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Crítica de la película La dama y el vagabundo

El nuevo remake live action de Disney es uno de los más flojos de la compañía y no aporta nada nuevo respecto al original.

Uno de los principales reclamos en cuanto a producción original en el desembarco de Disney+ en nuestro país eran la serie The Mandalorian y la adaptación en imagen real de todo un clásico como La dama y el vagabundo. Mientras que la primera tiene un acabado visual y un estilo narrativo cinematográfico que marca el camino a seguir para el resto de series de la plataforma, la película de Charlie Bean (La LEGO Ninjago película) simplemente no tenía un lugar mejor a donde ir.

La historia original de 1955 es de sobra conocida por todos. Es sencilla y cálida, además de funcionar como un reloj en sus escasos 75 minutos de metraje. El problema viene cuando ese relato que ya se ha contado infinidad de veces se estira, perdiendo ritmo y encanto, con un tono más propio de los remakes Disney de los años 90. En ese tiempo extra el guionista Andrew Bujalski hace que la historia de amor entre Reina (Tessa Thompson), una mimada cocker spaniel, y Golfo (Justin Theroux), un curtido perro callejero, sea más ingenua que la original, debido en parte a la ausencia de subtexto. La escasa expresividad de los caninos fruto de la mezcla de imagen real con CGI -mejorada, eso sí, si se compara con el remake de El rey león- provoca que subrayen en exceso mensajes del original que todavía siguen calando entre el público, como la importancia del hogar, la eterna lucha entre el sentimiento de libertad y de abandono o la denuncia del maltrato animal.

Crítica de la película El Hoyo

Brillante metáfora sociopolítica disfrazada de thriller de supervivencia.

El cine ha mostrado a lo largo de su historia el enfrentamiento del hombre contra seres de otros mundos o la propia naturaleza, pero a veces olvida que los monstruos más peligrosos pueden habitar dentro de cada uno de nosotros. El hombre es un lobo para el hombre, y a partir de esta reflexión el director Galder Gaztelu-Urrutia construye en El hoyo una intrigante y tensa distopia sobre la corrupción moral y la insolidaridad en tiempos críticos.

Todo comienza cuando Goreng (Ivan Massagué) despierta en una celda únicamente provista de dos camastros y un lavabo. Tan desconcertados como el protagonista, no sabemos dónde se encuentra, qué hay fuera o cómo ha llegado allí. De compañero de encierro tiene a un tipo sabio y turbio llamado Trimagasi (Zorion Eguileor) que le explica todo lo que debe saber. Se encuentran en el nivel 33 de El hoyo, un lugar conformado por un número desconocido de celdas (Trimagasi asegura que pueden ser más de doscientas) construidas unas sobre otras y comunicadas únicamente por un agujero en el centro de la habitación. Por él desciende una vez al día una mesa repleta de comida que disfrutan primero los que están en el primer nivel y que va menguando hasta desaparecer. Cada mes los internos cambian de nivel al azar, por lo que ambos deberán disfrutar de su privilegiada posición mientras puedan.

Crítica de la película Hogar

Los hermanos Pastor nos traen un interesante thriller apoyado en sus protagonistas.

Especialmente el papel espectacular como siempre, que hace Javier Gutiérrez, un tipo que conocemos poco a poco y acabamos descubriendo quién es realmente a lo largo de la historia. Pero también en un muy sólido Mario Casas dándole la réplica y por supuesto sin olvidarnos nunca de Ruth Díaz y Bruna Cusí, los personajes femeninos centrales de una trama que empieza en una dirección y acaba sorprendiendo para bien. Lo que en principio parece un cuento voyeurista sobre no dejar atrás el pasado y lo que ocupa en nuestra vida, pasa a ser una historia oscura de deseos, envidias y poder que obsesiona al protagonista durante todo el metraje. No es perfecta, ojo, pero consigue engancharnos sin lugar a dudas.

La historia nos lleva a un publicista, despedido de su trabajo, que no consigue encontrar quien le dé un nuevo empleo. Acuciado por las necesidades de la familia, de su mujer y de su hijo, se ve forzado a dejar su lujoso apartamento y mudarse a un modesto piso en las afueras. Pero es incapaz de dejar atrás el pasado. Atormentado por su situación, conservando una llave de su antiguo apartamento, pronto empezará a estudiar a sus nuevos inquilinos, envidiando la vida que él tuvo que dejar atrás y que ellos ahora poseen. Ahí es donde la trama comienza a dar un giro hacia un punto mucho más siniestro, del drama social al thriller de suspense cercano por ejemplo a Alguien me espía, de John Carpenter.

Crítica de la película Spenser: Confidencial

Mark Wahlberg y Peter Berg vuelven a colaborar en una interesante mezcla de acción, misterio y humor.

