Crítica de la película Éter

El cineasta polaco Krzysztof Zanussi (La estructura del cristal) recurre a las referencias fáusticas, para narrar este viaje a los infiernos de un médico con hambre de eternidad.

Mefistófeles y los experimentos científicos. Esta asociación, muy relacionada con un concepto de religiosidad añejo y algo obsoleto, supone el núcleo central de la exposición fílmica de Krzysztof Zanussi (veterano cineasta, con amplia formación como científico y filósofo), titulada Éter.

Una austera puesta en escena sirve de percha a este colega del genial Andrzej Wajda, para acercarse a la experiencia vital de un innominado doctor (Jacez Poniedzialek): un individuo hermético y carente de moral, al que condenan a una pena de prisión en Siberia, después de asesinar con láudano a una paciente a la que previamente había intentado violar. La aparente suerte hace que este facultativo escape de su retiro penitenciario en la gélida tierra rusa, para recalar en el ejército austrohúngaro. Allí, apoyado por un comandante con manga ancha para las excentricidades del prófugo, el doctor convence a un joven campesino para que se convierta en su ayudante, y le somete a un sinfín de experimentos; todo para dar con la medida exacta de éter, con el fin de provocar el sueño y no la muerte. El objetivo de tales pruebas es llegar al punto en que –debido a la mencionada droga- las personas pierden la sensibilidad hacia el dolor. Sin embargo, un asunto de espionaje lleva al doctor ante la justicia militar; lo que trae a escena su antiguo y trascendente pacto con el diablo…

Crítica de la película Adú

Salvador Calvo filma una emotiva película, sobre un niño que tiene que escapar de su país de origen con su hermana

Adú es ante todo una obra necesaria, máxime en un mundo en el que el fenómeno migratorio es satanizado por muchas de las fuerzas políticas que campan en Europa y el resto del planeta. De las concertinas de Melilla a las odiseas iniciadas en lugares en los que la muerte está en cada esquina y pueblo, el filme presenta distintos escenarios y posturas personales, frente a lo que supone reflexionar sobre la inmigración ilegal.

A modo de mosaico coral, el guion se compone de tres historias, entrelazadas por las circunstancias y la casualidad. La primera tiene lugar en Melilla, donde un grupo de guardias civiles es sometido a juicio, por la muerte de un refugiado que pretendía saltar la valla -coronada con alambre de espino- que separa España de Marruecos. El segundo relato transcurre en África, y lo protagoniza un activista en favor de los animales, que intenta preservar la vida de unos elefantes, amenazados por los cazadores furtivos y los tratantes de marfil. Y por último, aunque no por ello la menos potente, está la trama que da título al largometraje, y que la lidera la mirada deslumbrante de un niño llamado Adú, que debe huir de su lugar de origen con su hermana, después de la muerte de su madre a manos de una organización criminal.

Crítica de la película El amor está en el agua

Yuasa nos invita a enamorarnos, emocionarnos y aceptar la realidad con su último trabajo

Este año pasado parece que ha sido el año del agua en lo que respecta a animación japonesa; Los niños del mar, El tiempo contigo y The Wonderland han tenido como elemento fundamental (en algunos casos incluso podría decirse que protagonista) el agua, y ahora nos encontramos con otro largometraje más en el que hilo conductor no es otro que este mismo, esta vez por partida doble. Masaaki Yuasa regresa a las andadas con un nuevo film titulado El amor está en el agua tras sus dos últimos proyectos cinematográficos estrenados en el país nipón en 2017, Night is short, Walk on Girl y Lu over the wall, y ya os puedo confirmar que no va a dejar indiferente a nadie.

Como su propio título sugiere, la trama se centra en una historia de amor entre una chica, Hinako, que, tras verse envuelta en unos acontecimientos, conoce al amor de su vida, Minato. Antes comentaba que el agua estaba presente por partida doble, y es que Hinako, es una apasionada del surf, mientras que Minato es un chico cuyo propósito en la vida es ayudar a los demás, motivo por el que se hace bombero. Se que muchos estaréis pensando: “Otra película animada japonesa más cuyo tema principal es el amor”, y en parte no os falta razón, pero Yuasa demuestra con este proyecto que la cosa va más allá de una simple cursilería (que de esto tiene mucho, y eso que a mí no me suele molestar este aspecto), dando un giro en la trama que a más de uno os sorprenderá si no sabéis realmente de que trata todo esto. Sugiero, de hecho, que evitéis cualquier trailer, sinopsis y contenido de la película para que no estéis condicionados ni sepáis apenas nada, de esta forma os aseguro que disfrutareis más de ella.

Crítica de la película Cuestión de justicia

Michael B. Jordan salva una repetitiva película de juicios

El cine de tribunales y hechos reales empieza a asomar las orejas en la cartelera como ocurre cada año en estas fechas cuando se cumple el tiempo límite para estrenar película que pueda optar a los premios del año y jugar la baza de la denuncia social como clave argumental para repetir fórmulas genéricas que van necesitando cierta renovación.

