A la venta en quioscos

A la venta en quioscos

También podéis ojear la revista, incluso desde desde dispositivos móviles:

o bien pinchad aqui para verla a pantalla completa

CONCURSOS

Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Buena película de intriga a la que le falta identidad para estar entre lo mejor de Ridley Scott.

Si este largometraje lo hubiera dirigido otro director estaríamos pensando que ha hecho bien su trabajo y ha elaborado una película curiosa, pero de Ridley Scott antes se podía esperar algo más. Algo como American Gánster, Red de mentiras o El consejero. Parece que esos tiempos ya pasaron en la filmografía de este director, aunque los aficionados al buen cine seguimos cruzando los dedos cada vez que estrena película confiando fielmente en que volverán cuando menos esperemos. Esto se queda más en el rendimiento de Hannibal, su visualmente estilizada y elegante, pero argumentalmente floja y desarticulada secuela de El silencio de los corderos. O si nos remontamos más atrás en la filmografía del director, La sombra del testigo. Es mejor que éstas dos últimas, pero juega en su misma liga.

Todo el dinero del mundo funciona, pero no está a la altura de lo mejor de la filmografía de su director. En primer lugar porque es bastante indefinida y esa indefinición transmite cierta indiferencia al espectador. No está centrada ni en su interés por los personajes, ni en su género, ni en su tema… Es decir, que duda y nos hace dudar en lo referido a qué nos quiere contar realmente. En ella conviven al mismo tiempo el relato más o menos oportunista y sesgado por las necesidades del cine y las pinceladas de la ficción que entran a saco en el caso real -esa visión de la familia Getty con madre abnegada y demás, por poner un ejemplo- con una construcción de personaje realmente interesante que es el del millonario J. Paul Getty, mezcladas con una peripecia de secuestro bastante tópica y un final de suspense bien orquestado pero algo tardío en su entrada en el relato general, que se ha cincelado más como un drama familiar. Esa indefinición es marca de fábrica y seña de identidad, en mi opinión poco recomendable, del cine que nos propone Ridley Scott en los últimos tiempos. Esa duda de apostar por una u otra línea y querer abarcarlo todo es el principal lastre de las últimas propuestas de Ridley Scott que han llegado a la cartelera.

Una de las mejores películas del año, aunque tiene cierto aire de cuento ya visto.

Madre e hija en conflicto. Infalible argumento para una película que como ésta decida explotar el talento de sus actores mezclado con pinceladas autobiográficas y fábula de tránsito a la edad adulta. Teniendo a Saoirse Ronan como protagonista en el papel de la hija y a Laurie Metcalf como co-protagonista en el papel de la madre, queda claro que vas a tener muchas posibilidades de meterte en las nominadas a galardones en al temporada de explotación de premios. Es casi infalible.

Ladybird es una buena película. Pero para mí tiene el aire de algo ya visto, ya contado, ya explotado en la fórmula de cine "indy" con la que los estudios norteamericanos buscan mercado alternativo al de sus apuestas de explotación de franquicias. Quizá sea la propia historia, o la propia protagonista, con su "postureo" adolescente, eso que hoy llaman "poser", lo que contagia de "postureo" algo previsible a la propia película. Quizá sea su empeño en abordar el intimismo de la trama de una manera que tiene difícil sorprender porque no es la primera que lo hace y juega en un territorio de naturalidad algo forzado que me sorprende poco. Pero el caso es que detecto en este largometraje una previsibilidad y una falta de espontaneidad y naturalidad que me molesta. Y casi confirmo que es la propia naturaleza de su protagonista, definida por guión, la que marca ese territorio algo calculador de la propuesta que se nos hace. Las comparaciones son odiosas y no me gustan nada, pero me veo obligado a poner un ejemplo para explicar lo que me pasa con este largometraje tirando de otra de las mejores películas del año, a mi parecer: The Florida Project. Ambas tienen en algunos aspectos puntos en común, pero en Ladybird no veo la "verdad" que habita en The Florida Project. La encuentro más calculadora, hija finalmente de una fórmula de cine "indy" cuya naturaleza es esencialmente abordar lo cotidiano con poca naturalidad. Los planos de Metcalf en el coche tienen verdad. La parte final de Saoirse Ronan en la ciudad tienen verdad. Todo lo referido al padre, un enorme Tracy Letts, tiene verdad. Y lo que se refiere al personaje de la hermana Sara interpretada por Lois Smith. Eso es para mí lo mejor de la película. Pero la parte de los adolescentes, con Beanie Feldstein interpretando a la amiga de la protagonista, Lucas Hedges como Danny, etcétera, que se resuelve en tópico. No aporta nada nuevo. Resta naturalidad.