Una obra que viene de la creación literaria de Robert B. Parker, el detective boxeador Spenser, aunque aquí se adapte la obra de Ace Atkins, quien continuó con el personaje tras la muerte de Parker. Un personaje que es muy querido por los fans de la literatura de género, aunque no sea de los más conocidos, pero también por aquellos que nos criamos en los ochenta y disfrutamos de las aventuras del personaje en televisión, en la serie protagonizada por Robert Urich, Spenser, Detective privado. Han cambiado varias cosas del personaje y de su historia, pero mantiene lo principal. Los crímenes, la ayuda a gente que lo necesita, el boxeo, a Hawk  y a Henry Cimoli, por ejemplo.

Aunque el origen del personaje cambia. Su historia ahora es la de un policía que ha pasado años en prisión por agredir a un superior. Pese a tener motivos para hacerlo, debe pagar su deuda con la justicia. Al salir, intentará cambiar de vida, pero su pasado volverá para atormentarle y obligarle a ajustar cuentas con el mismo si quiere ser finalmente libre. Para ello tendrá la ayuda del dueño de un gimnasio, que le proporciona un techo bajo el que dormir, y de un compañero de cuarto bastante peculiar. Juntos tendrán que resolver una trama de corrupción que asola la ciudad de Boston. Brian Helgeland le aporta algo de entidad a un guión sencillito que viene firmado también por Sean O’Keefe, recién llegado del mundo de los videojuegos.

Crítica de la película Skin

Un necesario alegato contra el racismo que coge fuerza gracias a la interpretación de Jamie Bell.

El racismo y el amor son dos temas que siempre han ocupado un lugar privilegiado en la filmografía de Guy Nattiv. Junto a Erez Tadmor, el director de Skin ya abordaba el poder de la comunicación en las relaciones románticas en el corto Dear God y el racismo en Stranger. Sin embargo, el reconocimiento internacional le llegó en solitario y de la mano de Skin, un interesante cortometraje ganador del Oscar en 2018 que afianzaba sus constantes temáticas y retrataba el auge del supremacismo blanco en Estados Unidos.

Crítica de la película Bloodshot

Entretenimiento al servicio de Vin Diesel.

Un producto más en la lista de los muchos que Diesel ha interpretado en el género durante toda su carrera, y que nos han dejado personajes que ya son parte de la historia del cine reciente, como Dominic Toretto. No es que aquí tengamos persecuciones de coches (aunque alguna hay) imposibles, ni tunning ni nada por el estilo. Pero sí el arquetipo de héroe forzado por las circunstancias, en una adaptación de los cómics de Valiant en torno al personaje que, en esta ocasión, mantiene cierta fidelidad a la esencia del cómic, aunque no del todo a su historia. Digámoslo así. Si usted ha leído los cómics, aunque haya muchos cambios en la trama (muchísimos) sabrá perfectamente lo que va a suceder en cada giro de guión. Porque ya lo ha leído con anterioridad…

No vamos a profundizar mucho en la historia porque muchos desconocen al personaje, pero la idea en apariencia es sencilla. Un soldado fallecido y traído de vuelta a la vida por nanotecnología que le da habilidades muy superiores a las de cualquier humano. A partir de ese arranque encontramos una historia sencilla, apañada, sin pretensiones y con un par de giros ajustados que hacen honor al personaje de cómic. El guionista de La Llegada y Destino Final 5 (sí, es el mismo, Eric Heisserer), une fuerzas a Jeff Wadlow, conocido por su trabajo en Blumhouse, en mediocridades como Verdad o Reto y Fantasy Island, pero también en Bates Motel o The Strain. No van a ganar el Oscar, claro. Pero cumplen y la película no les exige nada más.

Crítica de la película Onward

Pixar vuelve a maravillarnos.

Y quizá no sea la mejor de las películas de la compañía. O quizá no la recordemos igual que a algunos de sus clásicos, aunque no es ni de lejos la película más floja de Pixar, pero sin duda será uno de esos momentos que recordaremos cuando salgamos de la sala de cine, porque nos emocionaremos con lo que vamos a ver en pantalla, eso seguro. La película sabe ser emotiva sin ser obvia o evidente, sorprendiendo al espectador con un viaje de dos hermanos que no es lo que esperábamos al principio y que termina siendo una auténtica maravilla. De nuevo, los estándares de Pixar están siempre por las nubes, por lo que puede que Onward no sorprenda al público como otras de sus películas, pero tiene lo que le falta a muchas producciones, animadas o no, un buen guión y alma.

La historia nos presenta a dos hermanos, elfos, que viven en un mundo muy similar al nuestro, en el que la magia ha desaparecido por completo. Nadie cree en ella, nadie la usa ya. Todo el mundo confía en la ciencia. Pero ambos hermanos emprenderán una aventura épica cuando descubran un bastón mágico que su padre les dejó en herencia, y aprendan que uno de ellos es capaz de usar la magia que todos creían olvidada. Una historia de viaje de búsqueda, para encontrarse con ellos mismos, con quiénes son realmente y quiénes van a convertirse, pero también para devolver la magia al mundo, un mundo demasiado entusiasmado con el progreso como para volver a creer.

