La película de Warner Bros. Que dirigirá Taika Waititi y que produce Leonardo DiCaprio, llegará a los cines norteamericanos el 21 de Mayo de 2021, dentro de dos años.

Es una de las adaptaciones más mencionadas de la historia. El manga de Katsuhiro Otomo y la brillante película de animación de 1988 han estado en el punto de mira de Hollywood durante muchos años, aunque parecía que, tras los fiascos comerciales de Alita, en menor medida, Dragon Ball o Ghost in the Shell, en Hollywood se lo iban a pensar un poco antes de lanzarse a por otra adaptación de un manga o anime. Pero no parece que vaya a pasar.

Trailer de Érase una vez en Hollywood dirigida por Quentin Tarantino y protagonizada por Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Margot Robbie.


Una carta de amor a un cine y una época desaparecida mucho tiempo atrás. Eso parece dejarnos el primer tráiler de Once Upon a Time in Hollywood, la novena película del cineasta Quentin Tarantino, que cuenta como líderes de su reparto con Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Margot Robbie, esta última dando vida a Sharon Tate, quien fuese asesinada junto a sus invitados por los seguidores de Charles Manson. Y aunque la película contará la historia de esa fatídica noche, el trailer nos muestra también la historia de otro Hollywood, de un mundo distinto al Hollywood de nuestros días, de la era dorada del western en televisión, del auge de estrellas como Bruce Lee, con mucho humor pero también con un toque de nostalgia que se concreta en esa escena final de DiCaprio emocionado.En cines 15 de agosto

El actor protagonista de El Renacido, negocia en estos momentos protagonizar la nueva película del cineasta mexicano, un remake del clásico de 1947 El Callejón de las Almas Perdidas.

El proyecto ya tiene de por sí elementos que interesan, aunque sea una nueva pieza de esa máquina de hacer remake y similares en que se ha convertido Hollywood. Nightmare Alley es un remake de El Callejón de las Almas Perdidas, película basada en la novela de William Lindsay Gresham y protagonizada por Tyrone Power y Joan Blondell.

Crítica de la película Atrápame si puedes 

Una película simpática que demuestra que la realidad siempre supera la ficción

En el año 2002 llegó a los cines “Atrápame si puedes”, una película en principio cómica dirigida por el gran Steven Spielberg y que está basada en hechos reales sobre la vida de Frank Abagnale Jr., un falsificador e impostor que durante más de cinco años consiguió burlar al FBI haciéndose pasar por piloto de una línea aérea, médico o abogado. La película está cargada de comedia y de situaciones hilarantes que a veces cuesta creer que fueran reales al ver lo fácil que este adolescente conseguía “pegarse la vida padre” viajando por el mundo rodeado de mujeres bellísimas sin dar un palo al agua… Al más puro estilo James Bond pero en plan pícaro.

Sin embargo, detrás de toda esa comedia también hay mucho drama, el cual está muy bien tratado en la película mostrándonos a un joven Frank (que no nos vamos a engañar, ya era un chiquillo bastante pillo) traumatizado por la inminente separación de sus padres, lo que provocó que en un momento dado decidiera abandonar su hogar para buscarse la vida falsificando cheques y creando identidades falsas tratando de alejarse de su dolorosa realidad al romperse el núcleo familiar. Como bien diría el propio Abagnale (el auténtico) durante el rodaje: "Todas las noches que siguieron a un día brillante o a un día en que conocí a muchas mujeres y gané mucho dinero regresaba solo a mi habitación y pensaba en mis padres, fantaseando con el hecho de que volviesen a estar juntos. Luego lloraba. Es la justificación de una fantasía".

El actor Leonardo DiCaprio y el director Martin Scorsese vuelven a formar equipo para rodar Killers of the Flower Moon

Tras colaborar juntos en películas como El Lobo de Wall Street, El Aviador, Infiltrados o, Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese vuelven a la carga para protagonizar y dirigir, respectivamente, Killers of the Flower Moon, proyecto al que habían estado ligados de forma inconcreta desde 2016, cuando Imperative se hizo con los derechos del libro en que se basa la película.

El renacido. Una de las diez mejores del año. Imprescindible.

Hacía años que una película no conseguía meterme tanto en el centro de la acción y me demostraba tan claramente por qué el cine hay que verlo en el cine en primer lugar, en la pantalla más grande que podamos encontrar.

En los primeros minutos de El renacido me sentí preso de un sentimiento de cinefilia reverencial, pleno de satisfacción ante el gran espectáculo del cine, exactamente igual que el día que asistí al estreno en España de Apocalypse Now, de Francis Coppola.

