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Crítica de la película No dormirás

Gustavo Hernández consigue crear una película en la que la atmósfera y el espacio se convierten en las principales armas para generar terror y misterio.

Los psiquiátricos abandonados suelen dar un juego especial en el género del horror de naturaleza psicológica y gótica. Quizá, esa sea la razón principal por la que el cineasta uruguayo Gustavo Hernández ha decidido otorgar un protagonismo determinante a una de estas siniestras instituciones, para construir el fantasmagórico y efectivo decorado de No dormirás.

A modo de pesadilla constante, el guion del filme sigue los pasos de una actriz llamada Bianca (excelente Eva De Dominici, en la piel de un personaje que siempre está al límite de la locura). La chica intenta despegar en su carrera, aunque tener que cuidar a su padre –aquejado de una enfermedad mental- le resta la debida concentración para mantener el nivel de ambición de sus colegas. Una noche, mientras Bianca representa una obra en un papel secundario, la joven es citada para el casting del nuevo proyecto de Alma Böhm (Belén Rueda): una reputada creadora, famosa por sus trabajos de extrema exigencia. La protagonista piensa que no va a ser seleccionada, pero al final recibe la llamada del encargado de Alma, y le comunica que la directora está interesada en su incorporación al elenco interpretativo.

Sumidos en un absoluto secretismo, los miembros de la producción son trasladados a un antiguo manicomio, donde se les pone al corriente de que la historia va sobre una interna, que fue acusada de intentar dar muerte a su bebé. Alma exige a Bianca y a su amiga Cecilia (también elegida para competir por el papel principal) que no duerman en ningún momento, para llegar a un nivel en que los mecanismos actorales queden supeditados a la identificación total con el papel. Poco a poco, las horas de insomnio y la oscuridad reinante en el inmueble hacen mella en la salud mental de la protagonista, hasta el punto de ver extraños seres que amenazan su integridad física.

Gustavo Hernández acierta en la manera en que retrata los desangelados pasillos y habitaciones del psiquiátrico, manteniendo la intensidad en los giros de cámara y en la evolución del papel de Eva De Dominici. Los planos retratan con imaginación el tortuoso camino que emprende la joven, hasta perder cualquier signo de raciocinio. Estos elementos son los que poseen más fuerza en la historia, la cual se ve algo frenada en su precipitación hacia el anunciado abismo mental, con una trama tangencial que genera una cierta desconexión con el potente ejercicio audiovisual que se percibía al principio del filme.

Conforme se suceden las aclaraciones de lo que esconde el oscuro propósito de Alma y de su equipo, No dormirás se vuelve un tanto farragosa en su desarrollo. No obstante, Hernández se muestra hábil, al no permitir que los rocambolescos y artificiales giros del argumento perjudiquen totalmente a la atmósfera medioambiental desplegada a través de los fotogramas.

Un acierto de escenificación, más que de contundencia del guion, al que contribuyen sobremanera las esforzadas y convincentes caracterizaciones de las destacables Eva De Dominici y Natalia de Molina. Ellas logran que el interés no decaiga, incluso en los momentos menos brillantes del metraje. Labor en la que también pone su granito de arena Belén Rueda, pese a que su parte no posee tantos asideros dramáticos como las de De Dominici y De Molina.

Jesús Martín

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©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El Justiciero con Bruce Willis

Un remake de la película de Charles Bronson, algo regulero. La moda de los remakes llega ya hasta la serie B con esta película de Eli Roth protagonizada por Bruce Willis que intenta recuperar el espíritu de justicieros vengadores que nacieron con y a la sombra del Paul Kersey que Bronson interpretó en los años 70 por primera vez, una especie de Harry el Sucio en versión justiciero, que reflejaba un clima político y social, una época muy concreta, en la que Estados Unidos vivía en un momento crítico que definiría en gran medida las décadas posteriores. No es la misma situación, aunque pueda parecérsele (no hay un Vietnam de por medio) pero hay suficientes paralelismos para que la idea pudiese funcionar. Y no lo hace.

