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Críticas usuarios de la película Día de lluvia en Nueva York dirigida por Woody Allen


Rafa ★★★★

Día de lluvia en Nueva York nos trae al Woody Allen más simpático y agradable de ver en la última década. Una película que se ve con una sonrisa que va creciendo conforme avanza la historia, mientras nos muestra esa aventura en Nueva York que vive la ingenua periodista interpretada por Elle Fanning y el viaje de autodescubrimuento del atribulado, inteligente e inconformista Gatsby (Timothy Chalamet). Divertida crítica y burla al lado más cutre de Hollywood, representado por un director, un guionista y un actor, mostrándonos sus miserias. No es una obra a la altura de sus grandes, pero ocupa una digna posición en su segundo escalón.
3 ⭐️ y media sería lo justo. Un 7,5.


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Crítica de la película Día de Lluvia en Nueva York

Woody Allen regresa con una simpática comedia romántica.

Alejado de sus mejores trabajos, por supuesto, como hace ya mucho tiempo, pero siempre sabiendo componer un retrato pintoresco y divertido de un grupo de extravagantes personajes que, como es habitual, tiene a un brillante grupo de actores dando vida a los mismos. Día de Lluvia en Nueva York no pasará a ser la mejor película del año, pero agradará a los fans del director y guionista (que quizá no sean tantos después de tanto escándalo hace no mucho tiempo) al mismo tiempo que da un pequeño oasis entre tanto estreno superlativo para aquellos que desean embarcarse en una aventura mucho más modesta y sencilla. No todo tienen que ser blockbusters, ni películas de más de dos horas. 90 minutos necesita el director para demostrárnoslo.

Una joven pareja se embarca en un viaje un fin de semana a Nueva York. Son universitarios y están enamorados, dispuestos a vivir una romántica experiencia en la gran ciudad, hogar del chico. Pero a su llegada un encargo del periódico universitario, les separa, y el tiempo además no acompaña, por lo que su primer día en Nueva York se convierte en un viaje por la ciudad al encuentro de personajes completamente disparatados… o quizá no. Quizá en ese viaje encuentren aquello que les falta en sus vidas, el sentido de un mundo mucho más coherente dentro de la lluvia y el cielo gris. Quizá el destino les sorprenda o quizá el destino no exista y ambos descubran que son sus propias decisiones las que les llevan de un rincón a otro, aunque no lo parezca.

Crítica de la película Irrational Man de Woody Allen

Woody Allen regresa con un buen guiño a la intriga de Hitchcock y Emma Stone.

La asociación entre Allen y su nueva musa, Emma Stone, demuestra gozar de excelente salud en The Irrational Man, que viene a reforzar la buena química entre director y actriz que ya vimos en Magia a la luz de la luna. Por otra parte, no está estancada. Ambos parecen dispuestos a explorar variantes que les lleven por un interesante camino de exploración del cine clásico norteamericano, especialmente en el territorio del suspense, del que vuelven a hacer una especie de parodia que me ha traído a la memoria el cine de Alfred Hitchcock y más concretamente la película que según afirman distintas fuentes eras la favorita del maestro del suspense entre toda su filmografía: La sombra de una duda. Hay que decir que Stone habría sido en otro tiempo una candidata con posibilidades para ser rubia de Hitchcock, pero la versión de ese icónico personaje de la intriga cinematográfica  que nos da Woody Allen es más divertida, principalmente porque, como viene demostrándose en los últimos tiempos y esta película vuelve a probar, el director en su etapa de senectud parece más interesado en buscar sus alter-ego y desdoblarse ante las cámaras en sus protagonistas femeninas que en sus protagonistas masculinos. Naturalmente aún queda mucho del personaje-tipo y sus obsesiones transmitidas directamente desde el rico mundo interior del director al personaje que aquí interpreta Joaquim Phoenix, pero el desarrollo de la película, y esa voz en off que aplica a la narración nos alejan de la primera persona, nos acercan a la fórmula de presentación de personaje y manejo del mismo aplicada por Hitchcock en La sombra de una duda con Joseph Cotten, y hacen del atribulado profesor de filosofía que interpreta Phoenix un personaje que si bien retiene el protagonismo, no está tan cercano a nosotros como el interpretado por Emma Stone. Quiero decir con esto que creo que Allen ha dado un paso adelante más decidido para hacer de Stone su “voz” dentro de la historia (escenas como las conversaciones con los padres y con el propio profesor), si bien no es menos cierto que como construcción de figura femenina ella también retiene elementos de las clásicas féminas del cine del director (especialmente en todo lo relacionado con las escenas con el novio, y alguna que otra con Phoenix).

