Os presentamos el tráiler de AD ASTRA, la nueva película de James Gray protagonizada por Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Ruth Negga y Donald Sutherland.

AD ASTRA llegará próximamente a los cines

SINOPSIS

El astronauta Roy McBride (Brad Pitt) viaja a los límites exteriores del sistema solar para encontrar a su padre perdido y desentrañar un misterio que amenaza la supervivencia de nuestro planeta. Su viaje desvelará secretos que desafían la naturaleza de la existencia humana y nuestro lugar en el cosmos.

Director: James Gray

Productores: Brad Pitt, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, James Gray, Rodrigo Teixeira, Anthony Katagas

Guion: James Gray, Ethan Gross

Reparto: Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Ruth Negga, Donald Sutherland

Trailer de Érase una vez en Hollywood dirigida por Quentin Tarantino y protagonizada por Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Margot Robbie.


Una carta de amor a un cine y una época desaparecida mucho tiempo atrás. Eso parece dejarnos el primer tráiler de Once Upon a Time in Hollywood, la novena película del cineasta Quentin Tarantino, que cuenta como líderes de su reparto con Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Margot Robbie, esta última dando vida a Sharon Tate, quien fuese asesinada junto a sus invitados por los seguidores de Charles Manson. Y aunque la película contará la historia de esa fatídica noche, el trailer nos muestra también la historia de otro Hollywood, de un mundo distinto al Hollywood de nuestros días, de la era dorada del western en televisión, del auge de estrellas como Bruce Lee, con mucho humor pero también con un toque de nostalgia que se concreta en esa escena final de DiCaprio emocionado.En cines 15 de agosto

La secuela de la película Guerra Mundial Z protagonizada por Max Brooks en 2013 ha sido cancelada por Paramount al parecer.

La adaptación, por llamarlo de algún modo, de la novela de Max Brooks, Guerra Mundial Z, fue un éxito espectacular en todo el mundo. Dirigida por Marc Forster la película de 2013 es una de las más taquilleras en la carrera de Brad Pitt, habiendo conseguido más de 540millones de dólares en todo el mundo, pese a una complicadísima producción llena de problemas. La secuela no estuvo libre de problemas y el director inicialmente previsto, JA Bayona, dejó el proyecto para dirigir la secuela de Jurassic World, momento en el que Brad Pitt acudió a su amigo David Fincher para que se hiciese cargo de la película.

Crítica de la película Aliados de Robert Zemeckis con Brad Pitt

Romance competente que navega irregularmente entre el bélico y el espionaje.

Robert Zemeckis sigue su camino de visita de las fórmulas explotadas por el Hollywood clásico preparando un cóctel de romance con algunas pinceladas iniciales de cine de espionaje y unas gotas de cine bélico. Es tan eficaz como entretenimiento como suelen serlo sus películas, pero no alcanza el nivel de sus mejores logros como director, Forrest Gump o Náufrago.

Aliados juega con competencia, pero no acaba de explotar tanto como podría, la sinergia entre los géneros citados, principalmente porque, como le ocurriera a otros dos largometrajes de parecidas hechuras y contenidos, La calle del adiós (Peter Hyams, 1979) y Resplandor en la oscuridad (David Seltzer, 1992), que no obstante son inferiores, se empeña en reproducir casi como una postal la fórmula de hibridación de géneros y explotación de las estrellas que aplicara el Hollywood clásico. Esperaba más de un guión de Steven Knight, que está detrás de las teclas en joyas como la serie Peaky Blinders, o largometrajes como Promesas del este y Locke. El guión cae en su parte final en lo referido a interés y resuelve precipitadamente la incógnita que se plantea en la parte central de la película sobre la verdadera identidad de la protagonista. En su conjunto, Aliados es superior a las dos películas citadas, pero no rentabiliza los elementos de que dispone y es irregular en su ritmo y desarrollo.

Crítica de la película Guerra Mundial Z.

