Hayden Christensen recupera parte de la agilidad física que mostró en Star Wars, en esta entretenida película que dirige el debutante Nick Powell.

Aventuras de capa y espada, paisajes exóticos, soldados marcados por luchas interiores y amores prohibidos… Todos estos elementos conforman el guion escrito por el británico James Dormer, y que traslada a imágenes el antiguo especialista Nick Powell. Un aprendizaje por el camino de la acción sin tregua que se deja notar desde la primera escena de Desterrado, y que arropa con determinación la evolución de la historia.

Ante una propuesta semejante, el cineasta novel tiene el acierto de escoger como protagonista a Hayden Christensen: un actor capaz de mezclar en adecuadas dosis la coordinación en los combates, y la amargura intensa de un papel marcado por los fantasmas del pasado. El joven Darth Vader consigue crear una interpretación bastante verosímil de un cruzado en busca de un poco de redención, lastrado por su afición al opio y con problemas para olvidar toda la sangre derramada por mandato de la Iglesia.

Junto a él, Nicolas Cage ayuda a enfatizar el carácter introspectivo de un filme destinado a entretener, más allá de consideraciones filosóficas e incluso de realismo histórico.

Ambientada en el siglo XII, la trama de la cinta de Powell sigue las vicisitudes de un guerrero católico, al que la muerte de un grupo de mujeres y niños en una de sus batallas le abre un profundo sentimiento de culpa. Perdido en sus divagaciones mentales, Jacob (Hayden Christensen) viaja a China, donde encuentra a una princesa y a su hermano, mientras son perseguidos por el ejército del pariente que ha usurpado el trono.

Sin saber por qué, el occidental pone su espada al servicio del legítimo rey y de su sister, que huyen para salvar la vida. Y los tres unidos experimentan una odisea en la que todos hallan algunas de las respuestas que estaban anhelando desentrañar al principio de la película.

Grabada en escenarios naturales, Desterrado es una obra que mantiene al espectador pegado a la butaca, desde los títulos de crédito hasta el final; y lo hace sin excesivos giros ni trampas argumentales, y con una facilidad narrativa en pos de la diversión.

A tal efecto, Christensen recupera parte del arsenal de movimientos aprendidos tras su participación en Star Wars, y los expone sin problemas en la piel de Jacob, al que construye con un conjunto de sentimientos encontrados, en los que no falta el enamoramiento hacia la princesa Lian (encarnada convincentemente por la veinteañera Yifei Liu).

Por su lado, Nicolas Cage ofrece una actuación algo más contenida de lo habitual, aunque su gestualidad un tanto excesiva no se nota demasiado ante la consistencia del complemento activo del filme.

Estos presupuestos convierten a Desterrado en una movie con aroma a cine pretérito, cuando los cruzados campaban por las pantallas para enseñar sus heridas y la incomprensión frente a la idea de matar por una supuesta salvación de almas.

No obstante, y pese a sus eficaces resultados, resulta extraño que el largometraje haya sido estrenado en tan pocas salas. Un defecto de la exhibición en España demasiado habitual en los últimos tiempos.

Jesús Martín

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