Crítica de la película Rogue One: Una Historia de Star Wars

Mejor que el Episodio VII y con más personalidad a la hora de tratar la mitología de la saga.

Hace meses, cuando salió el primer tráiler de este largometraje, me mojé en un vídeo y dije que podría llegar a ser mejor y gustarme más que el Episodio VII, y lo cierto es que mis expectativas se han cumplido y precisamente por el camino que yo aventuré en aquel momento. Más libre que la película de J.J. Abrams a la hora de abordar la mitología de Star Wars, Rogue One consigue explorar aspectos realmente novedosos de la misma sin apartarse del espíritu de la franquicia. Es más, incluye numerosos guiños e incluso varios personajes clave que sirven para enlazar perfectamente este largometraje con el Episodio IV, una nueva esperanza. Y de hecho la palabra clave de esta historia es precisamente esa, la esperanza como motor de la Rebelión. Lo que hace Gareth Edwards es sacar el máximo partido a la libertad para contar una historia que se instala cómodamente desde el primer momento en la corriente narrativa de Star Wars pero busca incesantemente y con éxito darle otra vuelta de tuerca a la misma.

Crítica de la película Hasta el último hombre

Una de las mejores películas bélicas sobre la Segunda Guerra Mundial.

Al nivel de las grandes: Salvar al soldado Ryan, La delgada línea roja, Cartas desde Iwo Jima, La colina de la hamburguesa, La colina de los héroes, La colina de los diablos de acero, Ataque, la serie Hermanos de sangre… Estas son las claves que pueden servir para hacerse una idea de cómo y por donde respira el último trabajo de Mel Gibson como director, una de sus mejores películas, mejor que la serie Las banderas de nuestros padres, The Pacific o Windtalkers y al nivel de otra joya del género bélico, o por aclararlo más, antibelicista, Senderos de gloria, de Kubrick.

Es también una de las miradas más brutales del cine a la guerra, sin adornos ni componendas para edulcorar las imágenes que representan el infierno de la muerte. Cada muerto y cada herido deja su huella en el espectador, que se ve totalmente envuelto en el huracán de violencia en algunas de las mejores escenas de acción que ha rodado el cine. Eso sí, acción con contenido, no acción por la mera acción o como adorno principal de la función. Detrás de las secuencias bélicas propiamente dichas, lo que oculta Hasta el último hombre es una apuesta muy actual por la vida frente a la muerte, una clara reflexión sobre las culturas de vida frente a las culturas y rituales de muerte, lo cual, con los tiempos de guerra contra el terrorismo en los que vivimos, resulta plenamente actual y va más allá del contexto histórico en el que se desarrolla este largometraje que por otra parte se basa en una historia real.

Crítica de la película Los juegos del hambre: Sinsajo 1

Mejor y mas sólida que las dos películas anteriores. Me ha gustado más. 

Sinsajo 1 es más cine que las dos primeras entregas de la saga. Maneja temas más interesantes. Concretamente se centra en el tema esencial de la saga, que es la forma en la que la gente común y corriente es engullida por la corriente de la historia, utilizada como anzuelo de propaganda en las guerras, manipulada como un títere sin alma por quienes se ocupan de propagar las ideas que son las que aprietan el gatillo y sueltan las bombas sobre los inocentes. Ese tema es el reto al que se enfrentan los personajes en esta entrega donde  finalmente las cartas de esta saga quedan puestas al descubierto, sobre la mesa, con más madurez y solvencia narrativa, con más seriedad, que en las dos películas que la preceden. Digamos que con esta película, el relato supera su fase más adolescente y entra en materia más interesante. Es  mejor en su primera mitad, en su exposición de la situación de cambio a que se enfrenta Katniss convertida en símbolo de la rebelión, el Sinsajo del título. Ese periodo de adaptación de  protagonista a su nuevo papel en el juego de la política es la mejor parte de todo lo que hemos visto hasta ahora en Los juegos del hambre, con diferencia. Katniss deja de ser una especie de heroína de recortable, bidimensional, para adquirir incluso cierto aire de Juana de Arco cuando acude por primera vez al frente. Además, está respaldada más que nunca por un reparto de actores que son pesos pesados capaces de levantar cualquier personaje en cualquier situación, a lo que se añade un papel más destacado y definido, tanto por su propia interpretación como por lo que cuenta de él Finnick, del personaje de villano que interpreta Donald Sutherland, un veterano, un clásico que brilla más en esta tercera entrega que en las dos anteriores. Para quien esto escribe es además una buena noticia que por cuestiones del propio argumento nos hayamos librado finalmente de esa parte más pedante y exagerada, churrigueresca, absurda y francamente molesta que eran los perifollos y jueguecitos de Barbie neurótica del Capitolio, comandados por Stanley Tucci, gran actor sin el cual sería imposible aguantar tal suplicio. El hecho de que aquí no haya juegos propiamente dichos, sino guerra, puesto que esta es una película bélica muy astuta que como digo trata el tema de la propaganda, permite que ese lastre para el relato, exagerado visualmente en las dos entregas anteriores, deje de estar presente. Una molestia menos. 

