Crítica de la película La violinista

Visualmente poderosa. Musicalmente bien armada. Pierde con lo romántico

         La violinista conquista por estos dos aspectos, aunque su trama caiga luego en una más previsible historia romántica de maestra alumno, de entrega del testigo y pasiones divididas por lo personal y lo profesional, por el sentimiento y por el éxito.

         Aprecio más el drama en soledad de la violinista del título y cómo está expresado en imágenes, cuando descubre que tras su accidente nunca más podrá tocar el violín como lo tocaba, nunca más podrá ser quien era, y ese tronco del árbol en contrapicado que parece erguirse y alejarse hacia el infinito, materializando lo inalcanzable. Es el momento de empezar a disfrutar de una película que nos sumerge en el corazón de esa pérdida solo con sus imágenes, a la que le sobra incluso el diálogo, donde dominan los primerísimos primeros planos y los planos del arco y el violín en unas manos que ya no son las que eran y se convierten en abismo entre el deseo de hacer y las consecuencias de no poder hacer.