Crítica de la película Caballeros, princesas y otras bestias

Danny McBride es otro de esos comediantes que casi nadie conoce (su serie de televisión es por cable y no es extremadamente conocida fuera de USA), que empiezan poco a poco a meter la cabeza en el mundo del cine, tratando de labrarse una carrera, y que de repente dan el salto como protagonistas indiscutibles de una película que bien puede funcionar (como en el caso de Will Ferrell), bien puede darse un batacazo de padre y muy señor mío como le ha sucedido a McBride con esta comedia en la que contaba con todos los elementos para atraer al público a las salas, pero no supo cómo mezclarlos.

Por un lado contaba con el director de Superfumados y uno de sus protagonistas, James Franco, una comedia de bastante éxito y buenas críticas. Por otro contaba con Natalie Portman, que este año ha estrenado en España cuatro películas ni más ni menos y que parece que ha aprovechado muy bien el tiempo antes de quedarse embarazada. Sobre todo porque tres de esas cuatro películas han sido éxitos de taquilla. Y además contaba con una temática, la de la fantasía épica, que a poco que uno se la curre da mucho juego a la hora de hacer coñas y echarse unas risas.

Crítica de la película Transformers, El Lado Oscuro de la Luna

A ver, con la mano en el corazón y la mayor honestidad posible, ¿cuántas veces hemos dicho que el cine de Michael Bay es malo? ¿Qué es un mal director o que sus películas no tienen guión y sólo son una acumulación de cuerpos Danone y explosiones? Más de uno y más de dos, creo. Ahora, siguiendo con la honestidad, ¿cuántas películas de Michael Bay no hemos ido a ver al cine? Desde Dos Policías Rebeldes a la saga Transformers sus películas son, con excepción de La Isla, algunos de los éxitos de taquilla más importantes de los últimos años. Y no, no estoy diciendo que eso las convierta en buenas películas, pero algo tendrá su cine cuando, pese a las críticas, sigue llenado salas de cine. Y lo seguirá haciendo.

Bay es el más listo de la clase. O de los más listos. Sabe lo que el público desea en una producción veraniega y se lo ofrece en cantidades industriales. Da lo que promete. Adrenalina, efectos visuales de última generación y un tipo de empatía con el espectador que convierte su cine en muchas ocasiones, en un placer culpable. Al menos a mí me sucede así. Su cine no es bueno (a excepción de La Roca), pero tiene algo que engancha. Como la comida basura. Pueden decirnos que las verduras son mucho más sanas, pero eso no implica que no sigamos cenando pizza de vez en cuando. Y que, sabiendo que no es buena ni saludable, encima la disfrutemos.

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Su última película, Transformers, El Lado Oscuro de la Luna, cumple con rigor con todos los preceptos del cine de Bay. Escaso desarrollo de guión o personajes, muchos efectos visuales y pirotecnia, esa épica de andar por casa tan habitual en sus películas y un reparto que mezcla actores consagrados con jóvenes de muy buen ver o prometedor futuro. Y mucha desvergüenza a la hora de mezclarlo todo en la pantalla. Pero también mucho saber y conocer al público. Es, sin lugar a dudas, la mejor entrega de la saga, la que tiene el argumento más trabajado (sin ser nada del otro mundo) y ofrece al personaje central de Sam Witwicki mayor desarrollo dramático. Es la que mejor dirigida está, seguramente para evitar marear con el 3D, así que hay mucha cámara lenta para que podamos ver cómo explotan los robots y media ciudad de Chicago sin perdernos detalle. Y cambia por completo el escenario de las dos entregas anteriores, con menos viaje por el mundo y sin un objeto que todos buscan y sólo Sam puede utilizar para salvar el día. Intenta cambiar de registro para ofrecer algo distinto a las otras dos películas y consigue uno de los espectáculos visuales más salvajes, brutales y geniales del año. Ojo, sólo como espectáculo visual, nada de guión o interpretación. No nos confundamos. Pero tampoco le hace falta y eso lo sabe el director a la perfección.

La hora final de proyección, con esa batalla que arrasa Chicago, con los buenos en inferioridad y con cientos de robots poblando el panorama, es una de las batallas más impactantes que se han rodado en los últimos años. Demencial, violenta, grandiosa y diferente a todo lo que hemos visto antes, en la saga y en la mayoría de películas que llegan a nuestras pantallas. Tiene momentos que son simplemente geniales por exceso, como ver a Optimus Prime arrasando enemigos a cámara lenta y en 3D, en un plano secuencia que te deja sin aliento y pidiendo más. De hecho, termina la película y uno acaba deseando ver más. Más de todo.

Cierto es que la película tarda un poco en arrancar y que a la hora y media de proyección se hace un pelín pesada de digerir. Marea demasiado la perdiz y uno no termina de cogerle el tranquillo a tanto ir y venir de personajes sin mucha enjundia ni rumbo. Pese a escenas de acción como la de Chernobil. Y cierto es que el guión y el director no se preocupan por presentar a los personajes de forma realista o creíble, pero no le hace falta, ni mucho menos. Todo eso lo suple Bay con mucha caradura y simpatía genuina. Si no me creen observen cómo es presentado el personaje de la nueva protagonista femenina y lo entenderán. Michael Bay es como un adolescente con las hormonas revolucionadas y quizá por ello el público, sobre todo el joven, sigue acudiendo en masa a ver sus películas.

Por cierto, hablando de Rosie Huntington-Whiteley , una mujer de bandera que alegrará las corneas de todo heterosapiens de pro, como diría mi compañero Miguel Juan Payán, pero que carece de algo que Megan Fox tiene, ese aire de animal de la pantalla que hipnotiza y hace que se te olvide cualquier otra cosa que haya en pantalla cuando ella está en el plano. Esta chica es preciosa, pero no es Megan Fox. El resto del reparto cumple con creces ante los pocos mimbres que se les da. Desde el siempre convincente Shia LaBeouf, líder indiscutible de la película, a un divertidísimo John Malkovich o un Ken Jeong que roba la película en los 10 minutos que aparece en pantalla. Todos ellos dan la impresión de que se lo están pasando en grande. Y se nota.