Plannos como el de la masacre del Distrito 12 testimonian el cambio del que hablo respecto a las películas anteriores. Eso sí, les ha fallado un poco la acción. Andan justos de presupuesto y lo administran bien, porque de hecho Julianne Moore, que junto con Sutherland es de lo mejor de la entrega, son el mejor efecto especial para la manera en la que se ha planteado la película, en primeros planos, con más drama que acción. Pero un poco más de escenas de esa guerra que apenas vemos le podrían haber venido bien al conjunto del relato. Imagino que se lo guardan prara Sinsajo 2,. 

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El caballero oscuro, La leyenda renace

Nolan pone el broche de oro a su saga de Batman con una obra maestra del cine. Una película que supera todas las expectativas, que eran extremadamente elevadas tras esa pedazo de película que fue El Caballero Oscuro y que sirvió para redefinir el cine de superhéroes, aquí haciendo el más difícil todavía para cambiar las reglas del juego de los blockbusters. El listón se ha puesto a una altura desmesurada porque Nolan ha demostrado que se puede y se debe hacer un blockbuster cargado de acción, trepidante y épico, pero a la vez lleno de personajes memorables, drama humano y social que se conjuga de forma espectacular, vibrante y emotiva en uno de los mejores cierres que se puede dar a una trilogía jamás visto en una sala de cine.

Olvídense de los Peter Jackson, los James Cameron y similares de rigor. En lugar de apostar por las nuevas tecnologías y vender la vida por epatar visualmente al espectador, sin que haya mucha tela que cortar en el guión, Christopher Nolan siempre ha apostado por hacer de sus guiones y su tradicional forma de contar el cine su mayor baluarte. Hacer historias que realmente interesen al espectador, con personajes que traspasen la pantalla y te lleven a un mundo ficticio pero real, aunque se trate de cómo controlar los sueños de la gente. Aunque se trate de un tipo enmascarado con capa y un coche que parece un tanque. Nolan apuesta por esas historias que se nos quedan dentro, que no nos dan todo mascado y pulido para que no tengamos que pensar. Películas que te apetece repetir a los dos minutos de terminar la proyección. El auténtico revolucionario del cine moderno es Christopher Nolan, y ni señores del Anillo, ni Avatares ni Matrix varios van a cambiar eso.

Crítica de la película Tengo Ganas de Ti

 

Fiel adaptación de la novela que hará las delicias de quien disfrutó de la primera entrega. Babi y Hache vuelven a la gran pantalla para completar esa gran historia de amor escrita por Federico Moccia con las novelas A 3 Metros sobre el Cielo y Tengo Ganas de Ti, que ya fueron adaptadas en su Italia natal y que ahora, un año y medio después del estreno de la primera adaptación española, regresan para volver a llenar las salas de cine como también lo consiguió 3 Metros sobre el Cielo con más de 10 millones de euros recaudados, cifra a la que aspira, sin duda, Tengo Ganas de Ti. Y en una época en la que el cine español anda de capa caída y el fútbol mantiene al público alejado de las salas, una película como ésta, destinada mayoritariamente al público femenino, puede resucitar la taquilla y dar una alegría a nuestro cine, que buena falta le hace.

