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Crítica de la película Malasaña 32

Competente cinta de terror patrio con muchas referencias y una impecable factura.

Siempre que hablamos de cine de género acabamos denostando nuestro cine, o considerando cine español como un género en sí mismo, cuando cualquier género se trata en nuestro país con mayor o menor fortuna. La calidad del producto final vendrá determinada por los guiones. Por su dirección. Por sus actores… Pero, para entendernos, me siento mucho más identificado con las marismas del Guadalquivir de La Isla Mínima que con los pantanos de Luisiana de True Detective. Son cine negro y policíaco (aunque una sea serie, tiene factura de cine) ambas. Y como tal deben juzgarse. Sirve lo mismo para un producto de terror tan bien realizado como Malasaña 32. Una película que nos lleva a una piso de Madrid poseído por un peculiar fantasma.

La historia comienza en 1972 pero pronto nos traslada a 1976, cuando una familia se muda del campo a Madrid, a pleno centro, en un piso enorme y precioso que lleva años sin ser habitado. Está en la calle Malasaña 32 y la familia ha salido del pueblo sin tener más remedio, invirtiendo todo en la casa y con una hipoteca sobre sus cabezas. Pronto los sucesos misteriosos empiezan a suceder y una presencia comienza a acosar a la familia, aterrorizando sobre todo al hijo pequeño, Rafael, y a la mayor, Amparo. La familia corre un peligro mayor del que creen. Una historia de fantasmas tradicional, pero con un giro, permitan la expresión, cañí, que la hace mucho más cercana que cualquier producto internacional.

Crítica de la película Los niños del mar

Una pieza de arte visual con una interesante trama, pero extravagante final

Que larga se ha hecho la espera. Desde allá por 2011 cuando finalizaba la publicación del manga creado por Daisuke Igarashi, muchos de los seguidores de éste esperaban que alguna productora de cine se hiciese cargo de la adaptación animada, y hemos tenido que esperar hasta este mismo año para poder ver nuestro sueño hecho realidad. Ayumu Watanabe, cuyos trabajos habían estado más centrados en series de televisión y películas animadas de la franquicia de Doraemon, es el encargado de dirigir esta adaptación en formato largometraje, trabajo que no era nada fácil y que ha sabido dirigir con bastante estilo. La historia sigue a Ruka, una estudiante con ciertas inseguridades en su persona cuya vida dará un pequeño cambio tras conocer a Umi y Sora, dos chicos provenientes del mar.

Su premisa resulta interesante, pues nos hace querer saber más acerca de este misterioso suceso que envuelve a los dos personajes marinos, y poco a poco nos va adentrando más en su mundo, pudiendo observar las diferentes conexiones entre ellos mismos, Ruka, el mar, y la mismísima humanidad. Ya adelanto que no es una película para todo el mundo, pues para quien no preste demasiada atención a lo que está viendo (incluso si se lo prestas en algunos casos), supondrá un reto difícil de asimilar, puesto que, llegado a un punto, la cinta empieza a introducir elementos de tipo filosófico e incluso trascendental, sobre todo en su acto final donde los acontecimientos os harán explotar la cabeza. A mí personalmente me ha resultado complicado entender todo lo que se pretende explicar en el climax de la película, porque, aunque como he mencionado anteriormente su comienzo y premisa captan nuestra atención, su desenlace es bastante ambiguo, incluso tras ver la escena post-créditos. Me ha recordado a la primera vez que vi la serie original de Evangelion y la película que finaliza ésta, pues había tanto que asimilar que había que verla varias veces para poder comprender todo. “Los niños del mar” tiene una trama potente y original que se cuece a fuego lento y te invita a seguir con ella para conocer a los personajes, su relación entre ellos y su desarrollo (muy bien plasmado hay que decir), pero un final algo complicado a mi parecer.

Crítica de la película La guerra de las corrientes

Imaginativa e interesante aproximación de Alfonso Gomez-Rejon a la batalla inventora que mantuvieron Thomas Edison y George Westinghouse, para liderar el imperio de la energía eléctrica.

Entre sueños de grandeza y deseos de permanecer en la historia hasta el fin de los tiempos, así es como el cineasta Alfonso Gomez-Rejon ha querido plasmar la llamada guerra de las corrientes, que se libró en Estados Unidos en las décadas finales del siglo XIX. Sin perder de vista el componente económico, el responsable de American Horror Story: Coven lleva a cabo un ejercicio fílmico de intensidad apremiante, donde el duelo interpretativo mantenido por Benedict Cumberbatch (Thomas Edison, en el filme) y Michael Shannon (en la piel de George Westinghouse) se erige como el elemento principal y omnipresente, a lo largo de una trama frenética y un tanto neurótica, conjuntada como un mecano de visiones determinantes.

