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Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Crítica de la película Cuestión de justicia

Michael B. Jordan salva una repetitiva película de juicios

El cine de tribunales y hechos reales empieza a asomar las orejas en la cartelera como ocurre cada año en estas fechas cuando se cumple el tiempo límite para estrenar película que pueda optar a los premios del año y jugar la baza de la denuncia social como clave argumental para repetir fórmulas genéricas que van necesitando cierta renovación.

Cuestión de justicia es un buen ejemplo de ello. Es repetitiva y a ratos un puntito telefílmica, sino por ello dejar de ser sólida dentro de la repetición de la fórmula en la que se desarrolla. Esa solidez se la presta en primer lugar su protagonista, Michael B. Jordan, que demuestra que puede hacerse con todo tipo de papeles y reniega con fuerza de todo encasillamiento, demostrando que estamos ante un actor todoterreno que puede meterse en cualquier proyecto y darle brillo con su trabajo. Lo hemos visto ya en suficientes registros como para que eso quede puesto de manifiesto, pero su papel como el joven abogado de este largometraje, basado además en un personaje real, lo confirma.

Crítica de la película Aguas oscuras

Inquietante y muy bien dirigida película de intriga sobre caso real.

Todd Haynes nos cuenta con gran habilidad y personalidad una trama de intriga corporativa y envenenamiento de la población que aún siguiendo cuidadosamente los pasos de este tipo de películas de denuncia y fórmula del viaje del héroe, gana puntos por el trabajo de dirección. Está muy bien contada y con un muy buen ritmo. No llega a tener el gancho de Spotlight, pero engancha por su solidez a la hora de plantearse un relato que fácilmente podría haberla llevado al lenguaje visual del telefilme o hacerla perecer en las aguas del tópico.

Hay muchas películas que pueden haber abordado temas similares al que aquí se nos cuenta, pero Haynes le aporta un juego visual a su propuesta que le hace ganar distancia de las mismas. Le pasa lo contrario que a Cuestión de justicia, que partiendo de un caso real pierde fuerza al entregarse a una fórmula a medio camino entre la denuncia temática del abuso racista y la pena de muerte y la entrega a la fórmula de intriga típica de las novelas de John Grisham. Nada de eso ocurre en este caso porque Haynes consigue desarrollar una propuesta muy seria, y por tanto inquietante, siguiendo el recorrido de la fórmula, cierto, pero sin entregarse al tópico.

Crítica de la película Bad Boys for life

La mejor de toda la franquicia. Divertida y cumple bien con su cometido.

Las paradojas del cine: ha hecho falta que Michael Bay no dirigiera esta entrega para que sea la más sólida de las tres que ahora mismo integran la saga, con el guión mas solvente, haciendo el mejor uso posible de las características de la franquicia, y añadiendo con acierto el elemento del grupo de jóvenes policías.

A los protagonistas les sienta bien envejecer en esta tercera entrega que cuenta con el mejor Martin Lawrence de toda la saga y curiosamente le da más protagonismo y peso que en las anteriores, dejando que sea el motor de la película en muchos momentos, sirviendo para refrescar la propuesta en los momentos en que podría resultar reiterativa.

Crítica de la película 1917

Sam Mendes nos sumerge en la Primera Guerra Mundial con brillantez.

1917 llega a España en 2020 pero es una de las películas que debería estar muy presente en las listas de premios anuales de 2019. Es brillante, y en nuestra cartelera figura ya en mi lista como una de las mejores películas de 2020.

Mendes acierta a articular visualmente su película de viaje por los paisajes de la Primera Guerra Mundial sobre el plano secuencia, dado que solo así podía mostrar esta fábula antibelicista cubierta con el manto de la metáfora y que en todo momento apuesta por la vida frente a la muerte en una forma absolutamente inmersiva para el espectador.

Además sobresale en la forma en que truca los planos secuencia que se constituyen como su principal herramienta para meternos de cabeza en las trincheras, partiendo de una secuencia inicial bucólica, de paz absoluta, en la que dos soldados que van a ser nuestros guías por el infierno de la Gran Guerra, dormitan. Desde ese primer momento empieza a imponerse el dominio del lenguaje del director. Incluso nos marca cual de los dos es el protagonista de su historia, que es la de un héroe en clave de redentor que “muere” varias veces a lo largo de su viaje y desde esos sacrificios se convierte en un dador de vida, no un repartidor de muerte.

Crítica de la película El Faro

Una de las mejores y más atrevidas y estimulantes de este año.

Robert Eggers ha vuelto a hacerlo. Ya me sorprendió muy positivamente con su manera de afrontar el género de lo inquietante en La bruja y repite la jugada ahora, mejorándola, con El faro.

La película es un auténtico toque de autoridad en la cartelera. Sin concesiones. Imponiéndose al espectador con brillante solidez desde la pantalla en negro y el juego con el sonido que abre el relato antes incluso de que aparezca una sola imagen. Escuchamos ahí la voz del faro. Ese sonido que nos acompañará como un personaje más, el propio faro, en este viaje de pesadilla que compartimos desde la primera secuencia. Los protagonistas en la gabarra, de espaldas a la cámara, comprimidos en un espacio exiguo. La decisión de presentar la historia en una relación de aspecto de 1.19:1 que prácticamente convierte la imagen a proyectar en un cuadrado, comprimiendo más a los personajes contra las fronteras del encuadre, anticipa la claustrofobia que va a acompañarnos el resto de la proyección como a los propios protagonistas.

