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Crítica de la película Feedback

Pedro C. Alonso hace gala en su ópera prima de un admirable manejo del suspense, la tensión y el ritmo mientras le toma el pulso a la realidad social.

Hora y media agarrados a la butaca y con los nervios a flor de piel. Ese era el objetivo marcado por el debutante Pedro C. Alonso en Feedback y, vistos los resultados, se puede dar por satisfecho el experimentado realizador publicitario. Producida al alimón por Vaca Films y Ombra Films (Jaume Collet-Serra), su condición de cine de género, que funciona como vehículo perfecto para jugar con los mecanismos del suspense y del entretenimiento, se presupone, por lo que puestos a buscar referentes y fuentes de inspiración rápidamente podemos identificarla como un cruce entre la tensión a contrarreloj en espacios reducidos de El desconocido, la visceralidad y violencia de Secuestrados y la puesta en escena y crítica social de Money Monster. Al igual que en la película de Jodie Foster, Jarvis Dolan (Eddie Marsan) es el presentador y la carismática estrella de un programa de éxito, en este caso radiofónico, que en pleno directo se ve sorprendido por la aparición de unos secuestradores que le obligan a continuar con el programa y transmitir a la audiencia su mensaje. Ahí terminan cualquier tipo de similitudes, pues la película de Alonso no solo es mucho más directa y sádica, sino que aprovecha el punto de partida argumental con la crítica hacia el Brexit para dar un inesperado giro hacia temas más truculentos como la violencia de género o los abusos sexuales, que terminan afectando de una manera u otra al protagonista y a Andrew (Paul Anderson), su expresivo compañero en las ondas.

Crítica de la película Terminator (1984)

Director: James Cameron; Interpretes: Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Lance Henriksen, Michael Biehn, Paul Winfield, Bill Paxton; Año de producción: 1984; Nacionalidad: USA; Guión, James Cameron, Gale anne Hurd, Harlan Ellison, William Wisher; Director de fotografía: Ada,m Greenberg; Director de efectos especiales: Stan Winston; Banda sonora: Brad Fiedel; Color; Duración: 108 minutos.

Se cumplen 35 años desde el estreno en España de Terminator, y la verdad es que si hubiera que escribir una especie de Génesis de lo que en la actualidad es el cine fantástico y de ciencia ficción, sin duda el más caro y a la vez el más publicitado y rentable de los géneros cinematográficos y el único que ha sabido desplegar sus alas hasta posarse en el nuevo mega-negocio que suponen no pocos video juegos cuya popularidad hace que lleguemos a confundir su origen preguntándonos qué inspiro a qué, tendríamos que remitirnos a esta historia de serie B que llegó a nuestro país, concretamente a la capital, despertando desde el enorme cartel que dominaba la plaza de Callao la curiosidad de un público que hasta el momento, y salvo la excepción que supuso Alien, prestaba poca atención a un género cuya denominación no era muy precisa que digamos  - casi siempre se le llamaba ciencia ficción, y aquello era un cajón de sastre en el que se daban cita desde mitos como 2001, Odisea en el espacio hasta series Z perpetradas por el cine italiano a partir de otros futurible mitos como el citado Alien. Así fue como de la noche a la mañana corrió entre los aficionados al cine y entre los aficionados a ver películas, que no son lo mismo, sobre todo si nos referimos a aquella juventud de los barrios periféricos acostumbrada a visitar la pantalla solo si la película en cuestión prometía elevadas dosis de adrenalina o de morbo, la noticia de una película que nos se parecía en nada  todo lo anterior, con un protagonista mitad hombre, mitad robot que parecía haber surgido de una pelea entre bandas callejeras, de una discoteca para uso exclusivo de devotos del heavy metal o de una bronca entre facciones de rockeros. Ni que decir tiene que nadie sabía pronunciar entonces ni de lejos el nombre de su protagonista (a lo sumo algún espabilado recordaba que era el mismo que hacía de Conan, y con eso estaba todo dicho). Lo que estaba claro es que el personaje en cuestión, con todo y con ser el malo de la función, resultaba fascinante por su chulería, por su aparente invulnerabilidad y por el ritmo desaforado que imprimía a su carrera asesina no dejando a su paso títere con cabeza. No sabíamos entonces, ni los aficionados al cine ni aquellos que simplemente se dedicaban a ver una película de vez en cuando, que acabábamos de asistir al nacimiento de un mito y al origen de lo que sería la vertiente más futurista e innovadora, no solo a nivel argumental, del cine de acción. Como tampoco sabíamos que esa modesta producción iba a marcar un antes y un después que se traduciría en una época dorada para los generadores de efectos especiales propiciando el inicio de la estimulante relación entre nuevas  tecnologías y cine, relación que se mantiene hasta hoy.