El guion comienza con un objetivo: llevar la electricidad a los hogares estadounidenses, con el menor cargo impositivo y los mínimos riesgos para la salud y el consumo. En esa carrera por lograr la luminosidad perfecta, los experimentos de Thomas Edison y George Westinghouse se convierten en las alternativas más agresivas y competentes para alcanzar el monopolio empresarial en el floreciente sector. Mientras el primero de ellos considera la corriente continua como el método predominante para llegar a la meta planteada, el segundo propone un sistema de corriente alterna, soportado por bombillas con filamentos de mayor duración que las de su competidor. Traiciones, declaraciones poco honorables a la prensa, juicios y problemas familiares se suceden sin cesar a lo largo de esa batalla por dar con la energía del entonces futuro inmediato. Una guerra en la que se introduce un joven inmigrante llamado Nikola Tesla (Nicholas Hoult, en la película), con sus ideas sobre cómo ir más allá de lo estudiado por los proyectos de Edison y Westinghouse.

Crítica de la película 1917

Sam Mendes nos sumerge en la Primera Guerra Mundial con brillantez.

1917 llega a España en 2020 pero es una de las películas que debería estar muy presente en las listas de premios anuales de 2019. Es brillante, y en nuestra cartelera figura ya en mi lista como una de las mejores películas de 2020.

Mendes acierta a articular visualmente su película de viaje por los paisajes de la Primera Guerra Mundial sobre el plano secuencia, dado que solo así podía mostrar esta fábula antibelicista cubierta con el manto de la metáfora y que en todo momento apuesta por la vida frente a la muerte en una forma absolutamente inmersiva para el espectador.

Además sobresale en la forma en que truca los planos secuencia que se constituyen como su principal herramienta para meternos de cabeza en las trincheras, partiendo de una secuencia inicial bucólica, de paz absoluta, en la que dos soldados que van a ser nuestros guías por el infierno de la Gran Guerra, dormitan. Desde ese primer momento empieza a imponerse el dominio del lenguaje del director. Incluso nos marca cual de los dos es el protagonista de su historia, que es la de un héroe en clave de redentor que “muere” varias veces a lo largo de su viaje y desde esos sacrificios se convierte en un dador de vida, no un repartidor de muerte.

Crítica de la película El Faro

Una de las mejores y más atrevidas y estimulantes de este año.

Robert Eggers ha vuelto a hacerlo. Ya me sorprendió muy positivamente con su manera de afrontar el género de lo inquietante en La bruja y repite la jugada ahora, mejorándola, con El faro.

La película es un auténtico toque de autoridad en la cartelera. Sin concesiones. Imponiéndose al espectador con brillante solidez desde la pantalla en negro y el juego con el sonido que abre el relato antes incluso de que aparezca una sola imagen. Escuchamos ahí la voz del faro. Ese sonido que nos acompañará como un personaje más, el propio faro, en este viaje de pesadilla que compartimos desde la primera secuencia. Los protagonistas en la gabarra, de espaldas a la cámara, comprimidos en un espacio exiguo. La decisión de presentar la historia en una relación de aspecto de 1.19:1 que prácticamente convierte la imagen a proyectar en un cuadrado, comprimiendo más a los personajes contra las fronteras del encuadre, anticipa la claustrofobia que va a acompañarnos el resto de la proyección como a los propios protagonistas.

Crítica de la película Mujercitas (2019)

Excelente nueva versión de la novela de Alcott dirigida por Greta Gerwig.

Una nueva versión de la novela de Louisa May Alcott que podría parecer a nadie interesaría, pero que en manos de Gerwig se demuestra que está no sólo entre las películas más modernas del año, sino además a la altura de la versión de George Cukor, posiblemente la mejor de todas ellas y además la más moderna pese a que se estrenó en 1933. Gerwig demuestra que muchos de los temas de la historia, si no todos, siguen de completa actualidad, y que hay mucho en lo que progresar todavía, mucho en lo que crecer y cambiar, y mucho que contar dentro de una historia vista una y mil veces, todo depende de cómo se cuente la historia y de quién se rodee la misma.

Una historia de cuatro hermanas, en la época de la Guerra de Secesión y posterior, un relato de paso a la madurez de una familia donde las mujeres tenían mucho que decir pese a lo que las rodeaba. Sobre todo en la piel de Jo, quien sueña con ser escritora e intenta vender su historia a un editor. Pero no es la única hermana, todas tienen sueños de libertad, de romance, de familia, de mil cosas más… Como he dicho, la película tiene suficientes temas de actualidad en su historia, heredados de la novela de Alcott, pero que además dan un giro actual gracias al trabajo de Gerwig, por ejemplo desde los diálogos y los pequeños cambios en la historia y los personajes. Algo que era imprescindible para hacer que esta nueva versión fuese un éxito y además fuese buena.

Crítica de la película Richard Jewell

Una de las mejores películas de Clint Eastwood en los últimos años.

