Noche en el Museo: El Secreto del faraón ★★★

Crítica de la película Noche en el Museo: El Secreto del faraón

Más divertida que las anteriores, llena de aventuras. No, nunca he sido fan de la saga Noche en el Museo y quienes hayan leído mis críticas por aquí durante un tiempo, sabrán que tampoco soy muy fan de Ben Stiller, sobre todo cuando entra en el campo de la comedia más comercial. Pero he de reconocer que me llevé una muy grata sorpresa con la tercera entrega de Noche en el Museo, por diversos motivos que incluyen a los personajes británicos, el sentido de la aventura, una menor presencia de ciertos personajes y un cameo que no debéis dejar que nadie os descubra y que hace que la película entera merezca la pena más que de sobra. Posiblemente el cameo del año.

En esta ocasión y como cierre de la trilogía, la aventura se traslada a Londres para investigar lo que le sucede a la tabla que hace que todos los seres del museo cobren vida de noche. La magia egipcia que le daba poder está desvaneciéndose y los protagonistas tienen apenas unas horas para solucionarlo, con Ben Stiller a la cabeza, aunque en esta ocasión con mucho menos protagonismo. Casi da la sensación de que la película es de Robin Williams, en uno de sus últimos papeles, antes que de Stiller. La llegada a Londres trae nuevos personajes, nuevos peligros y nuevos aliados, incluyendo a un Lancelot en búsqueda de Camelot bastante peculiar. Sin olvidar a los habituales Owen Wilson, Steve Coogan, Ricky Gervais o Rami Malek, la película trae rostros nuevos tan interesantes como Rebel Wilson o Ben Kingsley.

Con poco más de 90 minutos de duración, hay poco tiempo para aburrirse, ya sea luchando contra un demonio chino o perseguidos por un dinosaurio, pero es cierto que en ciertos momentos el ritmo se resiente cuando toman protagonismo personajes como el de Wilson o Coogan, o cuando la trama se centra en las charlas familiares entre Stiller y su hijo. Ahí es donde la película decae un poco y donde uno puede despistarse de lo que pasa en pantalla, que no es más, a fin de cuentas, que una película para entretener a toda la familia, con mucho humor blanco y mucho sentido de la aventura (la escena del demonio chino es sensacional, por ejemplo)

Nada del otro mundo, no busca nada especial, no quiere revolucionar el mundo del cine ni nada por el estilo, simplemente dar a las familias un rato agradable, con varios cameos míticos (repito, uno de ellos hace que la entrada merezca la pena pagarla y provoca enormes carcajadas entre el público), y con, para mí, más acción y más emoción que las dos películas anteriores. Y deja un cierre, una despedida, no sólo a la saga, sino también a la carrera de Robin Williams, algo que entenderán en cuanto vean la película. Así que quien quiera disfrutar en familia en una sala de cine, aquí tiene una de esas películas navideñas que nunca fallan.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Viernes, 02 Noviembre 2018 15:06
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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

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