Un médico que vive de forma impecable, buen padre, marido y hermano. Mejor profesional, que ve como una noche su mujer es asesinada y su hija puesta en coma tras un robo en su casa. Harto de ver cómo la policía es incapaz de hacer algo por encontrar a los culpables, se pone manos a la obra él mismo para hacer justicia y buscar por su cuenta a los responsables. Y lo que en los 70 era la protesta de la clase media ante una situación de descontento, crisis y crimen en las grandes ciudades, aquí no sabemos nunca si quieren glorificar el uso de las armas, o satirizarlo. Si están a favor o en contra del justiciero. Desaprovechando el tema de las redes sociales, internet y la opinión pública, algo que queda en mera anécdota.

Crítica de la película Errementari. El Herrero y el Diablo

Cine fantástico con toques de cuento tradicional y mucha artesanía. La propuesta de Paulo Urkijo Alijo es sin duda arriesgada. Tomar una leyenda popular vasca y convertirla en un relato de poco más de noventa minutos de duración con todos los elementos de la misma y profundizando en sus personajes y universo propios, pero además hacerlo en euskera antiguo, en arabarra o euskera alavés, que es la región en la que ocurre la historia. Es arriesgado porque más que nunca para disfrutar de la película hay que verla en versión original, y no sé hasta qué punto el doblaje permitirá acercarse a una historia tan personal y distinta, pero en el fondo tan nuestra, tan particular de esta tierra.

Crítica de la película Liga de la justicia

La he disfrutado más que Batman V Superman pero es menos película que aquella otra y que Wonder Woman.

Trepidante. Entetenimiento garantizado. Acción. Acción. Acción. Esto se lo puedo asegurar: no hay los bajones de ritmo que en algunos casos se registraban en Batman V Superman: el amanecer de la justicia. Es más, resuelve mejor algunos personajes como los de Lois Lane y Martha Kent que aquella otra. Y sabe administrar bien sus dos horas de metraje para presentar a todos los personajes de manera solvente. Flash hace las veces del nuevo Spiderman en el universo Marvel, el fricazo como contrapunto cómico. Pero por ejemplo hay cierto desencuentro entre esa imagen de friqui y el tema del padre en la cárcel que está metido como con calzador. Es como si en Spiderman Homecoming nos hubieran metido, otra vez, el drama de los padres muertos del héroe. Aquí es el padre en la cárcel que no pega ni con cola con toda la movida del personaje en su faceta fuera de la cárcel. Esa falta de solidez en la propuesta de guión, a pesar de su eficacia en el ritmo para contar la peripecia, se produce también en el personaje de Aquaman. Te cuentan su historia en una charla con Mera, pero de manera un tanto forzada, como con calzador. Y vuelve a repetirse el mismo asunto con el personaje de Ciborg. Toda la película produce justo la sensación contraria de ritmo operístico que tenían las dos películas anteriores de Zack Snyder en el universo de superhéroes de la DC, El hombre de acero y Batman V. Superman: El amanecer de la justicia: parece que van como con prisas durante toda la película, que fundamentalmente es casi en todo momento una sucesión de secuencias de acción con casi ningún desarrollo dramático y con apresurados resúmenes del origen de los tres superhéroes nuevos, Aquaman, Flash y Ciborg, a los que ya se nos presentó en Batman V. Superman. No aporta nada nuevo al personaje de Wonder Woman. Antes al contrario: nos reencontramos con unas amazonas en guerra, pero no llegamos a tener la emoción épica de las que nos presentó Patty Jenkins en su película sobre Wonder Woman.

Crítica de la película Liga de la Justicia

Convincente película de superhéroes de DC.