Los zombis adquieren cualidades épicas en esta espectacular película de aventuras.

Dos cosas que es preciso saber de Guerra Mundial Z, la película. La primera que es una de las películas más entretenidas que he visto este año. La segunda que conviene ir a verla quitándote de la cabeza tanto como puedas el libro de Max Brooks que la ha inspirado, Guerra Mundial Z. Ambos productos tienen en común el nombre y algo más, pero en ningún caso la adaptación que protagoniza Brad Pitt es fiel al original, ni tampoco lo pretende. Al menos en su totalidad, aunque sí se acerca más al original de la novela en toda su primera parte, apartándose de la misma más claramente en su tercer acto y desenlace.

Primero debe quedar claro que la novela de Max Broks es inadaptable al cine en formato de un solo largometraje, así que no es una sorpresa que los responsables de la película hayan adaptado el material original de la misma a otro formato. Frente a esa imposibilidad, había dos opciones. Primera: adaptar en una trilogía de largometrajes (en este caso sí que hay material literario original suficiente, al contrario de lo que ocurre con El hobbit de Tolkien). Segunda: darle el material a la HBO, o mejor Showtime, para que la convirtiera en una serie. Finalmente han optado por la tercera opción, hacer un híbrido que mantiene características esenciales del relato original (como el principio, el viaje a Corea, el tema de los barcos o el infierno en Israel, el avión), pero gira a una producción con desarrollo propio en los últimos compases de la que, visto el éxito comercial alcanzado por esta película, no es finalmente sino la primera entrega de una franquicia cinematográfica en toda regla que al menos contará con una segunda entrega, según deja claro el final abierto de la primera y las declaraciones de los artífices de la misma.

No hay nada de malo en ello porque, como digo, es muy entretenida y en su primera parte se mantiene el espíritu del original. Eso sí, desde el punto de vista de la construcción del ritmo de esta primera entrega creo que podrían haber organizado mejor los elementos de la misma para mantener un equilibrio de ritmo más adecuado durante el relato. Lo que ocurre me ha recordado lo que ocurría con Gladiator: mucha caña al principio, con la batalla, y en el centro, con las peleas en el circo… y un final menos cañero que todo eso.

Lo que ocurre en Guerra Mundial Z es algo parecido. Al principio es muy cañera, visualmente espectacular, y ha conducido al cine de zombis a un territorio que no había visitado el subgénero hasta el momento: la épica, tanto visual como argumental, con una historia que se desarrolla en varios continentes al mismo tiempo y lleva al protagonista de viaje a varios países, en plan detective siguiendo pistas para encontrar la manera de combatir a la epidemia de zombificación del planeta. Trepidante. E impresionante en muchos momentos.

Pero después del ataque en el avión, que además nos somete a uno de esos momentos de suspensión de la credibilidad del espectador derivados de la preocupante tendencia que parecen tener algunos guionistas para meterse en huertos de los que luego no saben salir, porque no pensaron en esa salida cuando les pegó un subidón de adrenalina pensando en lo chulo que podía quedar la secuencia en pantalla (y queda muy chula, lo garantizo, es de lo mejorcito de la película lo del avión, y épica total: Pitt con un par en plan Grupo salvaje y que sea lo que tenga que ser), la película parece cambiar de ritmo y de tono. Deja atrás la clave épica internacionalista para convertirse en una especie de guió, homenaje o copia del cine de zombis al que estamos más acostumbrados, el cocinado en espacios interiores, con pocos personaje y medios, económicamente más controlado (lo que supongo también fue un descanso para el presupuesto de la película, que a esas alturas, tras el despliegue del resto de su metraje inicial debía estar francamente exhausto), y con los muertos vivientes transformándose de las hordas en plan enjambre rabioso del primer y segundo acto del relato en un terror más cercano e individualizado.