Crítica de la película The Gentlemen (Los Señores de la Mafia)

Vuelve el Guy Ritchie más gamberro. Le echábamos de menos.

Desde que en 2008 estrenase RocknRolla, la carrera del director y guionista ha ido en una dirección completamente opuesta a lo que vimos en los primeros años de su carrera, con Lock and Stock o Snatch. Desde entonces los blockbusters se cruzaron en su camino y con bastante éxito en películas como Sherlock Holmes, la secuela o Aladdin. En otros casos no tuvo tanta suerte, como en Operación U.N.C.L.E o, sobre todo, Rey Arturo, pero siempre mantuvo algo de su estilo, de su forma muy peculiar, personal y gamberra de entender el cine y las historias. Pero siempre echamos de menos al director que se zambulló sin complejos en el mundo de los bajos fondos británicos para mostrarnos  historias tan divertidas y fascinantes que se han convertido en cine de culto.

Aquí la historia sigue a un expatriado estadounidense que es un señor del crimen en Londres, donde tiene un gran negocio de marihuana, de cientos de millones de dólares al año, del que quiere deshacerse y abandonar ese mundo. Pero mientras busca comprador, muchos intentarán aprovecharse de la situación para hacerse con su negocio y su territorio, por uno u  otro medio. Pero nadie está preparado para lo que esta gente esconde realmente. A partir de aquí se desarrollan los muchos giros de guión de una película que es en realidad, cine dentro de cine, porque, como vamos a descubrir, la película tiene mucho que ver con ese mundillo y con la idea de contar historias en un guión…

Crítica de la película El Ritmo de la Venganza

Bien dirigida, bien protagonizada, lástima que el guión haga aguas.

Una película de la que nadie esperaba demasiado, centrada en un género tan trillado como el de las venganzas personales. Un personaje que descubre quién le arrebató algo muy querido y pone su meta en acabar con ese alguien, o esos. Nada nuevo bajo el sol, así que lo mínimo que le pedimos es que tenga un guión aseado. Nada más. Ni sorprendente, ni revelador, ni magistral. Aseado. Competente. Correcto. Coherente. No mucho más. Una historia que nos lleve de A a B y de B a C sin complicaciones. No necesita absolutamente nada más. El problema es que El Ritmo de la Venganza intenta reinventar la rueda y para ello la hace cuadrada. No sólo el invento era innecesario, sino que además no termina de funcionar.

La historia es la de una joven que tiene un futuro prometedor, una familia que la adora, un proyecto de vida… todo desaparece cuando toda su familia muere en un accidente de avión. Ella cae en el mundo de las drogas y la prostitución, incapaz de asumir la pérdida y llena de culpa. Pero cuando descubra que el accidente quizá fuese algo más, pondrá todo su empeño en encontrar a los culpables y acabar con ellos. No tiene mucho más misterio una trama que, por desgracia, está tan interesada en sorprendernos, en dejarnos sin aliento, que desaprovecha lo importante. Buenos actores, buen arranque… y todo desperdiciado cuando empiezan a ocurrir incoherencias en la historia que no hay por dónde cogerlas.

Crítica de la película El hombre invisible

Interesante nueva versión de la obra de H.G Wells que se apoya en una enorme Elisabeth Moss.

La película no resultará memorable y tiene muchas cosas mejorables en el guión de Leigh Whannell, pero es sin duda un nuevo punto de vista en el personaje, en las dudas y miedos que plantea, y en el mundo en el que vivimos. Y, sobre todo, nos muestra a una actriz que está en uno de los mejores momentos de su carrera, echándose a las espaldas la película, para meternos dentro de lo que sufre y vive su personaje, casi sin despeinarse y haciendo que parezca fácil algo tan complicado como darle la réplica a la nada. Al vacío que existe frente a ella cuando está sola y le toca reaccionar a su asaltante invisible.

Contada desde el punto de vista de la víctima, la película cuenta la historia de Cecilia, una mujer que vive en un matrimonio donde recibe malos tratos constantes, donde su marido, un hombre rico y poderoso, controla cada segundo de su vida, algo de lo que intenta escapar, lo que lleva al suicidio de él. Pero poco a poco Cecilia empieza a sentir que una presencia la acompaña. Que alguien está a su alrededor y no puede verlo. Acosándola, sin dejar que sea libre… ¿Será objeto de su imaginación debido al trauma o se encuentra realmente en peligro y su marido no está muerto, sino que ha conseguido convertirse en invisible? En cierta medida es lo que intentó proponer El hombre sin sombra de Paul Verhoeven, pero mucho mejor hecho, sin excesos morbosos y con bastante inteligencia.

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