Miles Teller es lo mejor de una película que se sostiene sobre sus actores.

Es una película necesaria porque necesaria es su reflexión sobre una parte de los desastres de la guerra. Y es lógico, y coherente, que se desarrolle en el aspecto civil durante casi todo su metraje, dejando a sus protagonistas atrapados en medio de dos breves pero definitivos fragmentos que ocurren en Iraq y explican ese lastre definitivo que es la guerra para quienes pasan por el frente. En ese sentido son especialmente contundentes el plano de las chapas de los soldados al principio, la secuencia que recorre la sala de espera de los veteranos esperando la ayuda y la charla del protagonista y su esposa con la psicóloga encargada de evaluar su caso, en la que se impone la demoledora frase: “Cientos de miles de veteranos hombres y mujeres buscan ayuda”.

Asentada sobre la eficacia de su reparto, la película se desliza pausadamente sobre el drama de los veteranos que vuelven a la vida civil, construyendo una alegoría propia del argumento universal del retorno a casa protagonizado por Ulises en la que los guerreros se arrastran incompletos y mentalmente enfermos hasta sus Penélopes y sus Telémacos pero nunca volverán a encontrar la vida que dejaron atrás cuando partieron para el frente en el que les hicieron pedazos física y mentalmente.

Marvel recupera seriedad y solidez con una película mejor que Guardianes 2 y Thor Ragnarok.

A ver, que dicho así, puede parecer cosa de poco, pero, oigan, qué gusto que no te metan un chiste a rosca cada cinco minutos y sin venir nada a cuento, que se tomen en serio a los personajes, que dejen a un director tripular la nave con pulso firme y personalidad, buscando además nuevos caminos para explotar eso de las fábulas de superhéroes.

Pantera Negra tiene claramente a su favor la capacidad para hacer honor al cómic original, incluyendo algunas imágenes y visión de personajes (los Jabari, por ejemplo, o Killmonger) que remiten directamente a algunas de las más carismáticas viñetas de los cómics del personaje. Pero sobre eso impone con eficacia la personalidad de la narración cinematográfica, llevando a Wakanda y su corte a un dibujo más completo de personajes más interesantes y con más entidad que la de la corte de personajes secundarios de Asgard en cualquiera de las tres películas de Thor. Con esto quiero decir que es cine cine, con todas las letras, y saca del respeto a la fuente original del personaje en los cómics el máximo rendimiento precisamente a base de poner ante las cámaras y detrás de ellas a gente muy competente.

Excelente trabajo de dirección con un guión que está por debajo de lo que puede darnos Guillermo del Toro.

Algo de trampa y algo de buenrrollismo se convierten en lastres para esta película que por otra parte puede considerarse como uno de los mejores trabajos en la dirección de Guillermo del Toro, y sin duda merecedor de los premios que quieran darle por ello. Lo que ocurre es que si en lo visual es arrolladoramente bella, en el guión no sólo peca de falta de originalidad y de previsibilidad en muchos aspectos, además parece estar como domesticada, sin disfrutar como en otros trabajos del director de jugar la baza de la subversión del cuento –la fórmula de La Bella y la Bestia, o si ustedes lo prefieren el argumento universal del amor redentor- con una estética de arranque en el diseño y la presentación del personaje que recuerda Amelie y después claramente se revela como el reverso tenebroso de La mujer y el monstruo (en el original, El monstruo de laguna negra), que sin embargo no es tan poéticamente siniestra como cabría esperar en el director de películas como Cronos, El espinazo del diablo o El laberinto del fauno. Todas ellas son visiones más maduras de la parte oscura de los cuentos infantiles, pero el guión de La forma del agua se empeña demasiado en tirar de promoción de valores en una clave de maniqueísmo a la inversa y resta verdad a sus personajes. El vecino de la protagonista y la propia protagonista son frecuentes víctimas del tópico. El hombre-pez no acaba de desarrollarse con el poderío de otras criaturas de la galería del director, casi hasta el final. Son los personajes del antagonista y del secundario-ayudante, Michael Shannon y Michael Stuhlbarg, el científico, los que alcanzan mayor interés y un desarrollo más rico en buena medida por el excelente trabajo de sus actores y porque claramente son los que parecen estar más en la línea del tipo de películas, conflictos y personajes que mejor ha manejado siempre Guillermo del Toro. El de Michael Shannon es un personaje con muchas claves y registros que nos recuerdan al antagonista de El laberinto del fauno que interpretara Sergi López, del mismo modo que el personaje de Michael Stuhlbarg presenta esos rasgos de humanismo contra viento y marea que marcaban al personaje del doctor Ferreiro interpretado por Álex Angulo en ese mismo largometraje. Ambos son criaturas y territorio del mejor cine de Guillermo del Toro, y lógicamente brillan aquí plenamente mostrando nuevamente la diferencia de interés en la propuesta que nos llega desde la dirección frente a las limitaciones y carencias que nos llegan desde el guión. Limitaciones por el empeño en seguir etiquetas o machacar en exceso la idea. El malo es muy malo, ya sea meando o fornicando o pensando sucio sobre el personaje de la protagonista en un giro innecesario que además si quería tirar por lo siniestro debería haber ido más adelante con ese tema en lugar de solucionarlo de una forma tan antiséptica. En ese mismo personaje de Shannon sin embargo encontramos otros temas más interesantes, como el de los dedos y sus carencias de autoestima vinculadas a lo sexual, en las que el director ha podido sembrar sus mejores artes narrativas de la misma manera en que la resolución estética de los encuentros secretos del personaje de Stuhlbarg y en general todo lo que le rodea están también entre lo mejor de la película.

