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Crítica de la película Bad Boys for life

La mejor de toda la franquicia. Divertida y cumple bien con su cometido.

Las paradojas del cine: ha hecho falta que Michael Bay no dirigiera esta entrega para que sea la más sólida de las tres que ahora mismo integran la saga, con el guión mas solvente, haciendo el mejor uso posible de las características de la franquicia, y añadiendo con acierto el elemento del grupo de jóvenes policías.

A los protagonistas les sienta bien envejecer en esta tercera entrega que cuenta con el mejor Martin Lawrence de toda la saga y curiosamente le da más protagonismo y peso que en las anteriores, dejando que sea el motor de la película en muchos momentos, sirviendo para refrescar la propuesta en los momentos en que podría resultar reiterativa.

Crítica de la película Jojo Rabbit

Sátira, comedia negra y metáfora sobre nuestra sociedad se dan la mano en esta revisión de los últimos días del nazismo.

Cualquiera que nos siga en nuestros diversos medios, ya sea esta web, la revista o las redes sociales, sabrá que no le tenemos, o no le tengo, precisamente un cariño especial a Taika Waititi, director de Jojo Rabbit. Pese a que Thor Ragnarok me parece muy buena película, no me gusta en absoluto, y su tono humorístico no es lo que buscaba en una película de ese personaje. Sin embargo sus trabajos lejos de Marvel son fascinantes y Jojo Rabbit se suma a esa lista de películas inclasificables y únicas, aportando una mirada ácida y bastante negra al nazismo y a la figura de Adolf Hitler, interpretado por el propio Waititi.

La película nos cuenta cómo en los últimos días de la Alemania nazi, cuando perdían la guerra, un niño llamado Jojo es ferviente seguidor de Hitler, con quien tiene charlas imaginarias de lo más delirante. Pero cuando descubra que su madre esconde a una chica judía detrás de las paredes de su casa, todo lo que creía saber sobre su mundo y sobre los judíos, sobre Hitler sobre el nazismo, empieza a tambalearse. Y el joven descubre que no sabe nada y que tiene mucho, mucho que aprender. Junto al niño Roman Griffin Davis y a Waititi, encontramos un reparto lleno de rostros nuevos muy interesantes, como Thomasin McKenzie como Elsa, la adolescente judía refugiada en casa de Jojo, o Archie Yates, su mejor amigo, y otros más que conocidos como Sam Rockwell, Stephen Merchant, Alfie Allen, Rebel Wilson o Scarlett Johansson.

Crítica de la película Malasaña 32

Competente cinta de terror patrio con muchas referencias y una impecable factura.

Siempre que hablamos de cine de género acabamos denostando nuestro cine, o considerando cine español como un género en sí mismo, cuando cualquier género se trata en nuestro país con mayor o menor fortuna. La calidad del producto final vendrá determinada por los guiones. Por su dirección. Por sus actores… Pero, para entendernos, me siento mucho más identificado con las marismas del Guadalquivir de La Isla Mínima que con los pantanos de Luisiana de True Detective. Son cine negro y policíaco (aunque una sea serie, tiene factura de cine) ambas. Y como tal deben juzgarse. Sirve lo mismo para un producto de terror tan bien realizado como Malasaña 32. Una película que nos lleva a una piso de Madrid poseído por un peculiar fantasma.

La historia comienza en 1972 pero pronto nos traslada a 1976, cuando una familia se muda del campo a Madrid, a pleno centro, en un piso enorme y precioso que lleva años sin ser habitado. Está en la calle Malasaña 32 y la familia ha salido del pueblo sin tener más remedio, invirtiendo todo en la casa y con una hipoteca sobre sus cabezas. Pronto los sucesos misteriosos empiezan a suceder y una presencia comienza a acosar a la familia, aterrorizando sobre todo al hijo pequeño, Rafael, y a la mayor, Amparo. La familia corre un peligro mayor del que creen. Una historia de fantasmas tradicional, pero con un giro, permitan la expresión, cañí, que la hace mucho más cercana que cualquier producto internacional.

Crítica de la película Los niños del mar

Una pieza de arte visual con una interesante trama, pero extravagante final

Que larga se ha hecho la espera. Desde allá por 2011 cuando finalizaba la publicación del manga creado por Daisuke Igarashi, muchos de los seguidores de éste esperaban que alguna productora de cine se hiciese cargo de la adaptación animada, y hemos tenido que esperar hasta este mismo año para poder ver nuestro sueño hecho realidad. Ayumu Watanabe, cuyos trabajos habían estado más centrados en series de televisión y películas animadas de la franquicia de Doraemon, es el encargado de dirigir esta adaptación en formato largometraje, trabajo que no era nada fácil y que ha sabido dirigir con bastante estilo. La historia sigue a Ruka, una estudiante con ciertas inseguridades en su persona cuya vida dará un pequeño cambio tras conocer a Umi y Sora, dos chicos provenientes del mar.