Además la película aprovecha que sus protagonistas no son humanos para ser ultraviolenta y casi gore, lo cual la hace aún más divertida. Eso sin contar con ese brillante e impresionante 3D que nos mete dentro de la película, sobre todo en el tramo final, y que hace que merezca la pena pagar un poco más por la entrada.

Antes de que despedacemos Transformers 3, seamos honestos y veamos a qué clase de película nos enfrentamos. Ni Bay es Christopher Nolan ni lo pretende. Sólo quiere que pasemos un rato a lo grande dejando el cerebro desconectado o en casa. Y lo consigue. De una forma incontestable. Y si alguien quiere ver algo con más enjundia o un guión impecable, quizá tendría que optar por ver la última de Woody Allen.

Los que vamos a ver Transformers sabemos a lo que venimos. Digo yo…

Jesús Usero

 

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Micmacs ★★★★

Junio 20, 2011

Crítica de la película Micmacs

Muchas veces cuando me pongo a dar la brasa en estas líneas acerca de lo tarde que nos llegan muchas películas, el lector puede pensar que hablo sólo de la filmografía americana, que, no cabe ninguna duda, es la más importante y comercial del planeta. También es de cajón que muchas películas de todos los rincones del mundo se pierden y nunca llegan, sean de lugares tan lejanos como la India, Japón o China, o tan cercanos como Francia. Todo no puede llegar. No hay sitio y seguramente tampoco haya mercado. Pero también me refiero a películas importantes, de cierto peso y relevancia. Que la última película de Jean Pierre Jeunet llegue con dos años de retraso y encima de una forma tan limitada… Pues, qué quieren que les diga, los cinéfilos y seguidores de este director deben estar algo moscas.

Porque Jeunet no es un donnadie ni un cualquiera. En su haber tiene películas como La Ciudad de los Niños Perdidos, Delicatessen o Largo Domingo de Noviazgo, sin olvidarnos de la película que le ha convertido en un ídolo en medio mundo, Amelie, de la que hay seguidores por todos los rincones, y que debería garantizar una mayor proyección internacional de su cine, que además el buen hombre hace una película cada cuatro o cinco años. Y sí, Micmacs no arrasó precisamente en la taquilla gala, pero como para tener que esperar dos años para que llegue a España… Pues es demasiado tiempo. Repito, es el director de Amelie.

Y en un verano cargado de secuelas de todos los tipos y géneros, de cintas de animación que a veces son algo cansinas, de estrenos que repiten una y otra vez las mismas claves argumentales, narrativas y visuales, la película de Jeunet es un soplo de aire fresco, algo completamente diferente a lo que podemos ver en cartelera sin dejar de llevar el sello de su creador, una mirada distinta a una película que busca entretener y emocionar. Que busca que el espectador disfrute durante 100 minutos de proyección en este peculiar universo.

Digo que lleva el sello de su creador porque si se ha visto Amelie o Delicatessen, a los 5 minutos ya sabemos de quién es la película. Tiene una forma de narrar, de contar historias, personal, única e inconfundible. Su cine está plagado de referencias y claves que llevan de una de sus películas a otra. Antes he mencionado Amelie y Delicatessen porque ésta es un cruce entre ambas con un despliegue visual y de imaginería que ya quisieran para sí el 99% de las historias que nos llegan. Es poderoso y casi hipnótico, y cae en lugares comunes (ese ojo en la cerradura…) que son parte imprescindible de sus universos.

Unos universos que son uno en realidad y cuyos personajes son perfectamente extrapolables entre películas. Bazil, el protagonista de Micmacs, bien podría ser vecino de Amelie antes de su desgracia, y si apareciese alguien tocando el serrucho en esta película, a nadie le extrañaría. Sus personajes son cautivadores, bizarros, divertidos, irrepetibles… Incluso cuando se puso más serio y nos trajo la que, para mí, es su mejor película, Largo Domingo de Noviazgo, ciertas cosas permanecían como parte imprescindible de su cine, como la presencia de Dominique Pinon. Son señas de identidad. Son las cosas que hacen que todas sus películas (a excepción de Alien Resurrección), parezcan formar parte de un mismo engranaje.

Aquí la historia nos lleva a la vida de Bazil, un joven amante del cine que ve cómo su vida es destrozada en dos ocasiones por las armas. Primero cuando pierde a su padre por una mina personal, después ya de adulto, cuando una bala perdida se le aloja en el cráneo sin poder ser extraída, lo que puede matarle en cualquier momento. Y además le hace perder su casa y su trabajo, le lleva a la calle, donde conoce a un grupo de personas sin par y además se permite preparar una venganza contra los responsables de su tragedia. Los directivos de las dos empresas fabricantes de las armas que le han llevado a ser un vagabundo. Pero también a entender la vida de otra forma.

Todo ello está contado como una fábula, un cuento con moraleja que permite a los personajes participar en las más dispares aventuras y misiones, con un aire a caballo entre la serie de televisión Misión Imposible y Ocean’s Eleven. Pero como en todo cuento, los malos son malísimos y los buenos son buenísimos. No hay grises en este mundo.

Lo que hace realmente a la película una maravilla no sólo visual, son los personajes que la habitan. Esa gente como el hombre bala, el inventor, la contorsionista, la madre o el propio protagonista, encarnado por un encantador Dany Boon. Esos personajes son tan maravillosos que no dejan que salgamos de la película en ningún momento. La llegada a la casa de los vagabundos de Bazil, con los personajes presentándose y sus historias es simplemente magistral.

