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El proceso creativo pervertido a través de los ojos de Javier Gutiérrez. La nueva película de Manuel Martín Cuenca es un relato perverso y cínico, una suerte de sátira sobre el proceso creativo y lo que lo mueve, a través de los ojos de un actor tan brillante como Gutiérrez y con un tono a caballo entre ese humor algo siniestro y el cine negro y de suspense. Una historia más compleja de lo que parece que tiene ecos de Following, de Christopher Nolan, aunque teniendo en cuenta el origen de la historia, una novela de Javier Cercas de los años ochenta, es posible que el director británico también tomase ideas de la misma para contar su primera película, protagonizada como aquí por un escritor en busca de inspiración.

Un tipo mediocre, con un trabajo que odia y una esposa que triunfa como escritora. Él quiere dedicarse también a la literatura, pero no importan los cursos, talleres o charlas a las que asista, no es capaz de crear algo con un mínimo de calidad. Hasta da un giro a su vida y empieza a seguir a la gente que le rodea, a investigar en sus vidas, a profundizar en lo que esconden, buscando la inspiración. Es entonces cuando empieza a crear algo con verdadera alma, pero también cuando se involucra en una historia más compleja de lo que piensa, en donde realidad y ficción se confunden, pero que sirve para que la vida vacía del escritor cobre sentido por momentos.

Javier Gutiérrez se echa sobre sus hombros el peso de la película, con este personaje gris y algo aturdido por la vida, que tiene un ego desmedido y unos sueños de grandeza que, irónicamente, le vienen grandes. A su lado Antonio de la Torre (ese momento de ira en el taller de escritura…), María León, Rafael Téllez o Tenoch Huerta, dan vida y color a este pequeño mundo en plena Sevilla, en un edificio de vecinos que tienen tanta vida dentro de sus casas como en las calles. Algo relatado brillantemente por el director con esos momentos de sombras en la pared, con los que el protagonista espía a sus vecinos, y en los que se nota el talento del director, para narrar sutilmente la ilusión.

Porque eso es finalmente, una ilusión, no la realidad. Hay varios giros más que interesantes en la historia que la llevan por el camino del suspense, pero sobre todo hay un tono ácido, cínico y satírico en toda la película que nos hará sonreír muchas veces con malicia ante las peripecias vividas por los personajes, como ese karaoke, o varias relaciones creadas entre personajes. O el propio protagonista, creando una versión irreal de sí mismo para integrarse en su propio relato, para crear la historia. Como si fuese un personaje más, lo que difumina la realidad de la ficción. Una historia con mucho acierto y muy mala uva que nos hará replantearnos muchas cosas, y con un reparto maravilloso. Una pequeña gran película que no merece que pase desapercibida.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Lunes, 13 Noviembre 2017 11:03
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