Misión: Imposible, Protocolo fantasma ★★★★

Crítica de la película Misión: Imposible, Protocolo fantasma

Tom Cruise regresa a su franquicia por la puerta grande.

Si por algo se ha caracterizado casi siempre el popular actor, una de las estrellas más importantes de Hollywood, es por ser uno de los más listos de la clase, un personaje astuto e inteligente que sabe identificar los vaivenes del mundillo para ofrecer al público lo que desea ver. Por eso ha funcionado tan bien la franquicia Misión Imposible en cine, por esa inteligencia como productor a la hora de asociarse con lo que más interesante resultaba en cada momento para atraer al público a las salas. Lo hizo en su momento con Brian de Palma, con John Woo y en estas dos últimas entregas, con J.J. Abrams y su gente.

Cruise sabe perfectamente que su imagen está dañada de cara al público (sobre todo el americano), más aún desde sus salidas de tono en ciertos programas televisivos y sus controvertidas opiniones sobre religión. Hubo un momento en el que se había convertido para el público en un personaje antipático y la tibia acogida de un producto como Noche y Día demuestra que el actor no estaba pasando por su mejor momento. Por eso MI4 llega en el mejor momento posible y por eso el actor ha escuchado a la gente para hacer virar la saga hacia lo que el público realmente quiere ver en ella. La anterior entrega, pese a sus casi 150 millones recaudados sólo en Norteamérica, no fue el éxito que se esperaba y por ello los cambios están ahí y son palpables desde las primeras imágenes de la película.

La asociación con Abrams, que dirigió la tercera entrega, tampoco es casual y permite a esta cuarta entrega aprovecharse de un elemento casi televisivo que funciona en muchas franquicias. La continuidad. Hay una continuidad visual, temática y argumental que las anteriores películas no tenían, con sus repetidos cambios de equipo, de historia y de personajes. Aquí se mantienen muchos de esos elementos, aunque se reserven algunos como factor sorpresa, y lo que se añade le permite a la película crecer con respecto a su predecesora para crear un espectáculo visual de primer orden con el que pasar un magnífico rato estas navidades.

Con respecto a eso MI4 tiene muy claro qué película es o quiere ser y a qué público va destinado. Es cine de espías y de acción en la línea de las últimas entregas de James Bond o la saga de Jason Bourne, pero con el referente de Alias como principal ejemplo a seguir. Cine de palomitas. Puro entretenimiento sin más. No hay que pedirle peras al olmo, lógicamente. Pero dentro de ese género al que pertenece, la película funciona como un reloj suizo y ofrece un entretenimiento magnífico durante sus más de dos horas de duración. De ahí sus cuatro estrellas. Y lo hace apoyándose en el saber hacer de todos los responsables de la misma.

Si siempre le habíamos achacado a la saga su poca relación real con la serie que le da nombre, más que nada por el protagonismo estelar de Tom Cruise y la ausencia de un auténtico equipo encargado de las misiones (algo que en la anterior película quedaba más o menos arreglado), aquí la estrella de Hollywood ha sabido leer eso y cede parte de su protagonismo al equipo que le acompaña, dejando así que sus personajes nunca abandonen la acción y sean parte imprescindible de la misma de principio a fin. Por supuesto él sigue llevando la voz cantante y nadie le va a disputar el puesto al frente de la película, pero el peso de sus compañeros es muchísimo mayor en esta entrega.

Y ha sabido elegir su compañía a la perfección. Simon Pegg repite y aporta ese tono de humor y locura tan habitual en sus películas, que reina en todo el metraje, dejando claro que esto es una cuarta entrega. Mucho más humor y pocas ganas de tomarse en serio a sí mismos. El problema de Jeremy Renner es que es tan rematadamente bueno que se come a quien le pongan por delante, incluida la estrella de la función. Paula Patton no termina de encajar en el equipo, sin embargo. Algo que los villanos bordan, por ejemplo, con Michael Nyqvist y Lea Seydoux a la cabeza. De hecho la asesina de Seydoux aporta la perversión y el encanto necesarios para hacer de un personaje breve uno que se recuerda al salir de la película.

Brad Bird dirige su primera película con actores de carne y hueso y sabe lo que se hace. Las escenas de acción están pulcramente rodadas, tienen adrenalina de sobra y, lo más importante, uno ve perfectamente lo que sucede en pantalla. Escenas como la persecución entre la tormenta de arena, la escalada al edificio o el final de la película, son espectaculares a más no poder. Su trabajo junto al de los guionistas, además, se encarga de dar vida a los personajes, dejando que todos ellos, incluyendo secundarios, tengan algo que mascar, una historia, un drama, un pasado. Eso los hace más interesantes y destaca sobre todo con los personajes de Renner y Patton.

Sí, es cierto que la acción se sale de madre y que los huesos de Ethan Hunt son de goma y nunca se rompen. Pero eso viene sucediendo desde la primera entrega. Son las reglas del juego. Quien no las aceptase antes, no lo hará ahora. Y viceversa.

Esto es cine de palomitas, cine espectáculo, pero de lo mejor que podemos encontrar en los cines. Desde los primeros compases en la cárcel rusa al brutal ataque en el Kremlin. Es interesante, intrigante (el hecho de ver al equipo sin apoyos y jugándoselo todo a una carta ayuda mucho), divertida (nunca se termina de tomar en serio a sí misma) y muy entretenida. Aunque el final en Seattle le suponga una bajada de pantalones. Aunque la acción sea tan espectacular como inverosímil. Esto es Misión Imposible. Creo que todos sabemos a lo que venimos. Y pocos pueden sentir que han tirado el dinero.

Jesús Usero

 

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Modificado por última vez en Martes, 12 Febrero 2019 11:29
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