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Creed, la leyenda de Rocky ★★★★

Miguel Juan Payán 24 Ene 2016

Crítica de la película Creed, la leyenda de Rocky

Creed, la leyenda de Rocky. La mejor de la saga desde la primera.

El regreso de Sylvester Stallone al personaje que le diera la fama se ha convertido en una de las propuestas de cine de evasión mejor concebidas por la máquina de producir ficción de la industria de Hollywood.

Creed recupera y actualiza las mejores cualidades de la película que la inspira, claramente la primera entrega de la saga de Rocky, curiosamente lo mismo que le ocurre a El despertar de la fuerza con La guerra de las galaxias, a Mad Max: furia en la carretera con Mad Max: el guerrero de la carretera y a Los odiosos ocho con Reservoir Dogs. Eso me hace sospechar que estamos en una clara tendencia de relectura de películas preexistentes más exigente que los fallidos intentos de remake y reboot que han caracterizado el cine comercial en los últimos años con fallidos intentos de reproducir lo precedente que en el fondo venían a contarnos más o menos lo mismo, pero con más instinto de mera explotación que de renovación sincera de la propuesta.

El motivo del acierto y el éxito de las películas citadas al principio del párrafo anterior frente al desacierto o fracaso del remake repetitivo o el reboot es que frente al intento de re-explotación del éxito sin personalidad oponen precisamente eso: personalidad propia, tanto narrativa como visual.

Parte esencial de esa personalidad, y para mí motor del acierto e interés que tiene Creed más allá de ser otra entrega de la saga de Rocky, es el ejercicio de encuentro con su pasado y aceptación del mismo que hace su verdadero protagonista encubierto: Sylvester Stallone. Es también prueba de cómo han sabido hilar muy fino los artífices de esta película para trabajar con conceptos básicos de la narrativa y la cultura popular manejando con gran habilidad los conceptos de legado y padre sustituto, guardián de la puerta y compañero de viaje del héroe. Aún más interesante es cómo todo eso les permite reunir en una misma película un héroe bicéfalo, en una trama donde, como ocurría en Rocky y Rocky II, las dos mejores entregas de la saga, hay antagonista, pero no hay villano, lo cual transmite un mensaje mucho más interesante que el duelo héroe-villano de la etapa más RockyRambo del personaje, las entregas III y IV, aunque inevitablemente sean éstas dos últimas las que más divierten a muchos seguidores de la saga que las disfrutaron o descubrieron en su adolescencia (¡El ojo del tigre! ¡El ojo del tigre!... Vale, hasta yo reconozco que he saltado más con ellas que con las dos primeras, no seamos falsos, y ver a Stallone/Rocky contra Lundgren/Drago fue uno de los momentos más divertidos de la franquicia y del cine de la era Reagan, precisamente porque era puro disparate y la tendencia friqui del personal tenía poco a qué agarrar las córneas en aquel momento… recuerden que James Bond era entonces el sosainas de Timothy Dalton, por poner un ejemplo). Pero no nos engañemos, por mucho que nos hicieran gracia la III y la IV, todos sabemos que las mejores fueron las dos primeras entregas. Y al nivel de las mismas, sobre todo de la primera, está Creed, la leyenda de Rocky. Incluso mejora o actualiza con habilidad algunos aspectos, como el de la filmación de los combates –no sale a plano general más que en una o dos ocasiones, manteniéndonos totalmente metidos entre los púgiles, como si fuéramos el árbitro-, y propone ese curioso ejercicio de bicefalia en el protagonismo que es el mejor modo de conducir esta metáfora sobre el legado y el paso del tiempo que es el tema central de la película.

En mi opinión Stallone/Rocky en esta película es lo que podríamos llamar el protagonista “tapado” frente al protagonista oficial, un muy solvente y acertado actor, Michael B. Jordan. Ambos hacen con sus personajes un estilizado y elegante “viaje del héroe” en el que la estrategia de los argumentos universales como fórmula del relato le permite a Michael B. Jordan recorrer el camino de un Jasón en busca del tesoro. Tal y como suele ocurrir en este tipo de fórmula, el tesoro no es lo material, es decir, el Vellocino de oro en el caso de Jasón, sino la propia experiencia de conocerse a sí mismo, algo que encaja perfectamente en el itinerario de iniciación juvenil.

El vellocino de oro de Creed, esto es, el tesoro material, es el éxito en el ring. Pero como ya nos explicaran en el viaje de Jasón de la primera película de Rocky, el verdadero tesoro es encontrar su propio sitio como persona y como púgil, lo cual conseguirá a través del encuentro con una figura paterna que le ha faltado desde la infancia. Lo interesante es que esa figura paterna es el padre sustituto, Rocky, en lugar del padre natural, Apolo. Eso se debe a que el trabajo que debe hacer el personaje de Creed con el padre natural es el de seguir el legado del padre que no conoció a través de la filosofía del padre sustituto. Recibe así no un legado, el de la fama de Apolo, sino dos legados, el de escapar a la sombra de esa fama de Apolo y el de conseguir la humanidad y el sacrificio que le transmite Rocky. Junto a ese viaje de Jasón, el personaje de Rocky Balboa recorre el camino de un Ulises hecho pedazos en esa otra guerra de Troya que es la propia existencia, el paso del tiempo y la pérdida de los amigos y compañeros de viaje. Los planos del cementerio son un recurso poético válido para homenajear a los caídos y explicar ese viaje del personaje entre el laberinto de su propio pasado. Y aquí es dónde surge toda la magia de Creed, la leyenda de Rocky: se cruza la ficción de Rocky con la realidad de Stallone estrella que reflexiona sobre su propio pasado. Su ascenso hacia el éxito y todo lo que ha ganado y perdido en ese camino que fuera de Jasón se da cita en su mirada, y cuando Rocky habla con Creed de su hijo, Stallone está recordando a su propio hijo, Sage, fallecido a los 36 años. Rocky se convierte así en un Ulises que intenta volver a la única isla de Ítaca que le queda, donde ya no le esperan ni su esposa Penélope ni su hijo Telémaco. Y de paso Stallone no sólo ajusta cuentas con su pasado sino que hace frente a algo que ha estado esquivando desde hace mucho en su trabajo como actor en un intento por mantenerse como estrella del cine de acción: el inevitable paso del tiempo. De ese modo lleva a cabo uno de sus mejores trabajos ante las cámaras.

El plano de Creed y Rocky contemplando la ciudad es una de las mejores representaciones de ese doble viaje bicéfalo del héroe que nos ofrece Rocky.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Sábado, 15 Diciembre 2018 21:57
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