Crítica de la película Richard Jewell

Una de las mejores películas de Clint Eastwood en los últimos años.

Mejor que 15:17 Tren a Paris, este largometraje no supera a El francotirador, pero se sitúa entre las mejores realizaciones del director en los últimos años, desde que comenzara su ciclo sobre el heroísmo, al que esta película pertenece claramente junto con las dos citadas y Sully. Los héroes y su gestación, así como las consecuencias del encumbramiento al pedestal de lo heroico han sido tema de la filmografía de Eastwood desde siempre, pero adquieren mayor protagonismo temático en la misma desde que iniciara el ciclo con Las banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima. Y entre las películas citadas, tocadas todas ellas por un poso de amargura que acosa a sus personajes a lo largo de todo el viaje heroico que traza para ellos Eastwood, pienso que Richard Jewell es como un punto final, o al menos la vuelta de tuerca más amarga del asunto heroico. En ella además Eastwood se muestra más duro que nunca con la facilidad que tiene la sociedad estadounidense para encumbrar y derribar a velocidad de vértigo a sus héroes.

Crítica de la película El oficial y el espía

Vuelve el mejor Polanski con una de las películas más interesantes de su filmografía.

Roman Polanski se saca la espina de su resbalón en Basada en hechos reales, su último trabajo con El oficial y el espía. Nos propone en la misma, ni más ni menos, el regreso de las mejores características de su manera de entender el cine. Y trabaja sin complejos, sin dejarse atrapar en laberinto de los acontecimientos reales, con un suceso que conmocionó a la sociedad francesa y la dejó tan marcada que todavía hoy sirve como materia prima para dar lugar a una reflexión muy actual sobre la libertad de expresión y el abuso de autoridad.

El tema de la corrupción que rodeó el complejo laberinto de conspiración teñido de antisemitismo en el caso Dreyfus, sirve a Polanski para proponernos en primer lugar una fábula de intriga tan bien construida y visualmente acertada como la que habita en algunas de sus mejores películas. Piensen en Chinatown y tendrán una variante de esa intriga de homenaje al cine negro clásico trasladada al territorio de la reconstrucción histórica que el director clavó en otro de los grandes títulos de su cosecha personal, Tess.

Crítica de la película Star Wars. El Ascenso de Skywalker

Decepcionante desenlace de la trilogía y lastre para toda la saga.

El episodio IX de Star Wars hace buenos lo episodios I, II y III de Lucas y destruye inútilmente la mítica de los episodios IV, V y VI. La mitología galáctica de Lucas sale muy maltratada de El ascenso de Skywalker, que sin duda es inferior a sus dos predecesoras, El despertar de la fuerza y Los últimos jedi.

Su principal problema es el guión. Inconsistente, se contradice a sí mismo continuamente. Pincha en el desarrollo final del arco de Rey, que queda muy maltratada en esta tercera película, desembocando en un sonrrojante momento estilo La Bella Durmiente que desdice las propuestas de empoderamiento que pudieran manejarse para el personaje en las dos entregas anteriores. Lo mismo ocurre con Poe Dameron y Finn. Ninguno de los dos llega a eclosionar. Abrams vuelve una y otra vez sobre la fórmula de tensión sexual no resuelta, en clave tragedia, entre Rey y Kylo Ren acaba por engullirlo todo. Y ni siquiera sobre ese asunto esta película nos añade nada que no estuviera ya en las anteriores. Es una fórmula estancada que produce paulatino estancamiento en todo lo demás, un auténtico agujero negro de guión que lo engulle todo, impide el desarrollo de todos los demás personajes, causa el caos en la construcción de la épica de la trilogía, y de paso devora incluso a los personajes clásicos de la saga, que en esta ocasión, más que en las dos películas anteriores, quedan reducidos a meros cameos oportunistas.

Crítica de la película Espías con disfraz

Entretenida y visualmente bien diseñada, le falla el guión.

Arropada en un diseño de personajes y ambientes que es lo mejor de su propuesta, funciona durante su primera parte bien de ritmo, pero le sobra algo de metraje. Alguna persecución podría haberse acortado. Es sobre todo acción, pero con poco nulo desarrollo de personajes más allá de lo elemental, con un empeño en seguir las claves habituales del cine de animación más repetitivo tanto en su empeño de transmisión de “valores”. Lo visual gana la partida sobre lo narrativo, pero el resultado de ello es que el nivel de su guión es de capítulo de serie de animación televisiva.

En esa línea, no explota realmente mucho potencial cómico que tienen las situaciones, salvo en su arranque, cuando los chistes se acumulan para construir un puzle de parodia del género de espionaje y el blockbuster de acción que debería haber sido el plato fuerte de la propuesta. En lugar de eso, que le funciona bien, se pierde intentando construir en torno al personaje del joven inventor y su anhelo por ser aceptado todo el corazón del argumento. Incorporan así al mismo un lastre importante: le sobra purpurina, buenrrollismo y chistes de gatitos.

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