Crítica de la película Día de Lluvia en Nueva York

Woody Allen regresa con una simpática comedia romántica.

Alejado de sus mejores trabajos, por supuesto, como hace ya mucho tiempo, pero siempre sabiendo componer un retrato pintoresco y divertido de un grupo de extravagantes personajes que, como es habitual, tiene a un brillante grupo de actores dando vida a los mismos. Día de Lluvia en Nueva York no pasará a ser la mejor película del año, pero agradará a los fans del director y guionista (que quizá no sean tantos después de tanto escándalo hace no mucho tiempo) al mismo tiempo que da un pequeño oasis entre tanto estreno superlativo para aquellos que desean embarcarse en una aventura mucho más modesta y sencilla. No todo tienen que ser blockbusters, ni películas de más de dos horas. 90 minutos necesita el director para demostrárnoslo.

Una joven pareja se embarca en un viaje un fin de semana a Nueva York. Son universitarios y están enamorados, dispuestos a vivir una romántica experiencia en la gran ciudad, hogar del chico. Pero a su llegada un encargo del periódico universitario, les separa, y el tiempo además no acompaña, por lo que su primer día en Nueva York se convierte en un viaje por la ciudad al encuentro de personajes completamente disparatados… o quizá no. Quizá en ese viaje encuentren aquello que les falta en sus vidas, el sentido de un mundo mucho más coherente dentro de la lluvia y el cielo gris. Quizá el destino les sorprenda o quizá el destino no exista y ambos descubran que son sus propias decisiones las que les llevan de un rincón a otro, aunque no lo parezca.

Crítica de la película Noche de bodas

Imaginativo aquelarre familiar, con el que Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett narran lo disparatada y gore que puede llegar a ser una celebración matrimonial.

Según las supersticiones populares, los cuchillos son concebidos como armas capaces de acabar prematuramente con las uniones maritales. Por eso, quien encuentre estos utensilios de cocina entre sus regalos de boda, debe dar una moneda (no se especifica la valía de la misma) a quien se haya atrevido a incluir semejantes artefactos en la lista de obsequios. De esta manera, este acto será concebido por los espíritus del amor eterno como una compra, y no como parte de los gifts nupciales. Este comportamiento puede parecer neurótico, pero tal vez habría restado algo de hemoglobina derramada, a la incauta protagonista de Noche de bodas.

Con cuchillos o sin ellos, Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett toman de manera literal lo del sangrado que supone un convite matrimonial, y lo convierten en una cacería humana de inusitadas consecuencias.

La trama arranca con la ilusionada Grace (Samara Weaving): una chica que está a punto de hacer efectivo su enlace con Alex Le Domas (Mark O’Brien), el benjamín de una poderosa y excéntrica familia estadounidense. El clan parece salido de un reality de Cuatro, con sus peleas internas y sus salidas de tono cercanas a la paranoia surrealista. Pero Grace está decidida a pasar por alto toda la parafernalia previa a la luna de miel. Sin embargo, tales preliminares ocultan un desenlace inesperado, cuando el patriarca de los Le Domas propone a la novia escoger un juego de distracción nocturna. Al parecer se trata de una tradición que mantienen desde los tiempos del fundador del clan, por lo que la ingenua mujer vestida de blanco accede a la propuesta. El lúdico pasatiempo que sale elegido por azar es el del escondite; algo que resulta un poco infantil a primera vista, pero que se convierte en una actividad peligrosa y macabra, cuando la chica descubre que los Le Domas se proponen acabar con su vida, en caso de que la encuentren antes del amanecer.

Crítica de la película Abuelos

Simpática y sentimental comedia de Santiago Requejo, con la que pretende defender el protagonismo social de los mayores de cincuenta y cinco años..

A primera vista, Abuelos puede parecer una película reivindicativa; destinada a luchar contra la marginación profesional que sufre el colectivo de los que ya peinan canas. Sin embargo, esta realidad queda pronto superada por un guion que toca temas diferentes, no siempre relacionados con el ámbito de la obsolescencia laboral.

