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Spotlight *****

Miguel Juan Payán 22 Ene 2016
Spotlight. De las mejores del año. Brillante en todos sus aspectos.

La cartelera nos está dando un montón de alegría en este arranque del año en el que están coincidiendo cada fin de semana varias películas nominadas a los Oscar y ni siquiera el cinéfilo más exigente puede quedarse sin opciones para ir al cine a ver algo recomendable. Sumen ésta a Steve Jobs, La gran apuesta, La juventud, La habitación y El renacido como películas que deberían ver porque están entre lo mejor que se ha nominado al Oscar este año. Pero entre todas las producciones que nos están llegando es sin duda Spotlight, una de las que más destaca por su calidad y porque va a ser una de esas que seguirá apareciendo en las reseñas de lo mejor de este año y también de esta década.

Spotlight. De las mejores del año. Brillante en todos sus aspectos.

La cartelera nos está dando un montón de alegría en este arranque del año en el que están coincidiendo cada fin de semana varias películas nominadas a los Oscar y ni siquiera el cinéfilo más exigente puede quedarse sin opciones para ir al cine a ver algo recomendable. Sumen ésta a Steve Jobs, La gran apuesta, La juventud, La habitación y El renacido como películas que deberían ver porque están entre lo mejor que se ha nominado al Oscar este año. Pero entre todas las producciones que nos están llegando es sin duda Spotlight, una de las que más destaca por su calidad y porque va a ser una de esas que seguirá apareciendo en las reseñas de lo mejor de este año y también de esta década.

Es el equivalente a lo que fuera Todos los hombres del presidente en los años setenta, una de esas películas que forja vocaciones, en este caso vocaciones periodísticas, porque el periodismo, no lo olvidemos, ha sido uno de los grandes temas del cine y casi siempre uno de los que mejor ha sabido explotar la pantalla para sus intrigas “basadas en hechos reales”. Dicho de otro modo: lo que hace Spotlight es traer de vuelta a la cartelera las mejores virtudes de un cine setentero que tenía a gala contar entre sus películas más taquilleras y con mayor respaldo de los grandes estudios aquellas que abordaban con madurez y solvencia temas espinosos, actuales, serios y que propiciaban la reflexión del espectador. Y eso es una gran noticia. Cine que nos haga reparar en lo que ocurre a nuestro alrededor. Spotlight no lo tenía nada fácil porque además aborda un tema complejo y espinoso, los abusos sexuales a menores perpetrados por sacerdotes. Creo que poner el dedo en la llaga de un asunto tan resbaladizo, que despierta tantas pasiones y reacciones en uno u otro sentido y que inevitablemente afecta a la reflexión que cada cual pueda hacer sobre la actuación de la Iglesia en esa materia, es lo que convierte esta película en una de las más arriesgadas, esforzadas y difíciles del año. Pero si les soy sincero no me ha conquistado por eso. Aunque le reconozca ese mérito de tratar con ese tema con sobriedad, lo que realmente me ha conquistado de la película es su absoluta brillantez y seriedad a la hora de construir una intriga perfecta, sin fisuras, y sin dejarse arrastrar al lodo de lo panfletario y lo gratuito en lo referido a lo emocional.

Ya simplemente por la manera en que maneja las emociones de sus personajes, con seriedad, me parece un modelo a tener en cuenta. Ejemplos hay muchos, pero sobre todos los demás me quedo con la conversación nocturna del personaje de Mark Ruffalo con Rachel McAdams sobre la posibilidad de recuperar o no la condición de católico practicante, o ese ejemplo perfecto de sobriedad cinematográfica que es la escena en la que la abuela de McAdams lee el artículo sobre los abusos sexuales en el periódico y le pide un vaso de agua. Imposible superar esa manera perfecta de explicar el drama de los creyentes católicos ante esa situación. Pero incluso apartándonos de ese tema de los abusos, encontramos otro ejemplo de sobriedad a la hora de exponer los conflictos de los personajes en la manera en que se aborda la vocación periodística a través de la situación de ruptura sentimental con su pareja en la que vive el personaje de Ruffalo, primero a través de su conversación en la cena con el abogado Garabedian que interpreta Stanley Tucci, y luego en la charla en su casa con su jefe, Ben Bradlee, interpretado por John Slattery. El personaje de Tucci le pregunta al de Ruffalo si tiene pareja y qué piensa su pareja de lo mucho que trabaja. El personaje de Slattery le recuerda que esa pareja es una mujer que merece la pena. En ambos casos no se está hablando tanto de la situación sentimental como de la vocación. Y eso nos lleva a lo bien que tiene planteado el largometraje el que es su tema central: las vocaciones. Es el enfrentamiento entre vocaciones, la fe religiosa, la vocación periodística, la vocación del abogado… Pero en lugar de entregarse al melodrama gratuito y facilón, que habría sido lo más sencillo, y quizá también lo más comercial, Spotlight elige el camino más maduro de la sobriedad a la hora de exponer ese enfrentamiento, dibuja las vidas de los protagonistas con el mínimo posible. Elige sugerir, no subrayar o pontificar. Prefiere utilizar sólo unas pinceladas para meternos en las vidas de esos periodistas de investigación y el tema que investigan, una sobriedad que sólo rompe cuando muestra a las víctimas de los abusos, con cierta coherencia, pero incluso en ese caso hace una genial maniobra de elipsis para no forzar al espectador con claves melodramáticas en el caso del ex compañero del personaje de Keaton que jugaba al hockey: conoceremos cómo le ha afectado el abuso de su infancia a través de las palabras de Keaton, y no porque lo veamos en la pantalla, lo cual no sólo evita el innecesario y morboso alarde melodramático, sino que además le facilita al actor uno de sus mejores diálogos y de paso propicia que el espectador pueda construir con su imaginación el momento de derrumbe al que se refiere Keaton y desde ahí reflexione en las devastadoras consecuencias de los abusos para las víctimas.

Pero lo mejor es que en este duelo de vocaciones, el propio periodismo resulta igualmente salpicado en el reparto de responsabilidades en lo ocurrido. Una responsabilidad colectiva, como señala en uno de sus diálogos el personaje de Stanley Tucci, precisamente en esa escena de la cena que tan bien transmite la soledad del abogado y del periodista entregados obsesivamente a sus trabajos.

Por cierto, echo de menos a Michael Keaton entre los nominados al Oscar por su trabajo en esta película, donde trabaja, como el resto de reparto, desde una brillante contención.

Y para terminar llamo la atención sobre uno de los diálogos que mejor define la capacidad para describir la situación en que se encuentra nuestra sociedad:
-¿Por qué huele tan mal aquí?
-¡Hay una rata muerta en ese rincón!

Ese diálogo, que brota en un momento clave para la intriga y hace progresar la trama, resume perfectamente la sobriedad y eficacia a la hora de exponer ideas que tiene Spotlight.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 12 Febrero 2016 09:22
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