El humor es blanco, como si de una peli de Pixar se tratara (tiene algo de Toy Story), y efectivo, y sirve las historias secundarias con una economía de medios y un ritmo excelente (la historia de amor, el récord Guinness…), dejando a los protagonistas en la piel de adultos con corazón de niños, porque un cuento tiene que estar protagonizado por niños. Y si no, vean cómo reaccionan al sexo, con que humor y con unos ojos casi infantiles. Sin olvidar el hecho de que son huérfanos adoptados por una peculiar madre.

El caso es que siempre queremos saber más de ellos y de sus historias. Y sí, el tema de las armas como trama central es algo obvio y peca de moralina, como todos los cuentos. Y ya no cuenta con el factor sorpresa de las películas anteriores de Jeunet. Y quizá no es tan buena como ellas. No es una película perfecta. Pero si sumamos a todo eso el homenaje al músico Max Steiner, al cine clásico y su peculiar forma de entender la vida, tenemos una muy buena película. Diferente, fresca, única.

De esas que merece mucho la pena ir a ver.

Jesús Usero

 

 



Crítica de la película Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!

Siempre se dice que segundas partes nunca fueron buenas. Tampoco hay que ser un experto cinéfilo que se sabe de carrerilla todas las secuelas cinematográficas de la historia para saber que esa afirmación tiene mucho de cierto. Que muchas de las secuelas que vemos no valen para mucho más que para llenar salas de cine y arcas de las distribuidoras. Películas sacacuartos que acaban decepcionando hasta a los más fervientes seguidores de la película original. Sea por falta de originalidad, por excesos visuales o por simple agotamiento de la fórmula. Las secuelas no suelen gustar. (Otra cosa es que sigamos viéndolas o no…)

Pero también hay secuelas brillantes, dignas sucesoras de la original y excelentes películas que saben enganchar al público y que a veces incluso superan al original. Películas como El Padrino 2, El Imperio Contraataca, Aliens El Regreso o Zombie, de la que hace no mucho hablábamos en uno de nuestros debates, son películas que demuestran que se pueden hacer buenas segundas partes. Muy buenas de hecho. No hace mucho en estas mismas líneas, les hablaba de Kung Fu Panda 2. Y me juego unas cañas a que Cars 2 es tan buena o más que la original. Pues algo muy parecido sucede con Resacón 2… Que es muy buena, y, por momentos, más salvaje y divertida aún que la original.

Eso sí, muchos la han despellejado ya por ser un calco de la original. Una copia que repite paso por paso todos y cada uno de los elementos de la primera película, pero situándola en un nuevo escenario, el de la ciudad de Bangkok. Y sí, es cierto, lo hace. Es un calco de Resacón en Las Vegas. Pero descarado, además. Seamos serios. O, mejor, no lo seamos tanto. Cuando en una comedia como ésta, resulta que nos repiten toda la trama de la película original, ¿no será que es un chiste más? ¿Otra broma dentro de la película? Se ve a la legua que lo que buscan los guionistas y el director Todd Phillips, es conseguir que el espectador sonría por inercia, por el mero hecho de pensar “Pero que sinvergüenzas que son…”. Es un guiño de los propios autores del asunto para con el espectador que se refleja hasta en los diálogos (como la conversación telefónica inicial). Y nosotros aceptamos ese guiño y aprovechamos para pasárnoslo en grande.

Porque Resacón 2 es una de las películas más esperadas del año, como demuestra su brutal carrera comercial en USA. Y eso que la primera parte empezó como una película algo desapercibida en nuestro país, pero gracias al boca a boca se mantuvo. Y el DVD y la televisión (y la piratería, para que engañarnos), la han convertido en una de las comedias más respetadas por la audiencia de los últimos años. Porque no tomaba prisioneros. Porque era salvaje, bestia, políticamente incorrecta y muy divertida. Y sin hacer bromas escatológicas, aunque aprovechando muy bien el cuarto de baño, hacía reír a la gente a base de bien.

La segunda parte hace reír tanto o más. De hecho es aún más salvaje, bestia y políticamente incorrecta, y ataca lo último que le quedaba por atacar. Chistes sobre la disparidad racial. No, no son chistes racistas. En manos de los tres pringados que protagonizan la cinta no podían ser racistas. Son chistes sobre el choque cultural entre Oriente y Occidente. O sobre las cosas que, pese a barreras como el idioma, nos unen a todos.

Y además se aprovecha algo que ya ocurría en la película anterior. Bangkok, como Las Vegas, aparece como pocas veces la habíamos visto en pantalla, con su cara oculta y su cara más dedicada al turismo. Y allí aparecen Bradley Cooper, Ed Helms y Zack Galifianakis (qué brillante química hay entre los tres o cuatro cuando se suma Justin Bartha), que despiertan sin recordar nada de la noche anterior y con un amigo al que encontrar. Y tendrán que revivir la noche paso a paso para recuperarle. Aunque suponga ser perseguidos por la mafia o entrar en conflicto con agentes del gobierno, sin olvidarnos de un curioso grupo de monjes y un mono para llegar a una boda, la de Stu (Helms) esta vez.

Y no importa que sepamos cómo va a transcurrir la historia porque de eso se trata. La sorpresa no está en lo que sucede a continuación, sino en cómo sucede. La sorpresa no es ver al Mr. Chow interpretado por Ken Jeong, sino cómo, dónde y cuándo aparece. La sorpresa no es que se las tengan que ver con un animal, sino lo que ése animal hace. Y la sorpresa no es que haya fotos en los títulos de crédito, sino ver las fotos y que las de la primera entrega parezcan parte de una película infantil.

