Muy floja muestra de cine de posesiones. En realidad, si no fuese por su reparto, o al menos algunos de sus miembros, o por su director, no pasaría de ser un estreno directo a vídeo que a ratos toma la idea de las películas “found footage” a ratos quiere ser película más seria, con todo el tema del Vaticano, a ratos puro pasatiempo palomitero a base de sustos efectistas y poco logrados. Vamos, que si lo que buscan es un puñado de saltos en la butaca, pues puede que la película sea lo que están buscando, pero si quieren algo a la altura no ya de El Exorcista, sino de El Rito, El Exorcismo de Emily Rose o similares, esta película está muy lejos de lo que desean ver.

Básicamente porque todo el truco de las cintas está desaprovechado. La idea de que el Vaticano guarde cintas con posesiones y relatos de viejas batallas contra el mal es interesante, podía haber dado mucho más juego, ser mucho más inquietante y haber dado lugar a un juego del gato y el ratón más complejo, en el que a través de los vídeos se buscase una coherencia en el terror. Un orden en el caos. Como perseguir un fantasma a través del tiempo, o de los inquilinos. Que en parte es su apuesta, pero no la cumple. Pronto todo queda en más de lo mismo, en otra película de exorcismos más, en la línea de Exorcismo en Conneticut, El Último Exorcismo o Devil Inside, sin nada nuevo que aportar.

Y en un género como éste, la sorpresa y la novedad son dos elementos que dan sentido al producto, que inquietan al espectador. Que producen miedo de verdad. No sustos. Miedo. Inquietud. Terror. Llevarte la película a casa pensando en lo que hemos visto, con la sensación de que el mal es real y tangible. Vaya por delante que en un reparto en el que encontramos nombres tan competentes como los de Michael Peña, Djimon Hounsou, Alison Lohman (recuperada tras seis años retirada, por su marido, director de la película, Mark Neveldine) o Dougray Scott, quien realmente destaque sea la poseída, Olivia Taylor Dudley, quien con una mirada transmite más inquietud que todos los sustos de la película.

Es curioso que un director como Mark Neveldine, quien con su compañero habitual Brian Taylor nos ha proporcionado algunas de las barrabasadas más divertidas (y ridículas sí, pero divertidas) del cine de acción de los últimos años (Crank y su secuela, por ejemplo), llenas de adrenalina y originales a la hora de contarlas, dé el salto al cine de terror y en solitario con algo tan visto, tan poco original y, a ratos, tan aburrido. Sí, buen reparto, sí, intrigante punto de partida (aunque a ratos muy parecido a El Rito), sí, varios sustos para animar al público. Pero nada más. Nada a lo que agarrarse. Más que cine de serie B, parece cine directo a vídeo, que se ha colado en las salas. Y podía haber dado mucho más de sí. Quien necesite una ración de cine de terror, puede entretenerse con ella. Y olvidarla luego.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Martes, 26 Enero 2016 22:30
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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

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