Jason Bourne ★★★★★

Crítica de la película Jason Bourne

Muy buena. Tan buena como el resto de la saga. Damon vuelve a lo grande al papel de su vida.

No hay agotamiento. No hay desgaste. La saga de Jason Bourne sigue gozando de una vitalidad poco frecuente en lo que se refiere a franquicias cinematográficas que es digna de estudio. ¿Qué hace que esta serie de fábulas de espionaje no muestre los inevitables rastros del paso del tiempo a pesar de estar ya en su cuarta entrega? ¿Cómo se las ingenia Paul Greengrass para que su propuesta mantenga la sorprendente energía e incluso mejore en muchos aspectos a sus precedentes? Se me ocurren varias respuestas que voy a intentar explicar en las siguientes líneas.

Si Jason Bourne es tan buena, y en algunos momentos y aspectos incluso mejor que sus predecesoras, se debe principalmente a su capacidad para convertirse en fiel espejo de la actualidad en lo referido al tema que aborda. Lo mejor de la saga y de esta cuarta entrega es que navega en paralelo a la realidad, se mantiene absolutamente fiel a las claves reales de la geopolítica que se manifiestan en cada momento… pero no por ello se deja abducir por las mismas, lo que podría llevarla a perder su propia personalidad o caer en el oportunismo de utilizar la realidad como mera anécdota o escusa promocional de cara al estreno. Al contrario: en la ficción de la saga, Bourne siempre se impone a su entorno, y en la realidad de la concepción de las películas, Bourne vuelve a imponerse a la realidad. Lo que vemos en la saga y en Jason Bourne, su última entrega, está lejos del oportunismo de la realidad tomada como escusa. Se trata de una cooperación entre realidad y ficción, una curiosa fórmula de sinergia en la cual las películas saben tomar elementos de la realidad como combustible para sus argumentos de ficción. Sólo he visto similar de sinergia entre realidad y ficción en la serie Homeland.

Vamos con algunos significativos detalles y personajes a destacar en ese sentido en Jason Bourne. Primero de todo, hagan el ejercicio de comparar las secuencias de arranque de Bourne en las peleas callejeras con aquel principio de Rambo, Acorralado parte II, o con las peleas del Sherlock Holmes de Guy Ritchie. Parecen lo mismo, o muy similares, pero no lo son en absoluto. Esa comparación explica todo lo necesario que hay que saber sobre trabajar desde la madurez con personajes de ficción, o por el contrario dejarse caer en las redes de la explotación del espectáculo por el espectáculo. Concepto clave en este caso: la sobriedad no implica falta de tensión o interés. Es la apuesta por la seriedad y la verosimilitud sobre la espectacularidad festiva del fuego artificial visual.

Otro detalle a destacar que define perfectamente lo que lleva en su ADN la saga de Jason Bourne que la convierte en una propuesta tan especial y competente: todas las escenas de suspense, acción, carrera y persecución en la huelga en Atenas, que se rodaron en Tenerife. Brillante. Otra escuela de cine en sí mismas: cómo rodar acción y que parezca que te han metido en medio de un documental sin que todo aquello pretenda ser un eco de las estrategias y los recursos del videojuego para conseguir la inmersión del espectador en la pantalla. Es una de las cosas que aplaudo y le agradezco enormemente a la saga de Jason Bourne y a esta película en particular: su coherencia para ser tan firme como su propio protagonista en la exploración y defensa de su propia personalidad cinematográfica. Jason Bourne es inmune a los caprichos de las modas visuales. Sigue siendo cine puro. Trabaja sobre el lenguaje del cine. Y al hacerlo así en todo su metraje, pero sobre todo en las secuencias de Grecia, demuestra que se puede y se debe seguir trabajando en el lenguaje del cine sin adornarlo de estrategias de otros lenguajes ajenos. No es videojuego, y podría haberlo sido. En lugar de inspirarse en cualquiera de los videojuegos de nuestros días, prefiere acudir como fuente de inspiración al documental. Y es así como nos mete de lleno en una persecución que está a altura de las mejores de la saga y, al menos para quien esto escribe, es de las que más me ha gustado. La noche, la interactuación con los manifestantes, los callejones… Al nivel de de las mejores muestras de este tipo de trabajo de filmación de secuencias de acción que nos ha dado el cine a lo largo de su historia, hablo de Bullitt, French Connection… el gran cine.

Añadan a lo anterior otros tres aspectos que refuerzan el balance en positivo de Jason Bourne: el primero la capacidad de Matt Damon para mantener el icónico personaje y llevarlo aún más allá desde una interpretación contenida, casi sin diálogo, y sacando el máximo partido a cada gesto, que nos habla del tiempo transcurrido y de la madurez que ha ido alcanzando el personaje. El segundo el refuerzo que supone tener en el reparto a un actor tan tremendamente resolutivo en cada plano como es Tommy Lee Jones. El tercero el aporte y el cuidado con el que han trabajado la incorporación de Alicia Vikander frente a Bourne y Tommy Lee Jones. De repente nos encontramos tres generaciones de actores diferentes conviviendo en el mismo relato y funcionando al mismo nivel de protagonismo, porque otro acierto de Jason Bourne es que nos plantea un protagonismo a tres bandas en el que el personaje de Vikander representa no sólo un tipo de personaje femenino completo y complejo, que parece una cosa pero es otra, y que, como el resto de la película, escapa de toda catalogación tópica del personaje de cine de género para desarrollar su propia identidad según sus propias reglas. Esa frescura que afecta al resto de los personajes está representada especialmente en cómo se construye el de Alicia Vikander, en mi opinión mejorando bastante otras contribuciones femeninas a la saga.

Resultado de todo esto es una película que todo aficionado al buen cine debería ver.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Domingo, 24 Febrero 2019 12:04
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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