Cuestión de justicia es un buen ejemplo de ello. Es repetitiva y a ratos un puntito telefílmica, sino por ello dejar de ser sólida dentro de la repetición de la fórmula en la que se desarrolla. Esa solidez se la presta en primer lugar su protagonista, Michael B. Jordan, que demuestra que puede hacerse con todo tipo de papeles y reniega con fuerza de todo encasillamiento, demostrando que estamos ante un actor todoterreno que puede meterse en cualquier proyecto y darle brillo con su trabajo. Lo hemos visto ya en suficientes registros como para que eso quede puesto de manifiesto, pero su papel como el joven abogado de este largometraje, basado además en un personaje real, lo confirma.

Crítica de la película Aguas oscuras

Inquietante y muy bien dirigida película de intriga sobre caso real.

Todd Haynes nos cuenta con gran habilidad y personalidad una trama de intriga corporativa y envenenamiento de la población que aún siguiendo cuidadosamente los pasos de este tipo de películas de denuncia y fórmula del viaje del héroe, gana puntos por el trabajo de dirección. Está muy bien contada y con un muy buen ritmo. No llega a tener el gancho de Spotlight, pero engancha por su solidez a la hora de plantearse un relato que fácilmente podría haberla llevado al lenguaje visual del telefilme o hacerla perecer en las aguas del tópico.

Hay muchas películas que pueden haber abordado temas similares al que aquí se nos cuenta, pero Haynes le aporta un juego visual a su propuesta que le hace ganar distancia de las mismas. Le pasa lo contrario que a Cuestión de justicia, que partiendo de un caso real pierde fuerza al entregarse a una fórmula a medio camino entre la denuncia temática del abuso racista y la pena de muerte y la entrega a la fórmula de intriga típica de las novelas de John Grisham. Nada de eso ocurre en este caso porque Haynes consigue desarrollar una propuesta muy seria, y por tanto inquietante, siguiendo el recorrido de la fórmula, cierto, pero sin entregarse al tópico.

Crítica de la película Bad Boys for life

La mejor de toda la franquicia. Divertida y cumple bien con su cometido.

Las paradojas del cine: ha hecho falta que Michael Bay no dirigiera esta entrega para que sea la más sólida de las tres que ahora mismo integran la saga, con el guión mas solvente, haciendo el mejor uso posible de las características de la franquicia, y añadiendo con acierto el elemento del grupo de jóvenes policías.

A los protagonistas les sienta bien envejecer en esta tercera entrega que cuenta con el mejor Martin Lawrence de toda la saga y curiosamente le da más protagonismo y peso que en las anteriores, dejando que sea el motor de la película en muchos momentos, sirviendo para refrescar la propuesta en los momentos en que podría resultar reiterativa.

Crítica de la película Jojo Rabbit

Sátira, comedia negra y metáfora sobre nuestra sociedad se dan la mano en esta revisión de los últimos días del nazismo.

Cualquiera que nos siga en nuestros diversos medios, ya sea esta web, la revista o las redes sociales, sabrá que no le tenemos, o no le tengo, precisamente un cariño especial a Taika Waititi, director de Jojo Rabbit. Pese a que Thor Ragnarok me parece muy buena película, no me gusta en absoluto, y su tono humorístico no es lo que buscaba en una película de ese personaje. Sin embargo sus trabajos lejos de Marvel son fascinantes y Jojo Rabbit se suma a esa lista de películas inclasificables y únicas, aportando una mirada ácida y bastante negra al nazismo y a la figura de Adolf Hitler, interpretado por el propio Waititi.

La película nos cuenta cómo en los últimos días de la Alemania nazi, cuando perdían la guerra, un niño llamado Jojo es ferviente seguidor de Hitler, con quien tiene charlas imaginarias de lo más delirante. Pero cuando descubra que su madre esconde a una chica judía detrás de las paredes de su casa, todo lo que creía saber sobre su mundo y sobre los judíos, sobre Hitler sobre el nazismo, empieza a tambalearse. Y el joven descubre que no sabe nada y que tiene mucho, mucho que aprender. Junto al niño Roman Griffin Davis y a Waititi, encontramos un reparto lleno de rostros nuevos muy interesantes, como Thomasin McKenzie como Elsa, la adolescente judía refugiada en casa de Jojo, o Archie Yates, su mejor amigo, y otros más que conocidos como Sam Rockwell, Stephen Merchant, Alfie Allen, Rebel Wilson o Scarlett Johansson.

Crítica de la película Malasaña 32

Competente cinta de terror patrio con muchas referencias y una impecable factura.