Crítica de la película Contraband

Contrabando es una buena propuesta de cine policíaco con intriga creciente y elementos del cine de aventuras. Versión norteamericana de la coproducción europea Reykjavic Rotterdam, dirigido por el protagonista de aquélla, Baltasar Kormákur, Contrabando juega muy bien sus cartas para convertirse en una propuesta de cine policíaco con personalidad propia construida sobre su curioso argumento que acaba dando lugar a una de las propuestas de cine policíaco más interesante que he visto en los últimos años. Empieza como una trama más o menos convencional que les voy a resumir en lenguaje sencillo. En esencia: chico malo (Wahlberg en uno de sus papeles hechos a medida, como un traje, tipo Cinco hermanos), que se salió del mundo criminal y ahora es autónomo y está casado con un pibón (Kate Beckinsale, no hace falta decir más, señores), fue ladrón y se ha pasado a instalar sistemas de seguridad (eso suena bonito, pero es como poner a la zorra a cuidar gallinas). Pero el gilipuertas de su cuñado, un niñato que tiene dos buenos guantazos aplicados con la mano llena desde el principio de la película, se mete en una movida de contrabando de drogas y le obliga a volver al mundo criminal para salvarle el culo de un tipo muy chungo, interpretado por Giovanni Ribisi a medio camino entre una versión gótico-siniestra (como dirían en La chispa de la vida) del capitán Jack Sparrow de Johnny Depp y una traca valenciana. Ribisi es bueno, pero aquí está ligeramente pasado de vueltas y tan caricaturesco que acaba por hacer que la interpretación del otro destacado secundario del reparto, Ben Foster, nos recuerde el estilo contenido de Ryan Gosling en Drive, no digo más.

Así las cosas, nuestro protagonista, hombre con pelotas e ingenio, se nos presenta casi como una criatura que parece salida de las novelas de Elmore Leonard, un héroe que no quiere serlo pero que como se ponga a la tarea les va a dar sopas con ondas a todo el resto de pringados que hay metidos en el lío. Incluido el macarra de Ribisi, que también tiene, como el personaje de Sebastián interpretado por Foster, mucho en común con los personajes de antihéroes y villanos que componen la fauna criminal de las novelas de Elmore Leonard. Un ejemplo: la escena de paliza Wahlberg-Ribisi, con la niña mirando. Otro ejemplo: los problemas con el alcohol de Sebastian/Foster. En ambos casos, una muy astuta y talentosa manera de darle trasfondo a las vidas de esos personajes “secundarios”, construyendo más solidez y verosimilitud para la historia en general. Y con la máxima economía de planos, diálogo y metraje.

La construcción de personajes y la forma de tratarlos visualmente, alternando esos planos cercanos e incluso muy cercanos de los rostros, se asocia con una narración de las secuencias de acción creíble y trepidante para meternos de cabeza dentro del relato. En ese sentido, ojo al trabajo de iluminación sobre Kate Beckinsale, que rompe totalmente la imagen de heroína de fantasía que se ha ido construyendo sobre ella en la saga Underworld y le devuelve claves de actriz y belleza que no tienen nada que ver con ese estereotipo, sin hacer que deje de ser una de las mujeres más atractivas que se asoman al cine actual.

Hasta ahí la cosa les habría quedado como un aseado relato criminal, más o menos convencional en algunos momentos y personajes, algo previsible, pero visualmente bien servido y competente como entretenimiento. Pero llegados al punto en el que la fábula va camino de estancarse en el más de lo mismo, se produce un giro en la historia, nos subimos a un barco con el protagonista y sus socios, entre ellos Lukas Haas, que tiene papel breve pero significativo, y el argumento se aproxima más a un relato de aventuras, con viaje incluido, en el que se instala la acción, la intriga y lo novedoso con una fluidez que hacen crecer el relato en el momento preciso, para convertirlo, como he dicho antes, en una de las propuestas más interesantes que vamos a ver este año de cine policíaco con elementos de aventuras e intriga creciente que nos garantiza evasión y tensión creciente durante el resto del metraje. Incluye esa fase más aventurera una peripecia con atraco y tiroteo muy competente situada en el lugar idóneo para abrir paso a la fase final en la que el guión acumula acciones en paralelo acelerando los acontecimientos con Kate Beckinsale ganando protagonismo en el slalom final y haciendo crecer el personaje de Sebastian.

