Crítica de la película Wonder Woman

Grata sorpresa. Una de las mejores películas de superhéroes que he visto.

Le pongo cuatro estrellas, pero en realidad pienso que merece cuatro estrellas y media, aunque esa medida no esté en los parámetros que manejamos para este tipo de comentarios.

La presentación de un personaje no es trabajo fácil, y habitualmente suele perecer víctima de lo previsible y lo tópico. Además en el caso de Wonder Woman, la espectacular aparición del personaje en Batman V Superman, el amanecer de la justicia –me reafirmo ahora en lo que dije, ella era lo mejor de la película-, había generado muchas expectativas. De manera que PattyJenkins y su equipo no lo tenían nada fácil para sacar adelante esta película. Pero lo han hecho. Han clavado una buena versión cinematográfica del personaje. Han trasladado al cine, con identidad plenamente cinematográfica, lo mejor de los comics, trayéndome a la memoria la etapa de George Pérez y Brian Azzarello en las viñetas de Wonder Woman. Su presentación del personaje está servida con una aplicación muy bien medida de la mezcla entre el cine de aventuras y el cine bélico, lo cual le otorga una curiosa personalidad cinematográfica como híbrido resultante en una buena película. Bien construida en el guión, con un ritmo narrativo equilibrado y en progresión coherente, con una construcción sólida de personajes, tanto principales como secundarios, que además están bien servidos por los actores.

Un detalle a tener en cuenta en este sentido es lo bien que envuelven, acompañan y respaldan los personajes secundarios esa presentación y construcción del personaje de Diana, que además funciona perfectamente en su arco de desarrollo, desde la ingenuidad que presenta al principio del relato hasta la madurez que alcanza en el prólogo y el desenlace del mismo. Se nos cuenta cómo alcanza esa madurez que le conocimos en su contribución a Batman V Superman, y para ello son imprescindibles las contribuciones de esos personajes secundarios que la acompañan en su viaje. En la isla de las amazonas, las contribuciones de Robin Wright y Connie Nielsen al relato consiguen tener más peso del meramente testimonial que suele otorgarse a este tipo de personajes. Es trabajo de actrices contando con un guión que saca el máximo partido al mínimo de palabras y entiende desde el primer momento que la herramienta que va a permitirle esquivar los lugares comunes y ser más sólido en la presentación de situaciones ya conocidas ya algo tópicas es precisamente la interpretación de los actores. Ahí el trabajo de dirección de actores de Patty Jenkins se hace notar, sacando a cada uno de esos personajes mucho más de lo que hay escrito en los diálogos. Un ejemplo de ello para ilustrar a lo que me refiero es el duelo que mantienen la reina Hipólita, madre de Wonder Woman (Nielsen), y la general Antiope (Wright), pero podemos encontrar en la película muchos otros momentos que testimonian ese especial cuidado en construir la película desde el factor humano y no desde el chiste fácil, la mera adaptación de la iconografía y la mitología básica de los personajes o el despliegue visual de los efectos especiales con la pirotecnia tecnológica habitual en el cine de nuestros días. Esa parte de despliegue visual de pirotecnia y artificio llega a la historia más adelante, cuando ya estamos enganchados a la película por todo ese trabajo previo de construcción de personajes y situaciones a base de guión y a base de actores. El factor humano prima sobre lo tecnológico o sobre la mera vampirización de lo ya narrado en las viñetas. Y eso es lo que le otorga personalidad propia e identidad realmente cinematográfica a la película.

Otro ejemplo de personajes secundarios respaldando la trama principal lo tenemos en los miembros del “comando” que acaba liderando Diana. O en la curiosa pareja que forman el personaje de la doctora Maru interpretado por Elena Anaya y Ludendorff (el momento de la máscara de gas es una pincelada de disparate y sátira que permite esquivar el carácter más tópico de ese tipo de secuencia de manera muy inteligente). En ambos casos el guión hace gala de una gran habilidad para economizar tiempo de metraje dejando campo libre a los actores para que hagan un muy buen trabajo defendiendo a sus personajes. Pero sin duda el mejor ejemplo para valorar positivamente Wonder Woman es la manera en que han abordado el principal escollo argumental de este tipo de trama y personaje, convirtiéndolo en aliado para hacer progresar la historia, propiciar la explicación necesaria del progreso del personaje principal hacia su madurez, dejando atrás su ingenuidad y proporcionarle al mismo unas raíces que marquen con una pincelada amarga sus primeras aventuras, otorgándole una entidad más completa como creación de ficción. Me refiero a la relación de Diana con Steve Trevor (Chris Pine). El equilibrio de la subtrama sentimental entre estos dos personajes es el motor central sobre el que se asienta el funcionamiento de la película y ha sido abordado consecuentemente y con meticuloso cuidado por la directora para no caer en lo más obvio. Esa historia sentimental tiene un objetivo que sirve fielmente a la maduración del personaje de Diana y hace avanzar la trama, pero además se expresa con dinamismo y abre paso al doble sentido de algunos momentos, como en el diálogo sobre el reloj de Trevor y la frase de Diana, con significativa sonrisa incluida: “Dejas que algo tan pequeño te diga lo que tienes que hacer”. Además es llamativo la eficacia con la que se maneja en la construcción del guión un cierto paralelismo de los dúos formados por Diana y Trevor y la doctora Maru y Ludendorff, que vienen a complementarse como las dos caras de una misma moneda, sirviendo como pilares sobre los que se asienta el tema central de la trama más emocional del relato: el poder del amor y el poder del odio, respectivamente, es lo que une a estas parejas.

Además de todo lo anterior, hay una buena resolución del personaje de Ares, del que no quiero hablar mucho para no destripar nada, pero que da también una buena medida de cómo manejar algo que podría haberse resuelto de manera muy tópica con una pincelada interesante. Hay despliegue pirotécnico, pero al contrario de lo que suele ocurrir cuando lo visual y el efecto especial pasa a ser el protagonista principal de lo que vemos en pantalla, aquí Jenkins no ha dejado que acabe arrasando a los personajes, devorándolos en el caos de las explosiones y la acción por la acción. Los actores le permiten mantener un nivel de equilibrio nada fácil en esta especie de gran traca visual final donde se las ingenia para introducir ese factor de corrección y equilibrio que he mencionado en torno a la secuencia de Diana y Steve Trevor jugando con el sonido para construir una metáfora de lo cómo podemos entendernos más allá de las palabras. Es el momento más arriesgado de una película en la que Jenkins ha abordado con valentía su enfrentamiento a los tópicos y lugares comunes, y el hecho de que ese momento funcione es el mejor ejemplo que demuestra que incluso en su parte más floja y previsible, la película está tan sólidamente construida que sigue operando con eficacia incluso cuando decide abrazar el tópico sin complejos.

Apunte final: visto lo visto en Batman V Superman y en Wonder Woman, pienso que en la Trinidad básica formada por los pesos pesados entre los superhéroes de esta construcción del universo cinematográfico de la DC, Gal Gadot le está ganando la partida al Batman de Ben Affleck y el Superman de Henri Cavill. Ellos van a tener que ponerse las pilas.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 22 Octubre 2018 23:16
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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