Crítica de la película Open Range (2003)

El gran regreso de Costner como director

En 2003 se estrenaba la cuarta película de Kevin Costner como director tras haber dirigido dos películas fallidas: Waterworld y Mensajero del futuro. En esta ocasión, se atrevía con un western, un género muy querido por él ya que desde muy pequeño leía novelas de vaqueros y fue así como decidió adaptar una de esas novelas en las que un grupo de cowboys que evitaban el uso de la violencia, finalmente hacían uso de ella para impartir justicia.

Esta es una idea muy “de western” y Costner consigue hacer de ella una película muy entretenida que, sin ser lo mejor del género, es muy honesta en su propuesta y no pretende ser más de lo que puede ser, lo cual no quiere decir que no nos ofrezcan un entretenimiento de calidad con un Robert Duvall que se come la pantalla y con algunas escenas memorables, como veremos posteriormente.

La historia comienza con un grupo de cuatro vaqueros encabezados por Boss Spearman (Robert Duvall) y Charley Waite (Kevin Costner), quienes van conduciendo sus reses a través de las inmensas praderas de las Montañas Rocosas junto a sus fieles ayudantes Mose Harrison (Abraham Benrubi) y el joven Button (Diego Luna). Estamos aún en una época (1882) en la que las reses pueden pastar libremente por cualquier campo (de ahí el nombre de la cinta, Open Range o Tierras Libres) pero ya empiezan a haber terratenientes que ven con recelo que cualquiera pueda atravesar por sus campos, arrasando el terreno por el que pasan.

Uno de estos terratenientes es Denton Baxter (Michael Gambon, los más jóvenes lo conocerán por su papel de Dumbledore en la saga de Harry Potter), quien controla el pueblo de Harmonville y tiene en nómina a su sheriff, el marshal Poole (James Russo).

Cuando Spearman envía a  Mose al pueblo para comprar suministros, los esbirros de Baxter le dan una brutal paliza y lo encierran en la cárcel. Al ver que Mose no regresa, Spearman y Waite deciden acudir en su busca, conociendo al déspota de Baxter, quien les advierte de que si no abandonan su pueblo y sus tierras sufrirán un accidente.

Crítica de la película El Candidato

Magnífica película sobre política que podría haber entrado en la carrera de los premios.

Ignorada en la taquilla finalmente, igual que en los premios, es una pena porque Hugh Jackman podía perfectamente haber sido nominado a los Globos de Oro o los Oscars, pero que fue olvidado por completo. El hecho de que El Vicio del Poder haya sido nominada en muchas categorías y El Candidato ignorada por completo, puede tener más que ver con motivos políticos que con motivos cinematográficos. A fin de cuentas la película saca a la luz las miserias de un político demócrata, y a Hollywood le gusta aparentar y hablar de liberalismo, por lo que es más divertido destrozar a un político republicano… No, no estoy diciendo que El Vicio del Poder sea mala ni mucho menos. Digo que ambas podían haber sido nominadas…

Crítica de la película Feliz Día de tu Muerte 2

Secuela tan divertida como la original brillantemente liderada por Jessica Rothe.

