Crítica de la película El Cuento de las Comadrejas

Campanella vuelve a fascinarnos con un relato único.

En su vertiente más creativa, porque ya sabemos que hay dos Juan José Campanella, el director de cine de habla hispana, en Argentina principalmente, y el director de televisión respetado y admirado, pero más al servicio de la narrativa norteamericana que de sus propias historias. ¿Significa esto que menospreciemos el papel que juega el autor en el medio televisivo americano? Para nada, y Campanella ha dado algunos de los mejores episodios de tv de los últimos años. Pero cuando lo comparas con el trabajo del autor en películas como El Hijo de la Novia, El Secreto de sus Ojos, Luna de Avellaneda o la que nos toca hoy, El Cuento de las Comadrejas, todo palidece…

La historia nos presenta a un muy peculiar grupo de ancianos, liderados por una antigua estrella de cine, su esposo, un actor que nunca pasó de secundario, el director que ayudó a encumbrarla y el guionista que escribió sus mejores papeles. Esos personajes, ligados al mundo de la interpretación, se enfrentan a dos  jóvenes que parecen admirarlos, sobre todo a ella, con locura, y que les tratan con reverencia, como a las estrellas que un día fueron. Aunque quizá debajo de todo ese afecto y admiración, se esconda un motivo oculto que complique las cosas para este peculiar grupo de ancianos que tienen también más de un secreto que esconder, y que además no son precisamente un grupo de personas con las que uno pueda meterse sin que haya… consecuencias.

Animación de alta calidad con un director como Juan José Campanella. Uno de los directores argentinos más prestigiosos a ambos lados del Atlántico, no sólo por su trabajo como director y guionista de películas como Luna de Avellaneda, El Hijo de la Novia, El Mismo Amor, La Misma Lluvia… sino también como reconocido realizador de series de televisión tan populares como House o Ley Y Orden: UVE. Y ahora da el salto a la animación en una coproducción hispano-argentina para toda la familia que hará disfrutar tanto a pequeños y mayores, y aunque el título haga pensar en el futbolín, la película en realidad tiene casi más que ver con el fútbol y sus emociones, siendo de las mejores películas del deporte rey que puedo recordar. Con mucho sobre lo que reflexionar sobre el fútbol, las estrellas a las que encumbramos pero, sobre todo, el sentimiento que genera en la gente.

Un pequeño pueblo y un joven Amadeo que sólo destaca jugando al futbolín, donde es el rey indiscutible. Pero cuando se hace mayor, uno de los primeros a los que derrotó regresa convertido en crack del fútbol profesional, habiendo comprado el pueblo para convertirlo en un casino y secuestrando al amor de Amadeo. Claro que nadie contaba con que los jugadores del futbolín cobrasen vida mágicamente, ayudando al protagonista a enfrentarse a su rival en un partido de fútbol épico… Y todo ello salpicado con el indiscutible toque de Campanella, su humor, la humanidad de sus personajes, su ternura y la emoción que imprime al relato.

Un humor que en la mayoría de las ocasiones está más dedicado a los padres que a los niños. Desde el terrible equipo de fútbol, al partido, pasando por la aventura de los muñecos de futbolín, el mánager, las excentricidades del crack… Te ríes y te ríes mucho aunque no sé hasta qué punto lo entenderán los niños… pero los padres se lo pasarán bomba, en serio. Con una historia que tiene mucho que decir, mucho que contar sobre los sueños rotos, sobre quiénes somos, sobre aprender a perder para saber ganar, y con un final… curioso cuando menos. Nada más terrible y cierto a la vez que oír las últimas palabras del manager en el campo de fútbol, que te dejan con la sonrisa helada por lo que implican… Por el camino hay aventuras (esa feria, esa casa del crack, ese vertedero…) emoción y épica en el partido final…

La animación es brillante, la verdad, aunque he oído y leído a más de uno decir que está a la altura de Pixar… no, no lo está, en términos de animación, no de historia o guión. Pero sí que supera a producciones como Gru o Lluvia de Albóndigas. Y por mucho. Magnífico trabajo de movimiento, iluminación y desarrollo de entornos. Aunque los niños a veces no entiendan por qué se ríen los padres, la película enganchará a todos, con ese humor pícaro a veces, a veces bizarro, y a veces muy heredero de los Looney Tunes o de Tex Avery. Posiblemente la mejor película familiar de las navidades y una nueva prueba del enorme talento de Campanella y de la animación internacional (española y argentina en este caso), más allá de las todopoderosas empresas americanas.

Jesús Usero

©accioncine

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