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Video crítica de la película Aquaman

Video crítica de la película Aquaman

El director de Aquaman, James Wan, ha declarado que se aproximó a Marvel para ofrecerles un reboot de Blade, que finalmente no llegó a suceder.

James Wan es uno de los directores más cotizados de Hollywood, habiendo levantado dos universos cinematográficos de terror de enorme éxito como el de Insidious y, sobre todo, Expediente Warren, y dirigiendo dos blockbusters como Fast and Furious 7 y ahora Aquaman, que llega a nuestras pantallas el próximo 21 de diciembre. Wan está haciendo promoción de la película en estos momentos y ha hablado de su relación con el mundo de los cómics en el pasado.

Vídeo avance de Aquaman 

Reacciones de Jesús Usero y Miguel Juan Payán a la noticia de James Wan en Aquaman

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©accioncine

Crítica de la película Insidious

Insidious pone al día algunos elementos particularmente curiosos relacionados con un arco temático de gran predicamento en el cine de terror, como son las casas encantadas, las posesiones diabólicas y los contactos con el más allá, todo ello mezclado en su argumento en distintas dosis que funcionan bien como relato de intriga creciente durante la mayor parte de su metraje, aunque al final no consigan sorprendernos con su resolución e incluso pierdan algo del impulso inicial que tenían personajes y situaciones por caer en lo previsible, lo repetitivo o dejar pasar la ocasión de meternos realmente el miedo en el cuerpo con el viaje al más allá propiamente dicho.

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Como digo el planteamiento inicial me parece incluso astuto, porque juega con una puesta en escena (esos planos de la cámara siguiendo al personaje del marido cuando suena un ruido en la entrada y acude a mirar la puerta) que sin ser el descubrimiento del Santo Grial de la planificación cinematográfica ni presumir de innovadores resultan muy funcionales para  introducirnos en esa misma casa que habitan los personajes y acercarnos a la situación de miedo creciente en el que viven. Es en esa primera parte de propuesta o planteamiento del relato donde creo que funciona mejor la película, primer porque para ello no requiere un despliegue de presupuesto que según el planteamiento de mantener los costes bajo mínimos hecho por los responsables de la película, no pueden permitirse.

En esa línea nos encontramos una serie de momentos o referencias que me han  traído a la memoria terrores setenteros hechos también con cuatro duros. Y es ahí donde creo que la película  crea unas perspectivas que pueden equivocar al espectador curtido en el consumo de este tipo de género. Para empezar, los primeros pasos del argumento nos remiten a varias sendas que sin embargo posteriormente van siendo abandonadas conforme progresa el argumento. En uno de esos caminos encontramos una puesta en escena y algunos planteamientos que nos llevan a pensar en Terror en Amityville, o la variante del asunto en claves más serie A y spielbergiana, Poltergeist. Luego, con el tema del niño en cama, es inevitable que demos en pensar que quizá los artífices del asunto hayan elegido tirar el tema por el camino de Patrick, producción australiana centrada en un asesino que queda en coma, dirigida por Richard Franklin en 1978. Incluso el cartel de la película tiraba por ahí. Pero luego se producen varios giros argumentales que incluyen la aparición de un contrapunto de comedia no del todo desarrollado o convenientemente explotado que ejemplifican los dos “expertos” en investigación de fenómenos paranormales, que no sé si pretenden ser un guiño a los célebres Cazafantasmas o directamente recogen el testigo de los hilarantes a la par que entrañables Ghostfacers de la serie televisiva Sobrenatural. Y, claro, al pensar en Sobrenatural inevitablemente concluyo que algunos capítulos de la misma me han resultado mucho más inquietantes y elaborados de puesta en escena que Insidious, así que me parece que a los artífices de esta película la jugada les ha salido sólo a medias. Parte del problema está en que hacia el final de la trama abandonan esas líneas argumentales mencionadas inicialmente y optan por desarrollar todo el tercer acto a partir de una revelación que se veía venir de lejos, es decir, que no es tal revelación, lo cual que lo que nos cuentan a partir de ese giro argumental nos mantiene más distantes de lo que ocurre en pantalla que en el metraje precedente. Incluso se opera, cosa enormemente arriesgada y triple salto mortal sólo recomendable para maestros, un cambio de protagonismo bastante radical, dejando paso la fémina de la historia a su compañero masculino tras un flashback más forzado que realmente sorpresivo.

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Después del cambio de protagonismo la película se desangra en una sucesión de secuencias donde prima más la acción y se pierde mucho de lo inquietante que tenía el relato hasta ese momento. Es una fase del relato que entra en la revelación de la verdadera amenaza con una sucesión de tópicos que no consiguen atraparnos como las sugerencias de amenaza manejadas previamente y resultan menos inquietantes de lo que pretenden.

No es buena idea cambiar de caballo a mitad del cruce del río, por decirlo así. El cambio del protagonismo de la madre al padre en un momento demasiado avanzado de la trama despista al espectador, y la introducción de personajes nuevos en el relato, como la abuela de los niños o esa médium muy particular, no rinde tanto como debería (como ejemplo de buen funcionamiento de ese recurso pueden pensar en el aporte a la trama de la médium de Poltergeist, que por otra parte es una referencia bastante clara de esta película). La entrada en el relato de la médium y sus muchachos permite no obstante algunos momentos curiosos desde el punto de vista de generación de inquietud, que sin embargo no acaban de explotarse tanto como pudieran, aciertan en el tema de la máscara de gas como elemento dominante de la sesión espiritista, pero no le sacan tanto partido como podrían a ese juego de mirada subjetiva de la médium alternado con la mirada del resto de personajes hacia ella, que por estar su rostro tapado con la máscara debería convertirse en una incógnita más inquietante de lo que resulta en la película. De manera que en ese momento concreto, nos queda, como en el resto de la película, una buena idea inicial que no llega a ser bien explotada.

Así las cosas, no puedo decir que la película me haya metido miedo, pero tampoco creo que sea un título más del montón. Tiene algunas cosas curiosas, propuestas que unidas a esa especie de aliento nostálgico del cine de terror setentero le proporcionan cierto atractivo, pero ciertamente pierde gas en su parte final y desperdicia algunos elementos curiosos de su trama además de perjudicarse con una especie de inseguridad o zozobra a la hora de elegir un camino por el que desarrollarse o apostar por una alternancia de protagonismo mal aplicada.

Miguel Juan Payán

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