Escenas como las del autobús, el monasterio, la venta de drogas o el local de striptease, hacen que se te salten las lágrimas de la risa, y siempre encuentras motivos para sonreír, al menos, durante todo el metraje. Sí, Todd Phillips no es el director con más inventiva visual de la historia, y sí, podían haberse arriesgado más y haber hecho una película diferente, menos intrascendente, más… especial. Pero entonces ya no sería Resacón 2 y quizá no hiciese reír tanto. Porque, además, esa es la única pretensión de la cinta. Hacer reír. Nada más. Y encima lo consigue. Aunque Heather Graham no aparezca por ningún lado. Todos y todo lo demás están presentes (pero todos, todos…).

Como les decía, muchos críticos la han atacado por el hecho de la falta de originalidad en lugar de aceptarlo como una broma más, otra de las muchas que aparecen en la película. Yo sólo sé que en una sala llena de periodistas las risas no escasearon durante la hora y media de proyección. Así que alguien quizá miente… Lo mejor que pueden hacer es juzgar ustedes mismos. Con un grupo de amigos y unas cervezas hay pocas películas que puedan ofrecer tanto por tan poco. Y no olviden quedarse hasta ver todas las fotos.

Estos tipos son tan buenos, que encima guardan lo mejor para el final…

Jesús Usero

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Crítica de la película Kung Fu Panda 2

Hace poco comentábamos que la avalancha de títulos de animación que estábamos viviendo, la mayoría de ellos también en 3D, estaba provocando una saturación del mercado que provocaba que muchas de esas películas no obtuviesen el éxito que se esperaba de ellas, o al menos el éxito que solían tener en el pasado, cuando lo habitual era encontrarse con muchas menos películas. En España, desde Enredados, no hemos tenido un taquillazo, aunque sí muy buenas cifras, y en Estados Unidos ha pasado algo bastante similar. No es que el público se esté cansando de las películas de animación. Es que hay demasiadas y hay que ser selectivo.

El caso de Kung Fu Panda es el de una película de la que se espera mucho de cara a la taquilla, pero que, de nuevo, en su hogar no está dando todo lo que se esperaba, sobre todo teniendo en cuenta que la primera entrega recaudó más de 215 millones de dólares, una cifra que parece demasiado lejana para esta segunda entrega, que no lo va a hacer nada mal, pero que demuestra que ya nada es infalible. Ni nadie, ni siquiera nuestro panda favorito. Aunque el mercado internacional parece que está corrigiendo ese error.

Y además es una lástima porque Kung Fu Panda 2 es más divertida y mucho más espectacular visualmente hablando que la entrega anterior. Es una cinta de cine familiar que se gana al espectador por la ternura de sus personajes y que, en este caso, sabe ir más allá del típico mensaje de superación de las cintas de género, tan habitual, para hablarnos de algo más interesante, como es el encontrar el lugar en el mundo y aceptar quiénes somos y que genera el drama a través de la peculiar relación entre padres e hijos que tiene la película. No olvidemos que Po, el protagonista, es un panda que fue adoptado por un ganso. De esa extraña relación padre/hijo, emana una historia que intenta acercarse más a los preceptos de Pixar que al pasado de Dreamworks. Vamos, que quiere seguir los pasos de Como Entrenar a tu Dragón más que los de Shrek, algo que se agradece, aunque no siempre llega a funcionar.

Visualmente, eso sí, se nota un salto evolutivo entre la primera entrega y ésta, que siempre tiene su lógica según avanza la tecnología, pero que no siempre se ve así, como sucedió con la última entrega de Shrek, que ni siquiera aprovechaba el 3D. Aquí sólo hay que fijarse en el pelaje del panda, o en los movimientos de cámara, para darse cuenta de que las cosas han evolucionado para mejor. La llegada a la ciudad, los barcos en el muelle, el castillo del villano y la secuencia que allí se vive o la impresionante batalla final son buenos ejemplos de una película que, sin llegar al nivel de Pixar que siempre anda a años luz de todo el mundo en lo visual, da un salto y es capaz de maravillar por los paisajes que muestra y cómo los muestra. Y como a casi toda cinta de animación en 3D, la proyección en 3D le sienta de maravilla, porque es como se concibió y realizó la película en un principio. Así que, esta vez sí, verla en 3D merece la pena porque aporta algo más de espectacularidad.

Luego tenemos la escenas de kung fu, que son muchas y variadas, como no podía ser de otro modo, y a las que se suman escenas de acción o aventuras (el carro suelto por la ciudad, la escapada del castillo), que son entretenidas y están planificadas de modo que todo se ve y se entiende a la perfección. Algún director de cine tradicional podía aprender del montaje y las coreografías de Kung Fu Panda 2, sobre todo cuando hay tanta película de acción en la que uno no se entera de la mitad de las cosas debido al montaje y similares. Permítanme la licencia, pero los combates molan. Vamos, que no da tiempo a aburrirse con un metraje tan ajustado que apenas llega a la hora y media.

Además se ha refinado el humor de la primera entrega, para hacerlo algo más sutil si quieren llamarlo de algún modo. Es menos divertida, en el sentido de que uno acaba riendo menos que en la anterior, pero cuando toca reír o sonreír lo hace con ganas. Como la escena de Po y su padre con éste último explicándole que es adoptado. O la mantis religiosa comentando la muerte a manos de una mantis hembra de un familiar. Los nuevos actores de doblaje, entre los que se incluye el mítico Van Damme, siguen aportando ese toque gamberro que le sienta tan bien a este universo tan particular.

Si a eso le sumamos ese empeño de hacer crecer a los personajes y hacerlos más interesantes, como en el caso de Tigresa o del propio Po, y esos flashbacks con una animación tan poco convencional y tan atractivos y oscuros, la película deja un sabor de boca cercano a muchas producciones Pixar, que, sigo diciéndolo, son los reyes en esto de las producciones animadas. Kung Fu Panda 2 se queda muy cerca del reto de llegar a ese nivel y lo hace con un espectáculo para toda la familia que llega en el momento idóneo para que los niños llenen las salas de cine.