Dos horas justas de proyección, que pueden parecer pocas si tenemos en cuenta que lo habitual en el género es irse hasta las dos horas y media últimamente, sobre todo cuando se trata de grupos de personajes en acción. En esta ocasión DC ha optado por reducir la duración de la película, que inicialmente se rumoreaba que duraría casi tres horas, para potenciar las secuencias de acción y el tono épico de la historia. Sí, tiene más humor que Batman v Superman o El Hombre de Acero, pero está perfectamente integrado en la historia y tiene un sentido. Y si no me parece que esté a la altura de algunas de las anteriores, como explicaré en estas líneas, no tiene que ver con el estilo o con el hecho de que me hubiese aburrido, que no es el caso ni mucho menos. Tiene que ver con el desarrollo dramático de los personajes, con sus ideas de fondo, más que de forma. Porque al final Liga de la Justicia es un entretenimiento de lujo, y no busca más que eso. Un episodio dentro de una gran saga, el primero de varios esperemos.

No ha sido un parto sencillo el de esta película. Tras el fiasco de crítica de Batman v Superman (que nunca me cansaré de defender una y otra vez contra viento y marea), y pese a la enorme acogida de Wonder Woman, con la nueva película se era cauto, y más con Zack Snyder detrás de las cámaras. Muchos temían otra fría acogida como la de su anterior película. La tragedia acompañó a la película cuando a inicios de año la hija de Zack Snyder falleció, haciendo que el director y su esposa dejasen la postproducción de la película, que pasó a manos de Joss Whedon, quien dirigió escenas nuevas durante cuatro semanas en verano, con diversos problemas añadidos. La película tiene un coste final de 300 millones que evidentemente esperan recuperar en las salas de cine. Pero la sensación que tenían muchos es que se encontrarían ante una película híbrido entre los dos estilos, entre el tono épico de Snyder y el tono también divertido y ágil de Whedon, que, para quienes lo hayan olvidado, es un director que controla la épica de las historias de forma brillante como demostró no sólo en Los Vengadores, sino en sus series de televisión.

Crítica de la película Thor Ragnarok

La mejor de las tres películas de Thor hasta la fecha.

No está exenta de algún que otro problemilla y con el final de esta trilogía nos queda la sensación de que no han sabido cogerle la medida real al personaje en algunos aspectos, o en muchos. Por mucho que algunos acabasen decepcionados, la versión del personaje que ofrece la primera película de Kenneth Brannagh, es la más cercana a lo que Thor es en los cómics, en su vertiente de viaje al mundo humano, a la Tierra y los problemas que allí encuentra, incluyendo su relación romántica con el personaje de Natalie Portman. Solemne, con toques de ópera y de drama de Shakespeare, a la que, por motivos de presupuesto al ser la primera entrega, le faltaba algo de acción al más puro estilo Thor… No era perfecta pero era un magnífico comienzo para el personaje. Con la segunda parte, servidor tiene sentimientos encontrados. Me lo pasé bien con ella, reflejaba muy bien el universo de Asgard y los elfos oscuros, todo el tema de la magia y tenía grandes batallas. Pero la película era fría, sin alma, y el exceso de humor la hacía perder el norte en momentos cumbre.

En cierta medida eso le sucede a Thor Ragnarok. De hecho tiene aún más chistes que las dos anteriores juntas, con una manía preocupante por convertirse en una comedia, mucho más cercana a Guardianes de la Galaxia en tono y argumento que a una historia de Thor. En cierta medida es como si los responsables de Marvel no creyesen en el potencial del personaje a nivel cinematográfico y tuviesen que aderezarlo con elementos propios de otros personajes. Y Thor necesita un aire de solemnidad en determinados momentos, un punto de seriedad narrativa que aporte épica en determinados momentos. Épica que, por ejemplo, sí supo tener Doctor Extraño, pero que se encuentra ausente en muchas películas de Marvel recientemente. Esa sensación de que todo está perdido y los héroes no tienen más que una solución, seguir luchando. Si esos momentos siempre se salpican con humor, pierden mucho fuelle. Pierden peso. Y por mucho que me encante Taika Waititi, director de la película, ni todo el humor funciona, ni el personaje y su universo lo necesita a todas horas. Es un tono habitual ya en muchas producciones Marvel, aunque parece que Black Panther con Ryan Coogler al mando podría devolvernos algo de lo visto en otras películas (sí, yo también pienso en Winter Soldier o Avengers).