No es magia del cine, sino buena ingeniería de guión servida por un grupo de actores muy competentes. Ribisi no interpreta así de caricaturesco por su gusto. Es que le han marcado esa pauta a su personaje, precisamente para que contribuya al mejor funcionamiento de la evolución del personaje de Ben Foster, edificando una trama secundaria de relación entre ambos muy curiosa que refuerza la aventura central de Mark Wahlberg, proporcionando al espectador una subtrama complementaria a la que más tarde se unirá la del calvario que habrá de sufrir Kate Beckinsale en la parte final del relato. Si esto se hubiera quedado sólo en la peripecia de Wahlberg y la aventura en barco, el resultado sería mucho más limitado en eficacia, pero esa eficacia se multiplica cuando al final tenemos tres tramas en el aire que se complementan a la perfección y permiten hacer esa construcción narrativa de acciones en paralelo que dan lugar a una intriga creciente.

Se le podría reprochar un final excesivamente optimista para mi gusto que se corresponde más con el género de aventuras mezcladas con elementos policiales tipo Ocean´s Eleven, que con el cine negro de criminales vertiente crook story, pero se lo perdono porque me ha proporcionado una hora y media de evasión bien construida y novedosa, o por lo menos diferente a lo que nos tiene acostumbrados el cine norteamericano de acción. Así que no dudo en recomendarla con esas cuatro estrellas que le he puesto más arriba.

Miguel Juan Payán

El Invitado ★★★

Febrero 11, 2012



Crítica de la película El Invitado

Cine de acción con nervio y dos grandes protagonistas, a veces pasado de revoluciones. El Invitado nos propone una curiosa mezcla dentro del género de acción más trepidante, que se degusta como un caramelo debido a la escasez que tenemos últimamente dentro del género y más si es de calidad. O con unos mínimos aceptables de calidad que demuestren que no nos toman por tontos. En este caso tenemos lo que podría considerarse una buddy movie, dos tipos contra el mundo y contra ellos mismos, pero pasado por el tamiz de la daga Bourne, que es sin duda el referente del cine de acción de mayor peso en la actualidad. Aquí se aprovecha todo de la saga de Matt Damon, desde la estética y la imagen a la narración. Con dispares resultados, eso sí.

Pero es cierto que el aficionado al cine de acción lleva un tiempo algo abandonado por las productoras. Me refiero al cine de acción más “clásico”, no a productos derivados que caen en la acción, como Sherlock Holmes o Misión Imposible. Una película del estilo de las mencionadas de Jason Bourne, o los últimos James Bond, La Jungla de Cristal… Cosas de esa terna. Nos lo ofrece El Invitado con una trama que implica a la CIA y un piso franco, su controlador, un invitado y un grupo de asesinos detrás de ambos. No conviene decir mucho más para que el público no vaya a la sala sabiendo demasiado. Aunque sus giros de guión sean algo toscos y previsibles.

Pero la película es como una descarga de adrenalina en vena. Ambientada en Sudáfrica, la textura con exceso de grano y demás de la que hablábamos antes, le sienta genial a la ciudad, que desde los pocos minutos se convierte en un laberinto de gente, asesinos, persecuciones y violencia, un territorio hostil del que nunca sabes de dónde puede venir el peligro (balas perdidas, coches que surgen de la nada o explotan sin previo aviso). Es una forma de darle realismo y tensión a la trama y funciona. No funcionan tan bien  las escenas de acción, montadas de esa forma que cuando se pelean dos tipos, no sabes qué demonios sucede en pantalla. Las persecuciones y tiroteos quedan mejor, pero las peleas… Cuenta pendiente de la película. Hay una en una barriada de chabolas, por la noche, que no sabes si está peleando Denzel Washington o se está apareando un león o están remodelando un piso. Cualquier opción podría ser.

