Star Trek: Más allá ★★★★

Crítica de la película Star Trek: Más allá 

Relevo. Cambio. Estas son las dos palabras que me vienen a la cabeza a la hora de juzgar el tercer largometraje del relanzamiento de la saga de Star Trek que llega esta semana a la cartelera española. Más allá es además un buen acompañamiento del título para explicar la verdadera personalidad de esta nueva propuesta de aventura de space opera que nos propone ésta curiosa franquicia, una de cuyas más carismáticas características es la de regirse argumentalmente por rasgos propios de la ciencia ficción militarista – los conflictos sobre el liderato y el mando y la delegación de responsabilidades están en el epicentro de la saga desde el primer largometraje que dirigiera J.J. Abrams- que conviven con planteamientos de humanismo moralizante. La tercera película, ya sin Abrams como director, aunque indudablemente mantenga cierta influencia como productor, al menos por lo que se refiere a las líneas generales del proyecto, se propone precisamente lo que indica su complemento del sello Star Trek: ir más allá, meternos finalmente en ese viaje de exploración de cinco años de duración de la nave Enterprise. De ese modo, en un ejercicio de coherencia en su propuesta, la película se acerca más que nunca a la serie de televisión original protagonizada por William Shatner y Leonard Nimoy, que en España conocimos con el título de La conquista del espacio. Los guiños y homenajes a la tripulación original y al fallecido Leonard Nimoy que introduce Simon Pegg en los diálogos son un rasgo distintivo de este intento de acercarse más a la serie y buscar de ese modo una apertura con personalidad propia para las nuevas entregas diferenciándolas de las dos películas que a modo de obertura del relanzamiento de la franquicia dirigiera J.J. Abrams: Star Trek (2009) y Star Trek: en la oscuridad (2013). De manera que la primera reflexión o apunte que cabe hacer sobre Star Trek: Más allá, es que es la más cercana al ritmo y el tono viajero de space opera que presidía la serie original creada por Gene Roddenberry para la cadena de televisión NBC y que se emitiera entre 1966 y 1969. Y aclaro que me refiero concretamente a esa primera singladura de la nave Enterprise en la pequeña pantalla, no a la heredera televisiva de la misma, Star Trek: la nueva generación, lo cual es interesante, porque marca un sendero por el que podrían seguir los pasos de esta serie en una rama del árbol genealógico de la franquicia que claramente está en relación a las aventuras de Kirk y Spock, tanto en la pequeña como en la gran pantalla, y no a la posterior versión del universo Star Trek que protagonizara el capitán Picard encarnado por Patrick Stewart.

Este parentesco directo con la serie original se confirma por el propio ritmo narrativo de tono más televisivo de Star Trek: Más allá, que sale disparada rápidamente hacia su epicentro argumental y en poco más de diez o quince minutos de proyección nos tiene ya metidos de lleno en la aventura trepidante. Es un ritmo obviamente más apropiado para las características y habilidades de su director, Justin Lin, el responsable del éxito de la franquicia de Fast and Furious, aunque sería un grave error intentar buscar una identificación directa y palmaria de esta entrega de la saga de ciencia ficción con aquella otra peripecia de robos y misiones imposibles realizadas a toda velocidad más allá del ritmo que imprime la realización de Lin a las secuencias de acción. Dicho de otro modo, y esto es uno de los rasgos positivos de la película, Star Trek mantiene su propia personalidad sin diluirse en experimentos de mutación con la saga de Fast and Furious, lo cual era totalmente previsible para cualquier buena aficionado a la saga de ciencia ficción que nos ocupa, ya que la misma ha probado en reiteradas ocasiones ser lo suficientemente fuerte como para mantener sus rasgos propios ante todo tipo de versiones y intentos de cruce con otras propuesta de moda, y me refiero por ejemplo, entre otras, a la serie Espacio profundo 9 frente a la serie Babylon 5, o a la serie más denostada, en mi opinión injustamente, por muchos seguidores de Star Trek, Enterprise, que no obstante sus irregularidades y bandazos argumentales de una temporada a otra, seguía manteniendo los rasgos esenciales de lo que podríamos denominar la “personalidad Star Trek”.

Por otra parte, este acercamiento al ritmo de televisivo de la serie original, que es también una apuesta por un tono más aventurero y menos reflexivo, más proclive a la acción y menos inmersa en la construcción argumental desde la intriga, hace que parezca más sólida la propuesta que nos hiciera J.J. Abrams en las dos películas anteriores, y sobre todo en Star Trek: en la oscuridad, que en mi opinión sigue siendo la mejor del trío de largometrajes que integran de momento este relanzamiento de la franquicia. Más entera y sólida como película, mejor servida en su antagonista con el Khan que interpretó Benedict Cumberbatch, más interesante en su clave de conspiración e intriga que en Star Trek: Más allá está reducida al mínimo, no cabe duda de que era mejor película que ésta otra que ahora se estrena. Pero al mismo tiempo hay que decir que eso no significa que Más allá sea una mala película. Al contrario. Es una película distinta. Ligeramente inferior a aquella, eso sí, principalmente por tres temas de guión. El primero es que Idris Elba está algo desperdiciado como antagonista. Esto es más llamativo porque Elba podría haber dado mucho más de sí con un personaje de nivel Khan, poniéndose incluso al mismo nivel que el propio Benedict Cumberbatch. Pero su personaje está sometido a una construcción simplista de villano al uso, con poco respaldo y flojo arco de desarrollo, además de una supuesta sorpresa mal servida por los vídeos en clave de flashback, que son una mala idea para explicar el personaje. Sorprendentemente, su villano casi va a menos, en lugar de ir a más, lo cual se agrava porque la resolución final del enfrentamiento protagonista antagonista recuerda mucho a la manera en que se resolvía el desenlace de Star Trek: en la oscuridad, pero por construcción argumental y de guión, resulta menos épica, además de ser algo reiterativa respecto a lo que habíamos visto previamente en el largometraje precedente.

El otro rasgo de guión que no acaba de convencerme es el protagonismo que se otorga a su propio personaje Simon Pegg, y lo poco que por contraste llega a desarrollar los de Uhura, Sulu, Spock e incluso el propio Kirk, que quedan reducidos a una episódica contribución heroica. El personaje que más espacio de protagonismo gana en esta entrega el Bones, el doctor interpretado por Karl Urban. Dicho sea de paso en defensa del guión que me parece que esto no es producto tanto de un afán de protagonismo de Simon Pegg a través del personaje de Scotty que interpreta como una consecuencia lógica del esquema y tono de capítulo alargado de la serie clásica de televisión que preside todo el largometraje.

Finalmente el otro aspecto que me parece fallido en el guión es la motivación del antagonista y su manera de proceder, que está mal planteada visto el potencial destructor que exhibe en la que sin duda es una de las secuencias de ataque a la nave Enterprise que más me gusta de toda la trilogía cinematográfica.

Dicho todo lo anterior, le pongo cuatro estrellas porque creo que, incluso con estos puntos más flojos, es una de las películas de acción y evasión más divertidas y que más me apetece volver a ver de las que se han estrenado este verano, y cumple claramente los objetivos que se había trazado, aún siendo inferior a Star Trek: en la oscuridad. Son dos horas de aventura imparable que además revela nuevos detalles del nuevo universo de Star Trek para el cine y amplía la geografía del mismo reafirmando las claves de la serie original de televisión, lo que abre puertas y ventanas a nuevas aventuras de manera estimulante.

De lo mejor y más divertido que he visto este año en cine de evasión.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Jueves, 25 Octubre 2018 15:49
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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