Crítica de la película Blade Runner 2049

Obra maestra. Al nivel de la primera y en algunos aspectos incluso superior.

A ver, me explico: todos sabemos cómo se gestó Blade Runner, de Ridley Scott. Y nadie le niega su poder evocador como icono del género de ciencia ficción. Obra maestra, sin duda. Pero lo que ha hecho Villeneuve con su prolongación, ampliación, análisis y homenaje a la película de Scott es propio de un maestro. No era fácil la tarea que tenía por delante y sin duda no faltarán quienes piensen que es una auténtica herejía pretender que su aproximación al universo de Blade Runner es en algunos aspectos superior al largometraje que la precede. Pero para empezar hemos de descartar mirar este largometraje como una continuación o secuela al uso. No hay nada convencional, típico o previsible de las secuelas en esta épica y operística excursión al futuro que nos propone Villeneuve. Rinde homenaje a la película de Scott, y no sólo a una de sus versiones, sino a todas, con una colección de pinceladas que van de lo contundente (esas paredes atravesadas por los personajes en guiño a la paliza final del largometraje anterior, esas luces sobre el rostro de algunos personajes en momentos que nos recuerdan claramente a Roy Batty…) a lo elegante y sutil (el caballo clave en la historia, eco de las figuras de papel de la película anterior, o del unicornio de la versión extendida del director, que en su rotunda naturaleza de madera es al mismo tiempo un eco del papel del regalo de los griegos a los troyanos en La Ilíada y una pista para entender lo mucho que separa a la película de Scott de la de Villeneuve).

Crítica de la película Kingsman: El Círculo de Oro

Potente secuela, divertida y llena de acción, que sin embargo no logra sorprender. Es una opción deliberada del equipo creativo de la película, Matthew Vaughn y su coguionista habitual, Jane Goldman, una opción sin duda inteligente. Dar a la audiencia aquello que en la primera parte funcionaba, aquello que más les gustó y que les hizo llenar las salas de cine la primera vez. A mayor escala, con más reparto, con más vistosidad y efectos visuales. Crecer en esa dirección. Pero dejando de lado algo que hizo la primera película distinta al resto. Era sorprendente. Nadie se la esperaba, nadie la imaginaba así, nadie creía que una escena como la de la Iglesia era posible. No era lo típico, ni siquiera en el tema de la sátira. Kingsman tomaba lo que ofrecía el cine de espías, especialmente la saga de James Bond, y lo retorcía para adaptarlo a un público moderno, dotándolo de un brillante sentido del humor gamberro, unos personajes pasados de vueltas y esperpénticos que se mofaban de los arquetipos del cine de espías, bastante sangre y un tono distinto también en lo visual, que empleaba para las escenas de acción el plano secuencia como no habíamos visto antes.

La película, como todos sabemos, funcionó en la taquilla y ha ido ganando seguidores con el paso del tiempo, hace apenas tres años que se estrenó, lo que nos ha llevado a una secuela, donde las apuestas suben, por supuesto. Se espera que repita al menos el éxito de su predecesora, o que lo supere si puede, y que además consiga contentar a los fans de aquella, los que la vieron en cine y los que no. Para ello repite el equipo creativo, Vaughn y Goldman, y gran parte del reparto, pero además cuenta con un presupuesto más holgado que permite viajar por medio mundo (en la ficción, obviamente) y mayores escenas de acción, por no mencionar de un reparto más amplio y con más rostros conocidos, sobre todo teniendo en cuenta que vamos a conocer a la contrapartida americana de los Kingsman, los Statesman, que en lugar de una sastrería tiene como tapadera una destilería de burbon en Kentucky. Y con todo eso además de repetir Colin Firth, Mark Strong, Sophie Cookson y, por supuesto, Taron Egerton, el protagonista, se suman los nombres de Julianne Moore, la villana, Channing Tatum, Pedro Pascal, Jeff Bridges, Michael Gambon, Halle Berry y un cameo de Elton John verdaderamente memorable.