Los actores principales se defienden solos con su nombre, lo mismo que los secundarios, aunque Denzel tiene un par de momentos que suele tener últimamente en sus películas en los que a su personaje, sin motivo aparente, se le va la pinza, empieza a hablar en plan jeroglífico. Reynolds ya ha demostrado con creces que es un gran actor (ojo a su primera muerte con sus propias manos), y estar acompañados de nombres como Brendan Gleeson, Vera Farmiga o Sam Shepard ayuda mucho. Aunque la presencia de Robert Patrick y Rubén Blades sea sólo testimonial, por desgracia.

Le falta algo de personalidad propia, de no mimetizar otras fuentes y ser una película por sí misma, pero supone un entretenimiento de lujo, más adulto de lo habitual, con un tono moral extraño hoy en día (los personajes amorales pagan sus deudas y esas cosas) y con mucha adrenalina y tensión.

Jesús Usero

Crítica de la película Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres

La versión Fincher es mejor que la versión anterior y más fiel a la novela, es además más clara en su desarrollo y desenlace.

Tal y como ya expliqué cuando hablaba de la versión europea de esta misma novela, Millenium no me parece precisamente un dechado de originalidad, por mucho que  haya tenido éxito notable en las librerías de todo el mundo. Lo que sí hace es acertar a mezclar dos variantes de la narrativa policiaca, el relato whodunit estilo Agatha Christie, también conocido como “¿quién lo hizo?”, donde impera la intriga, el enigma y la resolución del mismo sobre la acción, y el relato hardboiled, enmarcado en la serie y el cine negro, protagonizado por un detective duro, metiéndose en todo tipo de enredos, al mismo borde de la frontera del crimen, a punto de saltársela e incluso dispuesto a enfrentarse a las autoridades de turno, esencialmente corruptas. Es el tipo de esquema que encontraríamos en clásicos del cine negro como El halcón maltés o El sueño eterno, si nos da por rebuscar en la filmografía esencial de Bogart, pero que también puede encontrar referentes en la esencial Retorno al pasado, o en las cronológicamente hablando más próximas Chinatown y Blade Runner.

Toda la trama de la desaparición de la joven en la poderosa familia que ficha al periodista interpretado por Daniel Craig responde al esquema del whodunit, es un enigma por resolver, lo que podríamos denominar su faceta Cluedo, tomando prestado el nombre del célebre juego de mesa. Todo lo referido a Lisbeth Salander responde al esquema del hardboiled. Lo curioso de esta nueva versión de Millenium es que deja aún más claro lo más interesante de mezclar esas propuestas de relato policial esencialmente diferentes: los papeles tradicionales repartidos por sexos están invertidos. El asunto tiene aún más relevancia si contamos con la participación de Craig, el James Bond más duro y brutal de la saga de 007, que le saca aquí el mayor partido a desmarcarse de su propia imagen (curiosamente mientras el actor encargado de interpretar ese mismo papel en la versión europea ha hecho lo mismo, pero en sentido contrario, en Misión imposible: protocolo fantasma).

Digo que los papeles están invertidos respecto a lo que tradicionalmente nos ha propuesto el relato policial porque, como se las ingenia para remarcar David Fincher con mayor pericia que en la versión anterior, Lisbeth es la encargada de proteger, ayudar, investigar y ser el brazo armado de Mikael. Lo que en el cine más clásico habría hecho el protagonista masculino lo hace en esta ocasión la protagonista femenina. Fincher utiliza las escenas de sexo para dejar eso aún más claro, después de que disparen contra Mikael, o tras la escena de la tortura. Entre otras cosas, eso hace mucho más creíble los personajes y las situaciones, no tanto porque se aleja del estereotipo, de lo previsible, sino porque responde coherentemente a la manera en que han sido construidos los dos personajes. Mikael es un periodista, no un tipo duro y callejero. La dura y la callejera es ella. Lógico es que, con independencia de su sexo, sus relaciones y participación en la investigación se reconstruyan según esos parámetros. Lo contrario, además de desleal para la definición de los personajes, sonaría falso, poco verosímil y totalmente previsible para el espectador: pura fórmula. Creo que Fincher trabaja mejor y más claramente esta inversión de papeles tradicionales del relato policíaco más clásico.