Su premisa resulta interesante, pues nos hace querer saber más acerca de este misterioso suceso que envuelve a los dos personajes marinos, y poco a poco nos va adentrando más en su mundo, pudiendo observar las diferentes conexiones entre ellos mismos, Ruka, el mar, y la mismísima humanidad. Ya adelanto que no es una película para todo el mundo, pues para quien no preste demasiada atención a lo que está viendo (incluso si se lo prestas en algunos casos), supondrá un reto difícil de asimilar, puesto que, llegado a un punto, la cinta empieza a introducir elementos de tipo filosófico e incluso trascendental, sobre todo en su acto final donde los acontecimientos os harán explotar la cabeza. A mí personalmente me ha resultado complicado entender todo lo que se pretende explicar en el climax de la película, porque, aunque como he mencionado anteriormente su comienzo y premisa captan nuestra atención, su desenlace es bastante ambiguo, incluso tras ver la escena post-créditos. Me ha recordado a la primera vez que vi la serie original de Evangelion y la película que finaliza ésta, pues había tanto que asimilar que había que verla varias veces para poder comprender todo. “Los niños del mar” tiene una trama potente y original que se cuece a fuego lento y te invita a seguir con ella para conocer a los personajes, su relación entre ellos y su desarrollo (muy bien plasmado hay que decir), pero un final algo complicado a mi parecer.

Crítica de la película Diamantes en bruto (Uncut Gems) de Netflix

Sin duda la mejor interpretación en la carrera de Adam Sandler. Y su mejor película.

Ya le habíamos visto demostrar lo que podía hacer si le daban algo de cancha en la excelente Punch Drunk Love, pero aquí Sandler se supera y nos hace pensar en lo que podía haber dado de sí su carrera si en lugar de su humor facilón y su búsqueda de éxitos de taquilla, se hubiese dedicado a este tipo de proyectos. O incluso a compaginarlos. A darnos una de cada, como han hecho muchos, muchos otros actores. Nos hemos perdido muchas interpretaciones como ésta, que podría perfectamente convertirse en una de las nominadas a los Oscars el próximo día 13 de enero. Y sería más que merecida. Porque Sandler sabe meterse en la piel de su Howard Ratner y aprovechar todas las armas en su arsenal…

La película de los hermanos Safdie (no muy conocidos pero con tres películas anteriores magníficas) nos lleva a la vida de Howard Ratner, joyero judío en Nueva York, jugador compulsivo y ludópata sin ganas de recuperarse, que tiene una doble vida con su amante en la ciudad y su familia en los suburbios, aunque nadie se cree sus mentiras. Endeudado con todos los corredores de apuestas de la ciudad, Howard busca apuntarse un gran tanto, o bien con una apuesta imposible o con un ópalo que ha llegado de África y que podría ser la clave de las apuestas en la final de la NBA. Todo esto ambientado en 2012, con el jugador Kevin Garnett jugando un papel capital…

Crítica de la película La guerra de las corrientes

Imaginativa e interesante aproximación de Alfonso Gomez-Rejon a la batalla inventora que mantuvieron Thomas Edison y George Westinghouse, para liderar el imperio de la energía eléctrica.

Entre sueños de grandeza y deseos de permanecer en la historia hasta el fin de los tiempos, así es como el cineasta Alfonso Gomez-Rejon ha querido plasmar la llamada guerra de las corrientes, que se libró en Estados Unidos en las décadas finales del siglo XIX. Sin perder de vista el componente económico, el responsable de American Horror Story: Coven lleva a cabo un ejercicio fílmico de intensidad apremiante, donde el duelo interpretativo mantenido por Benedict Cumberbatch (Thomas Edison, en el filme) y Michael Shannon (en la piel de George Westinghouse) se erige como el elemento principal y omnipresente, a lo largo de una trama frenética y un tanto neurótica, conjuntada como un mecano de visiones determinantes.

El guion comienza con un objetivo: llevar la electricidad a los hogares estadounidenses, con el menor cargo impositivo y los mínimos riesgos para la salud y el consumo. En esa carrera por lograr la luminosidad perfecta, los experimentos de Thomas Edison y George Westinghouse se convierten en las alternativas más agresivas y competentes para alcanzar el monopolio empresarial en el floreciente sector. Mientras el primero de ellos considera la corriente continua como el método predominante para llegar a la meta planteada, el segundo propone un sistema de corriente alterna, soportado por bombillas con filamentos de mayor duración que las de su competidor. Traiciones, declaraciones poco honorables a la prensa, juicios y problemas familiares se suceden sin cesar a lo largo de esa batalla por dar con la energía del entonces futuro inmediato. Una guerra en la que se introduce un joven inmigrante llamado Nikola Tesla (Nicholas Hoult, en la película), con sus ideas sobre cómo ir más allá de lo estudiado por los proyectos de Edison y Westinghouse.

Crítica de la película El Misterio del Dragón

Fallida y bizarra película de aventuras que mezcla demasiadas ideas.