Crítica de la película Valerian y la ciudad de los mil planetas

Una de las más completas e interesantes propuestas de ciencia ficción de los últimos años.

Luc Besson ha dado en el blanco, y lo demuestra desde los primeros compases visuales y sonoros de su última fábula de ciencia ficción, en los que nos resume en un fundido encadenado acompañado por la música de David Bowie ese futuro que imaginaron los autores del comic en el que se basa esta película, y que también inspiró El quinto elemento, Pierre Christin y Jean-Claude Méziéres. Ese futuro que pudo ser y no fue, optimista, aventurero, intrépido, imprevisible, multicultural, consigue dibujarse en Valerian y la ciudad de los mil planetas como el trampolín de salto hacia la space-opera con claves de intriga y aventuras que rinde homenaje no sólo al cómic en que se basa, sino en general al trabajo con el género de ciencia ficción que han venido haciendo las viñetas del cómic europeo desde los sesenta en adelante, tan diferente y precisamente por ello tan estimulante como alternativa a las propuestas que nos han llegado masivamente desde los Estados Unidos. Propongo al lector de estas líneas que se zambulla para comprobarlo en esa brillante corriente de viñetas europeas degustando clásicos del género como las propias aventuras de Valerian agente espacio-temporal, pero también la saga de la Casta de los Metabarones, de Alejandro Jodorowsky y Juan Giménez, Aníbal 5, de Jodorowsky y Manuel Moro, o Exterminador 17, de Enki Bilal, Las historias de la taberna galáctica de Josep María Beà, 5 por infinito de Esteban Maroto, Ramón Torrents, Adolfo Usero y Suso Peña, Los cuentos de un futuro imperfecto de Alfonso Font, la saga de Yoko Tsuno de Roger Leloup, El Incal, de Moebius, Supernova Víctor Mora y José Bielsa, o la serie Estela, de Jean-David Morvan y Phillippe Bouchet, que en muchos aspectos es tributaria y heredera de las aventuras de Valerian.

Gran trabajo de Charlize Theron en una de las mejores películas de acción del año.

Trabajando a la sombras de John Wick, ojo, no de John Wick 2, aunque el tono de ésta última le habría venido mucho mejor a sus pretensiones de ser más sofisticada por aquello de que se mueve en el cine de espías, Atómica es una curiosa criatura dentro de la mezcla del cine de acción de nuestros días a la que merece la pena echarle un buen vistazo en el cine de este verano tan repleto de estrenos trepidantes.

Se basa en un cómic, pero sabe defender su naturaleza como producto cinematográfico sin caer en el mimetismo de estrategias de otros lenguajes. Su lenguaje recuerda en muchos casos el de otros largometrajes que han trabajado en la línea argumental de las intrigas de espionaje, constituyéndose como una especie de puzle en el que encontramos piezas de Nikita, de Luc Besson, la serie Alias de J.J. Abrams –dos de sus más señalados precedentes audiovisuales-, pero al mismo tiempo es suficientemente madura como para saber que para lo referido a secuencias de acción no puede vivir solo de éstos, de manera que incorpora claves de la saga de Jason Bourne, sobre todo en las peleas, excepcionalmente bien defendidas por Charlize Theron, y hace su propia reinterpretación en clave femenina y siniestra de la saga de 007, como testimonian las cicatrices de la protagonista y esa escena de apertura de su personaje en la bañera, ejemplo perfecto de anti-Bond muy cercano al arranque de Casino Royale. Añadan a todo lo anterior una reconstrucción de época en el momento de la caída del muro de Berlín defendido sobre todo por el personaje de James McAvoy y Eddie Marsan como “el paquete”, que sirve para incorporar pinceladas del género de espionaje procedentes más bien del excelente canon impuesto para el mismo por las novelas de John le Carré y sus adaptaciones al cine, por ejemplo El topo, El hombre más buscado o Un traidor como los nuestros.

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