Crítica de la película Liga de la justicia

La he disfrutado más que Batman V Superman pero es menos película que aquella otra y que Wonder Woman.

Trepidante. Entetenimiento garantizado. Acción. Acción. Acción. Esto se lo puedo asegurar: no hay los bajones de ritmo que en algunos casos se registraban en Batman V Superman: el amanecer de la justicia. Es más, resuelve mejor algunos personajes como los de Lois Lane y Martha Kent que aquella otra. Y sabe administrar bien sus dos horas de metraje para presentar a todos los personajes de manera solvente. Flash hace las veces del nuevo Spiderman en el universo Marvel, el fricazo como contrapunto cómico. Pero por ejemplo hay cierto desencuentro entre esa imagen de friqui y el tema del padre en la cárcel que está metido como con calzador. Es como si en Spiderman Homecoming nos hubieran metido, otra vez, el drama de los padres muertos del héroe. Aquí es el padre en la cárcel que no pega ni con cola con toda la movida del personaje en su faceta fuera de la cárcel. Esa falta de solidez en la propuesta de guión, a pesar de su eficacia en el ritmo para contar la peripecia, se produce también en el personaje de Aquaman. Te cuentan su historia en una charla con Mera, pero de manera un tanto forzada, como con calzador. Y vuelve a repetirse el mismo asunto con el personaje de Ciborg. Toda la película produce justo la sensación contraria de ritmo operístico que tenían las dos películas anteriores de Zack Snyder en el universo de superhéroes de la DC, El hombre de acero y Batman V. Superman: El amanecer de la justicia: parece que van como con prisas durante toda la película, que fundamentalmente es casi en todo momento una sucesión de secuencias de acción con casi ningún desarrollo dramático y con apresurados resúmenes del origen de los tres superhéroes nuevos, Aquaman, Flash y Ciborg, a los que ya se nos presentó en Batman V. Superman. No aporta nada nuevo al personaje de Wonder Woman. Antes al contrario: nos reencontramos con unas amazonas en guerra, pero no llegamos a tener la emoción épica de las que nos presentó Patty Jenkins en su película sobre Wonder Woman.

Crítica de la película Blade Runner 2049

Obra maestra. Al nivel de la primera y en algunos aspectos incluso superior.

A ver, me explico: todos sabemos cómo se gestó Blade Runner, de Ridley Scott. Y nadie le niega su poder evocador como icono del género de ciencia ficción. Obra maestra, sin duda. Pero lo que ha hecho Villeneuve con su prolongación, ampliación, análisis y homenaje a la película de Scott es propio de un maestro. No era fácil la tarea que tenía por delante y sin duda no faltarán quienes piensen que es una auténtica herejía pretender que su aproximación al universo de Blade Runner es en algunos aspectos superior al largometraje que la precede. Pero para empezar hemos de descartar mirar este largometraje como una continuación o secuela al uso. No hay nada convencional, típico o previsible de las secuelas en esta épica y operística excursión al futuro que nos propone Villeneuve. Rinde homenaje a la película de Scott, y no sólo a una de sus versiones, sino a todas, con una colección de pinceladas que van de lo contundente (esas paredes atravesadas por los personajes en guiño a la paliza final del largometraje anterior, esas luces sobre el rostro de algunos personajes en momentos que nos recuerdan claramente a Roy Batty…) a lo elegante y sutil (el caballo clave en la historia, eco de las figuras de papel de la película anterior, o del unicornio de la versión extendida del director, que en su rotunda naturaleza de madera es al mismo tiempo un eco del papel del regalo de los griegos a los troyanos en La Ilíada y una pista para entender lo mucho que separa a la película de Scott de la de Villeneuve).