Lo que diferencia aún más la versión Fincher de la versión europea de Millenium es precisamente el tercer factor que entra a relacionarse eficazmente con esa especie de alianza o encuentro entre el relato whodunit y el relato hardboiled que ya etaba presente en la novela original y en la película anterior: el propio estilo Fincher. Desde el momento en que los dos personajes empiezan a descubrir las claves del asesinato en serie, que estaba presente también en el relato original y es la columna vertebral del mismo, al menos en la primera novela, nos damos cuenta de que esta historia encaja como una pieza más del puzzle de relatos siniestros presentes en la filmografía de David Fincher. Así, Millenium se desvela como una pariente muy cercana de títulos como Seven o Zodiac, pero además, por lo referido al enigma, encontramos huellas de The Game y El club de la lucha, tanto en lo estético como en lo argumental.

Tomemos como ejemplo el elemento más obvio que pone de manifiesto ese encaje perfecto en la filmografía de Fincher ya desde el principio: los títulos de crédito, mercuriales y potentes, tan cercanos a los de cualquier otra película del director, especialmente Seven, en su manera de desplegar parte de la historia, aunque en el caso que nos ocupa el ritmo de los mismos y la música que los complementa responda más a la personalidad de Lisbeth y presente y anticipe no al villano, como en aquella sino la compleja y tempestuosa relación que vincula a los dos protagonistas. El desarrollo creativo de los créditos encaja en el excelente uso que suele hacer Fincher de esa herramienta narrativa tantas veces desperdiciada o mal utilizada para presentar o anticipar elementos esenciales de la trama.  Es el primer ladrillo de un edificio que demuestra ser otra adaptación distinta de la novela original, comercial, sin duda, pero igualmente clasificable dentro de las claves de su director como autor.

Me ha gustado bastante la manera de respetar los momentos más escabrosos de la trama, sin recrearse en la violencia y la tortura innecesariamente, manera morbosa. Son tan brutales como deben ser, pero dejando que cada espectador recomponga el puzzle según le cuadre o prefiera, sin automutilarse pero sin dejar que esos fragmentos tengan más protagonismo del estrictamente necesario para componer el arco de desarrollo de la trama y los personajes.

Pero además hay un elemento que me ha llamado poderosamente la atención en esta versión y que no estaba presente, o al menos no tenía la importancia en la trama que se le da en ésta: el triángulo sentimental. Se construye sobre las relaciones de Mikael con Erika, la directora de la revista -Robin Wright en un papel breve pero decisivo- y da pie a dos de las imágenes más definitorias de los vínculos que se establecen entre los dos protagonistas: el plano en el que vemos a Mikael hablando en la calle frente a Lisbeth, con Erika en un segundo término, y un plano final que me parece muy superior, más resolutivo y explícito, más contundente, que el de la versión europea de la novela de Stieg Larsson.

Finalmente hay otro tema que es inevitable abordar antes de acabar este comentario: las comparaciones odiosas entre los protagonistas de la versión europea y la norteamericana. A la pregunta: ¿devora el estrellato de Daniel Craig a Mikael? Contestaría que no, muy al contrario: Craig encuentra en el juego a la contra de su imagen como 007 un elemento positivo, que da pruebas de su talento como actor y su capacidad para escapar al encasillamiento. A la pregunta:  ¿Qué Lisbeth es mejor, la de Noomi Rapace o la de Rooney Mara? Contestaría que son distintas. Ni mejor ni peor. Dos versiones diferentes de un mismo personaje, cada una ajustada al tipo de película en el que tiene que habitar. La Lisbeth de Rapace era la mejor posible para la versión europea, del mismo modo que la de Mara es la mejor imaginable para la versión norteamericana.

A modo de resumen: estamos ante una película distinta, cuyas diferencias sabrán apreciar los aficionados al buen cine, quienes se entienden que esto no es tanto un remake como una nueva versión de la novela de Stieg Larsson, en mi opinión más fiel a la misma en algunos aspectos fundamentales de la misma, y conste que no me refiero sólo a que aparezca la hija de Mikael o se haga el debido hincapié en su relación con Erika.