La historia comienza con un comercial en paro, llamado Isidro (Carlos Iglesias). Este individuo siente que su mundo se ha acabado, y que sus habilidades en el campo de las ventas están oxidadas. Así lo experimenta en las extrañas entrevistas de trabajo a las que acude, donde la técnica del brainstorming es más importante que exponer los méritos curriculares. Este hecho lleva al angustiado y entristecido Isidro a solicitar la ayuda de sus amigos, Arturo (Roberto Álvarez) y Desiderio (Ramón Barea); y juntos deciden idear un negocio que suponen de éxito inmediato: una guardería que permita a los padres tener acceso a sus hijos en todo momento, al tiempo que desarrollan sus actividades laborales. Los tres se empeñan a fondo en su proyecto, pero las situaciones de Arturo y Roberto son muy diferentes a la de su compañero. Arturo es un novelista de éxito, que es considerado un experto en el universo femenino. Una pose que el escritor pierde momentáneamente, cuando una supuesta hija y su pequeña acuden a él, para pasar unos días en su apartamento. Por su parte, Desiderio es un jubilado que ansía profundamente ser abuelo, pero cuyo vástago se niega a concederle este simple anhelo.

Crítica de la película Paradise Hills

Curiosa versión revisionista de los cuentos de hadas y brujas con mensaje incluido.

El mensaje es un tanto obvio, pero no por ello deja de ser eficaz como entretenimiento. La película recoge el testigo de la corriente de revisionismo de las fábulas sobre adolescentes que pueblan la fantasía más reciente, pero, y eso es lo más interesante de la propuesta, aciertan a mezclarlas con un punto de revisión de los mensajes de los cuentos infantiles tradicionales. Añadiendo pinceladas de ciencia ficción y de terror, sobre todo en el tercer acto de su fábula, la película consigue mantener un buen ritmo como propuesta de intriga. Recuerda por un lado los cuentos de Grimm y Andersen y pone en cuestión hábilmente y de forma siniestra desde su primera secuencia de canción-baile-boda todas las fábulas y parafernalia de las tradicionales princesitas Disney, Cenicienta y sus colegas. El puntito sado-maso de la máscara y la letra de la canción dan muy  mal rollo aunque no seas ni adolescente ni fémina ni te vayas a casar, lo cual es un punto positivo a favor para la dirección y el guión de la película, muy bien llevada en general en todo el metraje. Creo que atrapa a todo tipo de público por su construcción de la intriga y su ritmo.

Crítica de la película Joker - Guason

La mejor película del año. Joaquin Phoenix está inmenso. Todos somos Joker.

Le pongo cinco estrellas. Me faltan estrellas para ponerle. Le pondría diez si me dejaran. Es la mejor película no solo de este año sino de los últimos años.

El logo de la productora con el que arranca la película es ya en sí mismo toda una declaración de principios sobre lo que vamos a ver a continuación: el retorno del gran cine que los grandes estudios cultivaban allá por los años setenta, cuando pensaban en la calidad, buscaban a su público con más respeto por el público, y no se volcaban en la sobrexplotación de franquicias, secuelas, etcétera.

Joker lleva en su seno a modo de influencia muchos buenos momentos de gran cine de los años setenta y alguno que otro de los años ochenta. Arranca con poderosos ecos que recuerdan Taxi Driver, pero no tara en revelarse como un descenso a la locura del nivel de El resplandor. Una de sus secuencias, el encuentro del protagonista con Wayne en el lavabo, me ha recordado aquel otro momento, también de revelación y que hace avanzar la historia, o lo que es lo mismo, al protagonista hacia la locura, en el que el protagonista de El resplandor se encontraba con el antiguo guarda el hotel Overlord. Y en las secuencias del metro se respira todo el aroma de las buenas películas policíacas que nos servía el cine de los setenta en el marco de la producción comercial de los grandes estudios, tipo The French Connection.

Crítica de la película El crack cero

Precuela nostálgica dominada por el talento de Carlos Santos y Pedro Casablanc.

José Luis Garci vuelve sobre sus pasos, quizá en exceso, en un ejercicio que entra con frecuencia en el escabroso territorio de la cita y la autocita. En su empeño por hacer un homenaje a claves estéticas y visuales de la novela y el cine negro más clásicos resulta comparativamente mucho más fría y cerrada que los dos precedentes de las pesquisas del detective Germán Areta protagonizados por Alfredo Landa.

Garci resuelve su precuela de El Crack mayoritariamente en interiores, con mucho diálogo y algunos giros de la palabra que se resisten al oído del espectador. Ejerce su legítimo derecho a homenajear visualmente la sencillez de planificación del policiaco estadounidense de los cuarenta, pero busca el camino de la tragedia cotidiana en cada frase con demasiado empeño y unos diálogos que se les resisten a algunos de sus actores. Son víctimas de un intento de replicar los cuchillos afilados que hacían vibrar al espectador saltando de un lado a otro entre los personajes del cine negroclásico, pero que necesitan una puesta a punto.

Crítica de la película Joker

Sin duda una de las grandes películas del año, del género y de DC.