Siempre que hablamos de cine de género acabamos denostando nuestro cine, o considerando cine español como un género en sí mismo, cuando cualquier género se trata en nuestro país con mayor o menor fortuna. La calidad del producto final vendrá determinada por los guiones. Por su dirección. Por sus actores… Pero, para entendernos, me siento mucho más identificado con las marismas del Guadalquivir de La Isla Mínima que con los pantanos de Luisiana de True Detective. Son cine negro y policíaco (aunque una sea serie, tiene factura de cine) ambas. Y como tal deben juzgarse. Sirve lo mismo para un producto de terror tan bien realizado como Malasaña 32. Una película que nos lleva a una piso de Madrid poseído por un peculiar fantasma.

La historia comienza en 1972 pero pronto nos traslada a 1976, cuando una familia se muda del campo a Madrid, a pleno centro, en un piso enorme y precioso que lleva años sin ser habitado. Está en la calle Malasaña 32 y la familia ha salido del pueblo sin tener más remedio, invirtiendo todo en la casa y con una hipoteca sobre sus cabezas. Pronto los sucesos misteriosos empiezan a suceder y una presencia comienza a acosar a la familia, aterrorizando sobre todo al hijo pequeño, Rafael, y a la mayor, Amparo. La familia corre un peligro mayor del que creen. Una historia de fantasmas tradicional, pero con un giro, permitan la expresión, cañí, que la hace mucho más cercana que cualquier producto internacional.

Crítica de la película Los niños del mar

Una pieza de arte visual con una interesante trama, pero extravagante final

Que larga se ha hecho la espera. Desde allá por 2011 cuando finalizaba la publicación del manga creado por Daisuke Igarashi, muchos de los seguidores de éste esperaban que alguna productora de cine se hiciese cargo de la adaptación animada, y hemos tenido que esperar hasta este mismo año para poder ver nuestro sueño hecho realidad. Ayumu Watanabe, cuyos trabajos habían estado más centrados en series de televisión y películas animadas de la franquicia de Doraemon, es el encargado de dirigir esta adaptación en formato largometraje, trabajo que no era nada fácil y que ha sabido dirigir con bastante estilo. La historia sigue a Ruka, una estudiante con ciertas inseguridades en su persona cuya vida dará un pequeño cambio tras conocer a Umi y Sora, dos chicos provenientes del mar.

Su premisa resulta interesante, pues nos hace querer saber más acerca de este misterioso suceso que envuelve a los dos personajes marinos, y poco a poco nos va adentrando más en su mundo, pudiendo observar las diferentes conexiones entre ellos mismos, Ruka, el mar, y la mismísima humanidad. Ya adelanto que no es una película para todo el mundo, pues para quien no preste demasiada atención a lo que está viendo (incluso si se lo prestas en algunos casos), supondrá un reto difícil de asimilar, puesto que, llegado a un punto, la cinta empieza a introducir elementos de tipo filosófico e incluso trascendental, sobre todo en su acto final donde los acontecimientos os harán explotar la cabeza. A mí personalmente me ha resultado complicado entender todo lo que se pretende explicar en el climax de la película, porque, aunque como he mencionado anteriormente su comienzo y premisa captan nuestra atención, su desenlace es bastante ambiguo, incluso tras ver la escena post-créditos. Me ha recordado a la primera vez que vi la serie original de Evangelion y la película que finaliza ésta, pues había tanto que asimilar que había que verla varias veces para poder comprender todo. “Los niños del mar” tiene una trama potente y original que se cuece a fuego lento y te invita a seguir con ella para conocer a los personajes, su relación entre ellos y su desarrollo (muy bien plasmado hay que decir), pero un final algo complicado a mi parecer.

Crítica de la película Diamantes en bruto (Uncut Gems) de Netflix

Sin duda la mejor interpretación en la carrera de Adam Sandler. Y su mejor película.

Ya le habíamos visto demostrar lo que podía hacer si le daban algo de cancha en la excelente Punch Drunk Love, pero aquí Sandler se supera y nos hace pensar en lo que podía haber dado de sí su carrera si en lugar de su humor facilón y su búsqueda de éxitos de taquilla, se hubiese dedicado a este tipo de proyectos. O incluso a compaginarlos. A darnos una de cada, como han hecho muchos, muchos otros actores. Nos hemos perdido muchas interpretaciones como ésta, que podría perfectamente convertirse en una de las nominadas a los Oscars el próximo día 13 de enero. Y sería más que merecida. Porque Sandler sabe meterse en la piel de su Howard Ratner y aprovechar todas las armas en su arsenal…

La película de los hermanos Safdie (no muy conocidos pero con tres películas anteriores magníficas) nos lleva a la vida de Howard Ratner, joyero judío en Nueva York, jugador compulsivo y ludópata sin ganas de recuperarse, que tiene una doble vida con su amante en la ciudad y su familia en los suburbios, aunque nadie se cree sus mentiras. Endeudado con todos los corredores de apuestas de la ciudad, Howard busca apuntarse un gran tanto, o bien con una apuesta imposible o con un ópalo que ha llegado de África y que podría ser la clave de las apuestas en la final de la NBA. Todo esto ambientado en 2012, con el jugador Kevin Garnett jugando un papel capital…

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