Crítica de la película Valerian y la ciudad de los mil planetas

Una de las más completas e interesantes propuestas de ciencia ficción de los últimos años.

Luc Besson ha dado en el blanco, y lo demuestra desde los primeros compases visuales y sonoros de su última fábula de ciencia ficción, en los que nos resume en un fundido encadenado acompañado por la música de David Bowie ese futuro que imaginaron los autores del comic en el que se basa esta película, y que también inspiró El quinto elemento, Pierre Christin y Jean-Claude Méziéres. Ese futuro que pudo ser y no fue, optimista, aventurero, intrépido, imprevisible, multicultural, consigue dibujarse en Valerian y la ciudad de los mil planetas como el trampolín de salto hacia la space-opera con claves de intriga y aventuras que rinde homenaje no sólo al cómic en que se basa, sino en general al trabajo con el género de ciencia ficción que han venido haciendo las viñetas del cómic europeo desde los sesenta en adelante, tan diferente y precisamente por ello tan estimulante como alternativa a las propuestas que nos han llegado masivamente desde los Estados Unidos. Propongo al lector de estas líneas que se zambulla para comprobarlo en esa brillante corriente de viñetas europeas degustando clásicos del género como las propias aventuras de Valerian agente espacio-temporal, pero también la saga de la Casta de los Metabarones, de Alejandro Jodorowsky y Juan Giménez, Aníbal 5, de Jodorowsky y Manuel Moro, o Exterminador 17, de Enki Bilal, Las historias de la taberna galáctica de Josep María Beà, 5 por infinito de Esteban Maroto, Ramón Torrents, Adolfo Usero y Suso Peña, Los cuentos de un futuro imperfecto de Alfonso Font, la saga de Yoko Tsuno de Roger Leloup, El Incal, de Moebius, Supernova Víctor Mora y José Bielsa, o la serie Estela, de Jean-David Morvan y Phillippe Bouchet, que en muchos aspectos es tributaria y heredera de las aventuras de Valerian.

Crítica Transformers el último caballero

Mejor que las dos primeras de la saga, que me entretiene más con Wahlberg de protagonista.

Me ha extrañado la floja calificación y acogida a esta quinta entrega de la saga de Transformers porque no sólo considero que es de las más entretenidas de la saga y claramente inclina mi preferencia en la misma hacia las películas protagonizadas por Mark Wahlberg, sino que además empieza a traslucir que hasta el propio Michael Bay está ya bromeando descaradamente sobre las limitaciones de esta franquicia que tanto dinero le ha dado hasta el momento. A ver, sigue siendo Transformers, y diré una vez más que el propio concepto cinematográfico de Transformers me ha parecido siempre absurdo, porque su traducción del juguete al cómic y a las viñeta del cómic es una cosa, pero en el cine ha sido siempre para mí el sinónimo de la materialización de los principales defectos del cine de blockbuster. Vamos que no soy lo que se diría un entusiasta de la saga. Quizá por eso en esta quinta película he apreciado esa ligera tendencia a reírse de sí misma que tiene, junto con etapas del relato que me llevan a pensar en un capítulo de la serie de animación de Transformers o en los cómics –el prólogo de los mitos artúricos, la persecución entre las ruinas, el amanecer en la chatarrería, todo el personaje de Izabella, el viaje a Inglaterra, el robot mayordomo-ninja, el submarino-, y por ahí me ha resultado más entretenida que las dos primeras entregas. La caza de Transformers me parece una idea entretenida que lamentablemente no se desarrolla más, como la guerra de sexos entre el personaje de Wahlberg y Laura Haddock, o los de Josh Duhamel y Santiago Cabrera. Tal como suele ocurrir en toda la franquicia y en buena parte del cine de Michael Bay, la acción por la acción y el exceso de pirotecnia de efectos visuales acaba por devorar todo lo demás, principalmente arco de desarrollo de personajes y conflictos. Pero al menos aquí, sin aportar nada nuevo ni sobre personajes ni sobre situaciones o trama, principalmente porque ya, de partida, toda la saga está bastante limitada en ambos aspectos como producto cinematográfico, la subtrama de viajes al pasado y la aportación de Anthony Hopkins, junto a la novedad en el paisaje británico y la manera que tiene de asumir sus propias limitaciones, la convierten en una de las películas que más me han gustado de la saga. Eso sí, en el final se le vuelve a ir la mano a Bay con una batalla demasiado larga, se pasa de metraje, cansa montón en el territorio de la acción y el personaje de Mark Wahlberg no avanza en ningún sentido, como tampoco avanzaba prácticamente nada en la primera trilogía el personaje de Shia LaBeouf. Carece de ritmo porque es un mero encadenado de acciones trepidante con muy poco argumento o cosas que contar más allá de la pirotecnia visual y las acciones circenses. Y vuelve cansina en su parte final.