Creo que eso deja bastante clara mi impresión sobre la película.

Crítica de la película El lobo de Wall Street de Martin Scorsese con Leonardo DiCaprio

El lobo de Wall Street. Scorsese borda una sátira a ritmo frenético en una de sus mejores películas.

La han criticado mucho. Lógico. Especialmente en Wall Street. No gusta esta versión descarnada, brutal, cruel, sin concesiones, de cómo se construyen las grandes fortunas, los tejemanejes de la Bolsa, la economía de farsa y engaño y todos esos excesos dignos de la decadencia del Imperio romano que nos han llevado hasta la crisis devastadora para tantas vidas que hoy sufrimos los mismos de siempre mientras los otros mismos de siempre se siguen forrando a nuestra costa y presentan anualmente cuentas de beneficios astronómicas.

Martin Scorsese mete el dedo en la llaga y, claro, eso resulta molesto. Especialmente porque lo hace sin falso melodramatismo de salón, sin lágrimas de cocodrilo, sin mensaje buenrrollista. Muy al contrario. Su última película es un disparate con el que ilustra ese otro disparate pero sin rasgarse las vestiduras, esto es, sin subirse al púlpito y pontificar como hacen otros. Muy al contrario: Scorsese nos hace partícipes como espectadores de ese disparate en todo momento, hasta el punto de que al acabar la proyección de su película, que alcanza un metraje próximo a las tres horas pero pasa rauda y veloz ante nuestras córneas como si sólo durara hora y media merced a su endemoniado ritmo de orgía continua, estamos tan exhaustos como los propios protagonistas, tal y como si hubiéramos participado en esa orgía de sexo, drogas y excesos personalmente. Scorsese consigue con El lobo de Wall Street un ritmo y una complicidad del espectador que consigue los mismos resultados e incluso supera la de los videojuegos de guerra en primera persona. Desde la primera secuencia de su película estamos ahí dentro, en la pantalla, somos los invitados del protagonista interpretado por Leonardo Di Caprio mirando a cámara y hablando con el espectador desde el primer momento como una especie de paso más allá de la ruptura de la cuarta pared, llevando hasta las últimas consecuencias el camino que Scorsese iniciara ya en el arranque de su carrera con los diálogos airados y desafiantes de Harvey Keitel con Dios en Malas calles, el monólogo de Travis De Niro ante el espejo en Taxi Driver, las confesiones en clave de comedia de Jake La Mota en Toro salvaje o el monólogo de Ray Liotta en Uno de los nuestros. Jordan Belfort, el sinvergüenza pícaro y seductor que interpreta Di Caprio, nos sirve como cicerone y guía en su mundo de depravación, triunfo y decadencia desde el primer momento, mostrándonos el lado más enloquecido de la doctrina del “hombre hecho a sí mismo” a ritmo de esperpento (los enanos lanzados contra las dianas, la joven secretaria que acepta raparse el pelo al cero a cambio de dinero…). Y cuando terminamos ese viaje de casi tres horas por su triunfo y caída, que por otra parte es la versión más irreflexiva y caótica de los descensos al infierno de los antihéroes de Scorsese, en coherencia con el relato basado en hechos reales que nos está contando y la personalidad volcánica, caótica e imprevisible de su protagonista, el director hace su jugada maestra, definitiva, y nos señala a todos con el dedo con ese plano del público crédulo capaz de dejarse engañar continuamente por la misma gentuza y con los mismos trucos y mensajes absurdos que han hecho del abominable mensaje “persigue tus sueños”, los libros de autoayuda y la teletienda tres de las más repugnantes muestras de la farsa en la que se han convertido nuestras vidas.

Lo que Scorsese nos dice en ese plano final y en general en toda El lobo de Wall Street, es que nosotros somos cómplices de esa farsa porque, como los clientes de Belfort y las víctimas del timo de la estampita que practicaban Tony Leblanc y Antonio Ozores en los aledaños de la madrileña estación de Atocha en una de las escenas más cómicas de Los tramposos (Pedro Lazaga, 1959), somos codiciosos, tan codiciosos que estamos incluso dispuestos a engañarnos a nosotros mismos y dejarnos engañar con tal de dar de comer a nuestros sueños de fortuna y gloria. Por eso Scorsese hace un notable trabajo de montaje y planificación para invitarnos  y hacernos partícipes de las orgías y excesos de Belfort y nos convierte en sus cómplices desde el primer minuto de proyección. Incluso el único personaje ético de su historia, el agente del FBI interpretado por Kyle Chandler, tiene ese momento final de regreso a casa en el metro en el que comparte con nosotros a través de una simple mirada a sus compañeros de vagón, una reflexión sobre si esa es realmente la vida que le gustaría vivir, y recuerda lo que le dijo Belfort/Di Caprio en su yate en una de las mejores secuencias de la película. ¿Acaso no nos gustaría a todos ser Jordan Belfort? Esa es la duda que Scorsese consigue sembrar en nuestras mentes, la misma duda que utiliza el propio Belfort y otros muchos vendedores de humos y sueños de nuestro tiempo para vaciarnos los bolsillos de sus víctimas de dinero.