Todo ello, junto con la curiosa manera en que Allen homenajea y al mismo tiempo imita y parodia las claves del cine de intriga clásico, hacen de Irrational Man una película muy interesante dentro de la propia evolución de la filmografía del director, y al mismo tiempo un saludable entretenimiento para quienes simplemente quieran ir al cine a ver una buena construcción de trama de intriga que en algunos momentos y personajes casi se acerca, sospecho que por la manera de trabajar en su personaje de Phoenix, a algunos de los más disparatados enredos de los hermanos Cohen, pero sin abandonar nunca el “territorio Allen”, por decirlo de algún modo.

La manera en la que los personajes entran en conocimiento de la historia del juez que va a dar lugar a la trama de suspense propiamente dicha, que recuerda el mecanismo de una matrioska rusa, con esa pequeña intriga de la mujer divorciada, sus hijos y el juez que da paso a la propia intriga del personaje de Phoenix con el juez, que a su vez va a dar paso a la investigación de Stone, tiene toda la deliciosa insolencia de los grandes clásicos del cine de suspense en los que se filtra la casualidad, el destino, como motor de la trama, rozando incluso el Deus ex machina. A Allen no le preocupa que esa casualidad se filtre en la trama porque su juego no es construir el relato perfecto de laberinto de pistas propio de los relatos policiales de asesinato en cuarto cerrado, como demuestra la manera rápida, distante, incluso fría, con la que resuelve el desenlace de la investigación de Stone en una escena de suspense y acción que casi no tiene ni suspense ni mucho menos acción.

Y además de todo eso, claro, está la filosofía, tema que aparco para mejor ocasión.

Eso sí, confieso que Phoenix me ha convencido en esta ocasión menos de lo que suele ser habitual en él, como ya me ocurrió en Puro vicio. ¿Empieza a explotarse en exceso sin explorarse y evolucionar, como le ha ocurrido a otros grandes actores de talento fuera de lo común o es una equivocada percepción mía que tiene que ver con factores de construcción de los propios personajes y películas a las que me refiero? Como no lo tengo del todo claro, le planteo estas dudas al lector para que saque sus propias conclusiones y, si le place, me las comente por las redes sociales.

Miguel Juan Payán

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Woody Allen en su mejor versión, no hay mucho más que decir. O sí. Es la respuesta perfecta en formato de película a todos aquellos que creían que Medianoche en París era la panacea del cine de Allen, aunque muchos (y se ha leído en más de un sitio, pueden creerme) nunca hubiesen visto joyas como Manhattan, Hannah y sus Hermanas, Annie Hall, Delitos y Faltas o tantas y tantas otras. Hay que reconocer que en los últimos años, o década incluso, el talento de Allen parecía disperso, forzado (exceptuando Match Point), porque el director y guionista sigue empeñado en rodar una película al año. Y a veces es mejor reposar un par de años. Dejar la tierra en barbecho antes de agotarla. Aunque esta vez la jugada ha salido, bien. Muy bien.

La historia está contada en dos tiempos, casi dos realidades paralelas, el presente en el que el mundo de la protagonista se ha convertido en añicos, y el pasado, en el que vemos cómo los años hacen poco a poco mella y van acabando con la historia del personaje, desde su cuento de hadas hecho realidad, hasta el momento en el que todo acaba en miseria y con su marido en la cárcel tras estafar a todo el mundo. Esos viajes vívidos, que más que recuerdos son sentimientos, mantienen el tipo siempre con la historia actual, ninguna de las dos flojea, algo que suele pasar en algunas películas con este formato. Aquí Allen sabe mantener ambas historias en pie de guerra y con sorprendentes giros, pese a que sepamos cómo va a terminar todo. Se guarda el director más de un as en la manga y funcionan.

Para que ese viaje a la locura, la miseria y la tristeza sea posible, el director confía en una pedazo de actriz como Cate Blanchett, quien da vida a esa protagonista que se niega a ver, creer y aceptar la realidad. La actriz está simplemente portentosa en su papel y se merece un Oscar, o al menos la nominación, para verse las caras con la otra más que posible nominada, Sandra Bullock. Pero es sólo la punta del iceberg de un reparto que tiene nombres como Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Louis C.K., Andrew Dice Clay (el gran Ford Farlaine…), pero sobre todo dos nombres propios, un magnífico Bobby Cannavale y una no menos magnífica Sally Hawkins, que rebosa naturalidad y talento.

A veces la historia parece intrascendente, aunque mezcla muy sabiamente comedia, cinismo y drama, con unos diálogos perfectos, pero tiene esos pequeños momentos, sobre todo en las historias que rodean a la de la protagonista, como es el caso de Louis C.K. cuya presencia da la sensación casi de ser un cameo sin explotar completamente. O los hijos de la hermana, que van y vienen como el Guadiana, desapareciendo a voluntad. Eso no quita que sea la mejor película de Woody Allen desde Match Point, con la que tiene mucho más que ver que con Scoop o Vicky Cristina Barcelona, gracias a dios. Y por eso merece tanto la pena que vayamos a verla.

Jesús Usero

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