Miguel Juan Payán

 

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

 

©accioncine

 

Crítica de la película Spider-Man: Homecoming

Sin duda éste es el mejor Spiderman que se ha rodado hasta el momento.

Un Spiderman totalmente marvelita en su construcción y desarrollo, plenamente integrado en el tono y el ritmo del Universo Cinematográfico Marvel, lo cual le beneficia frente a sus más dubitativos predecesores que intentaron buscar su lugar por caminos que finalmente acababan alejándolos del personaje clásico de las viñetas, lo cual no es malo per se, y prueba de ello son algunas buenas aportaciones de los mismos, aunque finalmente no acabaron de encontrar una verdadera personalidad cinematográfica que les permitiera independizarse del cómic con la solvencia y la madurez como producto cinematográfico que, por ejemplo, exhibe el Batman de Christopher Nolan, por poner el ejemplo más obvio, o la Wonder Woman de Patty Jenkins, por poner un ejemplo más reciente. La estrategia de este nuevo Spiderman del cine es otra, la misma por otra parte que se aplica en las películas Marvel, y que viene a ser: no nos compliquemos la vida, hagamos lo que hacen las viñetas de estos personajes sin buscarle tres pies al gato, no exploremos y arriesguemos en posibilidades de adaptación a otro lenguaje –un huerto en el que se desenvuelven mejor las producciones Warner con sus personajes de superhéroes de la DC-, sino simplemente traslademos al cine la propuesta que ya está en los cómics. Y eso en este Spiderman les sale bordado. No tanto por la presencia de elementos argumentales y de personajes como Tony Stark, lo que habría sido un error de dependencia de los “hermanos mayores” como el que exhiben desde el principio las series Agentes de SHIELD, Agente Carter e Inhumanos (y que, curiosamente, no exhiben las series de personajes Marvel de Netflix, mucho más independientes y con más personalidad del universo de largometrajes), como por el hecho de que han elegido a un Spiderman que finalmente expone el carácter optimista del personaje, esa lucha a ultranza que mantiene por superar las dificultades cotidianas que define al superhéroe más callejero, urbanita de y clase trabajadora de toda la galería de personajes principales concebidos por Stan Lee para las viñetas de Marvel. Es algo que queda plenamente expuesto en el nuevo Peter Parker/Spiderman, con ese pulso que mantiene en todo momento con Tony Stark en figura de padre/autoridad que al mismo tiempo acierta a incluir, sin subrayarlo en exceso, como sí ocurriera en las anteriores películas de Spiderman, el vacío generado por la ausencia de figuras paternas en la vida del protagonista. No les hace falta aquí hablarnos de la desaparición de los padres o repetir la pérdida del tío Ben con su frasecilla del “gran poder y la gran responsabilidad”, pero ese vacío está plenamente expresado en la relación de Parker con Stark, y lo que es aún mejor, en clave de humor, con esa escena del coche con Parker abrazando a Stark, que de paso, como todo el resto de la relación de los dos personajes -más acertada aún porque dosifica cuidadosamente las apariciones de Robert Downey Jr. para que no acaben devorando al verdadero protagonista-, permite abordar una ligera pincelada de subtrama de enfrentamiento generacional padres-hijos, jóvenes-adultos que se extiende al duelo de Spiderman con el Buitre interpretado por Michael Keaton. Mientras Parker intenta encontrar su lugar en la comunidad superheroica midiéndose y probándose ante Tony Stark en lo que podríamos denominar su “vida civil”, su periplo como nuevo superhéroe le lleva a enfrentarse a esa especie de desdoblamiento en clave más oscura de la figura del padre que es el Buitre en su “vida superheróica”. Es un valor esencial para que la película funcione lo bien que resuelve y se mide el propio Tom Holland en sus encuentros con esos dos pesos pesados de la interpretación que son Robert Downey Jr. y Michael Keaton.

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

Contacto

 
Telf. 91 486 20 80
Fax: 91 643 75 55
 
© NOREA Y ALOMAN EDICIONES, S.L.
c/ La Higuera, 2 - 2ºB
28922 Alcorcón (Madrid) NIF: B85355915
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En caso de duda para pedidos, suscripciones, preguntas al Correo del lector o cualquier otra consulta escríbenos por WhatsApp