Y todo eso lo hace Scorsese con el respaldo de un Leonardo Di Caprio imparable e impagable, secundado por el mejor trabajo que he visto de Jonah Hill y por la espectacular contribución de un elenco de secundarios que capitanea la breve pero contundente aparición de Matthew McConaughey, seguido por las pinceladas que aportan a esta pintura sobre el caos Rob Reiner, John Bernthal, Jon Favreau, Jean Dujardin, el ya citado Kyle Chandler, Shea Whigam (el “hermano” de la serie Boardwalk Empire aparece poco pero deja su huella con ese personaje de capitán de barco con la personalidad totalmente secuestrada por el protagonista), Kenneth Choi (memorable su manera de solucionar el robo del dinero en casa del protagonista, estallando desde ese segundo plano de repente como si reclamara más protagonismo en la historia), la impresionante Margot Robbie, que es como una mezcla de Sofía Loren con Anita Ekberg, y Joanna Lumley.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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Crítica de la película Origen (Inception) de Christopher Nolan

Origen (por motivos del propio argumento me cuesta no llamarla por su nombre real, Inception), es sin duda la joya de la cartelera del verano. Una lección de cine total y envolvente que reinventa los códigos del relato de intriga y supera cualquier otra película de acción que hayamos visto este año. Origen es original, inteligente y sorprendente, y demuestra que Christopher Nolan es un cineasta imprescindible en estos tiempos en los cuales tantos de sus colegas se limitan a prodigarse en la repetición, la falta de originalidad y el exceso visual sin contenido.

Nolan no. Nolan sabe lo que hace. Es un maestro, como demostró con El caballero oscuro, y ésta película es una nueva prueba de ello. Habrá algunos desnortados y desnutridos de ideas propias que dejándose guiar cual rebaño de borregos por sus “guías espirituales” de la caverna “progre” e intelectualoide caigan en la misma trampa en la que ya cayeron a la hora de juzgar El caballero oscuro, y no viendo más allá de sus narices, se despisten y obvien todo el gran cine que lleva dentro esta maravilla de película  simplemente porque es una producción norteamericana.

Crítica de la película Shutter Island de Martin Scorsese

Impresionante es el mejor calificativo que  le cuadra al trabajo de dirección realizado por Martin Scorsese en Shutter Island, y  el mismo calificativo vale para su protagonista, Leonardo Di Caprio, que cada vez que se pone delante de una cámara deja en franca evidencia a muchos de los cromos y peluches de Hollywood que a base de lucir palmito se han abierto hueco entre las estrellas masculinas de nuestros días. Di Caprio sigue confirmándose como el actor con más talento de su generación y uno de los más competentes en cualquier tipo de registro entre los que actualmente circulan por Hollywood. No es extraño que Scorsese le haya elegido como socio creativo para esta etapa más reciente de su carrera, porque reúne todas las características de los buenos actores del cine clásico  que servidos sobradamente de talento podían permitirse el lujo de ser al mismo tiempo estrellas sin dejar de ser grandes actores, algo raro de ver en nuestros días.

Esa reunión de lo clásico y moderno, del cine más puro necesitado de la pantalla grande con las fórmulas narrativas de lo policíaco más innovadoras de nuestros días, aportadas a esta película por la novela de Dennis Lehane de la que parte, le permiten a Scorsese facturar con Shutter Island uno de sus mejores largometrajes de los últimos años, con el que ha conseguido encontrar ese camino de excelencia en la dirección de cine de suspense que se le escapó en la fallida El cabo del miedo.

Un ejemplo: la manera en la que nos presenta la primera visita a la celda de la paciente desaparecida, con un plano desde el suelo, luego en picado, luego con un montaje más rápido de planos más cortos que acaban por hacernos sentir confinados en esa celda que revisan Di Caprio y su compañero pistas.