Mejor que 15:17 Tren a Paris, este largometraje no supera a El francotirador, pero se sitúa entre las mejores realizaciones del director en los últimos años, desde que comenzara su ciclo sobre el heroísmo, al que esta película pertenece claramente junto con las dos citadas y Sully. Los héroes y su gestación, así como las consecuencias del encumbramiento al pedestal de lo heroico han sido tema de la filmografía de Eastwood desde siempre, pero adquieren mayor protagonismo temático en la misma desde que iniciara el ciclo con Las banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima. Y entre las películas citadas, tocadas todas ellas por un poso de amargura que acosa a sus personajes a lo largo de todo el viaje heroico que traza para ellos Eastwood, pienso que Richard Jewell es como un punto final, o al menos la vuelta de tuerca más amarga del asunto heroico. En ella además Eastwood se muestra más duro que nunca con la facilidad que tiene la sociedad estadounidense para encumbrar y derribar a velocidad de vértigo a sus héroes.

Crítica de la película La maldición (The Grudge)

Interesante apuesta de terror que intenta escapar del encorsetamiento del género.

Una película que quiere ser diferente dentro del género, pero que debe además complacer al espectador del cine de terror mainstream, el que llena salas comerciales. No se trata de un proyecto independiente y de nicho como Hereditary o La Bruja. Se trata de una cinta para llenar salas de cine, que forma parte del universo The Grudge, que con el nombre en español de El Grito, llenó los cines en 2004 y 2006, y luego pasó al mercado de video con una tercera entrega. Todo ello tomando de base las películas japonesas de Takashi Shimizu, quien también dirigió las dos primeras entregas americanas. Ahora el encargado de retomar la saga, que sigue estando producida por Robert Tapert y Sam Raimi, es Nicolas Pesce…

Pesce es un director y guionista no muy conocido, pero con The Eyes of my Mother y Piercing, sus dos anteriores películas, demostró que tenía mucho que ofrecer al cine de terror actual. Suya es la idea de no hacer un reboot, ni un remake, ni una secuela de El Grito, sino una película que sucede al mismo tiempo que las de 2004 y 2006, con hechos que tienen su eco en aquellas películas y viceversa. Pero en esta ocasión trasladando la historia a Norteamérica, dándole a la maldición de Kayako, la capacidad de viajar de un país a otro, de una casa a otra, aterrorizando personas en medio mundo.

Crítica de la película El oficial y el espía

Vuelve el mejor Polanski con una de las películas más interesantes de su filmografía.

Roman Polanski se saca la espina de su resbalón en Basada en hechos reales, su último trabajo con El oficial y el espía. Nos propone en la misma, ni más ni menos, el regreso de las mejores características de su manera de entender el cine. Y trabaja sin complejos, sin dejarse atrapar en laberinto de los acontecimientos reales, con un suceso que conmocionó a la sociedad francesa y la dejó tan marcada que todavía hoy sirve como materia prima para dar lugar a una reflexión muy actual sobre la libertad de expresión y el abuso de autoridad.

El tema de la corrupción que rodeó el complejo laberinto de conspiración teñido de antisemitismo en el caso Dreyfus, sirve a Polanski para proponernos en primer lugar una fábula de intriga tan bien construida y visualmente acertada como la que habita en algunas de sus mejores películas. Piensen en Chinatown y tendrán una variante de esa intriga de homenaje al cine negro clásico trasladada al territorio de la reconstrucción histórica que el director clavó en otro de los grandes títulos de su cosecha personal, Tess.

Crítica de la película Wonderland

Keiichi Hara crea una colorida y entretenida historia, pero poco imaginativa

Cuatro años después de su último trabajo cinematográfico, el director Keiichi Hara vuelve a las andadas con un nuevo proyecto animado que resulta entretenido, pero que a su vez cuenta una historia que ya hemos visto anteriormente en otras cintas y cuentos. The Wonderland, como su propio nombre indica, se trata de un viaje a un mundo maravilloso donde los habitantes conviven con la alquimia y la magia. Akane, la protagonista de esta historia, será la que pondrá rumbo a este mundo a través de un portal localizado en la tienda de su tía, personaje que acompañará a la joven en este viaje. A ellas se les unirán el alquimista Hippocrates y su estudiante Pipo, personajes del otro mundo y creyentes de que Akane será la salvadora de este tras estar pasando un periodo de sequía que está haciendo sus estragos.

Lo cierto es que ya solo con el argumento nos encontramos con un relato que parece que ya nos han contado antes, y no es que lo parezca, es que es así, porque al fin y al cabo estamos ante una historia que hemos podido ver en Alicia en el País de las Maravillas o en El viaje de Chihiro por nombrar una cinta animada japonesa. Poco puede sorprender al espectador, excepto por un pequeño giro que puede pillar desprevenido. Lo interesante hubiese sido incluir personajes carismáticos a los que se les sacara provecho, pero a excepción de algunos, como el Alquimista y Pipo, el resto no están demasiado bien aprovechados o no interesan porque pasan de ser a priori importantes, a estar fuera de la historia. La protagonista, que debería ser el pilar fundamental de la película, resulta algo repelente desde el momento que aparece. De hecho, su tía cae incluso mejor a lo largo de la cinta a pesar de que en su primera aparición parece que va a ser el personaje odioso. Los malos están bastante bien, pero es cierto que a ambos se les podía haber dado más metraje, porque son los más interesantes junto a los otros dos personajes ya nombrados.

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