Miguel Juan Payán

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In Time ★★★

Noviembre 28, 2011

Crítica de la película In Time

Ciencia ficción interesante, reflexiona sobre el presente pintando un futuro con el tiempo como única moneda de curso legal. Visualmente elegante y estilizada, In Time tiene momentos que la acercan a Hijos de los hombres junto a otros que la ponen más próxima a Gattaca (debut en la realización del director de ésta), o Equlibrium, y juega más o menos en  la misma liga de otro título de culto del género de ciencia ficción, Días extraños, de Kathryn Bigelow.  Junto a todos estos referentes o pistas para que sepamos por dónde se mueve el tema, tiene un estilo visual que inevitablemente parece influenciado por los planteamientos de la nouvelle vague francesa, con los fantasmas de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg en Al final de la escapada de Jean-Luc Godard planeando sobre esa fuga de los dos protagonistas, que bien podrían ser los bisnietos de aquella otra pareja de fugados.

Más interesante que la otra propuesta de ciencia ficción de la cartelera de esta semana, especialmente para los cinéfilos (me refiero a Acero azul, de la que también he hablado en esta misma página), In Time plantea un argumento que aún moviéndose entre los referentes citados, rápidamente encuentra su propia personalidad en una trama donde el tiempo se convierte en el pretexto para abrir las puertas a una reflexión sobre nuestro presente y las maniobras especulativas que están poniendo el mundo al borde del colapso económico.  Entramos así en una fábula que en realidad está vinculada tanto estética como narrativamente a la tradición de las distopías en la ciencia ficción, una clave más propia de 1984 de George Orwell, como dejan claro las escenas iniciales con el protagonista trabajando como un eslabón más de la cadena en la fábrica. A partir de ahí, la película se conduce con rasgos de personalidad que quedan expresados visualmente en algunos momentos claves de su trama, como la carrera contra el tiempo, nunca mejor dicho, de la madre y el hijo, el momento de suicidio o la elipsis con la que se resuelve la participación en la trama del amigo del protagonista, encarnado por Johnny Galecki (Leonard en la serie The Big Bang). Cada uno de esos momentos componen, junto con el personaje de cronopolicía interpretado por Cillian Murphy, lo mejor de la película. Junto a todo ello creo que acierta a lidiar con su principal hándicap: un argumento que es perfecto para el relato corto o el cortometraje, e incluso para un capítulo de serie de televisión, pero una vez desvelado lo básico de su propuesta –el ser humano ha alcanzado la posibilidad de la inmortalidad no envejeciendo más allá de los 25 años, algo parecido a lo que les ocurría a los personajes de La fuga de Logan, pero para ello la sociedad ha de pagar el precio de dividirse en ricos y pobres partiendo del tiempo como única moneda de curso legal, de modo que se puede traficar, robar y especular con segundos, minutos, horas, días y años-, corre el riesgo de haber consumido lo mejor y entrar en lo previsible o anodino. El punto de inflexión, esto es, el de mayor riesgo de que la película pierda fuelle al progresar más allá de su interesante planteamiento de partida, lo encontramos en el momento en que el protagonista decide ir a New Granach, el país de los ricos. No es algo nuevo en el mundo de las distopías de ciencia ficción: inevitablemente el arco de desarrollo del personaje principal está ligado a un viaje, lo que convierte esa progresión dramática en un reto, porque lo que encuentre ha de ser tan interesante como lo que deja atrás. En este caso es en ese viaje y su llegada a destino donde la película flojea un poco, habida cuenta de que además fruto del mismo será la historia de amor que marca el ritmo de la segunda parte de la fábula. El director, que como ya he dicho debutó en la realización con Gattaca y también dirigió otra fábula de ciencia ficción, Simone, además de El señor de la guerra, y en su faceta como escritor y productor estuvo igualmente implicado en El show de Tuman, sortea ese escollo tirando de las mismas armas que en esos trabajos anteriores, esto es, mediante un ejercicio de estilización de la imagen que con notable elegancia visual nos vende nuevamente la trama de la persecución y la fuga encadenando una serie de planos, escenas y secuencias que huelen al ya mencionado guiño u homenaje a la Nouvelle Vague francesa. Quizá desde el punto de vista de construcción narrativa de la historia habría sido más interesante que esa estilización hubiera venido acompañada por una mejor utilización del personaje de cronopolicía, que en mi opinión no está tan explotado como debiera y era un elemento propicio a un mayor despliegue y protagonismo en la segunda parte de la película. Le ocurre a este personaje lo mismo que al criminal ladrón de tiempo interpretado por Alex Pettyfer, por cirto en el mejor trabajo que le hemos visto hasta el momento. Ambos son herramientas un tanto desaprovechadas en el relato, especialmente en el segundo y tercer acto del mismo, donde bien administrados estos personajes habrían podido proporcionar mayor entidad y un desarrollo más amplio a la poco más que esbozada carrera criminal estilo Bonnie y Clyde que inician los dos protagonistas. Tanto el personaje de Cillian Murphy como el de Alex Pettyfer son las claves de cine negro que podrían haberle proporcionado mayor contraste al ir y venir de los protagonistas, que tal como está se queda como digo marcado por un carácter algo esquemático, casi un boceto. A pesar de todo ello la solvencia de Justin Timberlake y Amanda Seyfried para sacar adelante a sus personajes, arropada por el resto de los elementos citados previamente, hacen de  In Time una propuesta de cine de ciencia ficción bastante interesante que además nos propone una puesta en escena elegante y resolutiva, bien aplicada a una fábula futurista que debería darnos mucho que pensar sobre qué tipo de sociedad estamos construyendo ahora mismo a la sombra de la crisis.