Se echa en falta algo más de consistencia en el guión, así como más escenas entre Po y el maestro Shifu, que eran el gran punto de apoyo de la primera película, pero se agradece el esfuerzo por no repetir, aunque sea en detrimento de algo que nos gustó mucho en la primera entrega. También el papel de los Cinco Furiosos, si exceptuamos a Tigresa, sigue siendo muy reducido, lo que es una pena con el reparto que tiene. Y ojo a la banda sonora de John Powell y Hans Zimmer, que es simplemente espectacular. Yo la he podido disfrutar en versión original y ya estoy deseando repetir para escuchar el doblaje de Florentino Fernández.

Así que, si, merece la pena verla.

Jesús Usero

Hanna ★★★

Junio 08, 2011



Crítica de la película Hannah

Joe Wright es uno de los directores jóvenes británicos más interesantes que han surgido en los últimos años. Con menos de cuarenta años ha dirigido cuatro películas que se sostienen muy bien por sí mismas y que son bastante dispares entre sí. De la ambientación de época de Orgullo y Prejuicio al drama romántico con tintes de cine bélico de Expiación, pasando por el drama social de El Solista y terminando con un thriller como Hanna, todos ellos géneros dispares en principio, pero que en el fondo ocultan unas inquietudes similares y un interés por cierto tipo de historias centradas más en los personajes que en la historia misma que les rodea.

Como he dicho siempre resultan películas interesantes, incluso muy buenas alguna de ellas, donde Wright se destaca como un excelente director de actores y un buen narrador, que sabe componer los planos otorgándoles una fuerza y belleza muy particular (aquel plano secuencia de la playa en plena guerra en Expiación es difícil de olvidar), pero al final acaba por faltarle algo, como si tanto preocuparse por sus personajes le acabase haciendo perder el norte de hacia dónde quiere dirigir su película. Quizá sea cosa de los guiones, quizá sea el punto de madurez que le queda por alcanzar al realizador. El caso es que ninguna de sus películas terminan de ser productos redondos.

Algo similar le ocurre a Hanna, donde el director da un nuevo salto de género a un thriller de acción con una joven que es una asesina entrenada por su padre, un ex operativo de la CIA, que la tiene apartada del mundo hasta que decide enviarla en una misión, lo que la llevará por media Europa siendo perseguida y perseguidora a su vez, mientras descubre la verdad sobre su pasado. Sorprende que Wright se lance al ruedo del thriller y sorprende que la protagonista sea una joven asesina, que apenas ha llegado a la pubertad, pero que es más letal que el mejor de los soldados.

Todo el inicio de la película es una excelente presentación de personajes donde aprendemos a conocer y apreciar a su protagonista, con pocas palabras, con los intercambios de miradas entre padre e hija, con la vida extrema que llevan y con lo que aprende y cómo lo aprende la protagonista, con ese libro que contiene tanto saber pero tan pocas experiencias reales. Conmovedor el momento en la cabaña en la que la protagonista le pregunta a su padre por la música y ante la descripción de diccionario de él, ella le pide, casi con vergüenza, que lo que quiere es oír música. Sentirla. Algo que tendrá su peso a lo largo de la historia.

Es curioso cómo un thriller puede ganar muchos enteros cuando te dedicas a presentar a los personajes de forma real, interesante e intrigante, sin decirlo todo, pero dando a entender mucho. Tanto el guión, como el director parecen muy interesados en que entendamos a todos los personajes, sus motivaciones, su forma de actuar. Y para ello aprovecha el talento de un excelente reparto que se esfuerza por convertir a sus personajes en seres vivos. Saoirse Ronan es una de las mejores actrices juveniles que hemos visto en los últimos años, junto a nombres como Dakota Fanning, capaz de convertirse en víctima de un crimen, niña movida por los celos o asesina adolescente que descubre el mundo por primera vez pero que no es capaz de dejar atrás su pasado ni sus orígenes. Imprime un carisma excelente a sus personajes y Hanna, pese a que la hemos visto matar a un hombre con sus propias manos, es un personaje capaz de despertar la simpatía y el cariño del espectador.

A Eric Bana y Cate Blanchett no los vamos a descubrir aquí ahora, pero están magníficos, sobre todo ella dando dimensión a un personaje que bien podría haber sido un villano más lleno de tópicos y que es el personaje que menos cuida el guión, pese al tiempo que permanece en pantalla. También se agradece la labor de gente como Jason Flemyng u Olivia Williams, que redondean un elenco de actores que saben muy bien cómo cumplir con su trabajo y a los que el director mueve con elegancia e inteligencia.

Tampoco los aficionados a la acción tendrán muchos problemas para disfrutar de la película, porque las secuencias están perfectamente elaboradas y son de una brutalidad que deja muy buen sabor de boca, sobre todo cuando nos enfrentamos a tanta escena infantilizada o a tanto director que parece tener problemas por mantener un plano el tiempo suficiente de saber qué está sucediendo y quién golpea a quién. Eric Bana en el parking, Hanna en una peculiar sala o en un muelle de carga… Momentos memorables de cine de acción, en serio.

Pero que dejan ganas de más. El problema de Hanna es que en su bloque central aburre. Su divagar por la historia sin nada de contar, los momentos contemplativos como la escena del flamenco nocturno (por mucho que se vea a Hanna reaccionar a la música por primera vez) o el eterno viaje a través de Europa, pueden hacer que más de un espectador desconecte de una historia que se queda estancada por momentos y parece no avanzar hasta llegar al tercer acto, donde todo sucede demasiado deprisa, de improvisto, sin dejarnos saborear lo que llega y con un giro final que no sorprende absolutamente a nadie. Que un thriller se haga aburrido… es un problema.