Son muchos los problemas que tiene El Misterio del Dragón y las virtudes… son bastantes menos, pero no se le puede negar que  pone empeño y brío a la hora de llevar a la gran pantalla un popurrí de ideas sacadas de otras mil historias, y que no tiene vergüenza ninguna a la hora de robar las mismas de todos los medios habidos y por haber. Así el espectador encontrará elementos del cine de kung fu de Jackie Chan, de Golpe en la Pequeña China, de El Hombre de la Máscara de Hierro, de Los Tres Mosqueteros, de La Vuelta al mundo en 80 Días… Y además la película nunca lo esconde. No sólo tiene claros sus referentes, sino que prefiere robar directamente de ellos antes que modificarlos o darles una vuelta para hacerlos nuevos…

La historia tiene en realidad dos, o tres partes, por un lado un cartógrafo emprende un viaja a través de Europa hasta Rusia, donde un contratiempo con el supuesto zar, le lleva a tener que viajar hacia el este, a China, mientras en Inglaterra su prometida debe rescatar a un misterioso preso y llevarle hasta China, donde todos se reencontrarán. Parece complicado y no lo es, ya lo verán cuando acudan, porque todo es demasiado simple y simplista. Hasta el punto de que hay tramas que son olvidadas (la del zar ruso) y otras que aparecen de la nada (la de la prisión con Arnold Schwarzenegger). Muchas cosas lanzadas al azar contra la pared a ver cuál se queda pegada en ella… Nada termina de funcionar por eso.

Crítica de la película 1917

Sam Mendes nos sumerge en la Primera Guerra Mundial con brillantez.

1917 llega a España en 2020 pero es una de las películas que debería estar muy presente en las listas de premios anuales de 2019. Es brillante, y en nuestra cartelera figura ya en mi lista como una de las mejores películas de 2020.

Mendes acierta a articular visualmente su película de viaje por los paisajes de la Primera Guerra Mundial sobre el plano secuencia, dado que solo así podía mostrar esta fábula antibelicista cubierta con el manto de la metáfora y que en todo momento apuesta por la vida frente a la muerte en una forma absolutamente inmersiva para el espectador.

Además sobresale en la forma en que truca los planos secuencia que se constituyen como su principal herramienta para meternos de cabeza en las trincheras, partiendo de una secuencia inicial bucólica, de paz absoluta, en la que dos soldados que van a ser nuestros guías por el infierno de la Gran Guerra, dormitan. Desde ese primer momento empieza a imponerse el dominio del lenguaje del director. Incluso nos marca cual de los dos es el protagonista de su historia, que es la de un héroe en clave de redentor que “muere” varias veces a lo largo de su viaje y desde esos sacrificios se convierte en un dador de vida, no un repartidor de muerte.

Crítica de la película Los dos Papas

Fascinante reflexión sobre la fe que se apoya en dos genios de la interpretación.

La nueva película de Netflix, Los Dos Papas, hace un viaje al pasado reciente para mostrarnos una charla entre el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco, cuando este último todavía era cardenal. Una charla sobre la fe, la Iglesia y el futuro de ambas, representado en la figura de dos actores simplemente brillantes y con un director, Fernando Meirelles, que no podría estar más alejado aquí temática o visualmente de sus trabajos más conocidos como El Jardinero Fiel o Ciudad de Dios. Salvo en el hecho de saber obtener de sus actores la mejor interpretación posible, algo que sin duda ha logrado en su nueva película. Una historia, eso sí, que muchos no aceptarán porque va dirigida, principalmente, a la gente creyente y católica.

La historia es sencilla en apariencia. El nuevo Papa, Benedicto XVI, es elegido y Bergoglio, el cardenal argentino que podía haber sido Papa vuelve, decepcionado, a su tierra, donde retoma sus labores como cura. Algunos años después, es llamado al Vaticano para reunirse con el Santo Padre. Algo que el cardenal lleva tiempo intentando sin éxito. Su idea es retirarse, dejar de ser cardenal y concentrarse sólo en el sacerdocio. Pero Benedicto tiene una idea muy distinta. Una idea que en unos días de reuniones y charlas privadas irá tomando forma y que cambiará a la Iglesia con un nuevo Papa, sin que el otro deje de serlo. Por primera vez en 700 años un Papa deja su puesto…

Crítica de la película El Faro

Una de las mejores y más atrevidas y estimulantes de este año.

Robert Eggers ha vuelto a hacerlo. Ya me sorprendió muy positivamente con su manera de afrontar el género de lo inquietante en La bruja y repite la jugada ahora, mejorándola, con El faro.

La película es un auténtico toque de autoridad en la cartelera. Sin concesiones. Imponiéndose al espectador con brillante solidez desde la pantalla en negro y el juego con el sonido que abre el relato antes incluso de que aparezca una sola imagen. Escuchamos ahí la voz del faro. Ese sonido que nos acompañará como un personaje más, el propio faro, en este viaje de pesadilla que compartimos desde la primera secuencia. Los protagonistas en la gabarra, de espaldas a la cámara, comprimidos en un espacio exiguo. La decisión de presentar la historia en una relación de aspecto de 1.19:1 que prácticamente convierte la imagen a proyectar en un cuadrado, comprimiendo más a los personajes contra las fronteras del encuadre, anticipa la claustrofobia que va a acompañarnos el resto de la proyección como a los propios protagonistas.

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