Miguel Juan Payán

Un Golpe de Altura ★★

Noviembre 06, 2011



Crítica de la película Un Golpe de Altura

Una blandita comedia la que ha unido a dos de los más importantes actores del género de las últimas tres décadas, Ben Stiller y Eddie Murphy. Blandita, más que nada, porque partía de una historia que podía haber dado mucho más juego tal y como está el patio, pero que los responsables han dejado pasar para centrarse en las “peculiaridades” de los personajes, en sus limitados frikismos, tratando de que ellos lleven el humor a la película, sin darse cuenta de que el humor está en la situación límite que lleva a estos personajes a hacer lo que hacen.

La historia de un grupo de currantes que pierden todos sus ahorros cuando la persona en la que confiaron, un tiburón de Wall Street, se descubre como un timador que ha malversado fondos durante años y lo ha perdido todo. Trabajadores en el edificio donde el villano vive, la extrema situación les lleva a intentar un robo a lo Ocean’s Eleven para recuperar lo que es suyo, contando con la experiencia de un ladrón de la calle. Como he dicho antes, esa historia, tal y como está el patio, daba mucho pie a una película sobre las diferencias entre ricos y pobres que se han ampliado en los últimos años, para ser un poco más ácida, tener más mala uva y plantar cara a los poderosos con algo de ingenio.

Resulta que, al final, quienes hacen la película son también del grupo de poderosos y prefieren no hacer sangre en la herida abierta ni forzar la situación, buscando siempre salidas (o casi siempre, el intento de suicidio es un punto dramático interesante), que tiren por el camino de un reparto plagado de rostros muy populares y con mucho talento, antes de por el de la historia, bastante sencillita.

Tampoco es que fuese imprescindible hacer la comedia del siglo, pero la mala baba siempre le sienta bien a la comedia, y su ausencia se nota. Además si hubiesen optado por convertir esa ausencia de mala leche en un humor igualmente efectivo ni se notaría, pero resulta que la película adolece de humor en muchas partes del relato, dejando todo en una película sobre un robo aseada, decente, pero con pocas risas, menos de las prometidas. Para ser una comedia es menos divertida de lo que debería y tarda demasiado en entrar en faena. Cuando la película funciona de verdad es cuando se prepara y ejecuta el robo, algo que queda lastrado por un primer acto demasiado largo.

Y con todo la película nunca llega a aburrir. Es simpática, pero poco más. Creí que nunca iba a decir esto, pero se echa en falta más tiempo en pantalla de Eddie Murphy, que sabe hacerse el rey de la función con lo poco que le dan, mientras los demás, por talento o galones (caso de Alan Alda o Matthew Broderick, por poner sólo dos ejemplos) sacan adelante la película sin despeinarse.

Pero siempre queda la sensación de que podía haber sido una película mucho más divertida.

Jesús Usero

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