Y además cambiando completamente de género, pasando de lo que era la primera entrega, una parodia del género slasher aplicando la mecánica del bucle temporal similar a Atrapado en el Tiempo. Una primera entrega que era tan simpática como inocua. Su mayor pretensión era hacer reír al espectador con su repaso al género, con las muertes cada vez más disparatadas y con un final hilarante en el que primaba el impacto antes que la propia historia. Lo conseguía con creces, además de un par de sustos magníficos que hacían que valiese la pena pagar el precio de la entrada. Nada más y nada menos. Y su protagonista, memorable, claro.

Crítica de la película Bienvenidos a Marwen

Robert Zemeckis sigue sin tener suerte con sus experimentos de animación.

Varias veces lo ha intentado con resultados irregulares, pero no tan irregulares como en ésta ocasión. Salvo en su versión de Cuento de Navidad, Zemeckis no acaba de rematar la jugada al en lo que se refiere a sus trabajos de animación: siempre se quedan por debajo de los resultados de sus propuestas en imagen real. En esta ocasión incluso ha probado suerte adaptando una historia basada en personaje y hechos reales que por la vía del personaje principal se acerca de algún modo a Forrest Gump y además en el juego argumental de híbrido de realidad y ficción tiene algunos puntos en común con otro de los grandes éxitos del director, ¿Quién engañó a Roger Rabit? Pero eso no le ha proporcionado el éxito, sino más bien uno de los más sonoros fracasos comerciales de su carrera, y en todo caso uno de los desencuentros más claros con su público.

Crítica de la película La protectora

Fallido y tópico vehículo de acción para Noomi Rapace.

Sin anunciarse a bombo y platillo, el pasado 25 de enero Netflix estrenó en Estados Unidos un thriller de acción llamado Closer. La película, dirigida por Vicky Jewson (Born of War) y protagonizada por Noomi Rapace (trilogía Millennium) y Sophie Nélisse (La ladrona de libros), llega ahora a España y estará disponible a partir del 15 de febrero en VOD bajo el título de La protectora.

Quienes quieran acercarse a ella se darán cuenta de que está en la ventana de exhibición idónea. La nueva película de Noomi Rapace habría ocupado un lugar poco privilegiado en las estanterías de los videoclubs ochenteros y, ahora, se tendrá que conformar con perderse entre el sin fin de títulos que Netflix estrena cada mes. En su carrera en Estados Unidos tras abandonar Suecia, la actriz no ha tenido suerte o no ha sabido escoger proyectos, excepto en contadas excepciones como la secuela de Sherlock Holmes, Prometheus, La entrega o El niño 44. En la mayoría interpreta roles secundarios, mientras que como protagonista intenta relanzar su carrera mediante thrillers de acción con los que espera correr la misma suerte que Keanu Reeves o Liam Neeson.

Crítica de la película El día de la bestia

El Apocalipsis a manos de Álex de la Iglesia

En el año 1995 se estrenó la segunda película de Álex de la Iglesia, El día de la Bestia, una película que funcionó estupendamente en taquilla y que consiguió nada menos que 6 premios Goya de los 14 a los que aspiraba: director, actor revelación, dirección artística, maquillaje y peluquería, sonido y efectos especiales.

El director nos ofrece con esta película un estupendo entretenimiento pero detrás de esa fachada hay mucho más como veremos posteriormente, después de hacer un breve resumen a su sinopsis.

El sacerdote Ángel Berriatúa (Álex Angulo) cree que ha conseguido descifrar el mensaje secreto del Apocalipsis según San Juan Evangelista, confesándoselo a su compañero del santuario que muere el un misterioso accidente. Según Ángel, el Anticristo nacerá el 25 de Diciembre de 1995 en Madrid, por lo que decide acudir a la capital para tratar por todos los medios de evitar el nacimiento del hijo de Satanás.

Desde que llega a Madrid, Ángel (el padre Berriatúa) decide hacer el mal para vender su alma al diablo creyendo que de esta manera el mal le desvelará el lugar donde nacerá el Anticristo pero rápidamente se dará cuenta de que no funciona. Es entonces cuando conoce a José María (Santiago Segura), un dependiente de una tienda de discos y amante de la música satánica que se unirá a el padre Berriatúa en esta satánica misión en la que buscan convocar al demonio para averiguar dónde tendrá lugar el Apocalipsis.