Eso sin contar con una banda sonora de los Chemical Brothers que es muy buena, pero que está completamente fuera de lugar y no encaja en ninguna de las secuencias en las que aparece. No son grandes delitos de la película, todo sea dicho, sobre todo porque uno nunca llega a desconectar del todo de la misma, pero sí que son las cosas que hacen que la película no termine de ser redonda y pudiese ser mucho mejor de lo que es al final. Y que sigamos esperando esa película perfecta de Joe Wright.

Jesús Usero

 

Insidious ★★

Junio 07, 2011

Crítica de la película Insidious

Insidious pone al día algunos elementos particularmente curiosos relacionados con un arco temático de gran predicamento en el cine de terror, como son las casas encantadas, las posesiones diabólicas y los contactos con el más allá, todo ello mezclado en su argumento en distintas dosis que funcionan bien como relato de intriga creciente durante la mayor parte de su metraje, aunque al final no consigan sorprendernos con su resolución e incluso pierdan algo del impulso inicial que tenían personajes y situaciones por caer en lo previsible, lo repetitivo o dejar pasar la ocasión de meternos realmente el miedo en el cuerpo con el viaje al más allá propiamente dicho.

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Como digo el planteamiento inicial me parece incluso astuto, porque juega con una puesta en escena (esos planos de la cámara siguiendo al personaje del marido cuando suena un ruido en la entrada y acude a mirar la puerta) que sin ser el descubrimiento del Santo Grial de la planificación cinematográfica ni presumir de innovadores resultan muy funcionales para  introducirnos en esa misma casa que habitan los personajes y acercarnos a la situación de miedo creciente en el que viven. Es en esa primera parte de propuesta o planteamiento del relato donde creo que funciona mejor la película, primer porque para ello no requiere un despliegue de presupuesto que según el planteamiento de mantener los costes bajo mínimos hecho por los responsables de la película, no pueden permitirse.

En esa línea nos encontramos una serie de momentos o referencias que me han  traído a la memoria terrores setenteros hechos también con cuatro duros. Y es ahí donde creo que la película  crea unas perspectivas que pueden equivocar al espectador curtido en el consumo de este tipo de género. Para empezar, los primeros pasos del argumento nos remiten a varias sendas que sin embargo posteriormente van siendo abandonadas conforme progresa el argumento. En uno de esos caminos encontramos una puesta en escena y algunos planteamientos que nos llevan a pensar en Terror en Amityville, o la variante del asunto en claves más serie A y spielbergiana, Poltergeist. Luego, con el tema del niño en cama, es inevitable que demos en pensar que quizá los artífices del asunto hayan elegido tirar el tema por el camino de Patrick, producción australiana centrada en un asesino que queda en coma, dirigida por Richard Franklin en 1978. Incluso el cartel de la película tiraba por ahí. Pero luego se producen varios giros argumentales que incluyen la aparición de un contrapunto de comedia no del todo desarrollado o convenientemente explotado que ejemplifican los dos “expertos” en investigación de fenómenos paranormales, que no sé si pretenden ser un guiño a los célebres Cazafantasmas o directamente recogen el testigo de los hilarantes a la par que entrañables Ghostfacers de la serie televisiva Sobrenatural. Y, claro, al pensar en Sobrenatural inevitablemente concluyo que algunos capítulos de la misma me han resultado mucho más inquietantes y elaborados de puesta en escena que Insidious, así que me parece que a los artífices de esta película la jugada les ha salido sólo a medias. Parte del problema está en que hacia el final de la trama abandonan esas líneas argumentales mencionadas inicialmente y optan por desarrollar todo el tercer acto a partir de una revelación que se veía venir de lejos, es decir, que no es tal revelación, lo cual que lo que nos cuentan a partir de ese giro argumental nos mantiene más distantes de lo que ocurre en pantalla que en el metraje precedente. Incluso se opera, cosa enormemente arriesgada y triple salto mortal sólo recomendable para maestros, un cambio de protagonismo bastante radical, dejando paso la fémina de la historia a su compañero masculino tras un flashback más forzado que realmente sorpresivo.

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Después del cambio de protagonismo la película se desangra en una sucesión de secuencias donde prima más la acción y se pierde mucho de lo inquietante que tenía el relato hasta ese momento. Es una fase del relato que entra en la revelación de la verdadera amenaza con una sucesión de tópicos que no consiguen atraparnos como las sugerencias de amenaza manejadas previamente y resultan menos inquietantes de lo que pretenden.

No es buena idea cambiar de caballo a mitad del cruce del río, por decirlo así. El cambio del protagonismo de la madre al padre en un momento demasiado avanzado de la trama despista al espectador, y la introducción de personajes nuevos en el relato, como la abuela de los niños o esa médium muy particular, no rinde tanto como debería (como ejemplo de buen funcionamiento de ese recurso pueden pensar en el aporte a la trama de la médium de Poltergeist, que por otra parte es una referencia bastante clara de esta película). La entrada en el relato de la médium y sus muchachos permite no obstante algunos momentos curiosos desde el punto de vista de generación de inquietud, que sin embargo no acaban de explotarse tanto como pudieran, aciertan en el tema de la máscara de gas como elemento dominante de la sesión espiritista, pero no le sacan tanto partido como podrían a ese juego de mirada subjetiva de la médium alternado con la mirada del resto de personajes hacia ella, que por estar su rostro tapado con la máscara debería convertirse en una incógnita más inquietante de lo que resulta en la película. De manera que en ese momento concreto, nos queda, como en el resto de la película, una buena idea inicial que no llega a ser bien explotada.

Así las cosas, no puedo decir que la película me haya metido miedo, pero tampoco creo que sea un título más del montón. Tiene algunas cosas curiosas, propuestas que unidas a esa especie de aliento nostálgico del cine de terror setentero le proporcionan cierto atractivo, pero ciertamente pierde gas en su parte final y desperdicia algunos elementos curiosos de su trama además de perjudicarse con una especie de inseguridad o zozobra a la hora de elegir un camino por el que desarrollarse o apostar por una alternancia de protagonismo mal aplicada.

