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Crítica de la película Joker - Guason

La mejor película del año. Joaquin Phoenix está inmenso. Todos somos Joker.

Le pongo cinco estrellas. Me faltan estrellas para ponerle. Le pondría diez si me dejaran. Es la mejor película no solo de este año sino de los últimos años.

El logo de la productora con el que arranca la película es ya en sí mismo toda una declaración de principios sobre lo que vamos a ver a continuación: el retorno del gran cine que los grandes estudios cultivaban allá por los años setenta, cuando pensaban en la calidad, buscaban a su público con más respeto por el público, y no se volcaban en la sobrexplotación de franquicias, secuelas, etcétera.

Joker lleva en su seno a modo de influencia muchos buenos momentos de gran cine de los años setenta y alguno que otro de los años ochenta. Arranca con poderosos ecos que recuerdan Taxi Driver, pero no tara en revelarse como un descenso a la locura del nivel de El resplandor. Una de sus secuencias, el encuentro del protagonista con Wayne en el lavabo, me ha recordado aquel otro momento, también de revelación y que hace avanzar la historia, o lo que es lo mismo, al protagonista hacia la locura, en el que el protagonista de El resplandor se encontraba con el antiguo guarda el hotel Overlord. Y en las secuencias del metro se respira todo el aroma de las buenas películas policíacas que nos servía el cine de los setenta en el marco de la producción comercial de los grandes estudios, tipo The French Connection.

Crítica de la película El crack cero

Precuela nostálgica dominada por el talento de Carlos Santos y Pedro Casablanc.

José Luis Garci vuelve sobre sus pasos, quizá en exceso, en un ejercicio que entra con frecuencia en el escabroso territorio de la cita y la autocita. En su empeño por hacer un homenaje a claves estéticas y visuales de la novela y el cine negro más clásicos resulta comparativamente mucho más fría y cerrada que los dos precedentes de las pesquisas del detective Germán Areta protagonizados por Alfredo Landa.

Garci resuelve su precuela de El Crack mayoritariamente en interiores, con mucho diálogo y algunos giros de la palabra que se resisten al oído del espectador. Ejerce su legítimo derecho a homenajear visualmente la sencillez de planificación del policiaco estadounidense de los cuarenta, pero busca el camino de la tragedia cotidiana en cada frase con demasiado empeño y unos diálogos que se les resisten a algunos de sus actores. Son víctimas de un intento de replicar los cuchillos afilados que hacían vibrar al espectador saltando de un lado a otro entre los personajes del cine negroclásico, pero que necesitan una puesta a punto.

Crítica de la película Joker

Sin duda una de las grandes películas del año, del género y de DC.

Y no, no voy a entrar en ningún caso, en la polémica de si se trata del mejor Joker o Ledger era mejor, o quizá Nicholson. Este es el Joker de Joaquin Phoenix, que bebe de otras fuentes, claro, pero tiene personalidad suficiente como para no discutir si es mejor o peor que aquel. Mucho más interesante es el mensaje sobre la violencia o la situación del mundo, al borde del caos y de explotar. La Gotham que presenta Joker es una ciudad al borde del abismo, y nuestro payaso favorito tiene la clave para hacer que salte. Y no porque busque una revolución. No. Él quiere hacer reír. Es un agente del caos, lo que busca es reconocimiento, en su enorme narcisismo y como psicópata capaz de acabar con el mundo tal y como lo conocemos.

Es una historia sobre el origen de Joker, pero no es la historia que creemos. No es una película de acción ni de intriga, aunque tiene varios giros maravillosos que es mejor no revelar ni aquí ni en ningún otro lado. Lo más decente es dejar que la gente disfrute por sí misma y se encargue de dejar a los demás disfrutar con las sorpresas y los giros de guión de algo que se acerca al drama, pero que, como bien nos recuerda el personaje, sigue siendo una comedia. Una muy negra, muy violenta y completamente incorrecta. Pero comedia al fin y al cabo. Cómo este pequeño hombre, de voz casi imperceptible, con millones de problemas y cargas, con su peculiar relación con su madre (que recuerda a Bates Motel por momentos) acaba convirtiéndose en Joker. No, no es el camino a convertirse en un héroe, o antihéroe, o en alguien que organiza voluntariamente una revolución. Es el origen de un villano, posiblemente el mejor villano de todos.

Crítica de la película Géminis

Entretenida. Técnicamente curiosa. Visualmente atractiva. Guión tópico.

Lo primero que quiero aclarar es que en lo visual pienso que es un buen espectáculo para ver en cine. Pantalla grande y tal. Ang Lee sabe dominar ese nuevo aporte técnico con una solidez que puntúa a favor del espectáculo. Hay poco que criticar y mucho que valorar en ese terreno. Lee cumple. Y la acción funciona.

