael Gambon, Halle Berry y un cameo de Elton John verdaderamente memorable.

Comedia divertida aunque se quede corta al final. Es el problema de muchas comedias pretendidamente gamberras, y es el problema de Una Noche fuera de control, superar lo visto anteriormente, ser gamberra de verdad y llevar el humor a límites no explorados anteriormente. En el caso de esta película es todavía más difícil, porque pese a las buenas maneras, la película continuamente recuerda a Resacón en Las Vegas, cruzada con Very Bad Things. La primera era gamberra y si forzaba los límites de lo políticamente correcto hasta lugares muchas veces insospechados, y la segunda era humor negro salvaje y ofensivo, con un final tan hilarante como deprimente. Aquí nos hacen reír, de verdad, pero no se terminan de arriesgar. No terminan de hacer algo realmente gamberro.

La historia es la de una mujer que se presenta al senado y que prepara su despedida de soltera en Florida, junto a sus amigas de la universidad. Un grupo que lleva tiempo sin estar todas juntas, pero que pretende pasar un fin de semana increíble junto a la amiga australiana de la protagonista, que se reúne allí con ellas. El problema será que la fiesta con el stripper se va de madre y éste acaba muerto… ¿Qué hacer para no acabar con sus huesos en prisión? ¿A qué les suena de algo? Pues eso. Aunque, eso sí, los responsables del tráiler se merecen un premio por no reventar la película y contar sólo hasta ese momento, la premisa inicial, dejando varias sorpresas argumentales para el espectador por el camino.

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