Miguel Juan Payán

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Tras visionar un gran avance de Transformers 3 en 3D, nuestros críticos más dicharacheros Miguel Juan Payán y Jesús Usero nos dan sus impresiones-



Crítica de la película Nowhere Boy

Otra película que llega a España con un considerable retraso, lo cual se está convirtiendo en una triste costumbre cada vez más habitual, no sé si debido a la dichosa crisis o a que el mercado cinematográfico español es cada día menos rentable para las compañías que se ven obligadas a abandonar películas o a estrenarlas con años de retraso. Nowhere Boy vio la luz en diciembre de 2009 en las carteleras británicas y ya se las vio y se las deseó para ser estrenada en USA casi un año después. En nuestro país aparece con año y medio de retraso.

Y sí, es una película pequeña, de corte independiente, casi, aunque con un considerable reparto y un tema que podría interesar a bastante gente, el de la vida adolescente de uno de los músicos más importantes del siglo XX y quizá de la historia de la música. Hablamos del desaparecido John Lennon, miembro de los Beatles, como todo el mundo sabe, y que aquí nos muestra su cara menos conocida, más juvenil, sus primeros años en la música desde que tenía 15 años hasta que se muda a Hamburgo con el grupo. Su juventud en Liverpool en una etapa que abarca de 1955 a 1960.

Siempre me ha gustado la música de Los Beatles, así que de partida la película tiene para cualquiera que sea como yo, aficionado al grupo, el interés por conocer y descubrir la juventud, en clave de ficción, claro está, esto no es un documental, de una de las leyendas de la música, sus años de instituto, su primer grupo, sus relaciones y su universo en la ciudad británica, marcado desde joven por la tragedia. Y la verdad es que la película permanece bastante fiel a lo que las biografías de Lennon nos cuentan sobre esos años, incluyendo su relación con su madre y su madre adoptiva, ambas hermanas muy dispares entre sí y brillantemente interpretadas por Kristin Scott Thomas, su tía Mimi, y Anne Marie Duff su madre biológica.

De hecho la película hace girar la mayor parte del drama en esas relaciones de dos madres, dos mujeres de fuerte personalidad pero muy dispar carácter, que influirán notablemente en su vida y entre las que surge una rivalidad maternal por Lennon. Ese choque de titanes con el músico en medio, es el motor de la película, lo que le da la fuerza dramática y lo que hace a Lennon crecer y madurar como persona y como músico. Desde la austera y severa tía Mimi a Julia, mucho más liberal y alocada, con otra familia ya a sus espaldas y muchos secretos en la cartera. Con revelaciones que harán tambalearse los cimientos del joven músico.

Un buen drama se aposenta en un buen conflicto, y quizá ese sea el problema de la película. Los actores están sensacionales, pero el conflicto es menor porque se ve y se entiende que Lennon es querido por ambas mujeres, que intentan marcar su personalidad y su vida futura. No es que no se preocupen por él, sino que a veces no saben encontrarle el lugar perfecto en sus vidas. No hay tanto conflicto aunque la película se esfuerce enormemente en mostrarlo. A veces ese exceso de llevar al drama lo que no es drama le sienta mal a una buena y sólida cinta, por eso mismo, por excesivo, por forzar la situación haciéndola inverosímil.

La labor del director debutante Sam Taylor Wood, fotógrafo y artista, es de lo más interesante por su clasicismo formal, no exento de unas pinceladas de artista que le confieren mucha personalidad al conjunto. El tipo, pese a ser director novel, sabe perfectamente componer y narrar su historia de forma clásica, sin estridencias ni salidas de tono, pero añadiendo ciertas pinceladas de autor muy coherentes con su estilo y con el universo en el que se centra la película. La escena de Lennon tocando el banjo o el atropello en mitad de la calle, con el cuerpo quedando tendido y el plano como si fuese una fotografía… son buenos ejemplos de un trabajo de lo más interesante y que hace la película visualmente mucho más interesante al espectador. Como el flashback sobre lo sucedido en el pasado realmente con el padre de Lennon, la gran figura ausente de la película.

Además el director es suficientemente inteligente para dejarse guiar por el trabajo de sus actores, para que ellos sean realmente la guía de la película. Si antes mencionábamos el trabajo de las dos actrices principales, que es magistral (sobre todo la contención y sutileza de Scott Thomas, simplemente brillante), no menos lo es la de Aaron Johson, el protagonista de Kick Ass, en la piel de John Lennon, haciendo de él un joven cercano, rebelde, algo payaso, líder nato… humano. Convierte a la leyenda en un adolescente normal y corriente. Que encima interpreta sus canciones y pueden encontrarse en la banda sonora de la película como los Nowhere Boys, junto a Thomas Brodie-Sangster, el actor que hace de McCartney y que fue niño prodigio en Love Actually.

Y el resto es historia. Tenemos de todo. Desde el primer encuentro entre Lennon y McCartney o George Harrison, al desarrollo de su amistad, sus primeras clases de música (la escena de la armónica presenta al personaje perfectamente, pero el momento entre Paul y John ensayando con el primero enseñando al segundo… a los fans les encantará). Incluso la película explica, mediante un chiste recurrente, el uso de Lennon de sus míticas gafas. Y pese a la dureza de algunas situaciones y momentos duros, y las licencias artísticas, siempre lo hace con cariño hacia los personajes. Con ternura. Quizá demasiada.

Tenemos aquí una buena muestra de lo que un biopic menos habitual, por ser británico, nos puede llegar a dar. Una buena cinta, quizá demasiado enfocada a los fans, pero disfrutable por todo tipo de público, una historia de juventud, mucho antes de la leyenda, y sin caer en lugares habituales como el abuso de drogas o la caída en picado al infierno. Eso quizá vendrá después. La película se centra en otra historia. Algo blanda al final y demasiado tierna, pero muy disfrutable por los fans del grupo, con unos actores en estado de gracia y un prometedor director.