Otro asunto es la historia. El guión y los diálogos son un explotación de tópicos. Todo es muy previsible y sin aportes nuevos a la fórmula argumental que aplican. Es una sucesión de esquemas ya mejor explotados en sagas como la de Jason Bourne o Misión imposible. Y en su conjunto remite a los esquemas argumentales muy manidos del cine de acción de los años noventa.

A su favor cuenta con los actores para defender con solidez incluso las propuestas, frases, momentos y topicos más sonrrojantes de su guión y diálogo. Le ponen vida a personajes que son recortables, bocetos sin desarrollo, sin viaje en sus historias. Y así podemos digerir esa sistemática sucesión de previsibilidad que habita toda la película.

Crítica de la película Mientras dure la guerra

Amenábar vuelve con su mejor película y un reparto de gigantes.

Amenábar y sus actores se crecen, se agigantan, adquieren tamaño y forma de gran cine tratando una materia prima difícil en una de las mejores películas sobre la Guerra Civil que ha rodado el cine español.

Más allá de lo que cada cual piense sobre lo que en la película se cuenta. Más allá de lo que nos recuerde a cada uno este fresco histórico sobre las propias historias de nuestra familia, para bien o para mal, y más allá de lo que a unos y a otros pueda parecerles desde su personal punto de vista la visión de los acontecimientos y personajes que aparece en la pantalla, resulta difícil ponerle pegas a esta película desde la objetividad.

Crítica de la película RAMBO Last Blood

Lástima: no empieza a ser realmente Rambo hasta los 20 minutos finales.

Después de una larga espera y las buenas vibraciones que como disparate de acción nos dejó la cuarta película de la saga, Rambo: Last Blood me deja una sensación agridulce de desperdicio de reparto por guión flojo y que además en su primera parte aplaza la acción a que nos tiene acostumbrados la saga en sus entregas anteriores.

El problema añadido es que esa primera parte, la más emotiva -forzadamente emotiva, todo hay que decirlo-, aborda un tema serio, un asunto tan grave y trágico como la trata de blancas, y eso encaja mal con el tipo de disparate de acción y aventuras que siempre ha propuesto el tipo de propuestas que protagoniza este icónico personaje.

Es una pena porque sin duda la película esporádicamente en su primer y segundo acto y totalmente en el tercer acto, entra en el juego de lo que esperan los espectadores de la saga de Rambo, e incluso incluye un desenlace que es la acción más brutal del protagonista en sus cinco aventuras cinematográficas.

Crítica de la película Downton Abbey

Buena prolongación de la serie original que gustará a los seguidores de la misma.

Entre 2010 y 2015 la serie de televisión Downton Abbey se destacó en la oferta televisiva por su calidad y consiguió abrirse un hueco en las preferencias de los espectadores. Era televisión de calidad, y aunque su tema y propuesta no eran tan novedosas como algunos de sus “fans” incondicionales pretenden, no era nada nuevo (revisen la serie Arriba y abajo, de 1971), sin duda merecía estar siempre citada entre las producciones de mayor calidad de la pequeña pantalla.

Otra cosa es que a algunos nos interesen poco o nada las peripecias de la aristocracia británica de medio pelo y sus entregados y felices sirvientes, como es el caso de quien esto escribe.

Frente al largometraje que aquí comento me encuentro en la misma situación de obligado reconocimiento de la calidad de algo cuyo contenido no solo no me interesa absolutamente nada, y tiro de obligada objetividad, aparcando mi intenso desapego personal frente a toda esta fauna de personajes que tan poco inspiradores me resultan.

A Downton Abbey le reconozco en positivo el buen ritmo de la narración y la manera de mover elegantemente el protagonismo compartido de todos estos personajes sumidos en ese laberinto de falsas apariencias. El lenguaje visual se gana mi atención y mi aplauso sobre un guion que en realidad revisita y explota sin arriesgar las claves de la serie original, abusando de la baza del previsible interés de los seguidores de la serie por seguir metiéndose en las vidas de esta pintoresca fauna que constituyen los habitantes de esa mansión británica entregada a las tensiones y pequeñas intrigas que promueve el festejo de la visita real al lugar.

Crítica de la película Sordo

Interesante pero a ratos fallida adaptación del cómic de Rayco Pulido y David Muñoz.