Otro ejemplo, la forma en la que Scorsese muestra el interrogatorio de Di Caprio a Solando dentro de esa misma celda más tarde, una secuencia que acaba siendo intimista y lleva al director a jugar sobre el plano contra plano de ellos dos, sin abrir a planos de los otros personajes que están presentes en la celda, aunque Di Caprio mire en algún momento hacia ellos, porque es una secuencia esencial de máxima intimidad entre ambos personajes, y porque es un momento que al final se revelará como una de las muchas pistas sembradas a lo largo de todo el relato por el director para que entendamos que hemos estado viendo no una, sino dos películas distintas contenidas en la misma.

En ese mismo sentido llama también la atención el curioso ejercicio de arco de desarrollo de los personajes. El investigador interpretado por Di Caprio camina en un sentido contrario al progreso, crecimiento y desarrollo de los personajes que le rodean, todos ellos servidos por un reparto  perfectamente calibrado a modo de coro griego que acompaña esta terrorífica versión de lo que podría ser tanto el viaje del héroe como el recorrido por el laberinto mítico del legendario Teseo buscando las pistas que le conducirán hasta el Minotauro.

Aunque nos encontramos, o creemos encontrarnos inicialmente en un relato policial con elegante estética de cine negro, a posteriori, una vez terminada la película, descubriremos que en realidad hemos estado habitando con el atribulado y un tanto sonambúlico Di Caprio en una pesadilla terrorífica digna del gabinete del Doctor Caligari o de El resplandor, obviamente salvando todas las distancias que separan la manera de contar de Scorsese y la manera de contar de Kubrick (aunque ambos compartan ese plano aéreo sobre el vehículo que se acerca al lugar de pesadilla, el hotel vacío en la primera y el sanatorio mental aislado en Shutter Island).

Al final queda en el aire la gran incógnita: ¿es mejor vivir como un monstruo o morir como un héroe? A través de la misma Scorsese nos está planteando un montón de preguntas sobre el mundo en el que vivimos y sobre cómo hemos elegido vivir nuestra existencia, pero al mismo tiempo está enlazando con algunos de los temas clave de su filmografía, repleta de monstruos y héroes desde que dirigió Malas calles. El dilema al que se enfrenta su protagonista en esta ocasión es el mismo que ha acompañado a todos los grandes personajes de su filmografía, desde Charlie en Malas calles y Travis en Taxi Driver a Jake La Motta en Toro Salvaje o Billy Costigan en Infiltrados. Shutter Island nos confirma una vez más que el tema central de la filmografía de Scorsese es la búsqueda de la redención, lo cual en un cine como el estadounidense, cuyas fábulas tienen tendencia a centrarse más la búsqueda del éxito, no sólo le honra, sino que le sitúa en un nivel o estadio superior como autor de una filmografía única que sigue siendo excepcional por la capacidad para ejercer como un tapiz repleto de matices que convierten casi todas sus películas no sólo en una escuela de cine en sí misma, sino en una especie de reto para el espectador que como recompensa por su trabajo en el puzle recibe la garantía de ver cómo la película crece con cada nuevo visionado.

Shutter Island es efectivamente una de esas películas que crecerá cada vez que volvamos a verla, revelándonos cosas que antes no habíamos advertido, proporcionándonos otras piezas de un puzle apasionante del que debo decir que por otra parte es la película que más miedo me ha dado de todas las que he visto en el último año.

Y cuando digo miedo, me refiero a miedo de verdad, no al sus fácil. Si alguien espera encontrarse aquí con el terror del “buhhh” que te hace saltar de la butaca, que busque en otro sitio.

En Shutter Island encontrará algo mucho más difícil de conseguir: el terror existencial que se va a casa contigo y te acompaña durante un tiempo como recordatorio de que todos somos humanos y estamos sometidos a los mismos miedos .  Por eso me parece una película de cinco estrellas, porque, en contra de lo que me comentó algún colega el otro día después de verla, no importa si me sorprende o no su desenlace. Su juego con la intriga o el suspense es otro completamente distinto, e igualmente eficaz, haya caído el espectador o no en las trampas que se le tienden a lo largo del relato.

Su final es sobradamente explicativo de lo que se pretendía en el resto del metraje.

Hacernos dudar.

O lo que es lo mismo: convertirnos en protagonistas de la pesadilla en un grado que sólo un gran director con una planificación impecable  puede conseguir.

No importa si desciframos o no, ni tampoco cuándo descifremos las claves del puzle: seguiremos estando igualmente atrapados por la película.

Eso es lo que la hace grande.

Miguel Juan Payán

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