Patria ★★★★★

Octubre 01, 2020 91

Crítica de la serie Patria

Una de las mejores series del año y un profundo relato sobre el dolor y la pérdida.

      Más allá de la polémica generada por las campañas de publicidad de la serie, más allá de lo que unos u otros piensen de la serie antes de verla, Patria es tan necesaria como necesaria fue la novela de Fernando Aramburu en su momento. Sobre todo para entender unos hechos y una época que marcaron a la sociedad de nuestro país, pero especialmente a la del País Vasco que es la que más sufrió y la que se vio partida por la mitad. La serie triunfa a la hora de transmitir ese dolor, esa tragedia que fue el terrorismo en el país vasco y, por muchas dudas que tengan antes de acometer la serie, Patria las despeja enseguida, sabiendo siempre dónde y quiénes eran las víctimas.

      Con un juego de flashbacks sensacional, la serie comienza con la historia de dos familias, y especialmente de las dos matriarcas de la familia, Bittori (Elena Irureta) y Miren (Ane Gabarain). La primera perdió a su marido víctima del terrorismo, tras un atentado atroz. La segunda vio cómo su hijo acababa en prisión por pertenecer a la banda armada. Con el final de ETA y la disolución de la banda armada, Bittori por fin regresa al que una vez fue su pueblo buscando respuestas, mientras Miren ve como la presencia de quien una vez fue su amiga puede alterar la situación en el pueblo y en su familia. Y, repito, Patria habla de estos personajes y de su familia sin perder nunca de vista quién es la víctima.


      De hecho, la serie produce una sensación de angustia y tristeza enorme. Quienes no vivimos aquello dentro del País Vasco, no sabemos la cantidad de dolor que se generó. La serie nos produce angustia, y dolor. Ganas de llorar de rabia y de impotencia por las víctimas. Por aquella gente inocente que murió sin sentido. Por el odio, la inquina, la miseria moral que se engendró a raíz de aquello. Cada episodio es una cuesta arriba interminable emocional que nos pone al borde del colapso. Con un tono serio pero nada pretencioso. Realista, cercano, humano. Muy humano. Mostrando esas heridas abiertas y que siguen en muchos casos en carne viva. Sin juzgar, pero sin esconder ni poner paños calientes.

      Para ello se sustenta en sus dos protagonistas femeninas, por supuesto, donde ambas destacan (qué difícil es no explotar con los arrebatos de Miren, qué fácil es entender a Bittori) de forma simplemente sobrehumana. Si estuviésemos en Estados Unidos, hablaríamos de dos candidatas al Globo de Oro o al Emmy. Su trabajo es sobrehumano, y lo de Irureta es para estudiarlo en las escuelas. Junto a ellas todos brillan, con nombres como Jose Ramón Soroiz, Mikel Laskurain (su relación de amistad es una pequeña maravilla de la serie, una de tantas), o una Loreto Mauleón que da una lección de interpretación titánica.

      Hay que saber redondear todo ello y la serie lo hace desde el guión enorme de Aitor Gabilondo, con esa naturalidad prodigiosa de los diálogos, con ese esfuerzo por conseguir que todo encaje y que la situación sea creíble. Por buscar que las piezas encajen. Luego sumamos una dirección con un pulso sensacional y con un montaje maravilloso que mezcla los distintos momentos y lugares con elegancia, con una fotografía exquisita que ya quisieran muchas películas. Y tenemos una de las mejores series del año. Sin más. Imprescindible por la forma y el fondo.

       Jesús Usero

 

 

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Modificado por última vez en Jueves, 01 Octubre 2020 07:45
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión