La Bruja ★★★★

Crítica de la película La bruja

Una de las propuestas de terror más inquietantes de este año. Renueva el interés por el género.

El cine de terror necesita encontrar nuevos caminos y/o redescubrir algunos que transitara en otros momentos para renovarse y eso es precisamente lo que hace La bruja. Frente a la aplicación de fórmulas repetitivas en la mayor parte de las películas del género que llegan a la cartelera, La bruja apuesta por volver a suscitar la incomodidad en el espectador convocando lo más siniestro que anida en nuestro interior y sacando a la luz la parte oscura de nuestros miedos e inquietudes. Su director muestra ser muy hábil y muy astuto a la hora de pulsar las teclas adecuadas para predisponernos a favor de lo que empieza siendo un aparentemente muy sencillo pero en el fondo muy elaborado juego de intriga y acaba por convertirse en una verosímil oleada de miedo visceral y atávico.

Lo que me gusta de la película, lo que creo que consigue plenamente, es hacernos retroceder hacia el pasado de nuestra especie. No es un ejercicio fácil. Nos arranca de nuestro mundo cómodamente asentado en la falsa sensación de seguridad que nos proporciona nuestra amplia panoplia de juguetería tecnológica y nos lleva de vuelta a los tiempos en que un bosque era un temible enigma y lo que habita en él una sólida amenaza a la que inevitablemente otorgábamos cualidades de ataque sobrenatural.

Lo que nos propone La bruja es por ello, principalmente y en primer término, un viaje en el tiempo, hacia el pasado, introduciéndonos plenamente en el seno de una familia cuyo aislamiento da lugar a un segundo viaje en el que la película se erige como fiel representante del enfrentamiento de contrarios que preside los mejores logros de la narrativa y el cine de terror: el orden se rompe con la llegada del caos. Pero, ¿desde dónde llega ese caos? Ahí es donde La bruja da otro paso hacia adelante para ser una propuesta interesante en el género: en lugar de conformarse con aplicar directamente la fórmula sobrenatural, aunque sin renunciar a la misma, la película dosifica cuidadosamente su amenaza sobrenatural para sustentar su inquietante verosimilitud mostrando en primer lugar el proceso de corrupción y destrucción de la propia familia por sus propios miedos. Eso es ante todo un gesto de madurez en el argumento, puesto que en lugar de derivar ya de partida la amenaza hacia monstruos y amenazas externas llegadas desde el territorio de lo sobrenatural nos muestra cómo las verdaderas amenazas, y quizá los propios monstruos, están en nuestro interior, alimentados por nuestros miedos y supersticiones.

Es por eso que lo que mejor hace la película es ser un espejo de cómo siempre hemos sido esclavos del miedo, y mucho más cuando estábamos más cerca de todo aquello que nos atemorizaba. De manera que al final de la proyección queda cierta duda en el espectador de que, más allá de lo que muestran las imágenes, o de lo que creemos que muestran las imágenes, no sea todo un juego de autoengaño de los propios protagonistas. En eso La bruja sigue fielmente la huella de los grandes relatos de terror, en los que la amenaza sobrenatural es siempre hija de esos miedos y su manifestación se dosifica cuidadosamente, dejando que domine sobre el relato el terror psicológico más que el susto gratuito y simplón.

En ese ejercicio, La bruja está siguiendo la pista a clásicos del género como La mujer pantera y Yo anduve con un zombi, ambas de Jacques Tourneur, La isla de los muertos, de Mark Robson, o El ladrón de cuerpos, de Robert Wise, o lo que es lo miso, de ese cine de terror clásico que sacaba el máximo partido a las brumas de nuestro miedos producido por Val Lewton, maestro del género. Tal como ocurría en esas películas, en La bruja la ambientación es una brillante aportación al tono tenebroso del relato, que adquiere cualidades ciertamente inquietantes e incómodas con esas pinceladas visuales del personaje que da título a la película y que remiten a fuentes pictóricas como la pinturas negras de Goya y los cuadros de El Bosco que a su vez inspiraron un clásico de los albores del cine de terror que también está en el ADN de esta película: Häxan, la brujería a través de los tiempos, de Benjamin Christensen.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Jueves, 01 Noviembre 2018 18:39
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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