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Shakespeare en tiempos modernos de la mano de Joss Whedon. Una película fuera de su tiempo y lugar, rodada en blanco y negro con cuatro perras por un Joss Whedon que acaba de salir del éxito de Los Vengadores y que se mete a adaptar a William Shakespeare en clave actual. Esto es, con el texto original pero con los personajes viviendo en el mundo moderno, no hace 400 años. Eso, que pude sonar raro y hasta ridículo cuando se ve a los personajes hablar en verso, supone al final una de las películas más frescas, inteligentes y divertidas del año. Un hallazgo que nos recuerda que los clásicos son clásicos por algo, y que Whedon tiene un enorme talento demostrado a sus espaldas que va más allá del simple espectáculo. Puede ser una de las mejores adaptaciones de Shakespeare que se han visto en la gran pantalla, y seguramente hará sentir envidia al propio Kenneth Brannagh.

Una película que surgió a partir del grupo de actores habituales de Whedon, que se reunían en casa del director para pasar largas veladas ensayando y recitando a Shakespeare en el salón del director y guionista, lo que le llevó a pensar en adaptar una de esas obras a la gran pantalla, un proyecto nada fácil (haber quien invierte aunque sean un par de millones en una película así). Incluso lanzarla una vez rodada no era nada sencillo. Pero el éxito de Los Vengadores ayuda bastante a proyectos pequeños como éste que, aun así, ha sido capaz de recaudar más de 4 millones de dólares, y que Whedon preparó mientras trabajaba en Los Vengadores, en su propia casa de Santa Mónica, en apenas 12 días y en lugar de irse de vacaciones. Un proyecto largamente soñado que lleva el sabor del mejor teatro a las salas de cine y nos deja con una enorme sonrisa en los labios.

Whedon engatusó a un grupo de fieles actores a su trabajo, con nombres como Alexis Denisof, Nathan Fillion, Fran Kranz, Sean Maher, Tom Lenk, Ashley Johnson, Reed Diamond, Ashley Johnson o Riki Lindhome, que se encuentran como un niño ante un caramelo con el regalo que les hace el director. Hay momentos realmente divertidos (el talento para la comedia de Fillion no tiene igual), dramáticos (las maquinaciones de Maher) y ridículamente románticos (la historia de Denisof, por supuesto), aunque la que brilla con luz propia y se convierte en el centro de la película es esa pedazo de actriz, bellísima y de un enorme talento (aunque no mucha gente la conozca) que es Amy Acker, la verdadera estrella de esta función coral, el alma de la fiesta, como en casi todo en lo que aparece desde los tiempos de Angel. Claro que la película puede no ser plato del gusto de todo el mundo. Rodar en verso es arriesgado hoy en día y mucho. Y en blanco y negro ni más ni menos. Pero quien acepte las reglas del juego encontrará una maravilla para los sentidos que, sin importar la edad que se tenga, no le dejará indiferente.

Jesús Usero.

©accioncine

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Modificado por última vez en Jueves, 26 Diciembre 2013 09:55
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