Si alguien empieza a oír el “Please Please Me” es lo normal con esta película…

Jesús Usero

Crítica de la película Piratas del Caribe, en mareas misteriosas

El estreno de la última entrega de la saga Piratas del Caribe me recuerda, en cierta y simpática medida, a un Madrid-Barça de los que se han vivido últimamente. Deja de ser fútbol para convertirse en algo más, en un evento. Ahora tenemos la cuarta película con Johnny Depp a la cabeza del reparto y ha dejado de ser película para convertirse en un evento cinematográfico, uno de los más importantes del año y uno al que pocos faltarán.

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Es una de las películas más esperadas, y es normal. No son pocos los motivos, la verdad. Piratas del Caribe es la saga que convirtió a Depp en la estrella que hoy conocemos, cuando antes era un actor de prestigio que los estudios consideraban veneno para la taquilla. Además trajo de vuelta el género de piratas que tantos quebraderos de cabeza daba a Hollywood y que solía significar símbolo de fiasco. Sin olvidarnos de que se trata del regreso de uno de los iconos más importantes del cine del nuevo milenio, el capitán Jack Sparrow. Y encima la presencia de Penélope Cruz, (sin olvidarnos de Óscar Jaenada, que aparece aquí justo mientras se emite la serie Piratas, que él protagoniza). Motivos para el evento, los que quieran. Motivos para aplaudir la película por sí misma… analicémosla de cerca.

Porque, seamos sinceros, del mismo modo que la saga fue un rotundo éxito, la segunda y tercera entregas dejaron a los espectadores con un sabor de boca agridulce, muy por debajo de las sensaciones que produjo la primera película. Muy por debajo de las expectativas del público. Quizá eso suponga un lastre para la nueva película, pero lo que está claro es que se han puesto las pilas intentando devolver la película a lo que era en un principio, al origen, al planteamiento inicial con Jack Sparrow como líder indiscutible. Aventuras mezcladas con el rollito sobrenatural y unas pinceladas de humor. Una aventura única que no se detiene para casi nada de principio a fin. Divertida, emocionante, simpática y sin pretensiones. Puede perfectamente ser el renacer de la saga. Si siguen su propio camino.

Otra cosa es que vuelvan al modo ladrillero de las otras películas y la gente acabe más que harta de dar vueltas sin que nada suceda. Aquí por lo menos siempre parece estar pasando algo en pantalla. Y eso sólo, ya hace la mitad de la película.

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Una película que, por otro lado, se abre con un inicio que nos mete de lleno en el humor y la aventura, que nos recuerda plenamente lo mejor de la saga y los mejores momentos del personaje central. Deja de ser el cobarde torpe y algo payaso, para volver a ser el capitán Jack Sparrow que añorábamos. Con sus peculiaridades pero también con su talento. No os perdáis la fuga, tremenda, que le lleva del rey a las calles de Londres.

Esa apertura que nos trae hasta el personaje de Penélope Cruz y que nos mete de lleno en la película, es el mejor acierto de la misma y la mejor forma de recuperar el favor del público. Tanto los guionistas habituales de la saga, como el director nuevo en la misma Rob Marshall, que sustituye al habitual Gore Verbinski, saben lo que se hacen para que la gente recupere la ilusión desde el primer minuto. Un primer minuto en el que aparece Cádiz, el rey de España y dos marineros. Y se agradece que la producción haya contado en gran medida con actores españoles de verdad.

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Algo que a Cruz le viene que ni pintado porque puede hablar con su acento sin necesidad de enmascararlo, y soltar varios improperios en perfecto castellano por el camino (algo que sólo se disfrutará en la versión original). Quizá su química con Depp no sea lo mejor de la película, pero no cabe duda que la actriz se lo pasó pipa interpretando a su personaje, aunque en muchas escenas de acción y en planos generales fuese doblada por su hermana, debido a su embarazo.

Hay un par de momentos de la cinta, sobre todo tras el motín y hasta la llegada de las sirenas, en los que pierde un poco el norte, pese a la brillante presentación y presencia del pirata Barbanegra y con el gran Ian McShane. Es como si el viaje tuviese que alargarse, y no llega a funcionar del todo. Se ralentiza. Pero entonces hacen acto de presencia las sirenas y todo vuelve a su sitio.

La imponente presencia de Astrid Bergés-Frisbey, la actriz franco-española que da vida a la principal sirena, ayuda a superar una historia de amor algo ñoña e inconclusa con Sam Claflin (lo más flojo de las nuevas incorporaciones), que no intenta emular la de Keira Knightley y Orlando Bloom en la primera película, sino buscar su propio camino, algo que logra a medias. La película se preocupa más, lógicamente, por el dúo Cruz-Depp. Sin dejar de lado al gran Geoffrey Rush y su nueva apariencia.

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Si algo le podemos achacar realmente a la cuarta película es, además de que el 3D sobra y no era necesario, que parece como si hubiesen ahorrado dinero con ella. No hay batallas navales, hay bastante rodaje en interior y hasta escenas espectaculares como la mencionada de las sirenas, saben a poco. Saben a recortes en el presupuesto, algo que los responsables de Disney ya avisaban, que querían que la película fuese más pequeña que las últimas, dentro de su gran presupuesto. Por ejemplo, el ejército español y Jaenada están muy desaprovechados, y hay una lucha en el mar que deseamos haber visto de cerca y no al fondo del plano.

Lo que está claro es que Piratas del Caribe, en Mareas Misteriosas, recupera lo mejor de la saga para hacernos recordar lo que fue La Maldición de la Perla Negra, añade un par de magníficos secundarios a la serie y nos lleva a un paraje de ensueño y lleno de peligros para buscar la fuente de la vida en compañía de Jack Sparrow.

Y más no se puede pedir.

Jesús Usero