Ese cambio puede pillar desprevenido a un público que aseguro durante la primera hora y media de película ha sido sometido a un bombardeo de imágenes espectaculares. Afortunadamente hay un impagable chiste con el product placecement y las peripecias de laboratorio, laberinto y muertos vivientes que vive Pitt en esa fase final del relato incluyen suficiente intriga para mantener al personal entretenido, aunque el cambio de ritmo, por otra parte perfectamente evitable, porque en la novela de Brooks hay recursos suficientes para haber incorporado una escena final de retorno a la épica y el impacto visual que hiciera honor a los logros de la primera mitad de la película. Aunque, claro, eso habría requerido un esfuerzo final de inversión. Esto transmite una cierta sensación de desazón en el público por lo que habría podido ser y no fue. Como digo, no es tanto tema de presupuesto como de contrucción del propio proyecto y del guión del mismo. Si empiezas tan cañero, tienes que acabar igual de cañero. Habría bastado con reservarse parte de la inversión aplicada en alguna de las escenas de la primera parte para darle algo más de espectáculo al desenlace.

No obstante recomiendo Guerra Mundial Z como una de las mejores películas de zombis que he visto y creo que contribuye a abrir nuevas perspectivas a este subgénero. Lo que ocurre es que aquí, en aras de crear un entretenimiento más para todos los públicos, estamos en un tono más cercano a las aventuras y la intriga que al terror. Los muertos vivientes han sido desprovistos de la cualidad terrorífica que tuvieron en el original de George A. Romero para La noche de los muertos vivientes o Zombi, y en relatos más recientes como la serie The Walking Dead o la película de Zack Snyder Amanecer de los muertos, cuyo notable arranque épico ha sido ampliamente desarrollado subiendo el grado de espectáculo en esta película. Los zombis adquieren así una nueva personalidad en el cine que me resulta curiosa, por lo que supone de evolución del monstruo más inquietante y más definitorio de los terrores colectivos de nuestro tiempo que ha creado el cine en las últimas cinco décadas.

Miguel Juan Payán

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Trailer internacional de Guerra Mundial Z

Dirigida por Marc Forster y protagonizada por Brad Pitt, Bryan Cranston, Matthew Fox y David Morse

Un empleado de la ONU lucha contra el tiempo y el destino cuando viaja alrededor del mundo intentando frenar el estallido de una pandemia mortal.

Fecha de Estreno en España 2 de Agosto de 2013

Crítica de la película El árbol de la vida

Posiblemente Terrence Malick sea uno de los directores más peculiares, únicos e inclasificables que quedan. Un tipo que pasó 20 años retirado del cine simplemente para dedicarse a dar clases en Francia. Ha declinado dirigir películas como El Hombre Elefante, por ejemplo, y cuando se involucra en un proyecto, que suele ser muy de cuando en cuando, lo hace de una forma única y tan personal que no es difícil identificar sus películas de todas las demás. Es un personaje complejo y único dentro de Hollywood, donde lo habitual es que se produzcan películas como churros y que un director no haya terminado de completar un proyecto cuando ya está embarcándose en el siguiente.

En cierta medida su persona recuerda a la de Stanley Kubrick, aunque normalmente la gente que lo conoce dice que es una persona amable y encantadora, humilde y dulce, muy alejada de la figura de Kubrick. Pero sí hay algunos paralelismos en su manera de entender y acercarse al cine por parte de ambos. Al menos en El Árbol de la Vida, porque durante las más de dos horas de proyección no podía quitarme de la cabeza la obra maestra de Kubrick 2001, Odisea en el Espacio. Quizá sean imaginaciones mías pero creo que a fin de cuentas hay ciertos paralelismos entre ambas películas y que ambas terminan hablando de temas similares. O al menos eso me ha parecido a mí.