Crítica de la película Minority Report de Steven Spielberg

Director: Steven Spielberg; Intérpretes: Tom Cruise, Colin Farrell, Max Von Sydow, Neal McDonough, Samantha Morton, Daniel London, Michael Dickman, Matthew Dickman, Lois Smith, Tim Blake Nelson, George Wallace, Kathryn Morris, Dominic Scott Kay, Arye Gross, Ashley Crow, Mike Binder, Joel Gretsch, Jason Antoon, William Mesnick, Peter Stormare, Patrick Kilpatrick, Katy Boyer, William Mapother, Jessica Capshaw, Richard Cocca, Steve Harris, Keith Campbell, Kirk B. R. Woller, Klea Scott, Frank Grillo, Anna Maria Horsford, Eugene Osment, James Henderson. Año de producción: 2002; Nacionalidad: EE. UU.; Guion: Scott Frank, John Cohen; Director de fotografía: Janusz Kaminski; Música: John Williams; Color; Duración: 145 minutos.

Basada en un relato de Philip K. Dick, viene a representar un paso decisivo en el cine de ciencia ficción de Steven Spielberg, que un año antes había filmado AI, inteligencia artificial, en la que se imponía ya una mirada más amarga y siniestra hacia el futuro y el género de ciencia ficción de la que había presentado en Encuentros en la tercera fase y ET, el extraterrestre. Minority Report completa ese viaje que podríamos definir con el titular: “El cuento de hadas ha terminado”. Si bien mantiene algunos de los elementos más significativos del cine de Spielberg como autor, como es la lucha del individuo contra el sistema, la desconfianza hacia las instituciones establecidas y la autoridad en general, y la teoría de conspiración, además de la inocencia de la infancia como redención. En ese sentido es interesante reparar en el papel del niño perdido que ejerce al mismo tiempo como detonante que arranca la aventura y permite al protagonista completar el proceso de redención, y trazar un paralelismo nada casual entre el niño abducido por los alienígenas en Encuentros en la tercera fase y este otro niño robado, secuestrado, cuyo destino es más dramático, pero que igualmente permite al personaje principal completar su viaje del héroe y la redención. La pérdida podría parecer el epicentro temático de este largometraje, pero en realidad su tema es el libre albedrío que explica las relaciones de enfrentamiento, tensión y sustitución que se producen entre tecnología y religión en todo el argumento, hasta un punto en el que podríamos decir que religión y tecnología acaban solapándose desde los pequeños gestos: la cruz que besa Colin Farrell en momentos claves para su personaje, el pirata informático que se arrodilla y se santigua ante la pre-cog, la denominacón de templo que aplican los policías al lugar en el que residen los pre-cog, considerándose casi sacerdotes o intermediarios, o puentes entre lo divino (los precog, considerados por muchos ciudadanos ángeles custodios que salvaron a las futuras víctimas de asesinatos aún no perpetrados) y lo humano (las víctimas salvadas y los futuros criminales a los que detienen preventivamente antes de que cometan su crimen, con lo cual de algún modo también los “salvan” de sus futuros pecados). La propia fotografía de la película incide en ese aspecto, bañando a los personajes en algunos momentos con una especie de halo sobrenatural o mostrando a los personajes en interiores bañados por una lechosa luz exterior que recuerda el compuesto lechoso en el que están los pre-cog en su templo. Los propios encuadres y planos en contrapicado de Cruise manejando los datos en la pantalla muestran a su personaje como un sacerdote ejecutando su ritual en un altar.

Videocrítica de la película Alita

James Cameron y Robert Rodríguez unen fuerzas en esta aventura épica para Fox que fue durante 20 años el sueño de Camero. Ahora la película llega hasta nosotros por fin y ya hemos podido ver el resultado final. Con un coste de 200 millones de dólares, ¿Estará a las alturas de las expectativas? Echemos un vistazo

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