Una historia sobre la Guerra Civil española, sí, un género quizá demasiado trillado en nuestra filmografía, pero que aquí pretende ofrecer al espectador algo distinto a través de un tono cercano al western, más cargado de acción y donde la carga política sea menor. Los malos son muy malos desde el principio y los buenos, muy buenos. O eso parece. Que los hechos sucedan en la Guerra Civil parece casi una excusa para dejar fluir una historia que, por desgracia y pese a todas sus buenas intenciones, es muy irregular, pasando de momentos brillantes a otros que dejarán indiferente a la audiencia o, peor aún, le harán preguntarse si ha merecido pagar el precio de la entrada.

Sordo sigue la historia, en plena Operación Reconquista, de un maqui que, tras una operación de sabotaje que no sale como estaba planeada, pierde el oído y debe intentar sobrevivir sin ese sentido en mitad del bosque, rodeado de tropas nacionales que intentan apresarle o acabar con su vida, sin saber muchas veces no sólo quién es amigo o enemigo, sino si merece la pena seguir adelante cuando todo está en tu contra. Por ejemplo la naturaleza. Una lucha que tiene muchos elementos de western crepuscular, uno de sus varios aciertos, y que nos plantea un mundo de personajes duros, fuertes por obligación, enfrentados al paisaje que les rodea, y en el caso del protagonista, aislados del mismo debido a la sordera que les incapacita.

Crítica de la película En Mil Pedazos

Un interesante viaje al infierno de un adicto.

De la mano del matrimonio compuesto por Sam y Aaron Taylor-Johnson, nos encontramos ante una película creada por y para ellos dos, que son no sólo directora y actor protagonista de la película, sino que además son los guionistas de la película, adaptando el libro de james Frey, quien contó en papel su propia historia. El resultado es una competente película dramática con un fantástico reparto, irregular y con algún altibajo, pero con interesantes reflexiones sobre la adicción y sobre los adictos. Aunque en el fondo, y ese es su gran pecado, no nos cuente nada nuevo, ni aporte nada que no hayamos visto con anterioridad… De hecho, casi todo lo que aporta lo teníamos ya en Días sin Huella. Y desde la película de Billy Wilder han pasado casi 75 años.

En Mil Pedazos toma, como decíamos, la historia real de James Frey, quien en la película está interpretado por Aaron Taylor-Johnson, por supuesto, y que en un momento determinado, tocando fondo en su vida, acaba en un centro de rehabilitación, un lugar donde nadie le obliga a estar, pero lo que le espera fuera es peor, por lo que se mantiene pese a todo, en un lugar donde deberá hacer frente a la adicción a las drogas y a su alcoholismo, y sobre todo a sus demonios. No estará solo porque una peculiar comunidad de personajes le acompañarán en el viaje, desde su hermano a su terapeuta, pasando por los otros habitantes del centro. Y quizá incluso, descubra de nuevo el amor.

Crítica de la película Untouchable

Ursula Macfarlane realiza un brillante documental en clave de película de terror, sobre las supuestas agresiones sexuales del productor Harvey Weinstein.

La mirada y las palabras cargadas de aparente sinceridad de la actriz Erika Rosenbaum abren la puerta al sórdido mundo creado por Harvey Weinstein, donde –según cuenta el documental- la violación a las aspirantes a estrellas del cine y a sus ayudantes más atractivas era la norma para él. A modo de thriller, la cineasta británica Ursula Macfarlane diseña una atmósfera que atrapa por la monstruosidad que despliega, y en la que la figura del depredador es retratada por las numerosas víctimas a las que violentó sexualmente.

La documentalista consigue establecer un ritmo narrativo sorprendente, que dibuja una clara línea de exposición, nudo y desenlace para tratar con rigor los espeluznantes hechos que toca. Para ello, Macfarlane toma la inteligente resolución de alejarse del eco mediático del juicio contra Weinstein, y procura ir paso a paso por su senda delictiva, desde sus inicios como productor musical en la ciudad de Búfalo.  Allí, la directora localiza el testimonio de una mujer, a la que convenció para viajar a Nueva York con fines profesionales. Una vez allí, en la habitación de hotel que ambos compartían, el entonces joven Harvey Weinstein abusó de su compañera, sin atender a la negativa de ella.

Este acto sirve para poner en antecedentes al espectador sobre la bestialidad de las agresiones sexuales que el cofundador de Miramax prolongó durante más de treinta años, y cuyas consecuencias fueron tapadas por bufetes de abogados y pagos millonarios a las víctimas. Una manera de silenciar las violaciones, que la documentalista enlaza directamente con el concepto de poder. Los testimonios de los protagonistas directos (tanto las mujeres de las que supuestamente abusó, como las personas que trabajaban a su lado) señalan al distribuidor americano de Cinema Paradiso como un tipo déspota y dictatorial, pese a su olfato para localizar buenos guiones y a su artificiosa cordialidad. Un individuo que se definía a sí mismo como el sheriff de la Meca del Cine.

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