Una advertencia antes de ver la película. No es una película fácil de ver. No sólo por la complejidad de la historia que se nos cuenta, que en principio podría ser la más sencilla del mundo, sino por cómo se nos cuenta. Es una película complicada de ver y de asimilar. En ocasiones hipnótica, en ocasiones incómoda. Muchas veces profunda y otras veces ligera como esas cortinas y sábanas tras las que tantas cosas suceden en la pantalla. Su forma de plantearnos la historia, su forma de enredarnos inconexamente en la vida de esta familia, sus continuos saltos en el tiempo sin previo aviso… Todo ello la convierten en una película densa, en el mejor sentido de la palabra. Un film que hay que desgranar y pelar casi como si se tratase de una cebolla. Capa a capa.

También, como bien decía hace unos días mi compañero Miguel Juan Payán, no conviene guiarse por las estrellas que le he puesto en la crítica, entre otras cosas porque no son estas cuatro estrellas las mismas que puedo darle a una película como La Deuda, y porque no serían las mismas que le diese mi compañero.

Siempre me ha maravillado de Terrence Malick la habilidad que tiene para convertir las imágenes en poesía. Es un director de arte y ensayo, alejado completamente de los parámetros más comerciales, que cuenta historias de una forma tan portentosa y única que, incluso cuando no gusta, no se le puede negar su talento. Aquí aprovecha para contarnos la historia de una familia, o más concretamente del hijo mayor de la misma, a lo largo de su infancia, pasando por una horrible tragedia, hasta el presente, en el que intenta reconectar con su padre, con el que tiene una relación tortuosa.

Cuando la historia es tan inconexa y da los saltos que da, lo que menos importa, realmente, son los diálogos. O, mejor dicho, los pocos diálogos que hay importan muchísimo, pero la película no los emplea casi para narrar la historia. El Árbol de la Vida transcurre entre imágenes y sonidos, entre música y silencios, con la intención de componer una sinfonía, una banda sonora particular para esta historia pequeña, que acaba convertida en la historia de la vida. Desde los orígenes del mundo, literalmente.

La forma en que Malick mueve la cámara (casi continuamente pero para narrar), el poder de la luz, sobre todo en una casa siempre iluminada que esconde tanta oscuridad y tristeza. La puesta en escena, el poder de las imágenes, la iluminación… todo ello pesa tanto como la historia y es lo que hace que, por ejemplo, las interpretaciones de los actores sean casi lo de menos. Teniendo en cuenta, eso sí, que Brad Pitt como el padre y Jessica Chastain como la madre están brillantes, lo mismo que Hunter McCracken como el joven Jack. La pena es que la presencia de Sean Penn casi parezca un cameo.

Y toda esa complejidad y esa densidad narrativa, toda esa fuerza, para contar una historia de padres e hijos. Padres que no entienden a sus hijos e hijos que no perdonan a sus padres. Como después de todo, desde el origen del universo hasta ahora, todo se reduce a padres e hijos. Ese árbol de la vida que lleva tanto tiempo ahí y sigue creciendo con ramas nuevas. De cómo siempre acabamos pareciéndonos a nuestros padres, incluso más de lo que desearíamos. Y de cómo la tragedia nos marca por igual. A fin de cuentas todos pertenecemos a ese árbol.

Aunque nadie es perfecto y a Malick se le va un poco la mano con tanta milonga sobre el origen del mundo y demás. La película acaba siendo demasiado inaccesible para el público y no deja que cualquiera pueda disfrutarla. Porque es demasiado densa (aquí en el mal sentido de la palabra). Y confunde a veces complicada con compleja. Acaba siendo más complicada de lo que debería, creyendo que eso la hace más compleja. Le sobra algo de metraje y algo de intelectual. Debería ser más emocional que cerebral, lo que hace que a veces parezca una película fría y distante. O incluso aburrida y contemplativa.

Entre medias nos queda una película poderosa y especial. Diferente. Una película que plantea preguntas complicadas, esas que un hijo le hace a su padre sin que este sepa responderlas. Espiritual e incluso llena de fe. Una melodía arrastrada por las imágenes y la música que nos habla del principio y del fin. De lo terrenal y de nuestro propio cielo. Del perdón y la esperanza. Fascinante, bella e indescriptible.

Ahora, como una vaya buscando la última de Jackie Chan, lo lleva claro.

Jesús Usero

Crítica de la película Malditos Bastardos

Más Tarantino y menos Tarantiros.

En Malditos Bastardos Quentin Tarantino demuestra que cada vez maneja mejor el lenguaje cinematográfico y la escenificación de sus películas. A modo de ejemplo vale con ver la secuencia de interrogatorio del nazi Hans Landa al propietario de la granja que abre la película. En la misma el director demuestra su excelente pulso para narrar utilizando el encuadre y la composición con gran habilidad ( por ejemplo consigue abrir el espacio con un plano del granjero y tras él la ventana que muestra a los soldados alemanes, fuera de la casa, pero igualmente presentes e integrados, como amenaza futura, dentro del cuadro). Pero aún más significativo es el astuto uso del recurso narrativo y visual de las dos pipas que aparecen en la secuencia, cada una de las cuales marca un giro en el pulso que mantienen los dos personajes que, dicho sea de paso (y tal como insinúa la música de spaghetti western) es como un duelo verbal, sin pistolas, sólo con palabras. Los planos de detalle aplicados a la primera pipa, la del granjero, acaban con la cerilla en el cenicero y permiten mostrar brevemente la gorra de Landa con la ominosa calavera nazi –un aviso de peligro como la imagen de los soldados al otro lado de la ventana-, al tiempo que el granjero cree haber vencido el pulso y sonríe casi imperceptiblemente cuando Landa le pide una información que los nazis ya poseen –número y nombre de los miembros de la familia judía-, lo que cree le permitirá salir del problema sin convertirse en un delator. La segunda pipa, la del propio Landa, es un objeto algo fuera de lugar que atrae inmediatamente la atención del espectador, facilitando la distracción que el director necesita para hacer un salto de eje, maniobra para desorientar al público tanto como el granjero interrogado es desorientado por Landa. Previamente hay un movimiento de cámara en torno al interrogador y el interrogado tan felino y sigiloso como la estrategia de interrogatorio de Landa: el nazi rodea a su presa, esperando para saltar sobre la misma como Tarantino rodea a sus personajes dispuesto a saltar sobre el desenlace de la secuencia, al tiempo que mueve nuevamente la cámara para añadir tensión haciendo una revelación al público. A partir del salto de eje facilitado por la pipa de Landa, entramos en el camino de finalización de esa secuencia que tiene un punto de inflexión y cambio de ritmo en una sucesión de primeros planos… Ese interrogatorio es como un pulso, y equivale a los arranques en tono conversacional de Reservoir Dogs o de Pulp Fiction, uno de los sellos del director, de manera que quienes después de ver la película en Cannes afirmaron que no parecía de Tarantino deberían echarle otro vistazo, más cuidadoso. Malditos Bastardos es Tarantino cien por cien. Lo que ocurre es que no es el Tarantino que algunos habían previsto que fuera, teniendo en cuenta el título y la temática de la película: Segunda Guerra mundial, un comando de judíos americanos se dedican a meterle el miedo en el cuerpo a los soldados alemanes aplicando tácticas de guerrilla apache y haciendo el voto de entregarle 100 cabelleras de soldados alemanes a su jefe, el teniente Aldo Rayne. Quienes esperaban ver Doce del patíbulo, Los cañones de Navarone, La brigada del diablo o El desafio de las águilas quedarán inevitablemente defraudados (a pesar de que el propio Tarantino ya lo avisó en el New York Times: “Esta no es la típica película de Segunda Guerra Mundial que veía tu padre”), pero eso se debe a que la imagen que tienen del cine de Tarantino es equivocada de partida.

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