El renacido. Una de las diez mejores del año. Imprescindible.

Hacía años que una película no conseguía meterme tanto en el centro de la acción y me demostraba tan claramente por qué el cine hay que verlo en el cine en primer lugar, en la pantalla más grande que podamos encontrar.

En los primeros minutos de El renacido me sentí preso de un sentimiento de cinefilia reverencial, pleno de satisfacción ante el gran espectáculo del cine, exactamente igual que el día que asistí al estreno en España de Apocalypse Now, de Francis Coppola.

Creo que eso deja bastante clara mi impresión sobre la película.

Ese es el pleno disfrute del cine en toda su majestuosidad. Y sin duda El renacido es una de las películas que devuelve su verdadera personalidad de espectáculo visual al cine. Pero su verdadero acierto no es ese. Son muchas las películas que pueden presumir de ser visualmente impresionantes. Tomen Titanic, Avatar, etcétera. Elijan la que más les guste de los últimos años. Y El renacido seguirá teniendo algo que muchas de ellas, la mayoría en los últimos tiempos no tiene: argumento, tema, madurez, contenido. Lo que hace majestuoso el despliegue visual de El renacido no es el alarde técnico de sus imágenes, que nos meten de lleno desde el principio en ese bosque, con los tramperos atacados por los indios, con las flechas volando a nuestro alrededor, las descargas de fusilería atronando en nuestros oídos, la sangre saltando en todas direcciones. Lo que nos pone en el centro de todo al principio del relato es la manera de filmarla. Pero lo que nos mantiene en el centro de todo es su contenido argumental, el desarrollo de su historia y personajes y los distintos conflictos que van entrecruzando el destino del protagonista con el resto de personajes y con el paisaje, que es un personaje más de la trama. El renacido es una película de itinerario, de viaje místico del héroe a través de varias muertes con sus correspondientes renacimientos. Las alusiones a muertes y partos están en toda la película asociadas al personaje de Leonardo Di Caprio. Por ejemplo la salida del caballo, con el protagonista nuevamente “parido” desde la muerte, del cadáver del animal. La mística se filtra al relato con los mitos sobre este tema a través de los sueños mezclados con el aliento del recuerdo que mantienen al protagonista luchando para sobrevivir, y en los que dominan el paisaje esos planos frente a la montaña de huesos que son la metáfora de un mundo que muere –el de los grandes bosques, el del más lejano y más salvaje oeste-, para dejar paso a otro mundo, lo que constituye otra ceremonia de muerte y renacimiento en esta fábula sobre el cambio, la destrucción, el ocaso y el amanecer, que rodea al personaje de Di Caprio, construyendo una visión mística de la forja del héroe. Es ese viaje interior, de forja y cambio de un mundo a otro, el que hace que nos mantengamos en el centro del relato incluso cuando ha pasado o nos hemos ya acostumbrado a la primera impresión causada por el planteamiento de filmación envolvente que nos propone el director en el arranque de su historia. De manera que hay mucho más que sólo fanfarria de alarde visual y pirotecnia pictórica o paisajística en El renacido.

Otro acierto de la película es la manera en la que mezcla el concepto de lo épico con la cercanía del costumbrismo en sus detalles, de modo que estamos de visita en un pasado perdido, como si hubiéramos viajado en una máquina del tiempo, y como sería el caso de esa situación, primero descubrimos lo más impresionante del mismo, pero luego nos quedamos atados a sus pequeños detalles. El renacido es una de las películas más detallistas que he visto en mucho tiempo entre los ejercicios de reconstrucción histórica que suele llevar a cabo el cine. Tan conseguida en sus grandes planos generales como en sus planos de detalle. Eso me recordó mucho al cine de gran pantalla, épico a más no poder, pero también con contenido, que en su momento realizara David Lean en películas como Lawrence De Arabia, El puente sobre el río Kwai, La hija de Ryan. Lo cual me lleva a destacar otro aspecto de El renacido que me parece interesante. Por un lado tenemos la odisea de superviviencia del personaje de Di Caprio, pero en ningún momento descuida al resto de los personajes de esta especie de tragedia que nos muestra un mundo que empieza a morir. La muerte de la naturaleza salvaje a manos de los tramperos, la primera oleada de conquistadores del territorio, tiene otros protagonistas. Sin caer en el panfleto ecológico simplón ni en el buenrrollismo gratuito. Sin dejarse atrapar por el sermoneo diletante del maniqueísmo, El renacido presta cuidadosa atención a mostrarnos las peripecias en este gran tapiz histórico del antagonista interpretado por Tom Hardy, el joven trampero que lo acompaña, el mítico Jim Bridger, el capitán de la expedición organizada para conseguir y traficar con las pieles, los indios sumidos en su propia búsqueda, los franceses, y esa mujer india atrapada en la pesadilla por los hombres blancos. Todos ellos tienen también su papel en este fresco de fin de una era cuyos personajes son como un puñado de fantasmas traídos a la pantalla desde el nebuloso pasado.

El director no se empantana en darnos discursos ni comernos la cabeza. Su fábula no es un dedo acusador alzado contra el abuso del planeta o la destrucción de culturas primitivas. Iñárritu se convierte aquí más que nunca en el pintor que nos propone un fresco de un momento histórico que cobra vida desde el pasado en una sucesión de imágenes brutales de los momentos oscuros del hombre indio y el hombre blanco en el remoto laberinto de la naturaleza. Su historia es un fresco sobre la siempre activa rueda del cambio, del paso de la muerte a la vida, de la vida a la muerte, y vuelta a empezar. Creo que por eso El renacido es mucho más que una simple historia de venganza u otra película más del oeste, u otra odisea de supervivencia.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 29 Febrero 2016 12:45
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