Y no, no voy a entrar en ningún caso, en la polémica de si se trata del mejor Joker o Ledger era mejor, o quizá Nicholson. Este es el Joker de Joaquin Phoenix, que bebe de otras fuentes, claro, pero tiene personalidad suficiente como para no discutir si es mejor o peor que aquel. Mucho más interesante es el mensaje sobre la violencia o la situación del mundo, al borde del caos y de explotar. La Gotham que presenta Joker es una ciudad al borde del abismo, y nuestro payaso favorito tiene la clave para hacer que salte. Y no porque busque una revolución. No. Él quiere hacer reír. Es un agente del caos, lo que busca es reconocimiento, en su enorme narcisismo y como psicópata capaz de acabar con el mundo tal y como lo conocemos.

Es una historia sobre el origen de Joker, pero no es la historia que creemos. No es una película de acción ni de intriga, aunque tiene varios giros maravillosos que es mejor no revelar ni aquí ni en ningún otro lado. Lo más decente es dejar que la gente disfrute por sí misma y se encargue de dejar a los demás disfrutar con las sorpresas y los giros de guión de algo que se acerca al drama, pero que, como bien nos recuerda el personaje, sigue siendo una comedia. Una muy negra, muy violenta y completamente incorrecta. Pero comedia al fin y al cabo. Cómo este pequeño hombre, de voz casi imperceptible, con millones de problemas y cargas, con su peculiar relación con su madre (que recuerda a Bates Motel por momentos) acaba convirtiéndose en Joker. No, no es el camino a convertirse en un héroe, o antihéroe, o en alguien que organiza voluntariamente una revolución. Es el origen de un villano, posiblemente el mejor villano de todos.

Crítica de la película Géminis

Entretenida. Técnicamente curiosa. Visualmente atractiva. Guión tópico.

Lo primero que quiero aclarar es que en lo visual pienso que es un buen espectáculo para ver en cine. Pantalla grande y tal. Ang Lee sabe dominar ese nuevo aporte técnico con una solidez que puntúa a favor del espectáculo. Hay poco que criticar y mucho que valorar en ese terreno. Lee cumple. Y la acción funciona.

Otro asunto es la historia. El guión y los diálogos son un explotación de tópicos. Todo es muy previsible y sin aportes nuevos a la fórmula argumental que aplican. Es una sucesión de esquemas ya mejor explotados en sagas como la de Jason Bourne o Misión imposible. Y en su conjunto remite a los esquemas argumentales muy manidos del cine de acción de los años noventa.

A su favor cuenta con los actores para defender con solidez incluso las propuestas, frases, momentos y topicos más sonrrojantes de su guión y diálogo. Le ponen vida a personajes que son recortables, bocetos sin desarrollo, sin viaje en sus historias. Y así podemos digerir esa sistemática sucesión de previsibilidad que habita toda la película.

Crítica de la película Mientras dure la guerra

Amenábar vuelve con su mejor película y un reparto de gigantes.

Amenábar y sus actores se crecen, se agigantan, adquieren tamaño y forma de gran cine tratando una materia prima difícil en una de las mejores películas sobre la Guerra Civil que ha rodado el cine español.

Más allá de lo que cada cual piense sobre lo que en la película se cuenta. Más allá de lo que nos recuerde a cada uno este fresco histórico sobre las propias historias de nuestra familia, para bien o para mal, y más allá de lo que a unos y a otros pueda parecerles desde su personal punto de vista la visión de los acontecimientos y personajes que aparece en la pantalla, resulta difícil ponerle pegas a esta película desde la objetividad.

Crítica de la película RAMBO Last Blood

Lástima: no empieza a ser realmente Rambo hasta los 20 minutos finales.

Después de una larga espera y las buenas vibraciones que como disparate de acción nos dejó la cuarta película de la saga, Rambo: Last Blood me deja una sensación agridulce de desperdicio de reparto por guión flojo y que además en su primera parte aplaza la acción a que nos tiene acostumbrados la saga en sus entregas anteriores.

El problema añadido es que esa primera parte, la más emotiva -forzadamente emotiva, todo hay que decirlo-, aborda un tema serio, un asunto tan grave y trágico como la trata de blancas, y eso encaja mal con el tipo de disparate de acción y aventuras que siempre ha propuesto el tipo de propuestas que protagoniza este icónico personaje.

Es una pena porque sin duda la película esporádicamente en su primer y segundo acto y totalmente en el tercer acto, entra en el juego de lo que esperan los espectadores de la saga de Rambo, e incluso incluye un desenlace que es la acción más brutal del protagonista en sus cinco aventuras cinematográficas.

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