Encontrar La Deuda en la cartelera actual supone una sorpresa y un alivio. Por un lado es sorprendente que una película que lleva un año dando vueltas por el mundo a su paso por festivales y tras su estreno en varios países, llegue al fin a las carteleras de todo el mundo, no sólo la española, porque en USA se estrenó la semana pasada. Y digo que es una sorpresa porque llegados a este punto todo el mundo pensaba que la película acabaría siendo un estreno limitado o directo al DVD con poca repercusión mediática pese a su excelente reparto y su inteligente trama. Pero sobre todo es un alivio ver lo bien que ha reaccionado el público americano a su estreno. Eso quiere decir que aún hay gente interesada en este tipo de películas, lo que siempre deja espacio para que otras vengan tras ella.

Lo que está claro es que La Deuda es una película de esas que no suelen aparecer muy a menudo en nuestra cartelera, con un tono mucho más maduro y adulto, sin excesos ni explosiones por doquier. Tiene sus escenas de acción, pero centra casi todo su peso dramático en los personajes y las acciones que deben acometer. En las dudas y las deudas que adquieren. No suele dejarse llevar por escenas de pirotecnia visual vacías, sino en un auténtico thriller de estilo muy particular pero claramente reconocible. Un tipo de cine que, como decía, ya no se ve tan a menudo.

La historia gira en torno a tres personas que a finales de los 90 son consideradas héroes en Israel, debido a una complicada misión que llevaron a cabo 30 años antes, cuando se infiltraron en la Alemania del Este para capturar a un criminal de guerra nazi que vivía allí. Las consecuencias de sus actos y lo que ellos pensaban que era una misión exitosa se convierten en nuestros días en una historia en la que nada es lo que parece y en la que los fantasmas regresan para reclamar lo que se les debe.

Hay un aire en la película que la aleja de las típicas producciones de Hollywood. Por un lado es un producto de capital americano pero conuna base creativa intrínsecamente británica, lo que hace que a todos los niveles, sea algo distinto a lo que acostumbramos a ver. Más áspero y más sereno a la hora de ser narrado. Más interesante que la mayoría de películas de suspense netamente americanas a la hora de desarrollar su guión. Los principales culpables, los guionistas, entre los que se encuentran el director y productor Matthew Vaughn (Kick Ass), y Jane Goldman, su socia habitual.

Pero sería injusto no hablar de la excelente labor que hace John Madden, un director con cierto prestigio pero que habitualmente suele hacer películas más bien blanditas y carentes de garra. Shakespeare enamorado o La Mandolina del Capitán Corelli son buenos ejemplos. Aquí el hombre parece haberse empapado de los thrillers políticos de los años 70 para hacer un producto mucho más duro de lo que suele hacer. La brillante escena de acción del secuestro serviría como ejemplo perfecto de cómo crear tensión sin que sucedan demasiadas cosas ni la acción se desborde.

Aunque no es un trabajo perfecto. Durante gran parte del metraje uno se plantea por qué no ha tomado y la ha contado de forma paralela, no tan lineal. Hay un enorme tramo de película en el que uno echa de menos a Helen Mirren y Tom Wilkinson y su ausencia hace que la historia no sea perfecta y deambule unos minutos. Es una decisión comprensible y que se acopla perfectamente a la película, pero uno se pregunta si de la otra forma no habría resultado una película incluso mejor.

También es cierto que hay un ave que planea continuamente sobre las imágenes de La Deuda, y es sin duda la película Munich, una de las mejores de la carrera de Spielberg (no me cansaré de repetirlo). Aunque ambientadas en décadas distintas, es innegable que la sombra de aquella se posa continuamente sobre ésta, no sólo en una temática similar, sino también en el tono, la forma en que lo enfoca el guión y la historia cargada de tristeza. Son dos películas hermanas, en muchos sentidos e incluso comparten la presencia de un pedazo de actor como es Ciaran Hinds, aunque en esta aparece menos de lo deseado.

Lo que me lleva a un reparto que te lleva a lo largo y ancho del metraje con unas maravillosas interpretaciones, tanto los jóvenes, con Jessica Chastain y Sam Worthington a la cabeza (Marton Csokas anda algo más revolucionado, pero su personaje lo exige), como los adultos, donde una maravillosa (¿cuándo no lo está?) Helen Mirren nos traslada todo ese miedo, esa tristeza, esa felicidad nunca vivida del todo que experimenta su personaje. Su ausencia durante gran parte del metraje es lo que más se echa en falta en La Deuda, porque ella es, a fin de cuentas, el motor de una película que llena porque tiene unos personajes con algo que contar. Y con un pasado del que todos se enorgullecen menos ellos.

La película tiene varios giros dramáticos que la hacen más interesante, y tiene el suspense perfectamente dosificado hasta llevarnos a su inesperado desenlace, pero ante todo lo que permanece es ese aire de tristeza, de profunda melancolía, de lo peor de lo que es capaz el ser humano aspirando a un mundo mejor. O a una venganza. Toda la etapa del cautiverio transmite muy bien esa sensación.

Uno sale de La Deuda con la sensación de haber visto una muy buena película. No perfecta, pero sin duda muy buena. Siempre que uno sepa lo que va a ver al cine. Si esperamos tiros, explosiones y escenas de acción por doquier, nos decepcionará seguro. Pero si buscamos una de suspense a la antigua usanza, nos llevaremos una muy grata sorpresa.

Y seguramente nos quedarán ganas de repetir la experiencia.

Jesús Usero

Modificado por última vez en Viernes, 16 Septiembre 2011 12:33
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